Llerena, el sosiego

Hay pueblos a los que solamente se puede llegar por carretera, sin ferrocarril ni autovía. Eso les ha podido hundir, o quizás, mejor, salvar. Así es Llerena, la antigua Allaria o Ellerina, al sur de la inmensa provincia de Badajoz. Calles blancas, prístinas, limpias. Las paredes refulgen en el sol de la tarde. Todas las puertas y ventanas están pintadas de marrón oscuro, no sé si por orden municipal o por el austero y sobrio buen gusto de los moradores. Rejas negras, rectas, sin florituras estériles, puertas bien pintadas, de marrón oscuro, algunas entreabiertas como es costumbre en el sur, invitando al paseante a entrar hasta la cancela, como indicando hospitalidad y que la casa está habitada.

image-e1522952358777.jpegLas calles de Llerena, al iniciarse la primavera, están muy tranquilas. Son calles solitarias, con algunos portales que declaran su pasado mudéjar, como las torres de sus iglesias y antiguos conventos, en especial la parroquial de Nuestra Señora de la Granada. Ha de tenerse en cuenta que en el siglo XVIII Llerena llegó a tener el diez por ciento de su población religiosa. Rodea el pueblo una extensa campiña, sembrada de cereales, tierras que ya fueron puestas en cultivo por los romanos.

Se venden muchas casas, los letreros cuelgan de los balcones. No sabe el viajero si Llerena es un pueblo con mucha actividad económica, si da de comer y trabajar a sus jóvenes. Pero es un pueblo bello, un pueblo que merece tener más actividad, que se organicen más reuniones, conciertos, que tenga más vida. Aquí vivió y trabajó algún tiempo Zurbarán, aquí nacieron el descubridor del Cañón del Colorado, la actriz Catalina Clara, entre muchas personas que dieron renombre al lugar y al país. El museo histórico, antiguo palacio episcopal, es nuevo, es digno de una visita sobre todo por la obra en sí.

Desayunamos en la plaza, en La Casineta, bar y café popular donde los llerenenses se encuentran y charlan. Atienden rápido y con simpatía, pan tostado con aceite y tomate o manteca colorá, suave o picante, ese desayuno ancestral andaluz. Es uno de los bares de los soportales de la plaza, plaza mudéjar y blanca, impoluta y civilizada. Un hombre se queja de que no ha podido plantar a tiempo las patatas porque ha llovido mucho, lo que nos recuerda que estamos en una comarca agrícola por excelencia, en la que todo gira en torno al campo, como desde la época romana, aunque tiene un pasado de fábricas textiles y minero.

imageLuego nos vamos a ocho kilómetros de allí, hacia el este, a Las Casas de la Reina, donde hay un teatro romano bien restaurado, con vista al norte sobre todo el horizonte de la campiñ. Era la ciudad de Regina, una población de paso y parada obligada entre Emérita Augusta y Córdoba, al pie de una alcazaba. Algo más lejos, están las milenarias minas de hierro de La Jayona, que cerraron en 1921.

Pero no encontramos libros sobre la rica historia de Llerena, historia de la Orden de Santiago, de la Inquisición, que allí tuvo sede durante tres siglos, ni de los alumbrados, esa secta pseudo mística que fue perseguida en los tiempos de Felipe II. Hay dos pequeñas papelerías donde venden prensa y pocos libros. El remedio, para el viajero con más tiempo, es acudir a la biblioteca municipal, bien surtida. Tampoco encontraremos muchos libros en la cercana Zafra que, esa sí, tiene unas cuantas librerías, como la simpática Atenea. Bastantes cosas de la guerra civil, pero nada del pasado romano, medieval o renacentista. También se pueden encontrar algunos estudios en la red, dispersos y de desigual calidad.

Para más información de visitas y alojamiento, consultar http://www.llerena.org, y, para los curiosos sobre Extremadura, se pueden buscar los libros de la Biblioteca Popular Extremeña, donde se cuenta mucho de esta región, desde los tiempos romanos hasta la guerra civil del siglo pasado.

2 Responses to Llerena, el sosiego

  1. Alfredo Rodríguez Tébar dice:

    Bello reportaje sobre un pueblo realmente bonito al que no creo se acerque mucha gente, pese a estar en la carretera Córdoba-Badajoz que era muy buena cuando yo viajaba por allí hace varias décadas. Si se va desde Sevilla, recomiendo coger la EX-103 desde Monesterio a Llerena, que atraviesa la Sierra Morena de la zona. Se pude ir desde la Sierra Norte de Sevilla (Alanís, Guadalcanal) y así se pasa por Regina con su hiper-restaurado teatrito romano (desde el de Sagunto debe ser una tónica general la sobre-reconstrucción de estos teatros). Al Este está Azuaga, un pueblo muy interesante.
    Gracias por acordarse de este trozo de España, tan olvidado. Cordialmente.

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  2. Gracias por leerlo. Es un pueblo para irse varios días, con un par de buenos libros.

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