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Lo que aportan a España las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas

La provincia de Jaén no produce solamente aceite de oliva. El monocultivo de olivar ha aportado riqueza pero también una enorme fragilidad cuando los precios se desmoronan dado el exceso de oferta (en España se siguen plantando olivos y encima de regadío, agotando acuíferos) pues muchos países están plantando olivas. No hay política agrícola ni ordenación del territorio.

Pero no toda la provincia es solamente olivar. El Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas constituye una aportación al clima que debería ser contabilizada. En el Producto Interior Bruto no contabilizamos debidamente los factores positivos “invisibles”, como el aire puro, el agua y el bienestar. No le ponemos precio al aire y al agua.

El Parque tiene una superficie 214.000 hectáreas, de la cual la forestal constituye la inmensa mayoría. Si al Parque jiennense le añadiésemos las sierras de Alcaraz y otras aledañas, el aporte ambiental es aún mayor. Hoy, debido a las divisiones administrativas, nos encontramos con que el mismo macizo forestal -que llega hasta Hellín- es gestionado por varias Comunidades Autónomas (Castilla-La Mancha, Murcia, Andalucía) de forma separada, independiente, lo que no facilita la buena gestión ambiental. Sólo la sierra de Alcaraz abarca 284.000 hectáreas. Unidas todas las sierras, estaríamos en mucho más de medio millón de hectáreas.

Geológica e históricamente, esta enorme zona natural ha sido compartida por provincias actuales y antiguamente por tres reinos, Murcia, Castilla y el reino de Jaén. De hecho, la zona de Segura era Reino de Murcia hasta la división de 1833 trazada un poco caprichosamente por Javier de Burgos. El lenguaje no miente y se usan las terminaciones en -ico e -ica, se dice nogueras en vez de nogales, y muchas otras expresiones más. Las construcciones originales -ya van quedando pocas- son más tributarias del estilo levantino que del andaluz.

La población actual censada estimada es de algo más de veinte mil habitantes (INE), notablemente envejecida y, por tanto, asistida (pensiones, desempleo, subsidios). Ha sido históricamente, tierra de emigración, de la que se han beneficiado sobre todo Cataluña y el Levante. Esta podría ser considerada otra aportación “invisible”, no contabilizada, que ha empobrecido una comarca para enriquecer otras. También deberíamos incluir en el haber los emigrantes que han ido a trabajar a las fábricas, hoteles y a los campos de otras regiones.

Pero, sin contar la demografía -una historia triste de despoblación, negligencia, egoísmo y desgana de las clases adineradas y del Estado-, hay que resaltar al menos dos aportes a la economía nacional: el agua y el aire, y un problema, la falta de información.

A) El agua.-

El agua de dos grandes ríos viene de estas sierras, con los nacimientos del Segura y el Guadalquivir, entre otros. Si se hiciera un recuento ambiental habría que añadir todo el macizo citado que se extiende por tres provincias. Los afluentes del Guadalquivir provenientes de estas sierras son, principalmente, el Aguamulas, Borosa, Aguascebas, Cerezuelo, Hornos, Guadalimar. Los principales del Segura provenientes de la sierra de Segura son el Zumeta, Tus y Madera.

La capacidad del embalse del Tranco es de 498 Hm cúbicos (un hectómetro cúbico son un millón de metros cúbicos); caudal en el Tranco: 19’80m metros cúbicos por segundo, mientras la del embalse de Guadalmena es de 347 Hm cúbicos.

¿Pero cuenta algo en la balanza nacional? Se supone, pero no estoy seguro de que se tenga en cuenta cuando se critica a Andalucía por el PER (que, efectivamente, tiene muchos aspectos negativos), de los subsidios, y cuando se escatiman servicios públicos a los habitantes de estas sierras, entre ellos los transportes. Públicos y las tecnologías de la información y comunicación. No le ponemos precio ni le damos valor.

