Ílhavo y Aveiro, esa luz atlántica

9 junio, 2019

(Fue publicada otra versión en El Laberinto español, suplemento de http://www.cronicapopular.es)

Portugal es un país de luz, pero algunos lugares parece que han sido hechos de y por la luz, como la ría de Aveiro e Ílhavo. La luz cambia con las nubes, el curso del sol, las tempestades. Cada día es diferente, como es cada estación del año. Al despedirse el sol, nos deja la inmensa noche atlántica sobre el mar oscuro. A lo lejos, la ráfaga del faro más alto del país. En los días de niebla parece querernos recordar las playas belgas de Knocke le Zoute, tras las dunas y con el océano gris. No es casual que toda la poesía portuguesa haya cantado el mar, desde Camões hasta Ruy Belo o Sophia de Melo Breyner, pasando por Álvaro de Campos (Pessoa) y Nuno Júdice. La “mar océana” ha sido la gran protagonista de la historia del país, y en Aveiro e Ílhavo el viajero sensible lo siente.

A unos cincuenta kilómetros al sur de Oporto, en una costa cuya luz que Raul Brandão llamaba “dorada y viva, hecha de agua azul y traspasada de sol”, se encuentra la ciudad de Aveiro y su Ría de características muy especiales en cuanto a la geología, el mar y el clima. El paisaje es singular, con una barra de arena que corre paralela a la costa, llamada Costa Nova.

Aveiro

En la Barra o Costa Nova, las casas pintadas con bandas verticales de color, los palheiros, se fueron construyendo a partir de 1808, cuando los más importantes pescadores allí se trasladaron desde Aveiro. Hacia 1822 empieza el uso balneario, compatible entonces con las faenas pesqueras. Los palheiros son modestos edificios de dos plantas que antes fueron casetas de pescadores en las que guardaban el pescado para secar y salar. Tienen dos pisos como máximo, una balaustrada, un porche y unas mansardas (en Portugal llamadas con el sugestivo nombre de aguas furtadas). Son de tablas de madera, de bandas pintadas de blanco y rojo, o blanco y azul, aunque las antiguas eran de un solo color. Hace muchos años, la arquitectura y el gusto eran peculiares, las casas se construían a gusto del dueño, no del arquitecto y éste, profesional raro, más escaso que hoy, era ilustrado, veía revistas extranjeras, viajaba. Entonces, los arquitectos constituían una cierta élite. Las buenas influencias estéticas llegaban hasta el extremo occidental de Europa.

Aveiro y su vecina Ílhavo son los dos centros ancestrales de la pesca del bacalao por los mares de Groenlandia y Terra Nova. Era la llamada ‘faena mayor’. Junto a ella, la pesca de altura más cercana, y la de bajura, con las famosas xávegas, nombre de los barcos y de esas redes de arrastre que se lanzan al mar y se recogen gracias a las yuntas de bueyes que tiran del copo en la playa, escena tantas veces reproducida en las guías turísticas. En Ílhavo, además de apreciar sus casas modernistas, una visita a su Museu Marítimo será la parada necesaria para entender mejor la industria e historia de la zona, la historia de Portugal.

Palheiros, Costa Nova, Ílhavo

La Gafanha de Nazaré está formada por aldeas de pescadores en torno a la Ría en lo que fueran zonas pantanosas y arenosas, hoy plantadas de inmensos pinares, pero donde también proliferan acacias y cambrones. El observador de aves saldrá también satisfecho.

La segunda industria floreciente fueron las salinas, de las cuales hay ya registro en el siglo X, aunque hoy quedan muy pocas, habiendo sido muchas de sus balsas convertidas en piscifactorías. La sal, monopolio real, fue un producto estratégico sobre todo para un imperio marítimo como el portugués.

