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El cultivo del cuerpo en las clases altas (Charlas de sobremesa 2)

Van al gimnasio en automóvil o en moto, bien temprano, se enganchan a unas pesas o a una cinta aburrida que animan con una especie de vídeo que lleva incorporado. Después de sudar bastante, satisfechos, una ducha, y al trabajo o a organizar el día de consumo.

Lo importante es estar en forma, no tener un gramo más, ser jóvenes o aparentarlo. Hoy, el físico es nuestro primer marketing, nuestra imagen; ya no se usan las tarjetas y hay que presentarse (o re-presentarse) deportivo, ágil, bello. El teatro de la vida exige fitness, subir los escalones de dos en dos, como hacía Sarkozy, para demostrar que no se va uno a detener ante nada.

Los gimnasios han sufrido mucho con la pandemia, son uno de los sectores empresariales que más han padecido el confinamiento. Pero sobre todo el cierre ha afectado a las clases medio-altas urbanas, que son las que los frecuentan, como el yoga, los establecimientos de comida bio y las panaderías sin gluten. El afán de estar físicamente bien, de esa especie de eterna juventud es inversamente proporcional a nuestro cuidado por la naturaleza. Los brokers que frecuentan los gimnasios y están perfectos en su salud (física) personal negocian mucho con los combustibles fósiles, la minería en Africa y el mercado de futuros de las materias primas y los alimentos.

Hay muchos más gimnasios que librerías y bibliotecas juntas, y eso que éstas son gratuitas y los gimnasios cada día más caros. Es la ley de la oferta y la demanda. Es natural: los libros no te hacen estar en forma física, ni la cultura real (no la cultureta y el small talk de los almuerzos sociales y diplomáticos) se estilan como buena imagen social. Ser cultos es ser pesados. Lo que se estila es tener buena pinta, parecer dispuesto a todo (físicamente dispuesto).

Ortega y Gasset, que de todo habló y escribió, casi siempre con atino, decía:

Un hecho subraya más que otro alguno ese triunfo de la juventud y revela hasta qué punto es profundo el trastorno de valores en Europa. Me refiero al entusiasmo por el cuerpo.

(Juventud, 19 de junio de 1927)

Don Gregorio Marañón ya advirtió contra ese vicio del deporte y del atletismo. Recordemos que le preguntó a María Zambrano, fumadora empedernida, alarmado, si hacía gimnasia y se tranquilizó cuando ella le respondió que no, en absoluto.

Ortega y Gasset, en su ensayo sobre la caza también habla del concepto de deporte como una especie de sucedáneo del trabajo:

Las ocupaciones felices, conste, no son meramente placeres; son esfuerzos, y esfuerzo son los verdaderos deportes. No cabe, pues, distinguir el trabajo del deporte por un más o menos de fatigas.

Hay que trabajar para ser aceptado, y hay que trabajar el cuerpo para demostrar ser moderno y avanzado. El joven ejecutivo empieza a trabajar muy temprano, desde que se presenta en el gimnasio a engancharse a una máquina.

Veamos la estética de los jóvenes halcones (o caimanes) de las empresas de inversión, los chicos de Lehman Brothers y similares. Hay un código de vestimenta (traje oscuro, pantalones estrechos, pinta de petimetres) y de forma física que exige gimnasio, pesas, aunque se vaya al gimnasio en auto y luego no se pasee uno por la ciudad. Porque por la ciudad se hace jogging , no se pasea y menos se deambula y gandulea. No hay que perder ni un minuto en bellaquerías y nunca parecer que se es gandul, el mayor estigma.

Victor Klemperer nos recuerda en La lengua del Tercer Reich cómo la mayor parte de las páginas de Mein Kampf dedicadas a la educación, lo eran a la educación física. El entusiasmo del fascismo por la forma física ha sido muy significativo. Recordemos las famosas fotografías de Mussolini, tan retaco, pero sacando pecho con el torso desnudo. Había que estar en forma.

Cuando he ido a gimnasios (confieso que he ido, eso sí, y me he aburrido mucho), recuerdo que los mejores clientes eran jóvenes bomberos, personas que necesitaba estar en forma física. Por cierto, he de decir que ni el Ministerio del Interior ni la DG de la Guardia Civil, ponen a disposición de las Fuerzas de Seguridad del Estado gimnasios ni formación física. Con pagarles mal y exigirles mucho ya se conforman las jerarquías, desde el ministro Marlaska a la Directora de la Guardia Civil, la abogada y ex-concejala doña María Gámez Gámez. Y tienen razón, los gimnasios son para los chicos de la Bolsa, de las firmas de abogados, para los emprendedores aguerridos, para las clases medias altas, no para los guardias que se juegan el tipo, estaría bueno.

En fin, esta es una de las historias del narcisismo y egolatría como forma de civilización.

Nota: perdone el lector los anglicismos utilizados pero es que en ese mundo se dice fitness, broker, jogging, marketing, small talk, etc. Decirlo es castellano puede ser considerado inconveniente, vulgar.

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