El hombre de las checas, libro de Susana Frouchtmann

8 agosto, 2018
checas

[Reseña publicada por http://www.entreletras.eu]

La barcelonesa Susana Frouchtmann decidió un día escudriñar el pasado algo extraño de la fraulein, o institutriz, que se ocupaba de sus hermanas desde finales de los años cincuenta. Se encontró con una siniestra sorpresa. La señora Preschern era la viuda de un personaje extraño, que luego resultó ser el hombre perverso, cruel y cínico (todo cínico suele ser cruel) que había diseñado dos de las checas más mortíferas e inhumanas de la Barcelona de la guerra civil.

Se trata de un ejercicio de memoria histórica necesario, aunque haya muchos libros sobre las checas, porque ahonda en el detalle, en un personaje real, mientras muchos recuentos de la época hablan de los lugares, pero sin nombre ni apellidos. Porque las checas era diseñadas, construidas y mantenidas en funcionamiento por tipos normalmente adscritos a alguna organización de izquierda. Recuerdo, a este respecto, en la cárcel de Carabanchel en 1973, cuando al preguntarle yo ,–también preso por actividades antifranquistas- a un preso político que había vivido la guerra por las checas, me dio un corte diciendo que no habían existido, ‘que nunca había oído hablar de ellas’.

Esta obra es un antídoto contra el maniqueísmo pues sitúa las atrocidades en áreas de las que no se ha querido hablar demasiado, esas zonas de sombra del lado republicano. Probablemente alentadas por algunos comisarios soviéticos para erradicar la quinta columna y también a sus adversarios de izquierda, como se hizo con el POUM y con Andreu Nin, por ejemplo, funcionaron durante casi toda la guerra civil. El poder constituido no fue capaz o no tuvo voluntad de erradicarlas, de abolirlas, aunque constituían, además de una violación de todo derecho humano, una ilegalidad republicana injustificable hasta en tiempos de guerra.

En vez de luchar contra la llamada Quinta columna fueron de hecho la más eficaz Quinta Columna. Porque una gran parte de la responsabilidad del hundimiento de la República, de la enajenación de sus aliados naturales, liberales, burgueses antifascistas, etcétera, fue ese terror desmedido, desatinado y vandálico que ejercieron muchos de los que decían defenderla. La quema de iglesias y conventos, las masacres indiscriminadas de religiosos, los paseos, le alienaron a la República muchos apoyos, tanto internos como externos. Fue su peor propaganda. La desmedida represión franquista de la postguerra no justifica ni quita responsabilidad a los que organizaron y manejaron las checas.

Susana Frouchtmann ha ido indagando por archivos, por páginas de internet (esos nuevos archivos), por las calles y casas de Barcelona, los antecedentes e historia de ese personaje que fue Alfonso Laurencic. Curiosamente, se pone en evidencia la escasa documentación que hay sobre la guerra, su dispersión y, en general, el discutible cuidado que se tiene en España con los archivos históricos, culturales o eclesiásticos. Las dificultades de la autora para descubrir algo tan público y notorio como los datos de un fusilado tras un Consejo de Guerra franquista son incontables y sólo su tenacidad y curiosidad (no exenta de una dosis de paciencia y buen humor), logran penetrar en parte los secretos del autor de las celdas de tortura.

A veces, al leerla, me ha parecido resonar algún libro de Patrick Modiano, en esos paseos por barrios antiguos en los que apenas queda la huella de la guerra y de los tiempos de la República, aunque los edificios, los portales, las escaleras (incluso los locales donde estuvieron las checas), a veces parezcan conservar ese aire de los años treinta.

Ese es precisamente uno de los encantos de esa Barcelona cosmopolita, de amplios barrios y avenidas, que Frouchtmann sabe recoger en su búsqueda del escurridizo personaje. Paseos que entrelaza con el asesinato de un tío suyo en la guerra, celosamente escamoteado por la familia.

La descripción de Laurencic me recuerda lo que Hannah Arendt llama la banalidad del mal (Eichmann en Jerusalén). Cómo un tipo tan polifacético, tan carente de ideales si no era vivir lo mejor posible, se entrega al mal deliberadamente, sin ningún escrúpulo.

Frouchtmann, para intentar comprender, se remonta al pasado familiar del personaje, a un padre que era editor de éxito, lo que le permite navegar un poco por aquellas legendarias revistas del cambio de siglo, aquella ilustración sobre viajes y países que hoy solo encontramos en los libreros de lance. No es baladí hacer esa incursión en el pasado porque, como se sabe, las constelaciones familiares pueden explicar algo. Aunque en este caso, parece que la gratuidad del mal que Alfonso Laurencic ejerció sin pena ni culpa, no tiene explicación psicológica.

Este libro, impecablemente editado, con fotografías y datos complementarios, remueve las memorias acomodaticias y, como un meticuloso escalpelo, nos introduce en la mentalidad y vida, ambigua y oportunista, de uno de esos artífices del horror que poblaron nuestra guerra civil.

 


Historia de un expolio antiguo en Pontones (Jaén)

20 julio, 2018

Hace unos días descubrí en el pequeño pueblo de Pontones (Sierra de Segura, Jaén), que está junto al Nacimiento del Río Segura, un libro que nos trae las memorias de esas sierras lejanas, pero tan cercanas en el corazón. Amigos desconocidos, de Ignacio Martínez.

Su autor, al que no conozco, ha escrito un centón en el que junta y cose historias locales de la guerra, las memorias personales, sus lecturas y las vicisitudes de esos montes de pinares ancestrales, de pastos y de aldeas perdidas. Añade documentos auténticos, cartas, expedientes forestales de expropiación y deslinde, y hasta sentencias judiciales. Hay también, fruto de su conocimiento del ruso, extractos del diario de Kolstov, agente soviético en la guerra de España.IMG_0923

Aunque existen algunos libros sobre la Sierra de Segura, casi todos se centran en su pasado histórico, en la Orden Militar de Santiago que la reconquistó, en la Provincia Marítima que la explotó. Sin embargo, éste incide más en la vida cotidiana, en los avatares y sufrimientos de una población que fue siendo expulsada, cuya única salida era la emigración –y sabemos que los emigrantes se llevan con ellos sus historias y sus recuerdos, sepultados en el olvido-.

Podrían distinguirse tres partes, aunque entrelazadas, el pasado de Pontones, con episodios de la guerra y la revancha posterior, el largo y casi eterno pleito de un descendiente por recuperar una finca expropiada por el Patrimonio, y los recuerdos de niñez en Las Acebeas. Contrasta el lenguaje de las gentes, sus cartas, sus vidas, con la retórica inmutable de la Administración a través de oficios, órdenes y sentencias.

El autor trata de vincular el desastre personal con el colectivo, la expoliación, la emigración ante la imposibilidad de vivir en la sierra, la indiferencia testaruda de la Administración. Ante ello, ante esa falta de perspectivas solo queda la salida, la huida y, como mucho, el empeño en un pleito sin final ni solución. El inacabable pleito por la finca expoliada es como la metáfora de la desgracia de estas tierras y estos montes.

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Pontones

Esta sierra padeció sucesivamente el omnímodo poder de la Orden de Santiago, luego el de las autoridades de Marina y, por fin, las dos Desamortizaciones del siglo XIX, que provocaron una mayor desertización. En efecto, la venta de bienes de mano muerta, de bienes de propios de los ayuntamientos, en vez de generar comercio e industria, lo que pretendían Mendizábal y Madoz desde su teórica visión de las cosas, atrajo especuladores que talaron montes sin replantarlos, que dejaron eriales para el pastoreo, pero que no invirtieron ni un duro en la regeneración de esos parajes.

El libro contribuye a colmar en parte esa laguna, esa total falta de información sobre la sierra que ha sufrido dos abandonos, el de sus antiguos pobladores y el de la historia. Hoy, el Parque Natural, y antes el Patrimonio Forestal del Estado e ICONA, poco han contribuido al desarrollo y, en ningún caso, han contado con la opinión, participación y compromiso de la población. Ha imperado siempre una especie de política regaliana, por no decir totalitaria. Una política que no se cohonesta con la democracia. No basta con votar, hay que participar.

La historia de la Sierra de Segura ha sido pues la de tres ex: expoliación, expulsión y explotación, todo a beneficio del Estado y perjuicio de los moradores, para los que sólo quedaron tres a: abandono, ausencia, amnesia.

Todos los que somos oriundos, o cuyos padres y abuelos remanecen –como se dice por aquí- de esas tierras, nos reconoceremos en este libro. Una obra que no se puede clasificar, que es un centón pues son pedazos tejidos en un propósito común (aunque los diarios de Kolstov no parecen guardar relación alguna). Es a la vez memorias, recuerdos, historia y hasta poesía (Ajmátova).

Podría decirse que son como las memorias del dolor, los sinsabores, pero también de la ternura, de esos recuerdos infantiles, inocentes, de los animales, las leyendas de los tesoros escondidos. Un libro necesario que contribuye a comprender la Sierra de Segura más allá del mero excursionismo o la comida de chuletillas de cordero.

Afortunadamente, la Sierra empieza a tener voz propia con libros como éste que van despacio, sin alharacas, levantando el velo sobre esa tierra que siempre, o casi siempre, permaneció silenciosa y resignada.


José Rodrigues Miguéis, escritor portugués

27 junio, 2018

La literatura portuguesa de antes del 25 de abril es, salvo contadas excepciones, prácticamente desconocida en España. Era la época en que estábamos de ‘costas voltadas’, dándonos la espalda.

