Jean-Claude Brisville y la excelencia de la lengua francesa

Las obras del dramaturgo Jean-Claude Brisville (1922-2014) han sido representadas en España casi siempre gracias a Josep Maria Flotats, que fue su amigo. Así, tuvimos la suerte de ver Beaumarchais, el insolente hace diez años en el Español, en Madrid. Brisville y Flotats, dos personas de una gran cultura, que se han centrado en personajes históricos franceses.

Brisville fue secretario de Albert Camus, cuya muerte le siguió doliendo toda su vida. Admiraba a escritores menos conocidos, como a Dino Buzatti y Ernst Jünger, y entre los franceses a Julien Gracq, Vauvenargues, Sénancour (cuyo Obermann era uno de los libros preferidos de Unamuno), Roger Nimier, René Char, Jean Grenier y Michel Déon.

En mi opinión, ha reflejado perfectamente en su obra el sutil carácter francés, su tono natural, su forma, que se expresa sobre todo en el lenguaje.images

Nunca fue un hombre fácil pues era demasiado crítico, sobre todo con “la raza de los escritores con el dedo alzado, siempre dispuestos a dar lecciones”, como Philippe Sollers o Mauriac, de distintas generaciones. Era despiadado en sus recuerdos, por ejemplo cuando nos dice que André Breton, tras la muerte de Elsa, estaba sobre todo preocupado porque el Presidente de la República aun no le había llamado para darle el pésame.

Sobre su época, también era caústico e hizo suya la frase que oyó de una campesina “antes, la gente era ignorante; ahora, es idiota”. Osó además, en su libertad irreductible, criticar algunos símbolos como la torre Eiffel, el Sacre Coeur, la Tour Montparnasse, otros tantos “ultrajes a la belleza, e imbecilidades dominantes”. No era ni quería serlo, ni en lo social ni en lo cultural ni político, ‘políticamente correcto’.

Era, como el decía, “el hombre de su vida”, un solitario, refractario a la compañía. La prensa, aun reconociendo su valía, nunca le fue muy favorable. En sus libros De mémoire y Quartiers d’hiver nos da cumplida cuenta de sus pensamientos y recuerdos. Se puede decir que fue un escritor y dramaturgo estimado pero no amado por la crítica, como se resume en la acerva crítica que le hiciera Jerôme Garcin.

La dernière salveCentrándonos en su escritura, se servía y dominaba la lengua francesa como pocos. Es uno de los escritores que han contribuido a mantenerla en ese nivel de pureza, sobriedad, economía del discurso y belleza que siempre la ha caracterizado. Ha contribuido así, sin pertenecer a escuelas ni promociones oficiales, al esfuerzo de defensa en el que los intelectuales y escritores franceses llevan empeñados muchas décadas, sobre todo ante la amenaza del inglés de andar por casa que se ha enseñoreado de la comunicación mundial.

Sus obras abordan épocas de la historia de Francia (1750, L’antichambre), Napoleón en Santa Helena (La dernière salve, La última salva), la Restauración con esos dos chaqueteros históricos, Talleyrand y Fouché (Le souper, La cena, “le Vice appuyé sur le bras du Crime”, como dice Chateaubriand en Mémoires d’Outretombe), los debates filosóficos (Pascal y Descartes). Pero también se ha recreado en la época actual, con una sutil e inteligente venganza en Le fauteuil à bascule, contra su editor, cuando fue cesado como director de la colección Le livre de Poche (en España, Carlos Barral debería haber hecho algo parecido cuando fue expulsado de Seix Barral, o el editor y escritor Mario Muchnick al ser relegado sin preaviso ni contemplaciones por el grupo Anaya). También ha dejado obras, como Saint Just, una de sus primeras (1957), o Le bonheur à Romorantin, drama de costumbres.

Son obras de pocos personajes, de diálogos caústicos, donde cada palabra encaja en la idea. Fundamental es, pues un actor culto, de perfecta dicción, con maestría en la voz y el tono, en los matices de la conversación, los silencios, las respuestas fulgurantes. Quizás deban ser casi francófilos, o unos buenos afrancesados para representarlas mejor, y con personalidad, lo que Stanislavsky llamaba el actor con personalidad, con carácter. Son obras en las que cuenta principalmente el personaje, no el escenario. Recordemos, por ejemplo, el papel de Talleyrand que hizo Sacha Guitry para el cine.

En Francia su teatro ha sido publicado habitualmente por Actes Sud, esa gran y cuidadísima editorial de Arles fundada por el belga Hubert Nyssen que tantos escritores ha descubierto y puesto en la palestra.

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

El blog de Agustín Galán

Filosofía de la ignorancia

La pluma del cormorán

Objetos perdidos y hallados. Mensajes en una botella. Libros, historias y algún viaje.

El blog de Guillermo Schavelzon

La edición, el libro, los escritores

La Estirga Burlona

El blog de Bárbara García Carpi

Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

A %d blogueros les gusta esto: