Una novela de don Juan Iglesias, catedrático que fue de Derecho Romano

 El otro día, en una librería de lance, encontré un libro del que había oido hablar pero jamás visto, Don Magín, profesor y mártir, de Juan Iglesias, aquel gran  y ejemplar catedrático de Derecho Romano.

 Era don Juan Iglesias un profesor de los que asistía a clase, que dictaba con su voz algo pastosa, grave, lentamente. Nos explicaba las instituciones del Derecho romano, que han conformado nuestro Derecho actual y ha civilizado Europa. Con él entrábamos en los arcanos de la usucapio y de la enfiteusis. Pero, sobre todo, nos inculcaba sin ser notado, un gusto por lo jurídico, por el orden romano, base de nuestra civilización actual. Su manual, un coleccionable digno de conservarse, está bien escrito, de manera diáfana, sucinta y profunda. Y es además la historia de Roma lo que nos encontramos en él.

Sus clases, aun en aquellos años de tumultos, eran agradables y estimulantes. El, de una paciencia, bondad y elegancia poquísimo frecuentes. Cuando se tenía que ausentar, le relevaba Juan Vivancos, cuidadoso, agradable y también buen conocedor del Derecho.

 UnknownPues un par de años después, en 1971, daba don Juan Iglesias a la imprenta esta pequeña novela, en la que hay sin duda pequeños recueerdos autobiográficos. Está escrita en un excelente castellano.

 Es la Universidad de Salamanca, en la época de Miguel de Unamuno (don Manuel en la obra). Salen a relucir los conflictos entre liberales y reaccionarios, entre descubridores e inmovilistas. Las envidias, zancadillas y rencillas profesorales, tan habituales en el cuerpo docente, son relatadas sin acritud pero sin complacencia. Habla de los problemas eternos de la Universidad española “porque necios de dentro y de fuera impiden que salga de su estado de coma”.

 Incluso puede considerarse un roman à clé, novela en clave, pues algunos de los personajes son sin duda reales, “¿puedes decirme si Cervantes dio ruienda suelta a su sola imaginación (…) sin contar para nada con seres reales?¿acaso el clérigo de los duques no se llamó, realmente, Bartolomé Leonardo de Argensola?”.

 Era don Magín un personaje muy azoriniano, un filántropo bondadoso y un erudito, más reconocido en Francia y Alemania que en España, como suele ser habitual. La novela está en la línea de tantas novelas europeas de ambiente universitario que abundan desde el siglo XIX, en España casi insólitas.

 El gusto por el saber, la historia, el civismo de don Magín, son en el fondo los de don Juan Iglesias, que queda dibujado en esta frase: “El mundo, Amancio, es muy agrio, muy amargo, y no quiero yo echarle más acíbar. La gente está necesitada de buenas maneras, de dulzura, de comprensión, de cariño”. Así era exactamente don Juan Iglesias, un hombre, en el buen sentido de la palabra, bueno. 

Sus modelos, como Hugo Grocio, el padre Vitoria, el padre Suárez, Unamuno, son evocados en las páginas de esta novela. La preguerra española se describe “se alzaban montañas de gritos, de chillidos, de bramidos. Toda España era Plaza Mayor con Fabuloso Templete para la Colosal, Desconcertada y Chirriante Orquesta del Desafuero”.

Al final, el filántropo idealista, el abnegado don Magín, pierde, como don Quijote, la razón.

Más información sobre don Juan Iglesias, https://revistas.ucm.es/index.php/FORO/article/viewFile/FORO0404220359A/13876

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