Hillman Minx 1956 en Portugal

4 diciembre, 2017

Hillman Minx descapotable

Hillman Minx

Y este de abajo es el verdadero de mi padre, que se calentaba. Mi padrino, Francisco Camacho, lo compró y le llamaba el ‘Popotitos’. Aquí, camino de Santander, tras un calentamiento.

Ali y popotito al fondo 001


Poesía en el Sur. Olhão, Algarve. Portugal.

27 noviembre, 2017

La pequeña ciudad blanca de Olhão, en el Algarve, ha acogido la tercera edición del encuentro otoñal de poetas que organiza Fernando Cabrita, Poesía a Sul. Entre ellos, autores como Gastão Cruz, Nuno Júdice, Ignacio Vázquez Moliní, Manuel Moya (que, además, es el gran traductor de Pessoa, entre otros, como él dice, un poco contrabandista de versos).

Entre ellos figuraban poetas de la cercana Sierra de Aracena, como Manuel Moya o Mario Rodríguez, el brasileño Cláudio Guimarães dos Santos, de largos cantos llenos, plenos de sugerencias y evocaciones en su Coleção de Epifanias, o el francés François Luis-Blanc. No se pueden mencionar todos, pero el lector puede descubrirlos en la información en internet, Poesia a sul.imgres

Ha habido música, cantos, pintura, reuniones con editores de poesía como Cal, de Sevilla (www.revistacal.es), o Canal Sonora, algarvía, de Pedro Jubilot (Canal Sonora), hay intercambio de libros y poemas.

Reunir poetas no es fácil. Los poetas trabajan, evidentemente, en otras cosas que les permiten vivir, aunque sea frugalmente. La poesía es un gasto, no una inversión. Por eso es libre y no se sujeta a modas ni compromisos culturales ni políticos. Esto, en tiempos de barreras e identidades que creíamos olvidados, es muy de agradecer. Como dice uno de los poemas de Ignacio Vázquez, “no me importan las banderas / que enarbolas por las calles (…) ni que cualquier palabra / que digas en tu idioma / la creas más concisa …”

Fernando Cabrita, poeta él mismo, de Olhão, lleva años esforzándose en juntar poesía y poetas. Y lo consigue, gracias a una tenacidad, organización y generosidad poco comunes. Lo que ha creado Fernando Cabrita es algo bastante insólito en el mundo de los poetas: el apoyo mutuo, la ayuda mutua, casi salido de un ideal de Kropotkin. En efecto, entre los poetas presentes, unos traducen a otros, al español, al portugués, al francés, se prologan, se editan, se publican, se interpretan, unos se presentan a otros.

La generosidad de un ayuntamiento proclive a la cultura, el clima suave, las vistas de una costa bastante bien preservada de la codicia inmobiliaria, hacen de Olhão un puerto de abrigo de la creatividad artística.

 


Los eucaliptales de Galicia y Portugal, augurio de fuegos

18 junio, 2017

(Artículo publicado en Estrella Digital en agosto de 2016, trágicamente de actualidad, una vez más, por el desastre de Pedrogão Grande).

 

En Galicia y en Portugal lo que está ardiendo como la yesca son los montes replantados con eucaliptos para alimentar el negocio de las empresas de celulosa. Los robles o carballos, los pocos hayedos relictos, los castañares, arden menos y se regeneran antes, en caso de arder. Los desastres ecológicos vienen de políticas erradas, muchas de ellas iniciadas a mediados del siglo XIX.

El eucalipto, ese árbol de las antípodas de farmacéutico nombre, despeluchado, desgalichado y triste, huele bien, pero nada más. Que haya alguno suelto, no estorba. Crece en tierras pobres, a las que empobrece aún más, las arrasa, literalmente, en zonas donde no hay heladas. De color grisáceo o azulado, nada tiene que ver con los paisajes célticos de Galicia y de Portugal. Ojalá se acabaran todos y alguien, con arrestos, tuviera valor de prohibir que se volvieran a plantar y se devolviera a las esencias naturales lo que era de ellas. Galicia aprobó una ley algo restrictiva hace años, pero nada se ha conseguido, el eucalipto reina. Lenguaje vano, sin efectos. En Portugal se ha seguido fomentando, por ley, la plantación de eucaliptos. Y eso aunque las circunstancias climáticas han cambiado desde cuando empezó la fiebre eucaliptal, cuando la forma de fabricar papel y reciclarlo es muy diferente. Pero los derechos “adquiridos” de las papeleras y sus grupos de presión van a continuar y, por tanto, los fuegos.

