Saltar al contenido.

Resentimiento sin rebelión ni revolución (Estados de alma 7)

El resentimiento es una plaga muy extendida. El resentimiento es la imposibilidad de la revuelta, la renuncia a la rebeldía colectiva. Es un sentimiento privado, interno, íntimo, oculto, solapado. Se manifiesta de muchas maneras: con la envidia, con la venganza, con la aversión al intruso; el resentimiento es en el fondo una cobardía. El resentido es fúnebre, taimado, envidioso, está instalado en el rencor. Quien no se rebela está condenado a ser un eterno resentido.

Yo he visto muchos resentidos, una especie de resentidos históricos. Esos que no miran a los ojos, que murmuran, que tratan de engañar, que al que odian le presentan una cara sonriente. La doblez, la hipocresía. Quizás provenga esto de la guerra civil y sus secuelas de represión, de prisiones, de silencio. Los pobres, los campesinos, los humillados tras aquella victoria, tras ese aplastamiento que fue la victoria, ya no podían rebelarse, era demasiado arriesgado, incluso se podía arriesgar la vida y no solamente la libertad. La única salida parecía ser el resentimiento. Un resentimiento sordo porque el resentimiento es callado.

Albert Camus escribió hace setenta años El hombre rebelde (L’homme revolté). En su ensayo describía la rebeldía como “un hacer frente a”. El que se rebela, arriesga. La rebeldía es colectiva, abierta, altruista; el resentimiento individual, egoísta, cerrado, traicionero. El resentimiento madura, fermenta en el silencio impuesto.

Un problema del resentimiento es que puede ser hereditario, se hace histórico: los pueblos colonizados aún siguen resentidos, los explotados, los descendientes de esclavos aún están resentidos. Los resentidos descienden de los que fueron humillados y se sintieron humillados. Los rebeldes, no. Los rebeldes, los revolucionarios (un nivel superior del rebelde) pasan de esa humillación u ofensa a la insatisfacción, al deseo de cambiar todo, de rebelarse. El resentido expresa su resentimiento de forma irracional, atacando no al culpable, sino al azar (robado, hurtando, rompiendo, incendiando, porque está resentido), mientras el rebelde, los rebeldes apuntan a un fin concreto, contra un objetivo o una clase social determinados.

En la guerra civil española los resentidos mataban en las cunetas y daban ‘paseos’, los rebeldes quemaban iglesias pero los verdaderamente revolucionarios luchaban en el frente.

Lo frecuente, sin embargo, lo habitual ante la humillación o la injusticia o el crimen es estar resentido para siempre, por eso siempre llama la atención y es noticia un sobreviviente del Holocausto que perdona a sus verdugos, que ama Alemania, que cuida del prójimo. O la víctima lateral de un crimen terrorista que perdona al asesino de su familiar.

Entre el resentido y el rebelde o revolucionario está el indiferente, el pasivo (ver Los ausentes y la no intervención, https://wordpress.com/post/laplumadelcormoran.me/5112). Por eso Marx era todo lo contrario a un resentido, era un rebelde que proclamaba la rebeldía, y mucho más, la revolución.

La razón de tanto resentimiento histórico en España, como se ve por ejemplo en el campo en Andalucía, quizás provenga de la conversión forzada de los moriscos, sojuzgados, marginados para siempre. Es una hipótesis. Otra, la mezcla de resignación cristiana con el fatalismo musulmán. Y, como se dice más arriba, la postguerra civil de represión, hambre, abandono, forzando a la emigración a millones de personas, esos mismos que hoy en Cataluña son independentistas y se sienten antiespañoles (y no es casual que haya tantos descendientes de andaluces entre los separatistas, contra esa España que maltrató a sus padres y abuelos). Cuando muchos mexicanos y peruanos acusan a España de todos sus males hay más resentimiento que rebelión.

¿Y qué decir de la tercera generación de árabes en Francia, jóvenes desorientados, abocados al terrorismo como una especie de revancha contra quienes humillaron a sus padres, a sus abuelos? Hay como un odio larvado que pide justicia de la manera más lamentable, estéril, cayendo en el crimen pero que puede tener una explicación, un origen, aunque no sea una justificación.

El resentido no es feliz, está profundamente descontento del mundo pero también de sí mismo, sin fuerza para sublevarse, cobarde, empleará otros medios, aleatorios, escogidos al azar, para vengar la injusticia de la que se considera víctima, o de la que considera fueron víctimas sus antepasados.

1 Comentario »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

La pluma del cormorán

"Dejarlo dicho y nada más"

Historia del ser

“Daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro” (Descartes)

El blog de Guillermo Schavelzon

La edición, el libro, los escritores

La Estirga Burlona

El blog de Bárbara García Carpi

Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

A %d blogueros les gusta esto: