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La Sierra de Segura, en Jaén, aislada, como siempre.

Desde tiempos inmemoriales, la Sierra de Segura ha sido una comarca aislada, deprimida y pobre. Abandonada por los políticos, mero cazadero de votos. Es el Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y Las Villas, de singular belleza, con restos históricos -ibéricos, cartagineses, romanos, musulmanes- poco conocidos y estudiados. Es un pulmón que contribuye a rebajar las emisiones de dióxido de carbono de toda España en nuestra cuenta ambiental, y ya sólo por eso merecería más compensación porque posee crédito ambiental. Es madre de dos ríos históricos, cuencas de civilización, el Segura y el Guadalquivir y reserva forestal y botánica. Es una comarca que sólo añade, no resta. Y sin embargo, el abandono, la negligencia del Estado y de la Comunidad Autónoma, son lancinantes.

Hoy, todavía, a los pueblos de la Sierra de Segura, en la provincia de Jaén, sólo se puede llegar en automóvil privado y por carretera. Y el que no tenga automóvil, que no venga. Una amiga nuestra, que ya ha sacado su billete de avión desde Luxemburgo, se las verá canutas para llegar a estas sierras. De Madrid a Siles se tarda más que a Nueva York.

Los doce pueblos de la comarca están ayunos, entre otras cosas, de unas buenas comunicaciones y de un servicio público de transporte -ya que no habrá jamás ferrocarril, al menos autobuses- que permita venir de manera confortable y en tiempo razonable de Granada, Sevilla, Madrid, Valencia o Barcelona, por citar sólo cinco ciudades. Eso, sí, paradójicamente, tenemos derecho a atronadoras y ensordecedoras bandas de motoristas, en grandes cilindradas, sin tasa ni control, echando carreras, todos los fines de semana en la A 317 de Orcera a Hornos. Los alcaldes no las oyen.

No es de ahora el aislamiento. Hace un siglo, la situación de atraso era tal que fue objeto de una encuesta parlamentaria promovida por el diputado Luis Bello (Viaje por las Escuelas de España) que él casi resumía en tres palabras: paludismo, analfabetismo y caciquismo. Era parecido a Las Hurdes, pero con la diferencia que aquí no vinieron ni Alfonso XIII ni Marañón. Ni les merecía la pena. En Santiago de la Espada, Pontones y aquellas aldeas perdidas, hubo bocio endémico, la lepra perduró hasta bien pasada la postguerra, el analfabetismo era rampante.

La Sierra ha ido perdiendo habitantes desde hace casi un siglo, pues tuvieron que emigrar a buscar alimento y educación a Francia, Alemania, a Cataluña, a Baleares. La población hoy está envejecida y desanimada. Se vive, regular, de la aceituna y de los subsidios. El aceite se vende como una commodity por las grandes superficies comerciales y es cada vez menos rentable, aunque también se debe al aumento exagerado de plantaciones de olivar (regado, encima, para secar progresivamente las capas freáticas, y la Confederación Hidrográfica mirando para otro lado). Un exceso de oferta disparatado. Hay pocos establecimientos industriales, la mayoría talleres. El turismo es barato y hay contados establecimientos hoteleros y de restauración, que arriesgan capital y trabajo pero que dependen de las comunicaciones. La riqueza forestal apenas reporta nada a la población. NI miel, ni nueces, ni esencias aromáticas (del espliego, lavanda o alhucema), que antaño tenían algún retorno, son fomentadas. Ya no son rentables. La ganadería ha sido cercenada por intereses raros de la Unión Europea (que a veces parece que prefiere pagar desempleados que ganaderos).

Es uno de los ejemplos palmarios de la España vacía que denunció Sergio del Molino. En 1950 había 818.840 habitantes de hecho en la provincia de Jaén. En 2019 la provincia tiene 633.564 habitantes. En la Sierra de Segura el descenso es aún más pronunciado aunque los datos son difíciles de contrastar. Según un estudio publicado por el diario Jaén, de 2004 a 2019 perdió 2.950 habitantes.

Emilio de la Cruz Aguilar, a quien ese mismo diario acaba de rendir un merecido homenaje el siete de julio pasado, así como Genaro Navarro y José Bautista de la Torre, han sido algunos de los que han alzado su voz -en el desierto- por esta comarca. Pero, nada. Sólo más subsidios, más obras sin mucho sentido -restaurar o reedificar ruinas de torres y castillos, con dudoso criterio histórico, por ejemplo-, pero desarrollo real, fomento de la industria, poco.