Una tercera industria es la cerámica fina. La fábrica de cerámica de Vista Alegre, fundada en 1824, continúa activa y con buena salud aunque la propiedad haya cambiado. Las primeras instalaciones respondían a ese capitalismo algo filantrópico que era capaz de hacer compatible el trabajo infantil -véanse las fotografía de la exposición permanente- con la protección social, con la construcción de viviendas para los obreros en una especie de ciudad-jardín idealizada, con su iglesia y sus escuelas. Hoy también hay un bello hotel, el Montebelo, anexo a la fábrica, moderno, sin impacto paisajístico y muy bien acondicionado.

Aquí la industria prosperó gracias a las inversiones del Estado, a los pinares que suministraban combustible para la cerámica y el cristal. Es una manifestación práctica de lo que Mariana Mazzucato ha señalado en El Estado emprendedor de que es gracias al Estado, a las inversiones estatales, como las empresas privadas han podido prosperar. Así, las infraestructuras, la protección del paisaje y las plantaciones los extensos pinares-, los espigones para impedir que desaparezcan las playas, amenazadas por la construcción de edificios y bloques. Esto ha sucedido en las Landas francesas y también en toda esta costa portuguesa.

Tras la Primera Guerra Mundial, Portugal se enriqueció, Inglaterra era su mejor aliado y sus colonias eran rentables. Flotaba un cierto optimismo que la nueva República (fundada en 1910), bastante inestable, no llegó a desmoronar. De ahí tanta construcción modernista y luego Déco. De hecho, el llamado Estado Novo, la dictadura de Salazar, siguió impulsando una cierta modernidad –a veces teñida de imperialismo y nostalgia- y no travó ni el Art Nouveau ni el Art Déco.

De estos dos movimientos quedan muchas trazas en Aveiro y en la cercana Ílhavo. Todo es de una volumetría sensata, con equilibrio, sin destrozos demasiado visibles pues los portugueses han tenido el gusto de conservar el decoro.

No muy lejos está la Pousada –Parador- que data de 1960 y es un edificio moderno pero de buen gusto, leve, bien construido, junto a la Reserva Natural das Dunas de São Jacinto. En el lado sur de la bocana, el Farol da Barra, el faro más alto de Portugal, que se puede ver desde muy lejos.

Todas estas tierras son de una belleza sin pretensiones, callada, recogida, con la luz del océano como gran protectora. El escritor Eça de Queiroz, que había nacido no muy lejos de allí, en Póvoa de Varzim, consideraba que la “Costa Nova era uno de los lugares más deliciosos del planeta”. Sin embargo, su amigo y compañero de pluma, Ramalho Ortigão, no habla de ella en su libro-guía Las playas de Portugal. Todavía no tenía la consideración de zona balnearia.

En Aveiro, veremos los moliceiros, especie de grandes góndolas decoradas y pintadas con ingenio y gracia que recorren el canal y la ría. Se llaman así porque antiguamente transportaban el moliço, una mezcla de limo, algas y sargazos que se utilizaba como abono. Hoy son una atracción turística. Aquí hay que probar los dulces a base de yema de huevo (entre ellos esa rosca imponente, la lampreia de ovos), el barquillo –llamado bolacha americana-, y experimentar los restaurantes (yo me quedo con el más auténtico, lleno de portugueses que vienen en familia, O Mercantel, en un primer piso de una sosegada calle, la rua António Lé). Habrá que probar el bacalao, pero sin olvidar el rodaballo o los mariscos. Y quien guste, las anguilas.

Los moliceiros

Al ayuntamiento de Aveiro se le antojó hace unos pocos años autorizar el mamotreto del Fórum, un centro comercial con aparcamiento subterráneo. Ocurrencias que tienen los alcaldes en busca de inmortalidad. Pero pasemos por alto ese exabrupto arquitectónico y fijémonos en todo lo que hay de bello y apacible, que representa mucho mejor la esencia del alma portuguesa.
Para los aficionados a los automóviles antiguos, hay que recordar que en Aveiro se celebra cada primavera la feria más importante de toda la península ibérica, la Feira de Autos Clássicos.