Se decidió destruir los bosques autóctonos, los de Valle Inclán y Camilo Castelo Branco, para sustituirlos por montes abúlicos y feos de hojarasca y ramas secas. Casi el 30% de la superficie forestal gallega está dedicada al eucalipto, unas 400.000 hectáreas. En Portugal, el 26%.

Esto no hay quien lo resuelva, aunque tuviéramos la flota de aviones más grande del mundo. Aldeas y pueblos que antes estaban rodeados de bosques caducifolios, ricos en términos de paisaje, belleza y, sobre todo, sostenibles, son hoy pasto de fuegos incontrolables. Así vamos desertizando zonas que eran húmedas, expulsando ganaderos, pastores y leñadores. Y luego nos sorprendemos de esas hecatombes.

Como siempre, la extinción la pagamos todos los contribuyentes, no las empresas de celulosa. Beneficios privados y costes públicos.

El fuego en los montes así “repoblados” (sería más apropiado decir desfigurados) es el símbolo de nuestro desprecio por la naturaleza y el paisaje. La consideramos explotable, la podemos aniquilar, destruir impune y vorazmente. Declaramos unos cuantos espacios parques naturales para la imagen y el resto queda a merced de los depredadores. Las detenciones y condenas a los pirómanos son una mera anécdota. Los verdaderos pirómanos están en otros sitios, lejos de los montes.

 Propongo, primero, que las celulosas paguen la extinción y la repoblación de las superficies quemadas con especies autóctonas. Y, segundo, que se declaren los montes de eucaliptos a extinguir, como si fuesen de mano muerta, e ir sustituyéndolos por arbolado propio del país.


Je suis circonflexe

3 marzo, 2016

Se alzan los escudos contra los puristas franceses que quieren mantener la grafía de muchas palabras, entre ellas el discutido acento circunflejo, ese sombrerito simpático sobre las vocales, que suele tener su origen en la desaparición de la s, como en hôpital o en fenêtre. Al acento circunflejo se le ha llamado en plan zumbón corona mortuaria y acento del recuerdo.

 Sirve para distinguir palabras que suenan igual. Si se suprime, no sabremos si hablamos de un muro, mur, o de un fruto maduro, mûr, de algo seguro, sûr, o algo que está sobre otra cosa, sur; y así sucesivamente, muchos errores más.

 Se trata, parece, de simplificar. ¿Más todavía? ¿O de nivelar por lo bajo? Cuando las personas apenas usan mil quinientas palabras, cuando la trivialización del lenguaje asola los programas de televisión y de radio, cuando se ha olvidado cómo se conjugan los verbos, simplificar más aun sólo significará más incultura.

 Un escritor español ha sacado una versión del Quijote en castellano actual, no se sabe porqué, es un misterio insondable. Porque la gracia de la obra de Cervantes es precisamente su lenguaje que, además, se entiende perfectamente sin allanarlo. Como si por “adaptarlo”, la gente fuera a leer más el Quijote, libro que todos citan pero que nadie reconoce que no lo ha leído entero.

Carlos Barral, el capitán  Argüello

Carlos Barral, el capitán Argüello

Es la misma corriente que quiere suprimir el griego y el latín, las humanidades, las lecturas complicadas. Nuestro objetivo es que todo quepa en un twit o en un guasap, gusarapo. Recordamos hoy a Carlos Barral, que propuso, seriamente, que en la Unión Europea se utilizase el latín.

 En Portugal también les dio por firmar un acuerdo ortográfico con Brasil (las grandes editoras en portugués son brasileñas y suena más a claudicación que otra cosa), suprimiendo ct, dobles s, y muchas más peculiaridades de la lengua. Todo sea por los ordenadores y procesadores de texto (¿hemos dicho procesadores?, ¿procesos?). Todavía están discutiendo si eso ha mejorado el nivel cultural y educativo de los portugueses. Parece que no mucho.

