Las mañanas de verano en La Puerta de Segura hace cincuenta años

Temprano, con el frescor del río ( el Guadalimar, el río colorado, que en Mengíbar da en el Guadalquivir), las mañanas de verano en La Puerta de Segura (Jaén, España) eran tranquilas. Los olmos, viejos, de copas densas y oscuras, se animaban con los pájaros. El barrendero municipal pasaba con el escobón de ramas de mimbrera. Rebulle ponía en marcha su camión, aquel Ford de antes de la guerra que tan buenos servicios le seguía prestando. Con él hacía portes y se llegaba hasta La Mancha a traerse unos pellejos de vino negro y fuerte y unos quesos. Dominguillo, el churrero, calentaba el oloroso aceite cerca del Casino, algo más allá del magnolio centenario que cobijaba por las tardes las tertulias interminables de los que nada tenían que hacer sino esperar la cosecha de aceituna. Por la calle del horno olía a pan recién cocido.

Las hermanas Piña barrían su puerta y el pregonero anunciaba las entradas del mercado, sobre todo las sardinas en barrica. Tocaban a misa y algunas mujeres, las más de negro, con velo y misal, subían silenciosamente la calle cruzándose con algún acemilero cargado con aperos, con las albardas dispuestas para bajar los pepinos, los pimientos, las habichuelas y la alfalfa. El herrero iba al taller en bicicleta y los Limber ya estaban trabajando arreglando motos y algún auto viejo. Vivas, el viejo Vivas, con su mono azul y sus gafas, todavía iba a arreglar alguna cañería.

Los hombres ya estaban en el campo desde el amanecer. Las ocho de la mañana ya era tarde.

La Puerta de Segura sobre el Guadalimar

La Puerta de Segura sobre el Guadalimar

Hoy ya no tocan a misa a diario, no hay olmos, porque fueron mandados talar hace ya años por uno de esos alcaldes arboricidas que abundan en las Españas, tampoco está el magnolio ni hay tertulias en el casino. Las aceras ya no tienen pontanillas y la calle, que era la avenida del Generalísimo, para variar, hoy se llama avenida de Andalucía, también para variar, y está llena de coches. En los campos no se madruga, no hay mulos ni burras y los hortales se han plantado de olivos.

No eran tiempos mejores, no cabe en absoluto la nostalgia de “que todo tiempo pasado fue mejor”. Había pobreza, emigración, incluso miseria. Algunos niños – hoy tendrán sesenta años, no son tan viejos- iban descalzos y con los calzones remendados. Para ellos, el pan y miel era un manjar y el único chocolate conocido era el Cristo de Villajos, casi sin cacao, envuelto en papel azulón. Las naranjas no existían, como tampoco los limones. Allí no llegaban. La fábrica de hielo, abajo, hacia la Casa China, hacía polos y refrescos Nik.

Pero quizá sea cierto que había una cierta armonía y el campo tenía cierta magia antigua. Se olvidaban las horas en las siestas al frescor de las higueras olorosas de las fuentes y los jornaleros entonaban viejos cantos por los campos. Las noches eran oscuras y las estrellas brillaban más porque no había tanta luz artificial.

11 Responses to Las mañanas de verano en La Puerta de Segura hace cincuenta años

  1. esteban dice:

    Todo cambió, y sigue cambiando. Es la evolución. ¿A mejor?. No se sabe, pero cambió. Nuevos tiempos, nuevas personas, nuevas ideas.

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  2. Alfredo Rodriguez dice:

    Viví en la Puerta entre 1947 y 1956. No recuerdo a Dominguillo el churrero (los churros los comprabamos en casa de Juan José el Espartero, junto a la tienda de Alfonso, junro al puente). Los olmos – que llamábamos almotejas – fueron talados antes de 1956. El alcalde sería Don (?) Toribio Cospedal, que vivía en la casa verde. Fue una pena que las cortaran. Yo lo sentí muchísimo, aunque recuerdo que eran muy viejas y las raíces levantaban el pavimento de la calle Queipo de Llano, donde yo vivía. Después de más de medio siglo me has recordado en viejo Vivas con sus gafas tan calvo y enjuto y tan vivaz. Y no, no hay lugar para la nostalgia; eran tiempos horribles llenos de miseria. Gracias por darme la oportunidad de rememorar ese escenario de una parte de mi vida. Y quedo a tu disposición si en algo te puedo ayudar a recordar.

