Breve otoño en la Sierra de Segura (Jaén)

Queda una semana de otoño. La Sierra de Segura, en el extremo nororiental de la provincia de Jaén nos ha regalado un otoño bello y suave. El otoño vino algo atrasado este año de 2013 y se fue pronto, dejando paso a las heladas.

Caki

Caki

También han venido atrasados el verano y la primavera. En la Sierra de Segura el otoño ha sido siempre cauto, entra muy despacio y se deja notar poco. Entra a hurtadillas. Los árboles, pinos, encinas, olivos, son casi inmutables (aunque un labrador -de los que van quedando pocos- distinguirá sus matices, sus tonos de antes y después de las lluvias). En las riberas, chopos, fresnos, alguna noguera, cermeños (perales silvestres), darán el color otoñal. Pero las huertas han ido desapareciendo en favor del monocultivo olivarero. Ya no hay casi cerezos, ni manzanos, ni albaricoqueros. En los alrededores de las cortijadas, algún viejo granado, abandonado, con los frutos colgando, abiertos, sangrantes. Porque el otro fenómeno de esta mutación botánica es que ya nadie se molesta en recoger la fruta, en honrar los frutos de la tierra y los árboles. La fruta se compra, no se cría.

Claro que aun nos quedan los guíscanos, como se llama aquí a los níscalos, y algunas otras setas. Cuando hay lluvias en septiembre, el sol de octubre hace salir hongos en la sierra. Los valencianos y catalanes se precipitan a cogerlos, a veces sin mucho respeto por una naturaleza abandonada a su suerte, sin gran protección, a pesar del pomposo título de Parque Natural.

En esta comarca los olivos son relativamente recientes. Esto eran selváticas montañas hasta las dos Desamortizaciones que fueron ruina de árboles y desastre ecológico (vaya el viajero hacia Pontones y Santiago de la Espada para comprobar cómo, en unos kilómetros, las montañas se quedan peladas, descarnadas. La Desamortización de MendizábalDSCF7994, idea quizás preclara, de laboratorio (el azote histórico de los doctrinarios ha sido siempre un vicio nacional, a izquierda y derecha) fue un desastre en su ejecución. Se talaron montes, se arruinaron los campesinos pobres, se empobrecieron Ayuntamientos y sólo ganaron los de siempre. Una mayoría de olivares data de principios del siglo pasado, tras la filoxera que arruinó los viñedos que por allí había. Todavía en los años treinta se hacían ranchales, esto es, se deforestaban (mediante el fuego) lomas y cerros y se plantaban olivos. Hoy día, ha sido el sistema de ayudas de la Unión Europea, distorsionador de los mercados, el que ha logrado la uniformización –y el exceso- de olivares, con la consiguiente bajada de precios generales.

¿Qué le queda a la Sierra? ¿Turismo rural? ¿Excursionismo? ¿Parapentes? La emigración es aquí endémica desde la primera postguerra mundial cuando se iban a Francia. Y aun hoy los jóvenes deben optar en la mayoría de los casos por irse a Cataluña. Un otoño diferente, social, la decadencia que ningún subsidio ni subvención conseguirá jamás resolver; como mucho, paliar.

La melancolía otoñal se nota sobre todo al atardecer, con las sombras alargadas, las sombras que anuncian la noche, los celajes dorados y rosados.

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