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Dos jóvenes trabajadores portugueses

João trabaja en el restaurante de la playa para pagarse su permiso de conducir. João, durante el curso, estudia, pinta acuarelas -así ha comenzado nuestra pequeña conversación, al verme pintar en el cuaderno de apuntes- y ayuda a su familia. Estamos en la costa alentejana, hay una brisa agradable y el mar cambia de color cada media hora, desde el verde al azul cobalto, pasando por todas gamas de azules. Las olas son suaves, el mar está en calma pero aún así se ven saltar por encima de los escollos del estuario, alzando una estela blanca de espuma.

João me explica a través de su mascarilla que a todos sus amigos la familia les paga las pruebas del examen de conducir, pero no su madre. Pero a fin de cuentas también coincide en que es quizás mejor porque se hace responsable de sus propias decisiones.

El restaurante está sobre las dunas y tiene un nombre evocador, no es antiguo, la placa dice 2005. Hoy quizás ya no podría construirse tan cerca de la arena. Es de madera, perfectamente organizado con esa cozyness que los portugueses saben darle a muchos cafés y casas de comidas. Entre muchas cosas, sirven una excelente ensalada de huevas de pescado, salada de ovas, las patatas fritas de la tortilla están perfectas y el servicio, incluido el de João, es impecable.

La covid ha traído aquí dos cosas positivas, dentro de la crisis: menos turistas, lo que es malo para muchos negocios pero bueno para aligerar de automóviles las calles del pueblo; y ha reforzado la simpatía, acogida, higiene y calidad de todos los establecimientos. Las mesas de restaurantes, casas de pasto y cafeterías son limpiadas prolijamente tras cada uso, están menos pegadas, hasta el café es aún mejor de lo acostumbrado, que ya es decir. La calidad general ha mejorado, aunque ya era buena como acostumbraba de siempre el turismo portugués.

Esperemos que ahora, con esta nueva realidad, los alcaldes se tienten la ropa antes de conceder más licencias de construcción que amalgaman los pueblos y las urbanizaciones; muchos solares quedarán vacíos, a merced de la vegetación litoral, o permitiendo que se plante algún parque y no solamente cemento; las amenazas al paisaje tenderán a disminuir. La codicia inmobiliaria se apaciguará, por un tiempo.

La inmensa mayoría de los jóvenes portugueses, como los españoles, tienen empleos precarios, cuando los tienen. Los empresarios aprietan pues no quieren perder beneficio, y a estos jóvenes no los defiende sindicato que valga. Como tampoco a los inmigrantes asiáticos que trabajan en los invernaderos de los alrededores. O lo toman o lo dejan. La covid trae más explotación de los trabajadores, de los obreros. Por eso, verlos sonreír y trabajar con amabilidad, con dedicación, es aún más reconfortante y casi sorprendente.

João es una buena muestra del espíritu portugués: trabajador, sufrido, sin arrogancia y con una especial simpatía que roza la modestia y la timidez.

Miguel, el otro chaval que me ha servido el café esta mañana, lleva trabajando sólo desde primeros de julio. Se equivoca, rectifica, tarda algo más que los veteranos y al venir a la mesa de la terraza del café se excusa con una sonrisa “es que soy nuevo”. Con su familia contribuye a remontar el pequeño negocio, ahora que los exámenes -virtuales, on line- han terminado. En septiembre, si la pandemia amaina, podrá volver al instituto.

En estos meses, cuando he ido preguntando a los comerciantes, a los trabajadores portugueses afectados por la crisis, la respuesta más frecuente ha sido, “es difícil, es duro, pero es así, tiene que ser, tem que ser”. No es resignación, es realismo sin quejas, sin agresión. A remangarse y al trabajo, a hacerlo mejor que antes y a resolver la situación. Los ciudadanos de esos países llamados “frugales”, Austria, Dinamarca, Suecia y Holanda -que es un medio paraíso fiscal hipócrita-, esos que vienen a la Península Ibérica en busca de alcohol barato, sol y servicios, incluidos los sanitarios, podrían observar cómo se trabaja en este Sur que tanto ignoran y menosprecian.

(Costa Vicentina, Portugal, julio 2020)

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