La búsqueda del coche perdido. El Hillman Minx (8ª entrega)

El Hillman Minx.-

Extrañado de que nunca aparecieran Hillman Minx 1954 en las subastas ni en las ofertas de venta, pregunté a mi amigo Pedro Vicente, gran historiador portugués y al mismo tiempo amante de los automóviles clásicos (que todo es compatible y los autos no están reñidos con saber desempolvar e interpretar archivos olvidados). Su explicación fue que aquellos Hillman fueron coches bastante malos, endebles, y pocos han sobrevivido. El malévolo Dave Barry (How to buy a car, Miami Herald, 1990) sostiene que tenía menos atractivo que un estacionamiento municipal y que era tan atrasado tecnológicamente que por su radio todavía se escuchaban los discursos de Churchill.

El único automóvil que compró mi padre fue precisamente un Hillman Minx, y de segunda mano. Cuando dio recado que venía con el coche lo esperé toda la noche despierto en la casa de mi primo, a las afueras del pueblo, a través de cuyas persianas se colaba la luz de los faros de los autos que emprendían la cuesta hacia el perdido Benatae, en la Sierra de Segura, de Jaén. Cada vez que unos faros que se reflejaban en la pared de mi cuarto me hacían contener la respiración hasta oír, decepcionado, cómo seguía adelante el coche carretera arriba. No llegó hasta la mañana siguiente pero ¡qué maravilla! Traía un coche que yo nunca había visto antes, un coche inglés, silencioso, cómodo, diferente y de un precioso azul grisáceo metalizado. En la puerta del Casino de Orcera todos salieron a verlo, abrirle el capot y a opinar, que es la afición primera de todo vecino y deporte

English: Hillman Minx Special 4-D Saloon 1955

English: Hillman Minx Special 4-D Saloon 1955 (Photo credit: Wikipedia)

nacional español. Yo estaba orgulloso de mi padre porque una vez más había demostrado que era distinto a los demás. Luego haría mi primer viaje largo en coche sólo con él hasta Madrid. ¡Qué bien conducía! A pesar de todas las curvas y de lo suave que andaba no me mareé, quizás por primera vez también, ni siquiera en el paso de la Sierra Morena. Por la carretera de Andalucía íbamos a más de cien y él decía que donde se podía correr con seguridad no era arriesgado ir tan rápido, que había que ir a la marcha que la carretera y el tráfico aconsejasen, ni más lento ni más rápido (la primera lección de conducir de mi vida). A los lentos les llamaba tortuguitas y de los madrileños se guardaba por la forma recortada de adelantar, costumbre ésta a la que siguen apegados.

Mi padre tenía, tras pasar fríos siderales en su moto MV Agusta, por fin su propio coche y yo creía haber subido de categoría de repente, con un elegante coche inglés, raro, singular. En realidad, no era sino un utilitario con ciertas ínfulas. Ya no era yo el pariente pobre, siempre teniendo que ir siempre en utilitarios como el Seat 600 o de prestado en los grandes coches de la familia, en el taxi del pueblo o en la ‘pava’, como llamaban al coche de línea. Porque en su corta vida sólo tuvo ese coche en propiedad, aunque también conducía un Citroën Dos Caballos del Servicio de Extensión Agraria o cabalgaba la MV. Con ésta tuvo algún percance, como cuando le entraron unas abejas por la camisa y tuvo que tirarse de la moto o cuando patinó en la arenilla de una curva a la salida del pueblo y volvió con las manos desolladas a que lo curasen en la botica.

El Hillman Minx MK VII Special, con matrícula 116.922 de Madrid, gris metalizado, lo heredó mi padrino, marino mercante acostumbrado a los barquinazos, que lo bautizó Popotito, por calentarse tanto. Años después, a mediados de los setenta, iba yo en el coche de línea y lo vi todavía haciendo humildemente de taxi en Valdepeñas, pintado de un blanco vulgar con una inmensa baca. Me debí haber bajado a intentar recuperarlo, recomprarlo, salvarlo.

La casa Hillman es ilustre; fue creada en 1907 por William Hillman, al comienzo para construir sólo coches de competición. A partir de 1932 se integró en el grupo Rootes (con sus parientes próximos los Humber y los Sunbeam) y su fábrica estaba en Coventry. Los Hillman Minx MK VII  nunca tuvieron el éxito ni el prestigio de otros coches del grupo, como los Minx de las series II y III, similares a los Sunbeam Rapier y al Singer Gazelle, a partir de 1958. Estos fueron los que recogieron los laureles dejando en la sombra a su antecesor que era considerado por la crítica de la época “un pequeño gran coche” (costaba menos de la mitad de un Rover P4 75 y era un 25% más caro que el Morris Minor). Ali y popotito al fondo 001Aún recuerdo su buena suspensión, su motor silencioso, su peculiar botón de arranque, como un timbre, y el capot bastante largo que le daba empaque.

Quizás haya quien piense que era un coche pretencioso, que quería ser un Humber y no llegaba, muy pesado para un motor de 1265 cc. Era verdad que se calentaba con facilidad (aquel viaje a Valencia en el verano del 62, donde sólo la comodidad del entonces reciente Hotel Astoria –hoy aún un buen hotel- haría olvidar a mi padre los avatares de las estepas castellanas, polvo sudor y hierro, que decía Manuel Machado) y las cuestas se le hacían difíciles, pero fue uno de los últimos coches ingleses que dejaron ver su característica silueta y su linaje.

Un último dato curioso sobre los Hillman es su rama asiática pues fueron fabricados también en Japón por la casa Isuzu de 1952 a 1957, dentro de un programa de reconstrucción de la industria japonesa en el que participaba la Rootes. Estos Hillman nipones terminaron casi todos en Australia y Nueva Zelanda, donde hoy son interesantes y mimadas piezas de colección.

One Response to La búsqueda del coche perdido. El Hillman Minx (8ª entrega)

  1. Joaquim Serra dice:

    Tambien fué un Hillman Minx 1951 el primer coche de mi padre. Lo recuerdo con mucho cariño y nos hizo un gran servicio a toda la familia y al negocio familiar en los años cincuenta.
    Quim

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