B) El crédito de carbono.-

El Parque Natural también contrarresta las emisiones de dióxido de carbono de toda España. No conozco la cantidad, pero es uno de los créditos que tienen estas sierras y que ha de apuntarse en el haber de todo el país. Ambientalistas y científicos saben medir cuál sea el valor ambiental de esta reserva de la biosfera, pero que pocos conocen.

Además, las emisiones de dióxido de carbono producidas son mínimas, debido a la escasa industrialización, y su naturaleza provee de oxígeno, de aire puro, a toda la Península.

C) La información, la transparencia y la participación.-

La declaración de Parque Natural se hizo en plan despótico aunque fuera con una finalidad positiva. Nadie participó y a los habitantes de las sierras les sobrevinieron muchas cargas -que se saltan, por ejemplo, construyendo almacenes horrorosos de chapa y bloques en medio de los campos, en medio de los olivares, a los que ninguna administración pone coto ni derriba una vez declarados ilegales-.

El pueblo acata pero no cumple, como es natural cuando las medidas vienen de arriba, sin discusión, debate ni posibilidad de alternativa. La gestión del Parque siempre ha sido jerárquica, sin información a la población, sólo prohibiciones. Y las reglas no son para todos, pues empresas como Endesa hacen caso omiso de las reglas paisajísticas instalando sus postes donde más le conviene; un mal ejemplo, cuando la población ha de obedecer sin discusión. En general, hay poquísima información a la población, si no es para las limitaciones, prohibiciones y multas. Es decir, hay información negativa.

Tres propuestas.-

  1. La primera propuesta es que en las cuentas nacionales se incluyese debidamente esa aportación ‘invisible’ de agua y aire puro de estas sierras. Parece, si no, que esta comarca es eternamente subsidiada, ocultando su crédito, cuando no lo es. En el valor añadido de cada habitante de esta zona hay que añadir el crédito de carbono y el acuífero. La población vive modestamente, sin gastos extraordinarios y con los servicios mínimos del Estado y de la Junta. Hay muchas varas de medir el PIB y se olvida la aportación ambiental.
  2. La segunda propuesta es la gestión única de todo el macizo boscoso y natural y no dividida como ahora en tres administraciones, más la del Estado. No existe una sierra andaluza, otra castellano-manchega y otra murciana, es un sistema hoy descuartizado entre tres administraciones, con distintos procedimientos y poco coordinadas. Una gestión única resultaría menos costosa y más eficaz. También la gestión del agua, hoy por cuencas, que puede ser positiva -si fuera bien gestionada y no mediante subcontratas de servicios como sucede con la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir- pero no hay que olvidar que los manantiales proceden del mismo macizo y que al río Segura, por ejemplo, le interesa también la buena gestión forestal y ambiental de los calares y zonas de captación (el Calar de las Palomas, los Campos de Hernán Perea, Pinar Negro), que se hallan mucho más arriba, en la sierra de su mismo nombre.

Al igual que la Sanidad y la Educación, compartimentar la gestión ambiental en Comunidades Autónomas no ha hecho sino dificultar la eficiencia de los sistemas respectivos.

  1. Y la tercera propuesta, pero no menos importante, es que la gestión del Parque o, mejor, de todo el macizo forestal de las tres provincias (se podría incluir Granada), sea más transparente, haya información correcta y se trate a la población como mayor de edad, es decir, con la necesaria participación, no sólo con órdenes y sanciones. Esas, les guste o no a los que mandan en el Parque, son las reglas mínimas de la democracia, pero los alcaldes, por ahora, comunican poco y no hay debate. Por ahora, la situación es completamente asimétrica, la población cuenta poco, si cuenta algo.

Una población que se sienta amparada, escuchada y concernida, protegerá mejor la belleza y la riqueza de este inmenso territorio. Y, sobre todo, se sentirá más apreciada y no con este sentimiento de ser abandonados, de que nadie le escucha, de desmoralización que ahora cunde por estos pueblos y aldeas. Se sienten subordinados.

Sentirse parte activa de una comunidad más amplia y no sólo ayudados, o visitados por los cazadores de votos, forma parte de la construcción de la moral de un pueblo.

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