La muerte del Land Rover y otros coches rurales.-

Hace unos días encargué un mueble en la tienda del pueblo, La Puerta de Segura, provincia de Jaén. Además de ser puntuales la sorpresa fue el auto en que lo traían, un furgoneta Citroën Dyane, impecable, de 1980. Cons sus treinta y conco años, sigue siendo una herramienta en muchas zonas rurales, como los son los Renault 4 L, los “cuatro latas”, o los Renault 6, y no digamos, el legendario Land Rover, el único de los veteranos que siguen en producción, por lo menos hasta diciembre, en que la empresa Tata, propietaria de Jaguar y Land Rover, lo dé de baja.

Dyane 6

Dyane 6

¿Qué interés mueve a las empresas acabar con sus buenos productos, con coches casi inmortales que han pasado a ser parte del paisaje?

También desapareció el Volkswagen escarabajo (ver mi libro La búsqueda del coche perdido, en e book, o en www.laplumadelcormoran.me), como va a desaparecer el Ambassador, ese sucedáneo indio del Morris, que tiene los mismos años que la India, desde 1948.

 Por ejemplo, y sirve paralos otros pasados de moda, el Renault 6 es un coche indigno, dirán los lectores más exquisitos, de figurar en estas páginas consagradas a viejas glorias. Pero no, el Renault 6, feo, diseñado como a trompicones de aerógrafo, merece estar aquí porque debería tener un premio a la resistencia y a la fidelidad que le veneran los agricultores. El lector habrá observado que en todos los pueblos de España hay viejos R-6,

Renault 4 L, Cuatro latas.

Renault 4 L, el  Cuatro latas.

tambaleándose y pululando por carriles y sembrados. Es indestructible, sirve para todo y casi se diría que cría gasolina, de lo poco que gasta. Barato, duro y sin problemas. Con su cambio de palanca en el salpicadero, al igual que sus rivales Citroën Dyane y 2CV, son coches que no necesitan pasarela y subsisten con cuatro pesetas, o sea poco más de dos céntimos de euro.

Land Rover Santana

Land Rover Santana

Tata Ambassador

El indio Tata Ambassador

Sus orígenes los encontramos en la inveterada tradición proletaria de la Renault, desde el Juvaquatre hasta la Dauphinoise, el Juva de la posguerra que perduró hasta ser cambiado, como de golpe, en 1960, por el 4-L, nuestro entrañable Cuatro Latas. Los Juvaquatre y las Dauphinoise, escasísimos en España (contemporáneos de nuestra guerra y de nuestra larga y pobre posguerra), eran coches que olían a camembert y tenían regusto de épicier de provincias. Aún se descubren muchos en el fondo de los graneros y en los talleres de los pueblos franceses. 

Renault 6

Renault 6

Haga el lector viajero la prueba y cuente cuántos R-6 ve en un viaje por Cuenca, por Ciudad Real. Allí siguen, sirviendo humildemente a sus dueños como esos perros un poco feos, sin raza conocida, pero más listos que el hambre. Sí, el R-6 huele a queso manchego y a bota, a azada húmeda y a perro mojado.

 

 

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