Sobre los riesgos de saturación, hace quince años la experta medioambiental portuguesa Luisa Schmidt ya alertó y prestó su pluma para alertar de los riesgos de sobreedificación en la Barra de la Ría de Aveiro que, como toda esa zona, corre el riesgo de una grave erosión costera. El Ayuntamiento de Aveiro, en un afán de modernidad mal entendida, decidió autorizar la ocupación inmobiliaria de la Costa Nova y de muchos espacios junto a la Ría que beneficiaban solamente a las empresas constructoras y no añadían nada, sino que restan, al paisaje.

El viajero desearía que se estén quietos y paren con los afanes de atraer más turismo de masas, que puede acabar con el encanto sosegado de esas playas, gafanhas y barras. El viajero busca sosiego, serenidad, que para movimiento ya tiene las mareas, los vientos, la luz siempre cambiante, del alba al crepúsculo .


‘O vento assobiando nas gruas’, el viento silbando entre las grúas, novela de Lídia Jorge

17 octubre, 2018

Una anciana se escapa de un asilo y aparece muerta frente al edificio abandonado de la fábrica de conservas de la aún es propietaria. Su nieta, Milene, es encontrada vagando, medio perdida, buscando a su abuela por las inmediaciones y es recogida por la familia que ocupa ahora los bajos de la fábrica, a modo de vivienda de fortuna. Estamos en el Algarve, Portugal, hacia finales de los años ochenta del pasado siglo XX.

download-1Los hijos de la anciana dona Regina están más preocupados que afligidos. Por el qué dirán y por cómo repartirse su pingüe herencia. Algo avergonzados de que se sepa que no estaban presentes cuando ocurrió el óbito. Tuvo que ser la GNR (equivalente a la Guardia Civil) quien se encargase de todo. Estaban de vacaciones en el extranjero.

Tras el entierro y muchas incidencias familiares, resulta que la nieta, medio perdida y con algo de parvulez, se enamora de uno de los ocupantes de la fábrica, que encima es negro, caboverdiano, lo que es ultrajante para tan notable familia. Un tío es el alcalde, otro un empresario que ha hecho su fortuna en Angola y Suráfrica. Toda la novela gira en torno a esas dos familias, los caboverdianos pobres, desordenados, que viven un poco tribalmente, y los burgueses de pretendida alcurnia, cuyo único afán es hacer dinero con la especulación inmobiliaria.

Por todos lados, en medio de tierras abandonadas, de rastrojos, se alzan urbanizaciones, hoteles. Aparecen unos inversores holandeses asociados a la familia que sobrevuelan en helicóptero, como rapaces, la vieja fábrica y todas las tierras que quieren comprar para edificar. La familia venderá y la plusvalía irá a manos extranjeras, como siempre.

Al morir dona Regina se han derrumbado los restos de un mundo. Los sucesores son meramente parásitos que quieren vivir alimentándose de lo que hicieron sus antepasados. Es lo que está pasando en muchos países, y en Portugal, que asume su modernidad un poco exageradamente, con el turismo y el inmobiliario como principal motor, a pesar del paisaje, de las costas (como en Comporta, cuya zona protegida va a ser privatizada para riquísimos), a pesar de las ciudades que tenían alma, aunque fuera algo melancólica y hubiera edificios medio en ruinas.

Pero antes habrá que resolver, a toda costa, el para ellos absurdo enamoramiento con un africano de la nieta de doña Regina, huérfana y algo inocente.

Al final, como nos advierte nuestra amiga Francisca, lectora sagaz que ha participado de la lectura y de esta conversación literaria, todo resolverá mediante la fórmula tan portuguesa del “entendimento”, de conciliar lo inconciliable.

Lidia Jorge, de Boliqueime, Algarve (1946), nos ha relatado esa historia familiar, que es un trasunto de la historia de Portugal, de la decadencia de las viejas familias, esas tres oleadas (revolución industrial tardía, ocupación en la revolución de los claveles y abandono, y ocupación por inmigrantes pobres gracias a un sentido de la justicia de la anciana desaparecida, que los protege).download

O vento assobiando nas gruas, El viento silbando entre las grúas (470 páginas) es una crónica de ese Algarve sometido a la codicia y la especulación. Las grúas son las de las construcciones. La escritora se refiere constantemente a la polvareda, las chabolas, la basura, las carreteras desfondadas, el pasto quemado, las cunetas sucias, las dunas, los hierbajos, las obras, las grúas y los bulldozers. El libro me hace evocar otro, El astillero, de Onetti, donde también los antiguos empleados venden al peso la maquinaria como chatarra.

No es la de Lidia Jorge una escritura diáfana, pero sí eficaz para introducir al lector en ese ambiente cargado, como de aire viciado, que ensombrece toda la novela. A veces intenta enviar el haz de luz sobre demasiadas cosas, demasiados personajes, de los que sólo sobresalen unos pocos, la abuela caboverdiana Ana Mata, don Silvestre, principalmente, el resto es comparsa, pero pueden llegar a confundir al lector. De hecho, es en el llamado post scriptum donde se desvelan muchas de las claves del libro.

Su obra literaria es perfectamente contemporánea, desde su primera novela, 1980, O dia dos prodígios, pasando por A costa dos murmúrios, hasta hoy. Como dicen algunos críticos, es una verdadera cronista del Portugal de hoy. En Os memoráveis habló de todos esos tiempos heroicos de abril (25 de abril de 1974) y en lo que han acabado. En su última novela, Estuário (2018), el mar, la costa, también están presentes. De hecho, ella dice haberse inspirado en la Ode Marítima, de Alvaro de Campos (un heterónimo de Pessoa). En fin, en sus páginas, como en muchos escritores portugueses, siempre afloran el mar y Africa.

 


José Rodrigues Miguéis, escritor portugués

27 junio, 2018

Nadie es profeta en su tierra – y mucho menos en la ajena

José Rodrigues Miguéis

 

La literatura portuguesa de antes del 25 de abril es, salvo contadas excepciones, prácticamente desconocida en España. Era la época en que estábamos de ‘costas voltadas’, dándonos la espalda.

Por António Trindade, librero lisboeta que sabe compartir sus amplios conocimientos de libros y de historia, he descubierto a un escritor casi olvidado en Portugal. Los catálogos y las clasificaciones de los críticos literarios a veces juegan malas pasadas porque José Rodrigues Miguéis (1901-1978) estuvo, como él mismo decía, entre esa generación de Eça de Queiroz (que muere un año antes de su nacimiento) y los neorrealistas más estrictos, como Fernando Namora, Alves Redol o Vitórino Nemésio. En ese sentido ha sido víctima de la ‘temporalidad’ de los gustos y de la crítica. Y quizá pueda ser considerado como el epígono de la literatura queirosiana. Vivió gran parte de su vida en Nueva York y estuvo alejado de todos los cenáculos y ambientes literarios portugueses, aunque colaboró con el grupo literario de Seara Nova.

 

 

La novela O milagre segundo Salomé sólo pudo ser publicada después de la Revolución de Abril de 1974. El hilo conductor es una historia un tanto utópica de la pobre Dores dos Santos (Dolores de los Santos, nombre que no es escogido por el autor al azar) que deviene meretriz, con el alias de Salomé, luego amante de un rico comerciante y al final se redime gracias  al verdadero amor. Describe perfectamente el amor algo patético de los viejos, la redención individual gracias al periodista Gabriel Arcanjo (un ‘arcángel’, en ese juego de palabras y apellidos que Miguéis domina a la perfección, personaje en el que quizás se retrata algo a sí mismo).  Pero el escritor va más allá y retrata la vida portuguesa de la época. Si el libro hubiese sido publicado antes, hubiera provocado más reacciones, pero cuando salió ya era un testimonio de otra época, aunque algunos de los tipos y personajes aun se puedan encontrar en la realidad. Es una novela ajena a las vanguardias literarias, un relato casi de género, al estilo diría, de Theodor Fontane, distantes en el tiempo, lugar y en la ideología subyacentes.

