Madrid 1936, la España que pudo ser

Cuando pensamos en 1936, todo el mundo imagina uniformes, milicias, disparos, desorden, en pueblos destruidos, todo antiguo, cutre y algo siniestro (o quizá heroico, para algunos). Es algo que nos han contado, como se habla de una mala cosecha, de un año de sequía, y no de las cosechas normales, anuales. El mito de la España negra, que viene del 98, ese gusto lúgubre por rasgarnos las vestiduras.

Pero había entonces una España que no encaja con esa imagen sórdida, negativa, vieja, de iglesias quemadas, de paseos, ejecuciones y checas. Parece como si solo el relato del Madrid de Corte a Checa, ese libro tan interesante de Agustín de Foxá, y la ‘memoria histórica’ que saca de las cunetas ejecutados vilmente, siguiera ocupando el escenario de la imaginación.

Pero el otro día encontré en la Feira da Ladra, en Lisboa, un par de revistas de arquitectura, Nuevas Formas, del año 36, que me trajeron otra idea de esos años.

Sus fotografías, artículos, anuncios, me hablan de un Madrid en la que se construía con gusto, en la que había cierta prosperidad burguesa, de una España que iba por buen camino, a pesar de todo, pero que fue destruida en una guerra y que después, mandó al exilio a sus más egregios profesionales, artistas, escritores, poetas, arquitectos, músicos. El resultado, ya lo sabemos, fue un tremendo vacío cultural y educativo, una pérdida del buen gusto que aún hoy arrastramos. El “envilecimiento estético” del que hablaba don Julio Caro Baroja.

Algunos se quedaron, por convicción o porque no tenían dónde ir. Y se esforzaron en mantener vivas las brasas de la inteligencia. Demasiado tarde y demasiado pocos.

La diferencia con la guerra mundial -a la que la española pertenece en el siglo XX, como ha señalado Eric Hobsbawm-, es que la liberación creó un optimismo, fomentó una creatividad, que en España no sucedió. Sucedió en Italia, en Francia, en los Estados Unidos, a pesar de la guerra fría. En España, solamente “apagada y vil tristeza” (Camões, Os Lusíadas).

Calle Serrano, 106

En fin, hojear la revista Nuevas Formas ha sido como descubrir aquella España, aquel Madrid que pudo ser y no fue.

2 Responses to Madrid 1936, la España que pudo ser

  1. Susana Frouchtmann dice:

    Excelente articulo. Y, aunque lo que lo que pudo ser -lo que ya empezaba a ser- quedó arrasado (y no me refiero sólo a los edificios e iglesias), dejó al país en un limbo oscuro, qué soplo de aire fresco y liberador transmites.

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