Una escritura tranquila

Ignacio Vázquez Moliní decidió un día pasar a papel sus doscientas columnas publicadas en Estrella Digital; encontró un pulcro editor en Huelva y las ha lanzado al mundo hace unas semanas en Lisboa, donde reside. Ha tenido una buena idea pues los textos digitales se los lleva el viento, la nube, internet, la malla. Y los escritos de Ignacio Vázquez son bastante inmemoriales, casi como esas memorias de Azorín que tanto admira, y merecen la permanencia de la imprenta. Su prosa me hace evocar esas famosas y constantes querellas entre los antiguos y los modernos.


En efecto, Moliní es uno de los rarísimos lectores –no sólo españoles sino presumo que franceses y portugueses y del mundo entero- de Anatole France, por ejemplo, cuyas obras completas posee y en las que liba de vez en cuando, sorprendiendo a modernos. También lee a Maurice Maeterlinck, siendo probablemente su único lector en España, así como al surrealista también belga Marcel Mariën. Muchos los encuentra en las librerías de lance (los famosos alfarrabistas lisboetas), pues es un inveterado rebuscador de libros olvidados pero inolvidables.


Claro que también le gustan los autores más modernos, como Marguerite Duras, Italo Calvino (Moliní habla también italiano), o el cine de Pasolini. Y, por supuesto, su apreciado Luis Landero, de cuyo grupo Faroni fue uno de los fundadores. Es pues moderno también aunque defienda con tesón tantos antiguos que las editoriales han ido descartando. Es además uno de los pocos escritores españoles que se han adentrado en la literatura de Guinea Ecuatorial, como la poeta Raquel del Pozo Epita, o los novelistas María Nsué Angüe y Juan Balboa Boneke.


El título de su libro, La mirada tranquila, es casi un eco de su admirado Ortega y Gasset y refleja perfectamente la cualidad humana de su autor: objetivo, con sus ideas y compromisos éticos pero sin arrebatos ni denuestos. Ojalá fueran así muchos de los comentaristas y columnistas de la prensa española actual: con mirada tranquila.


Su estilo está bien temperado y se nota que ha asimilado casi todos los clásicos castellanos y muchos de los suramericanos. Moliní quien nos habla en sus columnas de Ciro Alegría, de Ciro Bayo, de Gaya Nuño, de Cunqueiro, de Miguel Espinosa, y de otros tantos escritores que para quienes no disfrutamos de las modas son siempre un puerto de retorno. La falta (¿) de tiempo, la pereza y esa lista de espera que todo lector tiene encima de su mesa de cosas por leer, a veces nos hace dejarlos de lado y Moliní nos los trae de nuevo.


También nos lleva Vázquez Moliní a sus lugares favoritos, aprovechando un libro o algún acontecimiento: Lisboa, Túnez, Bruselas, Beirut. Sobre su afición y cariño por la capital libanesa habría que decir que sólo conozco –de lectura- a alguien parecido, como es el gran veterano Tomás Alcoverro, corresponsal de ese diario ejemplar, imprescindible, que es La Vanguardia. Lean también, de Moliní, su Periplo alfabético de un fumador de pipa, pues ese es más geográfico que literario y el Líbano tan sufrido y tan bello, aquel país legendario de La Châtelaine du Liban (Pierre Benoit), reaparece constantemente.

Ignacio Vázquez Moliní


Ignacio Vázquez Moliní, que ya ha escrito y publicado varios libros, incluso de poesía, se guía por el principio del placer de la escritura y de compartir sus pensamientos; como dijo Somerset Maugham, esa es la recompensa principal que todo escritor debe buscar, antes que la censura o la lisonja, el éxito o el fracaso, es decir, la fama (aprovecho para sostener que Ignacio Vázquez, que parece tan serio, es sobre todo un cronopio, muy lejos de los famas).


Este libro se puede leer a trozos, entero, a saltos, volver a él por cualquier artículo (todos tienen una extensión en torno a las cuatrocientas palabras). No los ha fechado y acierta al hacerlo así, precisamente porque si a veces aluden a hechos o acontecimientos concretos (‘El terror en Niza’, el atentado de Las Ramblas, comentarios sobre el Brexit, etcétera), se elevan siempre por encima de lo contingente y adquieren el valor de meditación, de sosegada y atinada mirada. Nos amplían el horizonte, nos sirven de solaz y de reflexión y nos recreamos en su impecable lengua castellana.


[La mirada tranquila, por Ignacio Vázquez Moliní, Editorial Niebla, Huelva, 2019, 415 páginas.]

2 Responses to Una escritura tranquila

  1. Anay dice:

    Muchísimas gracias por todas tus entradas, siempre tan interesantes. Felices fiestas.

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  2. Esteban dice:

    Algunos artículos ya los leí. HIROSHIMA me dejó marcado tanto que hasta que no leí a John Hersey no sabía cierto si fue tanto el horror y el dolor causado por la bomba atómica . Habrá que disfrutarlo pausadamente.

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