El Conde de Montecristo, historia de una venganza

13 mayo, 2018

Alexandre Dumas tenía, en el fondo de su alma, dos heridas. Una, cierta sensación de menosprecio entre parte de la sociedad por sus orígenes negros, pues su padre, el general napoleónico Thomas Alexandre Dumas, era hijo de una antigua esclava. Otra, por sus orígenes bonapartistas. El siempre miró con ojo crítico la Monarquía de Julio, esa restauración que propició las ganancias ilícitas, la corrupción y la creación de fortunas basadas en la especulación y en la cercanía al poder con las grandes obras públicas, como los ferrocarriles. En esos años, el capitalismo francés, los banqueros unidos a los magistrados y a las altas esferas de la Corte, hicieron pingües, y a veces, efímeros negocios.

downloadDumas, gran republicano, bonachón, manirroto, casi pródigo, además de amante de la vida, la comida y las mujeres, llegaría a la ruina casi total a pesar de que era el escritor más leído de Francia y de que ganó muchísimo dinero con sus novelas, muchas de ellas, en feuilleton, por entregas, lo que explica, en gran parte, su desmesurada longitud.

De pluma ágil con una capacidad de trabajo inigualable, era capaz de escribir una pequeña novela, una obra de teatro, en menos de un día. También se sirvió, como es sabido, de ‘negros’, como Auguste Maquet (que hoy sería llamado co-autor, en realidad), que trazaban el borrador de la historia que él les indicaba, a las que Dumas añadía después detalles, frases, adjetivos, páginas. De hecho, ya en 1845, se publicó un libro titulado Fabriques de Romans, Maison Alexandre Dumas et Compagnie. Lo que no resta mucho a la genialidad del autor, aunque le costó algunos procesos.

Monte Cristo, además de ser ese islote no lejano a la Isla de Elba, que un día él viera de lejos, navegando, era también el nombre una plantación en Haití, Mont-Christ, que había pertenecido a uno de sus antepasados, en la que se explotaba la caña de azúcar, el café y, como era corriente entonces en las colonias del Caribe, el tráfico de esclavos. La historia de la novela, como revela la gran biografía de André Maurois, Les trois Dumas, proviene de un informe policial de unos crímenes que tuvieron lugar en París a manos de un vengador, que así tomó la revancha de haber sido encarcelado como agente inglés y haberle sido robada su enamorada. Estaba en Mémoires tirés des Archives de la Police de Paris, obra de Jacques Peuchet, antiguo archivero de la policía. También Stendhal se inspiró en un suceso para escribir El rojo y el negro.

Dominique Fernandez, el gran escritor francés, uno de los mejores conocedores de Italia, de la música, del Barroco y de Rusia, ha reivindicado la figura de Dumas en Les douze muses d’Alexandre Dumas. Fernandez, hijo del crítico literario francés, derechista, fascista, de origen mexicano, Ramón Fernandez (fallecido en 1944), dedica su libro a explicar el origen y vicisitudes de la obra de Dumas.

El Conde de Montecristo, Edmond Dantès, es un personaje nietzscheano (paciencia, valor e inocencia), el superhombre. Su venganza es contra tres arquetipos: el celoso, el codicioso y envidioso, y el ambicioso y prevaricador. Es tenaz e impasible en su venganza, lenta y pensada, hasta que se produce una víctima colateral, como se diría ahora, un niño (una peste, por otra parte, el Edouard).

Es también Dantès, marsellés, un hombre de Oriente, ese mundo que fascinaba a Alexandre Dumas y que se había puesto de moda gracias, ente otros, a Chateaubriand y a Galland, traductor y divulgador en Europa de Las mil y una noches. El personaje de Haydée, que hace soñar, parece salido de esos cuentos. Los recursos del conde a la magia y a un cierto ocultismo, a los disfraces, son también muy de la época y dan al personaje un cierto aire luciferiano.

13488La obra quizá más importante y conocida de Dumas, abunda en referencias históricas, en citas musicales (adoraba las óperas, especialmente las de Rossini), en detalles sobre Grecia, Italia, sobre su amada Marsella, y se lee, aun hoy de forma trepidante, sin descanso, hasta acabar esas casi mil quinientas páginas.

No hay que olvidar otras obras suyas importantes y fascinantes, como sus viaje a Rusia y a Chechenia y Georgia (En Russie, Le Caucase), así como novelas cortas y relatos inspirados por España, como El Salteador, De Paris à Cadix, Le Bâtard de Mauléon, etcétera.

Además de su influencia en muchos autores, incluso en Jules Verne, en comics o bande dessinée, El Conde de Montecristo ha sido llevado al cine en más de treinta películas.

El público, la crítica literaria y los otros escritores.-

Como sucede a menudo, el público premia lo que el intelectual desprecia. Así ha pasado y pasa con esta gran novela. Por supuesto que hay novelones que llegan al público y no son literariamente buenos, pero éste no es el caso. Está bien escrita, la historia se tiene de pie desde el principio al final, los personajes –sobre todo los malvados- son arquetípicos (Danglars, Caderousse, Villefort), las descripciones, como las de Roma (con su carnaval) o Marsella, excelentes.

Exito de esta novela entre el público, mientras los intelectuales, muchos más que nada eruditos a la violeta, torcían el gesto y no la pasan de folletín (como lo siguen haciendo muchos sabios parisinos, entre ellos el muy ilustrado Charles Dantzig, que dedica una página y media a Dumas –pero cinco a Malraux- en su historia personal de la literatura francesa, su Dictionnaire égoïste de la littérature française.

Su longitud, en estos tiempos en que sólo se tiene paciencia para 140 caracteres, es un gravamen. Como muchos otros grandes libros que habría que leer, hay que tener algo de tiempo, no ir con tantas prisas. Así, el Quijote, Antagonía, de Luis Goytisolo, Guerra y Paz, David Copperfield, Memorias de Ultratumba, o tantas largas y memorables novelas. Más de mil páginas suelen ser una garantía.

Es un libro apasionado y su autor tiene ese talento que ha sido objeto de tantas disquisiciones entre genio y talento, entre amenidad y profundidad.

 


Dos nuevos libros para entender algo más del Oriente Medio e Israel

27 abril, 2018

Kibbutz. La primera vez que oí esa palabra fue cuando mi padre que me hablaba de esas granjas colectivas, prácticamente comunistas. Mi padre había reconstruido su vida en España como Agente de Extensión Agraria, tras unos años en Francia y Bélgica, y los kibbutzs eran para él un modelo en la lucha contra la desertización, algo que en España también era y es necesario, urgente.

La segunda vez fue en 1967, cuando la guerra de los Seis días, que salvó a Israel de la desaparición tras el ataque combinado de Siria, Egipto y Jordania. Moshe Dayan se convirtió en mi héroe. Pero descubrí para mi asombro que en España todos estaban contra Israel, desde el diario ‘Ya’ que dirigía el bienpensante Luis Apostua, pasando por toda la prensa amordazada por el franquismo que, en su “tradicional amistad con los países árabes” -con las satrapías árabes, más bien- denostaba al que llamaban y todavía llaman así muchos medios el ‘Estado judío’. Hoy, todavía, una gran parte de la izquierda niega incluso su derecho a existir y ridiculiza el Holocausto.

Desde entonces he podido comprobar el odio ideológico (teñido del antisemitismo ancestral) hacia Israel que latía y late en España. Mi posición de izquierda, incluso en el clandestino Partido Comunista de España (desde 1970 a 1977) parecía casi incompatible con la defensa a la existencia del Estado de Israel. Afortunadamente, en esa época, los comunistas ejercíamos el libre examen y la libre conciencia, sin tantas trabas como ahora, había más libertad de pensamiento y no éramos políticamente correctos, como he expuesto en mi libro Comunistas y pilaristas (2017, versión Kindle).

Viajando, comprobé que la izquierda europea no era en absoluto así, que Israel tenía derecho a existir y era respetado. En España, sólo se reconoció Israel y se establecieron relaciones diplomáticas con el gobierno de Felipe González (Shimon Peres era una figura importante de la Internacional Socialista). Fue el último país europeo en hacerlo.

Hoy, setenta años después de su fundación, siguen circulando los mismos estereotipos sobre el “sionismo como arma del imperialismo norteamericano”, etcétera, etcétera. No es necesario extenderse en ello, por tan sabido, reiterado y repetido. Ni merece la pena discutirlo pues las ideas están inmóviles, petrificadas (probablemente desde 1492).

Sin embargo, para el que quiera entender, hay centenares de libros para conocer mejor la realidad de Oriente próximo o medio; apunto dos más recientes:

Christopher Simon Sykes, ha escrito ‘The man who created the Middle East’ (William Collins, London, 2017) sobre su abuelo Mark Sykes, que ingenió la división y reparto del Imperio Otomano, que daría lugar a Palestina, Siria, y los demás países, y derivadamente, Israel, más tarde. Trata de levantar la condena que pesa sobre este militar, político, escritor y viajero -le fascinó la España de 1908- que pergeñó el denostado tratado Sykes-Picot. Era un personaje típicamente edwardian, de los tiempos optimistas de Eduardo VII, que precedieron a la Gran Guerra. Conocía quizá como nadie el Imperio Otomano, que había recorrido en múltiples viajes a lomos de caballería, y sobre el que dejó varios  libros.

La inestabilidad de Oriente Medio viene de lejos, dada la multitud de tribus, etnias y religiones que convivían en los territorios que van por el Eúfrates abajo, la Mesopotamia. El Tratado Sykes-Picot de 3 de enero de 1916 se sirvió de la hostilidad de los árabes, los beduinos, los drusos y muchos más, hacia los turcos, para fomentar una revuelta árabe contra los otomanos en lo que hoy es Siria y Jordania y en el norte de Mesopotamia, que no llegó a cuajar por sus rivalidades intestinas.

El Imperio Otomano llegaba hasta las fronteras de Túnez antes de 1912, cuando Libia, la Tripolitania y Cirenaica, le es arrebatada por Italia, y en los Balcanes pierden Tracia, Macedonia y Albania. Por el sur  llegaba hasta el Golfo Pérsico y ocupaba gran parte de lo que es hoy Arabia Saudita. El Tratado creaba el dominio francés -Siria y Líbano- y el británico (Palestina, Transjordania e Irak) con el beneplácito de Rusia, frustrando las aspiraciones de los árabes que buscaban la independencia y que les apoyaron contra los turcos y alemanes (estamos en la época de Lawrence de Arabia y del exterminio de los armenios por los turcos). Al igual que el Tratado de Versalles respecto a Alemania, se habían  sembrado las semillas de nuevos conflictos.

La segregación de un pedazo de Palestina-Jordania para crear Israel es quizá el último capítulo y consecuencia de aquel tratado, también, en la visión de Sykes, para ganar el apoyo de los judíos a la Entente. El libro explica con detalle la oposición de muchos franceses a ese plan de un país para los judíos, tanto desde los católicos, como de los capitalistas que querían Siria entera para sus negocios. En noviembre de 1917, la Declaración Balfour confirmaba la promesa de un país para los judíos, con gran oposición y frustración de los cristianos  y musulmanes de esos territorios bajo dominio ya británico. La invasión inglesa de la Palestina turca comenzaría poco después, ocupando Jerusalén en diciembre. El Imperio otomano iba perdiendo territorio. El libro termina describiendo la ocupación de Raqqa en 2014 por el Estado Islámico o ISIS, quereivindicaba así la anulación del Tratado Sykes-Picot.

En otro tipo de relato, o registro, hay que destacar el libro de Elias Khoury, el conocido escritor libanés, que nos entrega ‘Les enfants du ghetto. Je m’appelle Adam’. (Actes Sud, 2018). Khoury relata el desastre de la Naqba, es decir la emigración masiva de palestinos en 1948 tras la creación de Israel. Pero lo hace contemplando las tres facetas del problema: judía, musulmana y cristiana, mostrando el contexto histórico y político, tratando de comprender todas las posiciones.

Es sabido que tras la declaración del Estado de Israel por las Naciones Unidas (con la dirección escrupulosa y legal del diplomático brasileño Oswaldo Aranha), los vecinos árabes atacaron simultáneamente al pequeño Estado, que sólo se libró de un segundo holocausto por el coraje y determinación de aquellos pioneros que no tenían nada que perder (ya habían perdido seis millones recientemente). Fue una guerra sin cuartel, atroz para ambos lados. La Naqba, el desastre, para los palestinos fue tremendo, aunque las responsabilidades recaen en gran parte en esos países árabes que atacaron con muchos más medios militares, aunque fueron derrotados .

La fundación del Estado vino tras el convencimiento, comprobado por la historia de los diez años anteriores, de que el pueblo judío sin Estado no sería nunca defendido ni por las democracias ni por ningún país. No era un regalo para compensar las cámaras de gas, sino una consecuencia más de las dos guerras mundiales y la reordenación de Oriente próximo.

Tras 1948, los países árabes y musulmanes, en represalia, iniciaron una política de expulsión de la población judía, que a veces llevaba allí desde antes del Islam, como en Irán, Irak (otro Estado creado exnovo de los despojos de los otomanos), o incluso Argelia y Marruecos. Más de setecientos mil judíos sefardíes tuvieron que emigrar a Israel, que era prácticamente el único lugar donde los acogían (Francia, Canadá y Brasil fueron otros destinos de acogida).

No se habla de esa nueva diáspora judía, ni del más de millón de griegos expulsados de Turquía (empezando con la destrucción de Esmirna) y Egipto entre 1918 1960 -en Alejandría, tierra de Kavafis, muchos llevaban más de dos mil años-, de los millones de cristianos, antiguos, ancestrales, que han tenido que emigrar y siguen emigrando, de los países árabes, ni siquiera de los italianos expulsados de Istria y Dalmacia tras la Segunda guerra.

El sionismo, de inspiración socialista, centroeuropea, heredero del Bund y de las organizaciones comunistas y socialistas judías que participarían en las revoluciones rusas de 1905 y 1917 y en la alemana, quiso hacer de Israel un país abierto, socialista, colectivista. De ahí, los kibbutzs.

Pero el sueño se fue desvaneciendo. Todo ello iría declinando por la presión exterior, por los ataques, por la eclosión del capitalismo ultra liberal. Israel fue ensimismándose, haciéndose más conservador. Los escasos kibbutzs son ya monumentos del pasado, casi atracciones turísticas. No es ajeno a ello, quizás, que la gran masa de inmigrantes, las segundas y terceras oleadas, vinieran de países no democráticos, como los árabes y Rusia. El legado de izquierda ilustrada, ese que encarnan aún personas como Amos Oz o David Grossman, van difuminándose, se pierden. Los territorios ocupados lo son por zelotes, colonos sin el más mínimo interés en la democracia. La perversa política de Israel, Netanyahu, la derecha radical israelí, así como terrorismo de Hamás y Hezbollah no ayudan precisamente a encontrar un camino hacia los dos Estados.

 

 


‘Bajo la tormenta’, de Seydou Badian

18 abril, 2018

Seydou Badian, escritor de Mali nacido en Bamako en 1928, tiene actualmente noventa años.

Hace unos días, el pasado domingo 15 de abril, por casualidad, al borde del mar, en la route des Almadies, en Dakar, encuentro un chaval que vende libros, llevándolos en la mano. En vez de vender recuerdos turísticos, vende libros. Entre ellos, Sous l’orage (Kany), Bajo la tormenta, un libro escrito por Badian en 1954 que se ha convertido en un clásico de la literatura africana.

Es una novela que trata principalmente del encuentro entre la tradición africana, con sus costumbres, su respeto a la familia y a los mayores, sus pequeños ritos, y la necesidad de progreso. Algunos jóvenes rechazan las costumbres de sus mayores, se dejan deslumbrar por la civilización de los Blancos (con mayúscula en la novela). El título, Bajo la tormenta, es una metáfora del derrumbamiento de la sociedad tradicional a causa del colonialismo.

