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Afganistán de papel, y una poesía

Afganistán de papel, libros, y una poesía

Borrados los recuerdos, perdidos los lazos que hubieran podido unirnos, Afganistán nos parece hoy un agujero negro, un irremediable horror donde las mujeres y niñas serán marginadas, ocultadas, perseguidas por el simple hecho de leer, donde la cultura será abolida. Tres cuartas partes de una población de 40 millones viven en los campos, donde la sequía, las lluvias erráticas y la guerra han destruido casi todo. Poco queda para la cultura. 3,7 millones de niños no tienen escuela (la mayoría, niñas) y la experiencia del anterior poder taliban es que cerraron escuelas y consideraron la educación como un demonio occidental (o comunista). No sabemos qué pasará ahora.

Sin embargo, no siempre fue así. He encontrado en una vieja revista soviética una pequeña relación, que data de 1975, de qué existía en las letras afganas hace medio siglo. En aquel año hubo un encuentro literario en Kandahar del que Alevtina Guerasimóva, una gran conocedora de la literatura de ese país nos ha dejado sus impresiones. En 2011 todavía aparecían artículos de esta crítica literaria pero están en páginas rusas de difícil acceso.

El inicio de los estudios sobre literatura afgana en Rusia se remontan al siglo XIX, gracias al académico Boris (Bernhard) Dorn. Después de la revolución rusa siguió habiendo un gran interés por la cultura afgana en la URSS. Muchos libros de poesía de los siglos XVI en adelante fueron traducidos y publicados en Moscú. Es conocida la gran tradición de filólogos y lingüistas rusos, las obras de uno de los cuales, Roman Jakobson, son conocidas mundialmente. La literatura afgana suscitó siempre un interés en los filólogos rusos, y aún más cuando el Tayikistán formaba parte de la Unión Soviética, incluidos muchos estudios de la lengua pashtún.

Poetas soviéticos como Rassul Gamzatov o la poeta turkmena Anna Kovussov contribuyeron ampliamente al estudio y difusión de las letras afganas antiguas y modernas en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. Siempre hubo además, por la lengua común, una relación entre escritores de izquierda, laicos, de Tayikistán (entonces parte de la URSS) y de Afganistán.

Se podrá decir que no es casual este interés, dado que Afganistán siempre ha estado en la mira del imperialismo ruso, y en 1979 las tropas soviéticas invadieron el país para apoyar la llamada Revolución Abril (1978) con el desastroso resultado que se conoce, parecido al de ahora. Pero, como esos sabios arqueólogos que acompañaron a Napoleón en su invasión de Egipto, algo queda de las invasiones si son acompañadas por algo de cultura, aunque algunos la puedan tachar de servir a los fines del imperialismo.

Se ha de mencionar, entre la literatura rusa (soviética) sobre este país, Un árbol en el centro de Kabul, de Alexander Prokhanov, hoy convertido en un nacionalista partidario de la Eurasia. En esta novela -más bien un reportaje- algo épica, publicada en 1982, encomia la labor soviética en Afganistán sobre la cooperación técnica, la ayuda agrícola, etcétera. Es interesante para conocer cuál fue la extensión de la influencia rusa en el país y el intento frustrado de hacer de él una república laica y avanzada.

Para acabar, una poesía sobre Afganistán, hoy prohibida, aludiendo al bello nombre de la capital:

Kabul

En el calor de la canícula
una gota del Amu-Daria se evapora
rápida y ligera vuela hacia el cielo
pero el viento y el frío la atrapan.

Se extiende la noche y el azul de la cúpula
con un tchachmband se cubre la cara.
Las ráfagas suaves del viento
Llevan el sueño a la gota de agua.

El frío enseguida comienza
y con sus manos de mago orfebre
convierte en hielo traslúcido
la errante gotita.

Al fin vuelve el alba que trae el sol
que despide la noche, el frío y el viento.
Su aliento calienta la gota de agua
y le devuelve su peso.

Ella se apresta a volver a su río
pero ve a lo lejos un capullo de rosa
que entreabre sus pétalos y mira la aurora…
¿Tiene sed la rosa u ofrece al ruiseñor su corazón?

La gota en rocío se escapa del cielo
y cae sobre la rosa
que dio el día a Kabul
en otro tiempo k-a-b-a-r-g-u-l: gota de agua en la flor.

Abdujabor Kakhori (poeta tayik)

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