Pero lo que hoy añade al olvido, y que motiva esta página, es la falta de comunicaciones, sobre la cual los alcaldes guardan riguroso silencio. La carretera N 322 -Córdoba Valencia- lleva en obras más de 30 años. Venir de la capital, Jaén (en vehículo privado). Circular por ella es un dolor, desde Jaén son 150 kms. en los que se echan dos horas pesadas, atorrantes. Samar, ese servicio -por llamarlo de alguna manera- de autobuses, heredado de La Sepulvedana, que siempre fue malo (no contestan al teléfono, no hay información fiable, nadie sabe, nadie contesta), ahora encima ha suprimido -con el pretexto de la covid 19- el servicio de Madrid (Méndez Alvaro) a Puente de Génave. Y es un trayecto en el que se tardaban casi seis horas, con transbordo en Valdepeñas en la estación de autobuses fea, lamentable, inhóspita y destartalada. El coronavirus sirve de pretexto para todo.

Las comunicaciones son un derecho, tanto las telemáticas como las físicas (carreteras, vehículos). El servicio de transporte público -que es una concesión administrativa que requiere un mínimo de regularidad, calidad y seguridad- debería ser protegido, exigido, por los municipios. Es como los desagües, el agua potable, el internet, la telefonía -por cierto, en manos de las operadoras que hacen lo que les es rentable, ni más ni menos- o la electricidad -Endesa, tres cuartos de lo mismo-. Pero los alcaldes y alcaldesas parece que están muy ocupados en otras tareas más políticas y de más interés.

En fin, aquí en la sierra, en este aislamiento en medio de una naturaleza pletórica, bellísima, tengo entre otros sobre la mesa un libro que los próceres que nos alumbran desde Madrid y Sevilla considerarán anticuado, pero que a veces creo que todavía es muy de actualidad por el deseo que lo impulsaba y el afán ilustrador y reformador, es de 1864 y fue escrito por don Fermín Caballero, Fomento de la Población Rural. Ya hablaba de la necesidad de comunicaciones, “si las autoridades recorriesen anualmente las provincias de su mando…” (pero, claro los presidentes de las Diputaciones, Consejeros autonómicos y ministros de la Nación, cuando vienen lo hacen en coche oficial con conductor, no se enteran de nada; Zapatero vino aquí, pero en helicóptero, y no es una broma). Mucho de lo que dice Caballero, cambiando medios y circunstancias, es válido hoy día, como son los artículos de Mariano José de Larra, su casi contemporáneo. Hoy necesitaríamos otro Fermín Caballero.

1 Comentario »

  1. Pues sí; poco más se puede añadir a este artículo. Durante décadas, he huido del victimismo por parecerme una actitud ventajista. Cada vez que oía miserias y reivindicaciones en las diferentes partes del Estado, me acordaba de mi tierra, una de las tres o cuatro comarcas más preteridas, postergadas, aisladas y ninguneadas de España. Creo que fue en 1990 o 92 cuando Josep Borrell, entonces secretario de Estado en Obras púbicas, lanzó su plan de autovías. La de Bailén a Albacete (bautizada entonces como A37, después convertida en A32) estaría terminada en 2007 (!). Según pude ver cuando me acerqué por allí hace unos meses, parece que acabará en Vva. del Arzobispo, algo sin sentido puesto que el norte de Andalucía necesita una comunicación con el Levante. La inauguración del puente nuevo de Puente de Génave en 1889 y la terminación de la carretera de macadán Bailén- Albacete supusieron una revitalización extraordinaria para la comarca. Parece, no obstante, que unas vías modernas de comunicación no van a entrar en nuestra tierra.
    Pienso que solamente unas vías rápidas podrían salvarla: Autovía A32 completada, autovía que supla a la A310 y continúe hasta Hellín (el camino de Aníbal) y otra autovía que lleve a vélez Rubio Siguiendo la A-317. Las comunicaciones conectaría la zona con el resto de España y promoverían un turismo de calidad.
    No me siento optimista respecto al futuro de nuestra tierra. La llamada olivicultura de “montaña” es poco productiva y tengo dudas sobre su futuro. Aquella no es una tierra de olivos. Por otra parte, y sin entrar en polémicas políticas, la pertenencia de nuestra tierra a la provincia de Jaén en 1833 y luego a la Comunidad Autónoma de Andalucía en 1980 solo han servido para aumentar nuestra marginación y nuestra miseria. Echo de menos un movimiento del tipo de Teruel Existe (a lo mejor ya existe, pero yo no me enterado). Espero que nadie se ofenda si digo que nosotros no somos andaluces.

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