1_7a3Y2C7etRRaOhEymbi9eQObra prismática donde, entrelazado con la historia del prostíbulo -picante, humana y divertida-, del nuevo rico Zambujeira, aparece el trasfondo histórico del primer cuarto del siglo XX luso, tan convulso y rico en acontecimientos -como en toda Europa- y tan fértil en algunos aspectos. La historia de Portugal es enrevesada y muy interesante desde hace mil años, y los primeros años del siglo XX fueron complejos. Leer la historia del país es a menudo mejor que leer una novela, pues la realidad supera la ficción, como ya nos lo mostró el historiador Oliveira Martins. Esta novela, sin poder calificarse de ‘novela histórica’, término tan manido y casi desprestigiado, sí podría calificarse de ‘novela política’.

En esos años hubo atentados (asesinato del rey don Carlos en 1908 y proclamación de la República en 1910), revoluciones, guerra (en Flandes, donde las mal pertrechadas y peor entrenadas tropas portuguesas se hicieron masacrar por los howitzer alemanes), huelgas, intentos de golpes militares hasta 1926 en que todo termina por acomodarse con la escenificación del fracaso, la implantación de la Dictadura Nacional que daría paso al Estado Novo de Salazar y que duraría medio siglo. Pero, al mismo tiempo fueron tiempos fértiles en la cultura y el arte. Por ejemplo, en la arquitectura y en la medicina hubo avances considerables y muy positivos.

Rodrigues Miguéis, hijo de un inmigrante gallego, necesita contar sus orígenes, las vidas difíciles en la Lisboa de la Ribeira Velha, de Alfama y Mouraria del cambio de siglo, nos describe sus calles donde ha andado desde niño. Esa Lisboa que amaba y evoca el doctor Juvenal Esteves en un bonito libro perdido, Anamnesis, Memória e historia (Bertrand Editora, 1992).

Se podría incluso considerar un roman à clé, si pudiéramos descubrir quién se oculta tras determinados personajes, Severino Zambujeira, el general ABC, Ferrabrás, etcétera. El cosmopolitismo de Lisboa queda de manifiesto en los negocios coloniales y europeos de los protagonistas. Es una Lisboa mercantil más que industrial (lo que era el norte del país), esa que precisa de pactar con militares, eclesiásticos, periodistas -el inefable Mota-Santos, con su puro y sus dos mujeres- y con los inversores extranjeros. Y siempre con los polos eternos de fricción, temor y aprehensión: Inglaterra y España.

Los personajes no son demasiado profundos, pero son muy plásticos. Zambujeira es más astuto que inteligente, en su ambición y petulancia, Salomé no es inteligente, es solamente buena, además de bella, Arcanjo es un mero testigo. Quizá el personaje más inteligente sea el del periodista, Mota-Santos. Al final, transpira en la novela un cierto desánimo. Los burdeles, la pobreza, seguirán existiendo, como la corrupción y el agio, como la política de los negocios, sin democracia ni libertad. La salvación sólo es individual.

Su escritura ágil, rica, está llena de vocablos y expresiones muy lisboetas, muchos de ellos ya casi en desuso. Sus descripciones de la ciudad, en mi opinión, no han sido superadas. Realistas pero líricas, coloridas, en las que se puede casi apreciar el ambiente cálido de las tardes de calma, o la neblina o el sol, según los días, sobre el Tajo. La novela va concatenando y alternando los capítulos con ‘entremeses’ y con ‘retrospectos’, que van tejiendo el tapiz de fondo político, militar y económico de la vida lisboeta de la época.