 La banalización de los lenguajes no tiene nada que ver con su correcta adaptación. Pompeu Fabra demostró perfectamente que se podía normalizar el catalán, unificándolo para evitar localismos y diferencias, sin que eso significase su empobrecimiento.

 Ahora todos cargan contra los franceses que quieren conservar su bella lengua. Y no es un tema de clase social, ni de distinción, es que usar bien el idioma es una muestra de elegancia del pensamiento, sin nivelarlo por lo bajo.

 En español, ya puestos, deberíamos suprimir las haches, las uves, la mitad de los acentos, muchos subjuntivos. Para hablar en televisión y decir ordinarieces todo eso sobra. Achabacanemos el lenguaje, democraticemos la ortografía. Es más, suprimamos la caligrafía. Y ¿por qué no? prohibamos Calderón de la Barca, Quevedo y Góngora, que complican demasiado el lenguaje. Ah, y ahora que se habla de callejeros, cambiemos O’Donnell por Odonel, que suena igual.

 


Misión en Angola. Episodio 26. Revelaciones tardías del barón Von Stapel

29 febrero, 2016

Además de Dumba, mi último gran amigo de aquellos tiempos fugaces del Planalto fue el barón Von Stapel, al que había conocido demasiado tarde. Con él reanudé la relación cuando casi doce años después se instaló en Lisboa, en un piso queirosiano de la rua Mouzinho da Silveira, frente al palacio Medeiros. En aquel piso, entre libros y mapas antiguos, con ese olor a polvo de sabiduría de las viejas bibliotecas, he pasado lo mejor de la década de los ochenta, lejos de los tumultos políticos y en la placidez de los tiempos pasados. Allí descubrí mi pasión por la bibliofilia y el spicy tea, única bebida que parecía tolerar el barón.

Recuerdo cómo, ya pasada la Revolución de los claveles, sacó una tarde un viejo archivador y, tras buscar unos minutos, extrajo dos papeles amarillentos, uno en francés, otro en alemán. Este, con una pequeña fotografía en el ángulo superior derecho. Era de un joven en uniforme -no distinguía bien las solapas, pero Von Stapel susurró, SS-.

-¿No le resulta un rostro familiar?

-Sí, algo me dice…

-¿Y el apellido?, Fürst.

-No caigo.

-Este señor no es sino el padre de su querida en Angola, de aquella señorita que no le dejaba un minuto, Liselotte…Forst, una leve variación de Fürst.

Ante mi sorpresa, el barón continuó.

-Yo tampoco lo supe hasta mucho más tarde, en Brasil. Su padre se estrenó como SS en Francia, tiene prohibida la entrada en ese país. Se refugió en Brasil donde vive su retiro con toda tranquilidad, admirado y reconfortado por el club alemán de Curitiba. De ahí la gran fluidez de aquella chica en portugués. Ella llegó al Brasil con apenas cinco años. Y después, en Angola trabajó para la PIDE, la naturaleza le llevaba a ese campo. Ella fue la que me denunció y la que le denunció a usted y, por supuesto, la responsable de la muerte de aquel belga.

-Lilo, ¡imposible! Al belga Herrinkx lo mató la guerrilla.

-No saque conclusiones tan pronto ¿Cómo cree que aquellos pides, que no sabían alemán, que rehuían acomplejados el contacto con los colonos alemanes, sabían tanto de toda aquella operación? Liselotte traducía para usted y también para la policía política portuguesa, no sea usted ingenuo.

-Sí, la verdad es que los tipos de Luanda sabían todo, pero yo lo atribuí a los chóferes de los Land Rover que nos condujeron por todo aquel periplo.

-No, esos no hablaban más que quimbundu y un poco de portugués. Fué ella. Desapareció de Angola al poco. En todo caso, aquí tiene dos documentos de su ilustre padre; como verá, la joven no podía tener mejor currículum, y me tendió los papeles para que los viera con tranquilidad.

