Labores del invierno

El vaho oloroso de la tierra oscura, excavada,

el ruido sordo y útil de la azada que abre un hoyo cuadrado, profundo,

raíces tiernas y blancas asoman entre los gasones.

Labores del invierno, gestos antiguos,

idénticos desde que se trabaja el campo.

Allí ponemos con cuidado el árbol frágil,

protegido, envuelto en trapos

que cubren su niñez. La tierra lo acoge, tibia, estremecida

en la tarde fría que se acaba.

El campo, como nosotros, necesita de cuidados, de humedad, de humus,

de donde procede –recordemos siempre-

la palabra hombre.

Para que un día, cuando ya no estemos,

su sombra acoja a los nietos,

que de nuevo plantarán árboles.IMG_1661

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