Bye, bye, Russia!

Toda persona culta y recta tiene un especial afecto por algunos países además del suyo, naciones cuya tierra conoce y cuyo espíritu ama.

Johan Huizinga

Ya dijimos bye, bye Lenin los que tuvimos veleidades marxistas leninistas en aquellos años del franquismo. Pero ahora es más grave, no decimos adiós a una ideología sino a un país. Un país que nos ha fascinado desde hace al menos dos siglos y medio por su cultura, por su personalidad, incluso por su revolución soviética, aunque ésta derivó inmediatamente hacia la dictadura del Partido. Incluso si la mayoría no hemos pisado Rusia, Pushkin, Tolstoi, Chéjov, Tchaikovski, y tantos otros han formado parte de nuestro acervo cultural, de nuestra imaginación.

Rusia, el país más cervantista del mundo, donde mejor se conocía el Quijote, donde se ha hecho quizás la mejor película sobre el caballero (Kozintsev, 1957), de repente se nos aleja entre la bruma que dejan sus misiles que arrasan barrios residenciales, se desvanece ante las masacres de Bucha y Mariúpol, ante la deportación de ucranianos a lugares desconocidos. Rusia ya no será nuestra Rusia por muchas décadas debido a personajes tan siniestros y fríos asesinos como Lavrov, gracias a esa indiferencia de la inmensa mayoría de los rusos que apoyan la masacre de ucranianos.

Costará mucho a los pocos rusos justos levantar de nuevo la confianza en su país, el amor a su cultura, el que volvamos a ver a turistas rusos como otros más. A Eugenio Oneguin le perseguirá la sombra del crimen, Leningrado y su resistencia ante los nazis pasará a ser un episodio lejano, una especie de Troya, pero será pasado, historia.

Casi me inclino a creer que los dirigentes rusos tienen una pulsión suicida, que desean hundir su país para siempre visto que ya no pueden recuperar el imperio de los zares ni de Stalin.

Es como si nos quitasen parte de nuestras bibliotecas, como si cerrasen salas de conciertos, como si fundiesen con plomo nuestros viejos vinilos en los que podíamos escuchar la inmensa, gloriosa, música rusa. El Kremlin arrasará parte de Ucrania, seguirá asesinando a miles de ucranianos, no cabe duda, aún no ha dicho su última palabra, será aún más horrible. Pero, además de eso, ha masacrado la idea, el espíritu, el alma de Rusia. Releer a Turgueniev será como algo arqueológico, como leer historias de un país desaparecido, y cuando contemplemos un cuadro de Ilya Repin sentiremos la nostalgia de un tiempo para siempre perdido, acabado.

No veremos renacer la Rusia que admirábamos en el tiempo que nos queda de vida.

4 comentarios en “Bye, bye, Russia!

  1. Creo que esta vez su artículo está escrito algo más con el corazón que con la cabeza. No creo que Rusia haya sido alguna vez un pueblo articulado, sino una gran masa amorfa que, como país grande, permitió y abonó el nacimiento de la ciencia y la cultura, casi siempre impulsada desde arriba. Como pueblo que no ha vivido nunca en democracia, están acostumbrados a sufrir, a aguantar y a obedecer. Lo contrario que un alemán actual que protestará nada más que le falte el agua caliente en su ducha (como así sucederá este otoño).
    Espero que no lleve razón en «Casi me inclino a creer que los dirigentes rusos tienen una pulsión suicida», porque es muy preocupante eso de la pulsión que les llevaría a pulsar los botones de los misiles nucleares.
    Y como ya comenté una vez, la guerra fría entre rusos y americanos nos llenó a muchos de miedo e incertidumbre durante años y nos amargó la vida a bastantes. No me caen bien ni unos y otros. Gracias y saludos.

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  2. Ánimo Jaime, vendrán tiempos mejores que los actuales, no como los ilusionantes anteriores, pero diferentes, mejores.

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