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    • Gracias por leer el blog, aunque ahora estoy un poco atrasado. Ya escribiré mas cosas.

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      • Alfredo Rodriguez Tebar dice:

        Hola, vengo leyendo con gran interés su búsqueda de los coches perdidos que Vd. escribe en su blog. Admiro su memoria, su erudición y su facilidad para describir y trasmitir situaciones y sensaciones. Hace unos día estuve en La Puerta (yo vivo en Sevilla) y me acordé de Vd. y de su blog mientras paseaba por la Avenida de Andalucía (antes Generalísimo) y por la calle Pablo Iglesias (antes Queipo de Llano). La asociación del escenario y los coches que Vd. describe me hizo aflorar un episodio que llevaba escondido en mi memoria más de medio siglo. No sé si sería un domingo de 1953-55 cuando se nos ordenó a todos despejar la carretera (o sea, esas dos calles que he mencionado) porque iban a hacer una especie de experimento o exhibición, que no sé cómo llamarlo. Alguien con una máscara en la cara tapándole la vista conduciría un coche para arriba y para abajo, desde quizá la casa china hasta la cuesta el Muro. La gente se posicionó estratégicamente en altos y ventanas para ver el espectáculo. En particular, yo estaba a la puerta de la casa de don Ricardo Cano, al lado del puente, que estaba en alto y por lo tanto protegido de los posibles bandazos del coche conducido por un invidente. El auto en cuestión era el taxi de Eugenio Molina, que, como le dije en otra ocasión, era un vetusto Chevrolet. Pasó el coche a buena velocidad con el conductor al volante y Eugenio de pie sobre el escalón exterior de acceso (no recuerdo como se llamaba esa pieza en los coches de los años treinta, que era como una prolongación del guardabarros delantero). Creo que, para arriba y para abajo, el coche dio dos vueltas. Al finalizar, yo vi al conductor quitarse las vendas de los ojos que tenía adheridas con esparadrapo. No sé si Vd. recuerda o le han contado este evento. Creo que me pondré en contacto con mi antiguo amigo y compañero Paco Ramos para ver si el se acuerda de este inusual espectáculo que se nos dio gratis. O tempora!

        Un cordial saludo,

        Alfredo.

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      • Eugenio Molina, hijo, trabaja en La Caixa de La Puerta. A lo mejor sabe algo. Ah, y el escalón se llamaba estribo, como el de los coches de caballos o los propios caballos.

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    • No fue don Toribio sino alguna otra ‘lumbrera’. ¿Sabe que Toribio Cospedad era el abuelo de la dirigente del PP?

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      • Alfredo Rodriguez dice:

        Me lo temía. El “de” se lo ha puesto la señora de su propia cosecha. Como es sabido, Cospedal es un pequeño villorrio de los montes de León. Saludos.

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      • Alfredo Rodriguez dice:

        Celebro saber de nuevo de usted y espero seguir hacíendolo. Dos cosas. Cuando se celebró aquella conducción a ciegas en el Chevrolet de Eugenio Molina, éste aún no había contraído matrimonio (¿con Concha Soria, hermana de Miguelete?) y su hijo no había nacido. Aun así, cuando vaya a la Puerta intentaré ponerme en contacto con él y preguntarle si su padre le refirió el evento que cuento, que es real como la vida misma, aunque usted sabe que a cierta edad los recuerdos y la fantasía colusionan más de lo deseable. Y por último, y esto tambien es real: Una vez en algún punto de la carretera, cerca del casino, encontré a un niño menor que yo. Hablé con el y me dijo que era de o vivía en Bruselas. Cuando volví a casa cogí la enciclopedia Dalmau Carles (grado intermedio) para cerciorarme que Bruselas era la capital de Bélgica. Curioso ¿no? Saludos.

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  3. Alfredo dice:

    Ayer (26.08.2013) envié un comentario y no ha aparecido. No se por qué.

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  4. Jesús dice:

    Hace 51 años que resido fueran de La Puerta de Segura,pero recuerdo al pregonero,a Rebulle y Antonio Vivas,con él trabajé para traer el agua desde la fuente de La Virgen al pueblo. Ahora procuro ir varias veces a donde nací y me crié.

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