Je suis circonflexe

Se alzan los escudos contra los puristas franceses que quieren mantener la grafía de muchas palabras, entre ellas el discutido acento circunflejo, ese sombrerito simpático sobre las vocales, que suele tener su origen en la desaparición de la s, como en hôpital o en fenêtre. Al acento circunflejo se le ha llamado en plan zumbón corona mortuaria y acento del recuerdo.

 Sirve para distinguir palabras que suenan igual. Si se suprime, no sabremos si hablamos de un muro, mur, o de un fruto maduro, mûr, de algo seguro, sûr, o algo que está sobre otra cosa, sur; y así sucesivamente, muchos errores más.

 Se trata, parece, de simplificar. ¿Más todavía? ¿O de nivelar por lo bajo? Cuando las personas apenas usan mil quinientas palabras, cuando la trivialización del lenguaje asola los programas de televisión y de radio, cuando se ha olvidado cómo se conjugan los verbos, simplificar más aun sólo significará más incultura.

 Un escritor español ha sacado una versión del Quijote en castellano actual, no se sabe porqué, es un misterio insondable. Porque la gracia de la obra de Cervantes es precisamente su lenguaje que, además, se entiende perfectamente sin allanarlo. Como si por “adaptarlo”, la gente fuera a leer más el Quijote, libro que todos citan pero que nadie reconoce que no lo ha leído entero.

Carlos Barral, el capitán  Argüello

Carlos Barral, el capitán Argüello

Es la misma corriente que quiere suprimir el griego y el latín, las humanidades, las lecturas complicadas. Nuestro objetivo es que todo quepa en un twit o en un guasap, gusarapo. Recordamos hoy a Carlos Barral, que propuso, seriamente, que en la Unión Europea se utilizase el latín.

 En Portugal también les dio por firmar un acuerdo ortográfico con Brasil (las grandes editoras en portugués son brasileñas y suena más a claudicación que otra cosa), suprimiendo ct, dobles s, y muchas más peculiaridades de la lengua. Todo sea por los ordenadores y procesadores de texto (¿hemos dicho procesadores?, ¿procesos?). Todavía están discutiendo si eso ha mejorado el nivel cultural y educativo de los portugueses. Parece que no mucho.

 La banalización de los lenguajes no tiene nada que ver con su correcta adaptación. Pompeu Fabra demostró perfectamente que se podía normalizar el catalán, unificándolo para evitar localismos y diferencias, sin que eso significase su empobrecimiento.

 Ahora todos cargan contra los franceses que quieren conservar su bella lengua. Y no es un tema de clase social, ni de distinción, es que usar bien el idioma es una muestra de elegancia del pensamiento, sin nivelarlo por lo bajo.

 En español, ya puestos, deberíamos suprimir las haches, las uves, la mitad de los acentos, muchos subjuntivos. Para hablar en televisión y decir ordinarieces todo eso sobra. Achabacanemos el lenguaje, democraticemos la ortografía. Es más, suprimamos la caligrafía. Y ¿por qué no? prohibamos Calderón de la Barca, Quevedo y Góngora, que complican demasiado el lenguaje. Ah, y ahora que se habla de callejeros, cambiemos O’Donnell por Odonel, que suena igual.

 

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