Los nombres de las calles

Don Pedro Mourlane Michelena decía que
“dar nuestro nombre a una calle es poco;
a una estrella, demasiado.
Basta con que quede en el casco de un barco vagabundo”


Placas y lápidas que en las ciudades
pretenden alargar las cenicientas
memorias de tanto prócer,
acosan al viandante
–atónito, indiferente-,
le asestan viejas glorias
entre asfalto, semáforos
y gente.


Pero “todo ha existido
y ya no es ni lo esperas”.
Echas de menos calles grises,
sin pancartas ni banderas,
ni señales ni letreros, sólo calles,
para recordar quienes tuvieron
voluntad sin vanidad.

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