IMG_20180903_110729

La vieja casa de la Travessa da Queimada, que responde a la descripción en la novela O milagre segundo Salomé

Quizá lo que indignó a la puritana censura de entonces, más que las escenas del burdel de la Travessa da Queimada (esta casa del Bairro Alto aún está en pie, cayéndose en pedazos, está en venta y yo la he visitado, con sus cuartos con números en las viejas puertas, como un hotel), fue la versión jocosa e irreverente de la aparición de Fátima, así como los pingües negocios que se harían a costa de ese nuevo centro de peregrinación. Hubo ese afán, como dice el empresario y nuevo rico Zambujeira, de “republicanizar el fenómeno religioso”, aliando especuladores y eclesiásticos. Fátima fue un gran negocio social (contra el bolchevismo), económico (hoteles, construcción, turismo) y político (como una especie de sebastianismo).

Muchos de sus libros fueron editados por la soberbia casa Estúdios Cor, hoy extinguida, y están, como el que aparece en la ilustración, bien encuadernados con buena tipografía y portadas de buen gusto. Otro libro interesante es Nikalai, Nikalai, una parodia del ambiente de unos rusos blancos en Bruselas en 1930 que quieren reponer al Zar, algo que Miguéis conoció de primera mano pues vivió en Bruselas antes de la Segunda Guerra mundial. Además, fueron publicadas varias colecciones de cuentos y relatos, como los recogidos en Léah e outras histórias o en O espelho poliédrico (Crónicas),

José Rodrigues Miguéis que se sepa, no ha sido traducido al castellano, es inhallable. Sería un trabajo necesario para algún buen editor , ya que ha habido y hay vida literaria en Portugal más allá de Pessoa y de Saramago (que precisamente admiraba a nuestro autor).

 

P.S.- Después de escribir estas notas, encuentro un magnífico libro, José Rodrigues Miguéis: Lisboa en Manhattan, coordinado por Onésimo Teotónio Pereira, con los resultados de un congreso que tuvo lugar en Nueva York en 1981 sobre el autor portugués. Rodrigues MigueisLos artículos son todos interesantes, desde el análisis de ‘Las marcas del exilio’, por Eduardo Lourenço , ‘La América de Rodrigues Miguéis’, de Raymond Sayers, ‘Las mujeres en su obra’, por María Angelina Duarte, y un largo etcétera. El libro de de la Editorial Estampa, de Lisboa, y fue publicado en 2001.


El antiguo cinema París, de Lisboa

16 junio, 2018

El Cinema Paris de Lisboa fue construido en 1931, según el proyecto del arquitecto Victor Manuel Carvalho Piloto, con murales de Paulo Guilherme d’Eça Leal. Fue uno de los ex-libris del barrio del Campo de Ourique, hasta el punto que Wim Wenders sitúa en él parte de su película Lisbon Story (1994).

Copia IMG_0345

(Óleo 70 x 50, año 2000, del autor)

Hay muchos más detalles en el excelente libro de Margarida Acciaiuoli, Os cinemas de Lisboa, un fenómeno urbano do século XX (Editorial Bizâncio, Lisboa, 2012). Era la época dorada del cine y, como señala Acciaiouli, en 1950 llegó a dar 786 espectáculos. Los cines de barrio eran parte del alma de la ciudad que hoy el turismo de masas y la consiguiente burbuja inmobiliaria están anulando.

A pesar de ser un edificio emblemático (de propiedad privada), ya está en ruina, ruina provocada deliberadamente por los propietarios -truco habitual para hacer imposible su restauración o su catalogación como edificio protegido-. Va a ser demolido para construir un edificio de apartamentos de lujo, bien banal y vano, mucho cristal y todo cuadrado y macizo, con bajos comerciales feos y garajes, como podemos ver en los paneles que anuncian con arrogancia el edificio que lo suplantará. Apartamentos, evidentemente, de altos precios para continuar el proceso de gentilización o gentryfication de Lisboa, la especulación inmobiliaria y el desalojo de los habitantes más modestos.

Este cine fue incluido en la zona de Protección de la Basílica de Estrela, por Orden de 14 de diciembre de 1955. Pero nunca fue declarado Inmueble de Interés Público. Numerosos artículos en la prensa lisboeta han venido denunciando su degradación deliberada y este triste negocio. En vano.