Por António Trindade, librero lisboeta que sabe compartir sus amplios conocimientos de libros y de historia, he descubierto a un escritor casi olvidado en Portugal. Los catálogos y las clasificaciones de los críticos literarios a veces juegan malas pasadas porque José Rodrigues Miguéis (1901-1978) estuvo, como él mismo decía, entre esa generación de Eça de Queiroz (que muere un año antes de su nacimiento) y los neorrealistas más estrictos, como Fernando Namora, Alves Redol o Vitórino Nemésio. En ese sentido ha sido víctima de la ‘temporalidad’ de los gustos y de la crítica. Y quizá pueda ser considerado como el epígono de la literatura queirosiana. Vivió gran parte de su vida en Nueva York y estuvo alejado de todos los cenáculos y ambientes literarios portugueses, aunque colaboró con el grupo literario de Seara Nova.

 

 

La novela O milagre segundo Salomé sólo pudo ser publicada después de la Revolución de Abril de 1974. El hilo conductor es una historia un tanto utópica de la pobre Dores dos Santos (Dolores de los Santos, nombre que no es escogido por el autor al azar) que deviene meretriz, con el alias de Salomé, luego amante de un rico comerciante y al final se redime gracias  al verdadero amor. Describe perfectamente el amor algo patético de los viejos, la redención individual gracias al periodista Gabriel Arcanjo (un ‘arcángel’, en ese juego de palabras y apellidos que Miguéis domina a la perfección, personaje en el que quizás se retrata algo a sí mismo).  Pero el escritor va más allá y retrata la vida portuguesa de la época. Si el libro hubiese sido publicado antes, hubiera provocado más reacciones, pero cuando salió ya era un testimonio de otra época, aunque algunos de los tipos y personajes aun se puedan encontrar en la realidad. Es una novela ajena a las vanguardias literarias, un relato casi de género, al estilo diría, de Theodor Fontane, distantes en el tiempo, lugar y en la ideología subyacentes.

1_7a3Y2C7etRRaOhEymbi9eQObra prismática donde, entrelazado con la historia del prostíbulo -picante, humana y divertida-, del nuevo rico Zambujeira, aparece el trasfondo histórico del primer cuarto del siglo XX luso, tan convulso y rico en acontecimientos -como en toda Europa- y tan fértil en algunos aspectos. La historia de Portugal es enrevesada y muy interesante desde hace mil años, y los primeros años del siglo XX fueron complejos. Leer la historia del país es a menudo mejor que leer una novela, pues la realidad supera la ficción, como ya nos lo mostró el historiador Oliveira Martins. Esta novela, sin poder calificarse de ‘novela histórica’, término tan manido y casi desprestigiado, sí podría calificarse de ‘novela política’.

En esos años hubo atentados (asesinato del rey don Carlos en 1908 y proclamación de la República en 1910), revoluciones, guerra (en Flandes, donde las mal pertrechadas y peor entrenadas tropas portuguesas se hicieron masacrar por los howitzer alemanes), huelgas, intentos de golpes militares hasta 1926 en que todo termina por acomodarse con la escenificación del fracaso, la implantación de la Dictadura Nacional que daría paso al Estado Novo de Salazar y que duraría medio siglo. Pero, al mismo tiempo fueron tiempos fértiles en la cultura y el arte. Por ejemplo, en la arquitectura y en la medicina hubo avances considerables y muy positivos.

Rodrigues Miguéis, hijo de un inmigrante gallego, necesita contar sus orígenes, las vidas difíciles en la Lisboa de la Ribeira Velha, de Alfama y Mouraria del cambio de siglo, nos describe sus calles donde ha andado desde niño. Esa Lisboa que amaba y evoca el doctor Juvenal Esteves en un bonito libro perdido, Anamnesis, Memória e historia (Bertrand Editora, 1992).

Se podría incluso considerar un roman à clé, si pudiéramos descubrir quién se oculta tras determinados personajes, Severino Zambujeira, el general ABC, Ferrabrás, etcétera. El cosmopolitismo de Lisboa queda de manifiesto en los negocios coloniales y europeos de los protagonistas. Es una Lisboa mercantil más que industrial (lo que era el norte del país), esa que precisa de pactar con militares, eclesiásticos, periodistas -el inefable Mota-Santos, con su puro y sus dos mujeres- y con los inversores extranjeros. Y siempre con los polos eternos de fricción, temor y aprehensión: Inglaterra y España.