Seydou Badian, sabio, pensador, no pretende imponer la tradición, simplemente nos recuerda que ésta debería ser respetada, que no es necesariamente incompatible con el progreso.

Kany es una joven que quiere estudiar enfermería, que ya ha pasado unos años en la escuela de los Blancos, y “sabe leer lo que escribe la máquina”. No quiere casarse con Famagan, de la que sería una esposa más “relegada en el fondo de la cabaña”, sino con Samou, al que ama, y que no es polígamo. La madre respeta su decisión mientras el padre la desprecia y está en contra, furioso. La familia, los vecinos, la excluirán, pero ellos seguirán la vía de la libertad.

Toda esta historia es el pretexto para explicar los cambios profundos que introdujeron los colonizadores en las viejas sociedades africanas. Algunos para mal, otros para bien, como defienden muchos jóvenes (sanidad, educación, libertad –“todos seremos iguales”, “al mismo trabajo igual salario”, etc-).

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En Noflaye, route des Almadies, donde me encontré al vendedor de libros ambulante.

Pero el padre Djigui (‘padre’ es cómo designan al hombre mayor, una especie de patriarca) le advierte a la joven Kany:  “Los Blancos se pelean siempre porque se han equivocado de camino, se han enfrentado a los dioses y han perdido; deshacer lo que han hecho los dioses y sustituirlo por lo que desean los hombres, es lo que sueñan hacer audazmente los Blancos, he ahí el origen de sus guerras”.

Y cuando Kany insiste en que quieren tener esas casas, automóviles, como los Blancos, le responde el padre Djigui: “Sigue el progreso, las querellas te seguirán y esas casas, esos autos, esas máquinas te aplastarán un día y echarás de menos la aldea y la fatiga de los campos, los cantos de los piragüistas, el ir y venir de los tejedores. Porque el hombre debe poder dominar sus criaturas. Si, mediante el progreso suprimís el esfuerzo de los trabajadores, tendréis nuevas cargas y os sentiréis peor a la llegada que a la salida. Con el progreso creéis dominar la naturaleza pero quedáis prisioneros de vuestras propias criaturas”.

Los mayores se sienten postergados, sus creencias ya no son tan respetadas, “los Europeos han roto todo en nosotros; sí, todos los valores que hubieran podido hacer de nosotros los continuadores de nuestros padres y al mismo tiempo los pioneros de una Africa que, sin renegar de sí misma, asimilaría la enseñanza europea”.IMG_20180418_111242

Pero no es un libro de tesis pues Badian evoca con lirismo la luz, la oscuridad, los crepúsculos en el campo, las fieras, la caza, los animales domésticos, “el cielo estaba igual de azul que el río en el crepúsculo (es el Níger). La Luna infatigable huía de las nubes”, los espíritus benignos y malignos, la mezcla del antiguo fetichismo con el más reciente Islam. Nos describe un mundo en desaparición, sin nostalgia pero con el desencanto de la pérdida de una forma de sociedad, imperfecta, pero que tenía unas reglas nobles, ancestrales.

 

 

 


António Nobre y Jaime Gil de Biedma, poemas sobre la felicidad

11 abril, 2018

Los dos poetas cantan la vida feliz, sin prisas, sin preocupaciones económicas, sin ansias intelectuales, en una casa sencilla (blanqueada, frente al mar) aunque el portugués añade que añora una mujer que le dé una hija.

 

Canto da felicidade (Ideal dum parisiense)

Por António Nobre (Oporto, 1867-1900)

 

Felicidade! Felicidade!

Ai quem me dera na minha mão

não passar nunca desta mesma idade,

Dos 25, do quarteirão.

 

Morar, mui simples, nalguma casa

Toda caiada, defronte o Mar;

No lume, ao menos ter uma brasa

E uma sardinha para nela assar…

 

Não ter fortuna, não ter dinheiro,

Papéis no Banco, nada a render.

Guardar, podendo, num mealheiro

Economía pró que vier.

 

Ir, pelas tardes, até à fonte

Ver as pequenas a encher e a rir,

E ver entre elas o Zé da Ponte

Um pouco torto, quase a cair.

 

Não ter quimeras, não ter cuidados

E contentar-se com o que é seu,

Não ter torturas, não ter pecados,

Que, em se morrendo, vai-se pró Céu!

 

Não ter talento: suficiente

Para na vida saber andar,

E quanto a estudos saber somente

(mas ai somente) ler e contar.

 

Mulher e filhos! A mulhercinha

Tão loira e alegre, Jesús, Jesús!

E, em nove meses, vê-la choquinha

Como uma pomba, dar outra à luz.

 

Oh! Grande vida, valha a verdade!

Oh! Grande vida, mas que ilusão!

Felicidade! Felicidade!

Ai quem me dera na minha mão!

 

 

De vita beata

Por Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990)

 

En un viejo país ineficiente,

algo así como España entre dos guerras

civiles, en un pueblo junto al mar,

poseer una casa y poca hacienda

y memoria ninguna. No leer,

no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,

y vivir como un noble arruinado

entre las ruinas de mi inteligencia.

 

 

 

 


Chinua Achebe sobre Joseph Conrad

21 febrero, 2018

El escritor nigeriano Chinua Achebe (1930-2013) no fue gran entusiasta de Joseph Conrad, al que sin embargo sí le reconocía sus dotes de escritor. Mal que le pese a Juan Benet, el escritor español que consideraba a Conrad como uno de los mejores escritores del siglo XX, Achebe analiza en esta conferencia la actitud del escritor polaco en relación a lo africano:

Achebe sobre Conrad

https://polonistyka.amu.edu.pl/__data/assets/pdf_file/0007/259954/Chinua-Achebe,-An-Image-of-Africa.-Racism-in-Conrads-Heart-of-Darkness.pdf

El escritor nigeriano analiza, en un texto de 1977, la actitud de Conrad ante Africa y los africanos, a través del análisis de una sus obras más conocidas, El corazón en las tinieblas. 

Se trata de un ensayo literario y, en cierto modo, también político, sobre la obra del escritor y, yendo más allá, sobre la ignorancia que predomina en el mundo sobre la cultura africana.

Entra Achebe en el debate puramente literario, analizando los adjetivos, las descripciones de Conrad que revelan su condescendencia y su visión negativa del “salvaje” africano. Conrad recurre a los mitos más confortables y propios de su época – y también, en parte, de la nuestra, sostiene Achebe-. Para Conrad, Africa es incomprensible, inexpresable y provoca cierto miedo. Kurtz (que Coppola recrea en Apocalypse Now) se vuelve loco en la soledad del fondo de Africa. El río Congo es temible, por contraste con el apacible y civilizado Támesis. No es un relato de compasión hacia los negros sino un análisis psicológico de un blanco perdido en la profundidad de la selva.

Achebe cita al biógrafo de Conrad, Bernard Meyer, que ya ahondó en el antisemitismo del autor, así como en su actitud ante los africanos, los caníbales, incluso ante la mujer africana (la amante de Kurtz) que contrasta con la descripción de la mujer blanca, mucho más positiva.imgres

Aunque Conrad se sitúa en un segundo plano respecto al narrador de la ficción, Marlow, no deja de compartir esa especie de terror, mezclado de sorpresa y espanto, ante lo que sucede en la posesión de Kurtz.

El problema de Conrad es que su actitud era la “normal” en aquella época, en la que incluso Albert Schweitzer, el gran médico, señalaba que los negros eran sus hermanos, pero sus “hermanos pequeños”. En general, se desconocía la cultura africana, incluso la talla y la escultura, a pesar de que los primeros impresionistas ya se sienten inspirados por ellas, como Vlaminck.

Achebe hace interesantes digresiones, como la del viaje de Marco Polo, para explicar cómo muchos viajeros ignoraron la cultura del país que visitaban, a pesar de describir muy bien otros aspectos de los lugares , cortes y personajes.