Vaya aquí este pequeño homenaje, en un óleo pintado cuando aun no estaba del todo destruido.


Vista de Salvador de Bahía

9 junio, 2018

IMG_4669

(Acrílico sobre tela, 60 x  50)

Podría ser Lisboa, pero es una vista de Salvador de Bahía, que fue la capital del Brasil colonial hasta que João VI, que había huido de las tropas francesas de Junot en 1808, hizo trasladar su corte a Rio de Janeiro. Bahía fue construida a imagen y semejanza de Lisboa. Hasta los nombres de sus calles y jardines, la invocación de sus iglesias, es casi la misma.

Se sugiere la lectura de Jorge Amado para descubrir la ciudad, como su novela A tenda dos milagres.


Cuando algunos militares españoles soñaban con invadir Portugal (1941)

26 mayo, 2018

Pedro Teotónio Pereira, embajador portugués, parecía obsesionado con los ánimos invasores de una parte de los españoles, sobre todo entre la Falange y los militares. Pero no era una obsesión banal. De estas tendencias da cuenta en su correspondencia con Salazar. Efectivamente, además de alguna soflama publicada en el diario ‘Arriba’, hubo un sector militar que pensaba que había que invadir Portugal.

Los alemanes del Tercer Reich fueron testigos:

Reich MAE

Documento nº 26

Stohrer (embajador de Alemania en Madrid) al Ministro de Asuntos Extranjeros

Telegrama

Embajada de Alemania en España
nº 2111 secr.

Madrid, 10 de mayo de 1941. Secreto

Adjunto el informe del coronel Kramer, Agregado aéreo en la Embajada, sobre las opiniones expresadas por los medios militares sobre las relaciones entre España y Portugal

Las tensas relaciones entre España y Portugal son objeto de numerosos rumores y son el tema favorito de las conversaciones en el cuerpo de oficiales del Ejército español.

En sus conversaciones con mi Oficial adjunto y conmigo mismo, los oficiales aviadores han usado expresiones de este tenor:

“Cuando hayamos llevado nuestra frontera occidental al Atlántico…” o “Cuando las escuadrillas alemanas puedan participar en los combates en el Atlántico, partiendo de bases portuguesas, que estarán en manos españolas “, etc.

Se expresa así abiertamente la opinión de que un país tan pequeño como Portugal no tiene derecho a existir en una nueva Europa y que, tanto desde el punto de vista geográfico como etnográfico Portugal pertenece a España.

TeotonioPara esta guerra contra Portugal … se cuenta con una resistencia muy débil de Portugal.

El director de la Escuela de Guerra, el general Aranda, me ha hecho saber que le han encargado el estudio de las medidas preparatorias en caso de que las tropas españolas penetrasen en Portugal.

[se extiende en consideraciones sobre los sentimientos proalemanes de la oficialidad española y los riesgos de que la RAF defendiese Portugal]

En el mismo Portugal, los militares favorables a nosotros son bastante poderosos en este momento. Según el coronel Cintra, todos los oficiales superiores anglófilos -muy numerosos- son conocidos y podrían ser eliminados llegado el momento [ésto, subrayado en lápiz azul al margen; la palabra ‘eliminados’ subrayada y seguida de un signo de exclamación].”


Los dos últimos cuadros

7 mayo, 2018

Dakar desde el Faro des Mamelles

Dakar desde el Faro des Mamelles

IMG_4668

Viejo casino de Setúbal


El blog de Agustín Galán

Filosofía de la ignorancia

La pluma del cormorán

n'entendant même les bruits extérieurs, les cormorans qui vont comme de noirs crieurs... (V. Hugo) ָׁ שְּפ"-מז ֶר- רשְּ ַד-ודֹס"

El blog de Guillermo Schavelzon

La edición, el libro, los escritores

La Estirga Burlona

El blog de Bárbara García Carpi

Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

A %d blogueros les gusta esto: