Un lugar de La Mancha, Villahermosa

Viajar por España no debería ser sólo ir de museos y restaurantes, sino descubrir los centros menores, donde hay casas aisladas en el campo que merecería la pena conservar, con esos portones de patios y bodegas en vieja madera con cuarterones o tablas de árboles talados hace mucho más de dos siglos. Para ese viaje por carreteras solitarias, de largas perspectivas, de alcores y viñedos, tenemos La Mancha.

La Mancha es la tierra literaria más antigua de España y casi de Europa. No hace falta hablar -por conocidos- de tantos escritores y de tantos libros, poesía y de pintores que perduran por esas tierras, por esos pueblos llanos, limpios, de largas calles tranquilas tras las tapias y bardales de portones antiguos de madera que parecen tener siglos. Pueblos para llevar un pequeño libro y leer algunas páginas en alguno de tantos rincones tranquilos. Tierras hoy enmoquetadas de todos los verdes posibles, desde los más frágiles a los más densos.

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Sacristía de la parroquia de Villahermosa

Entre otros viajeros no hay que olvidar a Azorín, a Eugenio Noel y a Víctor de la Serna. Los tres describieron estas tierras con perspectivas diferentes pero originales.

Si pasamos de La Solana hacia el sur (La Solana, que ha dejado inexplicablemente afear sus alrededores con un cementerio de chatarra justo en un alcor, para mayor inri), podemos acercarnos a San Carlos del Valle, de corte neoclásico, y bajar hasta La Torre de Juan Abad, siguiendo por Cózar y Terrinches. Yo no sé si en Terrinches guardan memoria de aquel guerrillero, maquis o bandido, según la versión, el ‘Rojo de Terrinches‘, que tenía fama de no robar a los pobres, un huido de la guerra que fue acabado de mala manera por guardias civiles disfrazados de pastores.

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Fuenllana

Pasamos por Fuenllana, el pueblo de Rodríguez Huéscar, aquel orteguiano insigne y modesto, buen escritor y pensador. Fuenllana, de una calma casi sobrenatural, está a media legua de Infantes, tiene calles limpias, blancas, silencio y un pequeño castillo restaurado con gusto y respeto. Seguimos hacia el Este, contemplando a la derecha se tienden tierras de cereal que forman un centón apacible que ahora es verde y en el estío será una tierra ocre, labrada. Campos que hacen añorar el paseo sin horas, dejando pasar el tiempo, ese tiempo que todo lo cura. Por esa ruta podremos seguir hacia Ruidera, esos lagos misteriosos, o hacia El Bonillo.Imagen 3.jpg

Pero antes nos encontraremos con la sorpresa que es Villahermosa, pueblo llano, impoluto, con su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, donde también se honra a  Nuestra Señora de la Carrasca, que  tiene la traza del gótico isabelino en sus bóvedas, sus pinturas en la sacristía y en las columnas y un magnífico órgano, restaurado recientemente (como a muchos otros órganos de la comarca, como el de La Torre de Juan Abad, en la guerra lo dejaron sin los tubos de metal, y así quedó medio siglo, mudo y mutilado).

Hay que destacar el excelente trabajo de la Consejería de Educación que nos suministra la guía de la Ruta de los Organos Históricos de la comunidad, con treinta y tres órganos dignos de visitar y de escuchar en Castilla La Mancha. La guía describe sus características técnicas y una breve aproximación a su origen y restauración. Una riqueza cultural que hasta hace poco era mal conocida.

Sería muy interesante escudriñar en el pasado, conocer por qué unos agricultores ricos, unos burgueses potenciales, financiaron, en el siglo XVIII, estos aparatos de música, algo ilustrado, de cultura, en aquellos pueblos. Hay una historia desconocida, o poco conocida para el gran público, de esas clases acomodadas e ilustradas que emprendían esas obras en la época de la Ilustración. Hoy, por ejemplo, no hay parangón y es muy raro encontrar un dispendio, generosidad e interés en los potentados y clases dirigentes manchegas. Hoy todo parece que lo deba financiar el dinero público, el dinero de los contribuyentes.

Por el pueblo de Villahermosa, un señor elegante, con bastón y corbata, nos guía amablemente. Es un personaje salido de un libro de AzorínImagen.jpg, quien precisamente tiene una calle dedicada (como también la tienen Baroja y Unamuno, que este pueblo parece que aprecia mucho la Generación del 98).

Solo se echa de menos en Villahermosa un lugar donde comer, pues la casa rural Raigambre la hemos encontrado cerrada cuando estuvimos y los bares no tiene nada de sabor, sino televisión a gritos y tapas vulgares.

La Mancha ha sido una tierra humilde que ha criado poetas, pintores, escritores, leyendas y sueños. Un pueblo trabajador, sufrido, porque se habrán fijado que aquí, el paro, el desempleo, no es un subterfugio de la galvana. Se trabaja, se procuran encontrar medios, producción, desde la ganadería al textil, o la cantería. No hay abandono.

 

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