No deja el escritor nigeriano de reconocer la gran calidad de la escritura de Conrad lo que, precisamente, ha podido distorsionar su discurso y su visión, haciéndolo pasar por amigo de Africa, cuando no lo era, simplemente describe el horror de la colonización belga.

 

 


Fer-se totes les illusions possibles, inédito de Josep Pla.

28 enero, 2018

(Este artículo ha sido publicado también en Entreletras)

Como en Lisboa no hay una librería Blanquerna, me manda mi amigo Mundet desde St. Pere de Ribes, el último libro que se acaba de publicar de Josep Pla. Juntos, hemos ido buscando libros catalanes por esas librerías de Barcelona, que van disminuyendo, lo mismo que lo hicimos por Lisboa hace años. El, que conoce la historia de España y su literatura tan bien como las catalanas, es quien ha ido ensanchando mis precarios, pero indispensables, conocimientos de la literatura catalana.

Hace un par de meses han salido a la luz las notas dispersas de Josep Pla que no llegaron a ser publicadas en su momento, interrumpida la edición de la Obra Completa en 1984. Ha habido que recurrir al inmenso AGA, Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, esos hangares desabridos, para recuperar todos esos documentos que allí dormitaban pues habían tenido que ser sometidos a la censura.

Las ediciones Destino, gracias al trabajo de Francesc Montero, nos han permitido conocer esa cara oculta de Pla, esa que desmiente esa presunta indiferencia política que le achaca una izquierda poco ilustrada. Fer-se totes les illusions possibles, se nos descubre ese Pla que era sensible a la situación general en España en general (“aquest règim d’abjecció de Franco”) y en Cataluña en particular, de represión y de ignorancia, de indiferencia de las élites económicas por la cultura, algo que aun hoy arrastramos, en mi opinión. “Ha sido (el franquismo) un régimen de jesuitas y de capellanes abstemios, inútiles y fanáticos, con todo el producto del puritanismo”.

Muchos de sus textos son de antes de la guerra y la mayoría de los años cincuenta y sesenta. Nos completan la idea de ese Pla algo desencantado, casi cínico a veces, “a los 19 años, casi todo queda (de la pasión) arrasado o destruido. Todo se hace administrativo, habitual, monótono e insignificante”. Aunque nos dice que “jo soc un candorós recalcitrant”, no un cínico “lo que llamamos felicidad no es más que una decepción razonable, sensata. Más allá no hay más que dolor y miseria”.

Su gran sensibilidad por la cultura catalana, por el hecho catalán, le lleva a esa advertencia “Es pot conquistar amb un arrauxament. Colonitzar implica intelligència, Espanya”. “Se puede conquistar en un arrebato, irreflexivamente. Colonizar implica inteligencia, España”. Ojala alguien leyera esta frase en Moncloa. Pla es un gran pesimista y cree poco en los hombres y muy poco en los catalanes, de los que dice, “el catalá actual és un producte de la decadència de Catalunya. La seva nota característica és un complex d’inferiritat, degut a la deterioració de la seva personalitat. El catalá no té pàtria i per tant és un ésser diferent, que no pot comparar-se amb els que en tenem. Perdé la pàtria, féu un gran esforç per tenir-ne una altra sense lograr-ho”. Por esa limitación el catalán, nos dice, es taciturno.

También hay notas desenfadadas, sinceras, sobre la literatura, como el breve retrato de Josep María de Sagarra, los comentarios sobre Léautaud, García Lorca, Unamuno, Fuster, de Josep Carner (le entristece enormemente su exilio en Bruselas), el muy irónico sobre Maurici Serrahima (“es tan rápido y eficiente que solo puede escribir banalidades”), Teilhard de Chardin (“que le vamos a hacer, era francés”),

Sus reflexiones siempre nos hacen pensar, nos sugieren otros caminos, como “se constata, a menudo, que la sensibilidad es más importante que la inteligencia. En general la inteligencia es una forma acusada de la memoria”.

Y sus descripciones del paisaje, de los pueblos, de las gentes del Ampurdán, de las que sus lectores hemos ido disfrutando a lo largo de toda su obra, de sus relatos de viajes, con esas pinceladas breves, que lo convierten quizá en el mejor escritor paisajista de esta piel de toro. “El cel era pàllid, de color d’oliva”.

Su sensualidad erótica, que también condenaban los censores, sus cartas pornográficas a A., Aurora, los recuerdos de las putas y burdeles, otros tantos temas que lo hacen incorrecto para los pudibundos.

Las páginas sobre la revista Destino son muy interesantes (Pla escribía hasta las falsas cartas de los lectores, la cuestión era llenar las cuarenta y dos o cincuenta y seis páginas semanales), sobre su organización, sobre el nefasto (Ignacio) Agustí, sobre todos los tímidos que allí escribían, según nos dice con ironía.

No pueden faltar sus comentarios sobre la alimentación, pues ya sabemos que era un apreciador de la cocina y de los productos, muy distinto del esnobismo actual tan extendido y de nuevos ricos. Léase su libro Lo que hemos comido, por ejemplo. “El vino español, hasta el de Rioja, no tiene ninguna importancia. Es un vino que no se puede tomar solo : siempre hay que comer algo. Los coñacs andaluces no tienen nada que ver con los coñacs auténticos; son una cosa destructiva. Los champans catalanes son contrarios al bienestar humano elemental y normalísimo. Las gentes del país beben este líquido porque este es un pueblo sobrio y, por tanto, aspira, a veces, a estar malo. Es fatídico”. El whisky (“cada artículo equivale a un número irrisorio de whiskys”), sin embargo, es “el líquid de la bondat, de la fantasia, de la imaginació”.

Pla es un espectador, nunca un moralista. Por eso quienes quieren juzgarlo solamente por sus posiciones políticas se encontrarán con su ironía, con su gusto por la paradoja y el humor, pero no un sistema y menos una línea de pensamiento, pues detestaba el clericalismo, el jesuitismo y la intolerancia. Como dice el editor, esto es un collage sin sistema y por eso precisamente se lee con gusto, especialmente cuando ya se han leído otros libros del escritor.

No sé si en estos tiempos de fobias tremendas este libro va a ser traducido al castellano. Pero no es difícil leer el catalán, con un buen diccionario al lado (recomiendo el de la Enciclopèdia Catalana, con 56.000 entradas), pues siempre hay palabras que afortunadamente se nos resisten. Por otro lado, aprovecho la ocasión por abogar porque los que hablamos español nos abramos al catalán, a su cultura, a su historia. Otro gallo cantaría si muchos políticos se asomasen a la ventana que da a Cataluña, con menos arrogancia y con más ganas de entenderse, con menos fatxenda.


Saudades de Barcelona

19 enero, 2018

                                              …y una ciudad muy amplia que se pliega en colinas

(Carlos Barral)

¿Eres tú, Barcelona,
vieja amiga de mis sueños liberales?
¿Qué se hizo de Barral,
de tantas memorias y saudades?

Te miraba, escuchaba, paseaba
bajo los plátanos de tus avenidas
-les avingudes buides de la tardor-
sombras de Orwell, aucas, ateneos,

por el Pí bajaba hacia el mar dorado,
ese mar que mira a Italia y Grecia.
Cruzaba gentes serias, amables, atareadas,
mientras rebuscaba viejos libros y tebeos.

No te quiero hoy hostil, de enemiga mirada,
sentirme extraño, indeseado,
no quiero que seas un lugar desafecto,
madrina perdida y añorada.

 

Lisboa, 19 de enero de 2018, con el eco de los que escribieron y amaron Barcelona, con recuerdos de Machado, María del Mar Bonet, Víctor Mora y Carlos Barral (el término ‘lugar desafecto’
lo tomó de TS. Elliot)

 

 


El blog de Agustín Galán

Filosofía de la ignorancia

La pluma del cormorán

Lecturas, paisajes, automóviles antiguos

El blog de Guillermo Schavelzon

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El blog de Bárbara García Carpi

Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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