Los personajes no son demasiado profundos, pero son muy plásticos. Zambujeira es más astuto que inteligente, en su ambición y petulancia, Salomé no es inteligente, es solamente buena, además de bella, Arcanjo es un mero testigo. Quizá el personaje más inteligente sea el del periodista, Mota-Santos. Al final, transpira en la novela un cierto desánimo. Los burdeles, la pobreza, seguirán existiendo, como la corrupción y el agio, como la política de los negocios, sin democracia ni libertad. La salvación sólo es individual.

Nikalai

Su escritura ágil, rica, está llena de vocablos y expresiones muy lisboetas, muchos de ellos ya casi en desuso. Sus descripciones de la ciudad, en mi opinión, no han sido superadas. Realistas pero líricas, coloridas, en las que se puede casi apreciar el ambiente cálido de las tardes de calma, o la neblina o el sol, según los días, sobre el Tajo. La novela va concatenando y alternando los capítulos con ‘entremeses’ y con ‘retrospectos’, que van tejiendo el tapiz de fondo político, militar y económico de la vida lisboeta de la época.

Quizá lo que indignó a la puritana censura de entonces, más que las escenas del burdel de la Travessa da Queimada (esta casa del Bairro Alto aún está en pie, cayéndose en pedazos, está en venta y yo la he visitado, con sus cuartos con números en las viejas puertas, como un hotel), fue la versión jocosa e irreverente de la aparición de Fátima, así como los pingües negocios que se harían a costa de ese nuevo centro de peregrinación. Hubo ese afán, como dice el empresario y nuevo rico Zambujeira, de “republicanizar el fenómeno religioso”, aliando especuladores y eclesiásticos. Fátima fue un gran negocio social (contra el bolchevismo), económico (hoteles, construcción, turismo) y político (como una especie de sebastianismo).

Muchos de sus libros fueron editados por la soberbia casa Estúdios Cor, hoy extinguida, y están, como el que aparece en la ilustración, bien encuadernados con buena tipografía y portadas de buen gusto. Otro libro interesante es Nikalai, Nikalai, una parodia del ambiente de unos rusos blancos en Bruselas en 1930 que quieren reponer al Zar, algo que Miguéis conoció de primera mano pues vivió en Bruselas antes de la Segunda Guerra mundial. Además, fueron publicadas varias colecciones de cuentos y relatos, como los recogidos en Léah e outras histórias o en O espelho poliédrico (Crónicas),

José Rodrigues Miguéis que se sepa, no ha sido traducido al castellano, es inhallable. Sería un trabajo necesario para algún buen editor , ya que ha habido y hay vida literaria en Portugal más allá de Pessoa y de Saramago (que precisamente admiraba a nuestro autor).


El Conde de Montecristo, historia de una venganza

13 mayo, 2018

Alexandre Dumas tenía, en el fondo de su alma, dos heridas. Una, cierta sensación de menosprecio entre parte de la sociedad por sus orígenes negros, pues su padre, el general napoleónico Thomas Alexandre Dumas, era hijo de una antigua esclava. Otra, por sus orígenes bonapartistas. El siempre miró con ojo crítico la Monarquía de Julio, esa restauración que propició las ganancias ilícitas, la corrupción y la creación de fortunas basadas en la especulación y en la cercanía al poder con las grandes obras públicas, como los ferrocarriles. En esos años, el capitalismo francés, los banqueros unidos a los magistrados y a las altas esferas de la Corte, hicieron pingües, y a veces, efímeros negocios.

downloadDumas, gran republicano, bonachón, manirroto, casi pródigo, además de amante de la vida, la comida y las mujeres, llegaría a la ruina casi total a pesar de que era el escritor más leído de Francia y de que ganó muchísimo dinero con sus novelas, muchas de ellas, en feuilleton, por entregas, lo que explica, en gran parte, su desmesurada longitud.

De pluma ágil con una capacidad de trabajo inigualable, era capaz de escribir una pequeña novela, una obra de teatro, en menos de un día. También se sirvió, como es sabido, de ‘negros’, como Auguste Maquet (que hoy sería llamado co-autor, en realidad), que trazaban el borrador de la historia que él les indicaba, a las que Dumas añadía después detalles, frases, adjetivos, páginas. De hecho, ya en 1845, se publicó un libro titulado Fabriques de Romans, Maison Alexandre Dumas et Compagnie. Lo que no resta mucho a la genialidad del autor, aunque le costó algunos procesos.

Monte Cristo, además de ser ese islote no lejano a la Isla de Elba, que un día él viera de lejos, navegando, era también el nombre una plantación en Haití, Mont-Christ, que había pertenecido a uno de sus antepasados, en la que se explotaba la caña de azúcar, el café y, como era corriente entonces en las colonias del Caribe, el tráfico de esclavos. La historia de la novela, como revela la gran biografía de André Maurois, Les trois Dumas, proviene de un informe policial de unos crímenes que tuvieron lugar en París a manos de un vengador, que así tomó la revancha de haber sido encarcelado como agente inglés y haberle sido robada su enamorada. Estaba en Mémoires tirés des Archives de la Police de Paris, obra de Jacques Peuchet, antiguo archivero de la policía. También Stendhal se inspiró en un suceso para escribir El rojo y el negro.

Dominique Fernandez, el gran escritor francés, uno de los mejores conocedores de Italia, de la música, del Barroco y de Rusia, ha reivindicado la figura de Dumas en Les douze muses d’Alexandre Dumas. Fernandez, hijo del crítico literario francés, derechista, fascista, de origen mexicano, Ramón Fernandez (fallecido en 1944), dedica su libro a explicar el origen y vicisitudes de la obra de Dumas.

El Conde de Montecristo, Edmond Dantès, es un personaje nietzscheano (paciencia, valor e inocencia), el superhombre. Su venganza es contra tres arquetipos: el celoso, el codicioso y envidioso, y el ambicioso y prevaricador. Es tenaz e impasible en su venganza, lenta y pensada, hasta que se produce una víctima colateral, como se diría ahora, un niño (una peste, por otra parte, el Edouard).

Es también Dantès, marsellés, un hombre de Oriente, ese mundo que fascinaba a Alexandre Dumas y que se había puesto de moda gracias, ente otros, a Chateaubriand y a Galland, traductor y divulgador en Europa de Las mil y una noches. El personaje de Haydée, que hace soñar, parece salido de esos cuentos. Los recursos del conde a la magia y a un cierto ocultismo, a los disfraces, son también muy de la época y dan al personaje un cierto aire luciferiano.

13488La obra quizá más importante y conocida de Dumas, abunda en referencias históricas, en citas musicales (adoraba las óperas, especialmente las de Rossini), en detalles sobre Grecia, Italia, sobre su amada Marsella, y se lee, aun hoy de forma trepidante, sin descanso, hasta acabar esas casi mil quinientas páginas.

No hay que olvidar otras obras suyas importantes y fascinantes, como sus viaje a Rusia y a Chechenia y Georgia (En Russie, Le Caucase), así como novelas cortas y relatos inspirados por España, como El Salteador, De Paris à Cadix, Le Bâtard de Mauléon, etcétera.

Además de su influencia en muchos autores, incluso en Jules Verne, en comics o bande dessinée, El Conde de Montecristo ha sido llevado al cine en más de treinta películas.

El público, la crítica literaria y los otros escritores.-

Como sucede a menudo, el público premia lo que el intelectual desprecia. Así ha pasado y pasa con esta gran novela. Por supuesto que hay novelones que llegan al público y no son literariamente buenos, pero éste no es el caso. Está bien escrita, la historia se tiene de pie desde el principio al final, los personajes –sobre todo los malvados- son arquetípicos (Danglars, Caderousse, Villefort), las descripciones, como las de Roma (con su carnaval) o Marsella, excelentes.

Exito de esta novela entre el público, mientras los intelectuales, muchos más que nada eruditos a la violeta, torcían el gesto y no la pasan de folletín (como lo siguen haciendo muchos sabios parisinos, entre ellos el muy ilustrado Charles Dantzig, que dedica una página y media a Dumas –pero cinco a Malraux- en su historia personal de la literatura francesa, su Dictionnaire égoïste de la littérature française.

Su longitud, en estos tiempos en que sólo se tiene paciencia para 140 caracteres, es un gravamen. Como muchos otros grandes libros que habría que leer, hay que tener algo de tiempo, no ir con tantas prisas. Así, el Quijote, Antagonía, de Luis Goytisolo, Guerra y Paz, David Copperfield, Memorias de Ultratumba, o tantas largas y memorables novelas. Más de mil páginas suelen ser una garantía.

Es un libro apasionado y su autor tiene ese talento que ha sido objeto de tantas disquisiciones entre genio y talento, entre amenidad y profundidad.

 


Dos nuevos libros para entender algo más del Oriente Medio e Israel

27 abril, 2018

Kibbutz. La primera vez que oí esa palabra fue cuando mi padre que me hablaba de esas granjas colectivas, prácticamente comunistas. Mi padre había reconstruido su vida en España como Agente de Extensión Agraria, tras unos años en Francia y Bélgica, y los kibbutzs eran para él un modelo en la lucha contra la desertización, algo que en España también era y es necesario, urgente.

La segunda vez fue en 1967, cuando la guerra de los Seis días, que salvó a Israel de la desaparición tras el ataque combinado de Siria, Egipto y Jordania. Moshe Dayan se convirtió en mi héroe. Pero descubrí para mi asombro que en España todos estaban contra Israel, desde el diario ‘Ya’ que dirigía el bienpensante Luis Apostua, pasando por toda la prensa amordazada por el franquismo que, en su “tradicional amistad con los países árabes” -con las satrapías árabes, más bien- denostaba al que llamaban y todavía llaman así muchos medios el ‘Estado judío’. Hoy, todavía, una gran parte de la izquierda niega incluso su derecho a existir y ridiculiza el Holocausto.

Desde entonces he podido comprobar el odio ideológico (teñido del antisemitismo ancestral) hacia Israel que latía y late en España. Mi posición de izquierda, incluso en el clandestino Partido Comunista de España (desde 1970 a 1977) parecía casi incompatible con la defensa a la existencia del Estado de Israel. Afortunadamente, en esa época, los comunistas ejercíamos el libre examen y la libre conciencia, sin tantas trabas como ahora, había más libertad de pensamiento y no éramos políticamente correctos, como he expuesto en mi libro Comunistas y pilaristas (2017, versión Kindle).

Viajando, comprobé que la izquierda europea no era en absoluto así, que Israel tenía derecho a existir y era respetado. En España, sólo se reconoció Israel y se establecieron relaciones diplomáticas con el gobierno de Felipe González (Shimon Peres era una figura importante de la Internacional Socialista). Fue el último país europeo en hacerlo.

Hoy, setenta años después de su fundación, siguen circulando los mismos estereotipos sobre el “sionismo como arma del imperialismo norteamericano”, etcétera, etcétera. No es necesario extenderse en ello, por tan sabido, reiterado y repetido. Ni merece la pena discutirlo pues las ideas están inmóviles, petrificadas (probablemente desde 1492).

Sin embargo, para el que quiera entender, hay centenares de libros para conocer mejor la realidad de Oriente próximo o medio; apunto dos más recientes:

Christopher Simon Sykes, ha escrito ‘The man who created the Middle East’ (William Collins, London, 2017) sobre su abuelo Mark Sykes, que ingenió la división y reparto del Imperio Otomano, que daría lugar a Palestina, Siria, y los demás países, y derivadamente, Israel, más tarde. Trata de levantar la condena que pesa sobre este militar, político, escritor y viajero -le fascinó la España de 1908- que pergeñó el denostado tratado Sykes-Picot. Era un personaje típicamente edwardian, de los tiempos optimistas de Eduardo VII, que precedieron a la Gran Guerra. Conocía quizá como nadie el Imperio Otomano, que había recorrido en múltiples viajes a lomos de caballería, y sobre el que dejó varios  libros.

La inestabilidad de Oriente Medio viene de lejos, dada la multitud de tribus, etnias y religiones que convivían en los territorios que van por el Eúfrates abajo, la Mesopotamia. El Tratado Sykes-Picot de 3 de enero de 1916 se sirvió de la hostilidad de los árabes, los beduinos, los drusos y muchos más, hacia los turcos, para fomentar una revuelta árabe contra los otomanos en lo que hoy es Siria y Jordania y en el norte de Mesopotamia, que no llegó a cuajar por sus rivalidades intestinas.

El Imperio Otomano llegaba hasta las fronteras de Túnez antes de 1912, cuando Libia, la Tripolitania y Cirenaica, le es arrebatada por Italia, y en los Balcanes pierden Tracia, Macedonia y Albania. Por el sur  llegaba hasta el Golfo Pérsico y ocupaba gran parte de lo que es hoy Arabia Saudita. El Tratado creaba el dominio francés -Siria y Líbano- y el británico (Palestina, Transjordania e Irak) con el beneplácito de Rusia, frustrando las aspiraciones de los árabes que buscaban la independencia y que les apoyaron contra los turcos y alemanes (estamos en la época de Lawrence de Arabia y del exterminio de los armenios por los turcos). Al igual que el Tratado de Versalles respecto a Alemania, se habían  sembrado las semillas de nuevos conflictos.

La segregación de un pedazo de Palestina-Jordania para crear Israel es quizá el último capítulo y consecuencia de aquel tratado, también, en la visión de Sykes, para ganar el apoyo de los judíos a la Entente. El libro explica con detalle la oposición de muchos franceses a ese plan de un país para los judíos, tanto desde los católicos, como de los capitalistas que querían Siria entera para sus negocios. En noviembre de 1917, la Declaración Balfour confirmaba la promesa de un país para los judíos, con gran oposición y frustración de los cristianos  y musulmanes de esos territorios bajo dominio ya británico. La invasión inglesa de la Palestina turca comenzaría poco después, ocupando Jerusalén en diciembre. El Imperio otomano iba perdiendo territorio. El libro termina describiendo la ocupación de Raqqa en 2014 por el Estado Islámico o ISIS, quereivindicaba así la anulación del Tratado Sykes-Picot.

En otro tipo de relato, o registro, hay que destacar el libro de Elias Khoury, el conocido escritor libanés, que nos entrega ‘Les enfants du ghetto. Je m’appelle Adam’. (Actes Sud, 2018). Khoury relata el desastre de la Naqba, es decir la emigración masiva de palestinos en 1948 tras la creación de Israel. Pero lo hace contemplando las tres facetas del problema: judía, musulmana y cristiana, mostrando el contexto histórico y político, tratando de comprender todas las posiciones.

Es sabido que tras la declaración del Estado de Israel por las Naciones Unidas (con la dirección escrupulosa y legal del diplomático brasileño Oswaldo Aranha), los vecinos árabes atacaron simultáneamente al pequeño Estado, que sólo se libró de un segundo holocausto por el coraje y determinación de aquellos pioneros que no tenían nada que perder (ya habían perdido seis millones recientemente). Fue una guerra sin cuartel, atroz para ambos lados. La Naqba, el desastre, para los palestinos fue tremendo, aunque las responsabilidades recaen en gran parte en esos países árabes que atacaron con muchos más medios militares, aunque fueron derrotados .

La fundación del Estado vino tras el convencimiento, comprobado por la historia de los diez años anteriores, de que el pueblo judío sin Estado no sería nunca defendido ni por las democracias ni por ningún país. No era un regalo para compensar las cámaras de gas, sino una consecuencia más de las dos guerras mundiales y la reordenación de Oriente próximo.

Tras 1948, los países árabes y musulmanes, en represalia, iniciaron una política de expulsión de la población judía, que a veces llevaba allí desde antes del Islam, como en Irán, Irak (otro Estado creado exnovo de los despojos de los otomanos), o incluso Argelia y Marruecos. Más de setecientos mil judíos sefardíes tuvieron que emigrar a Israel, que era prácticamente el único lugar donde los acogían (Francia, Canadá y Brasil fueron otros destinos de acogida).

No se habla de esa nueva diáspora judía, ni del más de millón de griegos expulsados de Turquía (empezando con la destrucción de Esmirna) y Egipto entre 1918 1960 -en Alejandría, tierra de Kavafis, muchos llevaban más de dos mil años-, de los millones de cristianos, antiguos, ancestrales, que han tenido que emigrar y siguen emigrando, de los países árabes, ni siquiera de los italianos expulsados de Istria y Dalmacia tras la Segunda guerra.

El sionismo, de inspiración socialista, centroeuropea, heredero del Bund y de las organizaciones comunistas y socialistas judías que participarían en las revoluciones rusas de 1905 y 1917 y en la alemana, quiso hacer de Israel un país abierto, socialista, colectivista. De ahí, los kibbutzs.

Pero el sueño se fue desvaneciendo. Todo ello iría declinando por la presión exterior, por los ataques, por la eclosión del capitalismo ultra liberal. Israel fue ensimismándose, haciéndose más conservador. Los escasos kibbutzs son ya monumentos del pasado, casi atracciones turísticas. No es ajeno a ello, quizás, que la gran masa de inmigrantes, las segundas y terceras oleadas, vinieran de países no democráticos, como los árabes y Rusia. El legado de izquierda ilustrada, ese que encarnan aún personas como Amos Oz o David Grossman, van difuminándose, se pierden. Los territorios ocupados lo son por zelotes, colonos sin el más mínimo interés en la democracia. La perversa política de Israel, Netanyahu, la derecha radical israelí, así como terrorismo de Hamás y Hezbollah no ayudan precisamente a encontrar un camino hacia los dos Estados.

 

 


‘Bajo la tormenta’, de Seydou Badian

18 abril, 2018

Seydou Badian, escritor de Mali nacido en Bamako en 1928, tiene actualmente noventa años.

Hace unos días, el pasado domingo 15 de abril, por casualidad, al borde del mar, en la route des Almadies, en Dakar, encuentro un chaval que vende libros, llevándolos en la mano. En vez de vender recuerdos turísticos, vende libros. Entre ellos, Sous l’orage (Kany), Bajo la tormenta, un libro escrito por Badian en 1954 que se ha convertido en un clásico de la literatura africana.

Es una novela que trata principalmente del encuentro entre la tradición africana, con sus costumbres, su respeto a la familia y a los mayores, sus pequeños ritos, y la necesidad de progreso. Algunos jóvenes rechazan las costumbres de sus mayores, se dejan deslumbrar por la civilización de los Blancos (con mayúscula en la novela). El título, Bajo la tormenta, es una metáfora del derrumbamiento de la sociedad tradicional a causa del colonialismo.

Seydou Badian, sabio, pensador, no pretende imponer la tradición, simplemente nos recuerda que ésta debería ser respetada, que no es necesariamente incompatible con el progreso.

Kany es una joven que quiere estudiar enfermería, que ya ha pasado unos años en la escuela de los Blancos, y “sabe leer lo que escribe la máquina”. No quiere casarse con Famagan, de la que sería una esposa más “relegada en el fondo de la cabaña”, sino con Samou, al que ama, y que no es polígamo. La madre respeta su decisión mientras el padre la desprecia y está en contra, furioso. La familia, los vecinos, la excluirán, pero ellos seguirán la vía de la libertad.

Toda esta historia es el pretexto para explicar los cambios profundos que introdujeron los colonizadores en las viejas sociedades africanas. Algunos para mal, otros para bien, como defienden muchos jóvenes (sanidad, educación, libertad –“todos seremos iguales”, “al mismo trabajo igual salario”, etc-).

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En Noflaye, route des Almadies, donde me encontré al vendedor de libros ambulante.

Pero el padre Djigui (‘padre’ es cómo designan al hombre mayor, una especie de patriarca) le advierte a la joven Kany:  “Los Blancos se pelean siempre porque se han equivocado de camino, se han enfrentado a los dioses y han perdido; deshacer lo que han hecho los dioses y sustituirlo por lo que desean los hombres, es lo que sueñan hacer audazmente los Blancos, he ahí el origen de sus guerras”.

Y cuando Kany insiste en que quieren tener esas casas, automóviles, como los Blancos, le responde el padre Djigui: “Sigue el progreso, las querellas te seguirán y esas casas, esos autos, esas máquinas te aplastarán un día y echarás de menos la aldea y la fatiga de los campos, los cantos de los piragüistas, el ir y venir de los tejedores. Porque el hombre debe poder dominar sus criaturas. Si, mediante el progreso suprimís el esfuerzo de los trabajadores, tendréis nuevas cargas y os sentiréis peor a la llegada que a la salida. Con el progreso creéis dominar la naturaleza pero quedáis prisioneros de vuestras propias criaturas”.

Los mayores se sienten postergados, sus creencias ya no son tan respetadas, “los Europeos han roto todo en nosotros; sí, todos los valores que hubieran podido hacer de nosotros los continuadores de nuestros padres y al mismo tiempo los pioneros de una Africa que, sin renegar de sí misma, asimilaría la enseñanza europea”.IMG_20180418_111242

Pero no es un libro de tesis pues Badian evoca con lirismo la luz, la oscuridad, los crepúsculos en el campo, las fieras, la caza, los animales domésticos, “el cielo estaba igual de azul que el río en el crepúsculo (es el Níger). La Luna infatigable huía de las nubes”, los espíritus benignos y malignos, la mezcla del antiguo fetichismo con el más reciente Islam. Nos describe un mundo en desaparición, sin nostalgia pero con el desencanto de la pérdida de una forma de sociedad, imperfecta, pero que tenía unas reglas nobles, ancestrales.

 

 

 


António Nobre y Jaime Gil de Biedma, poemas sobre la felicidad

11 abril, 2018

Los dos poetas cantan la vida feliz, sin prisas, sin preocupaciones económicas, sin ansias intelectuales, en una casa sencilla (blanqueada, frente al mar) aunque el portugués añade que añora una mujer que le dé una hija.

 

Canto da felicidade (Ideal dum parisiense)

Por António Nobre (Oporto, 1867-1900)

 

Felicidade! Felicidade!

Ai quem me dera na minha mão

não passar nunca desta mesma idade,

Dos 25, do quarteirão.

 

Morar, mui simples, nalguma casa

Toda caiada, defronte o Mar;

No lume, ao menos ter uma brasa

E uma sardinha para nela assar…

 

Não ter fortuna, não ter dinheiro,

Papéis no Banco, nada a render.

Guardar, podendo, num mealheiro

Economía pró que vier.

 

Ir, pelas tardes, até à fonte

Ver as pequenas a encher e a rir,

E ver entre elas o Zé da Ponte

Um pouco torto, quase a cair.

 

Não ter quimeras, não ter cuidados

E contentar-se com o que é seu,

Não ter torturas, não ter pecados,

Que, em se morrendo, vai-se pró Céu!

 

Não ter talento: suficiente

Para na vida saber andar,

E quanto a estudos saber somente

(mas ai somente) ler e contar.

 

Mulher e filhos! A mulhercinha

Tão loira e alegre, Jesús, Jesús!

E, em nove meses, vê-la choquinha

Como uma pomba, dar outra à luz.

 

Oh! Grande vida, valha a verdade!

Oh! Grande vida, mas que ilusão!

Felicidade! Felicidade!

Ai quem me dera na minha mão!

 

 

De vita beata

Por Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990)

 

En un viejo país ineficiente,

algo así como España entre dos guerras

civiles, en un pueblo junto al mar,

poseer una casa y poca hacienda

y memoria ninguna. No leer,

no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,

y vivir como un noble arruinado

entre las ruinas de mi inteligencia.

 

 

 

 


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