-Bueno, pero ella no iba a ser culpable de lo que su padre hubiera hecho, dije, devolviéndole aquellos documentos tan evidentes.

-Sí, de acuerdo, pero vivió siempre con él, bebió en sus fuentes, y luego el conde y yo fuimos atando cabos. Nada más llegar usted, se hizo la encontradiza, lo sedujo, lo acompañó, estuvo presente en todas las cenas y reuniones, con el pretexto de traducirle y de hacer de cicerone. Esta señorita no había nunca frecuentado nuestras reuniones, no era como nosotros.

-¿Actuó por resentimiento?

-Y porque le pagaban bien. Ella no tenía dinero, vivía, digamos -dudó un momento en decirlo- de una prostitución de lujo, para entendernos.

-¿Y cómo un hombre tan avezado como el conde pudo recomendármela, contratarla ?

-El conde era demasiado aristócrata para pensar mal de la gente. Y se la había recomendado Halter…

-¿El de la Legión Cóndor ? Menuda recomendación.

-Sí, pero un militar de los pies a la cabeza, y eso al conde le hacía perder toda prevención. Para él un militar siempre era honorable.

-¿Qué habrá sido de ella ?

-No se preocupe, se volvió al Brasil, cazó un diplomático español algo viejete, ya en fin de carrera y me parece que ahora vive un retiro dorado en la Costa del Sol, con la herencia del viejo.

Yo me sentí póstumamente algo humillado en mi donjuanismo pues lo que pensaba una conquista no era más que trabajo a sueldo de la PIDE. Eso sí, la Policía Interancional de Defensa del Estado me proporcionó nueve semanas de desafuero total, como nunca más he tenido en toda mi lusitana existencia.

La rua do Patrocinio baja trazando una leve curva desde el Campo de Ourique, enfrente mismo del café de mis encuentros galantes de otrora, A Tentadora, hacia la rua Santo Antonio a Estrela. Está empedrada de guijos negros, irregulares. A la derecha, un despacho de pan donde, desde hace años, salazarista impenitente, el señor Alves sirve a una clientela de abuelas y de niños que van a la escuela, disertando sobre el estado de nuestra nación, y un poco más abajo deja a su izquierda el viejo palacio de los…. La bordean casas modestas y algo decrépitas. Frente al palacio está el cementerio alemán, siempre cerrado, con unos cipreses grandes y sombríos y unas tumbas románticas con letras góticas y verdín. Descansan allí incluso algunos oficiales de la Kriegsmarine cuyo navío fue hundido por los ingleses en el largo de Ericeira allá por 1944. Y unos viejos nobles, comerciantes olvidados y algún que otro nazi emboscado en la postguerra que vivió sin ser molestado en nuestra Lisboa del Estado Novo.

Allí nos encontramos el 24 de septiembre de 1989 unos pocos viejos amigos para acompañar en su último destierro al barón Von Stapel. Las primeras tormentas habían ocultado el sol, trayéndonos un otoño triste que duraría meses. Las calles rezumaban agua y yo pensaba en los lejanos días claros del planalto, en la veranda de Von Stapel, en su esposa Jutte de una modestia antigua, de vieja alemana digna y laboriosa. Un circunspecto empleado de la embajada alemana, oficioso y taciturno, era el único enlace oficial y germano en aquel responso. Los demás, amigos descubiertos hacía unos instantes para perdernos inmediatamente en la lluvia triste y no volvernos a vernos más.

Von Stapel, viudo, encerrado en su viejo piso de la rua Mouzinho da Silveira que olía a libros, había pasado sus últimos años recopilando cuidadosamente sus estudios y completando sus fichas sobre los últimos bosquimanos del distrito de Namibe y de Huila, intentando corroborar las conclusiones algo superficiales del padre Carlos Eastermann, otro estudioso, todo lo que había sido su pasión durante toda su pacífica e inofensiva vida, en la que se preció de la amistad del gran estudioso que fue nuestro Antonio de Almeida. Algunas tardes, avaro de mi tiempo y que hoy me parecen pocas ahora que ya no está, le había hecho compañía y le había escuchado disertar con su todavía fuerte acento alemán, en un portugués que tenía algo de brasileño, sobre los kwengo, los vazama o bosquimanos negros, los kwankhala, los khun, los mucucuancalas y los cassequeles, entre otros innumerables grupos que las guerras civiles habrán dispersado o llevado a la total extinción pero que durante la colonia se mantuvieron preservados y aislados, sin ser inquietados.

 


Pedro de Moura e Sá, olvidado ensayista portugués

20 febrero, 2016

Pedro de Moura e Sá nació en Coimbra en 1908 y murió en Lisboa el año 1959. Pensador, crítico literario de gran profundidad, tuvo la mala suerte de vivir y escribir en pleno Estado Novo, de Salazar, lo que le restaría proyección internacional. Era, se excusa decir, un conservador liberal.

Gran admirador de Ortega y Gasset, a cuyas conferencias sin duda asistió en numerosas ocasiones cuando el filósofo español vivía en Lisboa. Indagó en su pensamiento, considerando muchas de las ideas de Ortega avanzadas –incluso ya en las Meditaciones del Quijote- sobre lo que luego sería la obra de Heidegger, El ser y el tiempo.

Padro de Moura e Sá

Pedro de Moura e Sá

Ortega se enfrenta al problema, al inconveniente, nos dice, de que sus teorías no tienen campo donde insertarse, pues la tradición filosófica española es enteca. Otra cosa hubiera sido, dice Moura, si Ortega hubiese sido alemán, inglés o francés.

También fue amigo de Gómez de la Serna, habiendo sido uno de los tertulianos del café de la “cripta” del Pombo, en la calle Carretas, cuando venía a Madrid, como Fidelino de Figueiredo, otro portugués olvidado.

Moura conocía profundamente España y dejó sus impresiones sobre Castilla, sobre el País Vasco, sobre Toledo, en muchas de sus crónicas que pueblicaba el Diario Popular, recogidas en la colección Espanha viva. Era una época en que los diarios prestaban gran atención al pensamiento mientras que los asuntos políticos les estaban vedados o estaban sometidos a una censura y una autocensura devastadoras. Entre otros escritores que admiraba figuran Azorín y Unamuno.

 Pedro de Moura nunca usó teléfono, ni automóvil, ni ningún medio mecánico. Era casi un espíritu puro, soltero empedernido. Cuando murió (de un ataque al corazón, en plena calle), su biblioteca, de no menos de 19.000 volúmenes, fue donada a la Universidad de Coimbra. Muchos escritores, y entre ellos varios franceses como Gabriel Marcel, el dadaista Philippe Soupault o Michel Déon, se unieron a los obituarios. De España, sólo el agregado de prensa de la embajada en Lisboa, Xavier de Echarri publicó una sentida y expresiva nota en el diario Arriba. El telón bajaba definitivamente, quedando para siempre Pedro de Moura e Sá, en el más injusto olvido, incluso en su propio país.

 A pesar del relativo aislamiento del país, conocería la literatura francesa y la italiana profundamente. Abrió líneas de lectura, dando a conocer a los portugueses escritores y filósofos contemporáneos. Pero eso no significa que se le pueda reducir a un divulgador, sino que se adentró en los problemas de la vida y la cultura cotidianas.

 Su obra está perdida y sólo en los alfarrabistas, los libreros de lance, se encuentra de tarde en tarde el apreciable y sugerente volumen, de título tan bien elegido, Vida e literatura (Ed. Bertrand, Lisboa, 1960), que contiene muchos atinados y lúcidos comentarios a la obra de escritores contemporáneos. Entre los ensayos, cortos, siempre interesantes, hay algunos como Paisagem e significado que son precursores.

 Un pequeño guiño a este crítico y ensayista es que era socio del Círculo Eça de Queiroz, ese club literario de Lisboa, sin parangón en España. En sus salas tenían lugar fructíferos encuentros con los intelectuales y escritores portugueses y franceses.


Misión en Angola. Episodio 25. El doble juego de Couto

15 febrero, 2016

Couto, naturalmente, estaba en otra batalla, apoyando a los elementos más radicales del ejército portugués para echar a Salazar, proclamar la independencia total de Angola y quedarse de plutócrata en la confusión que sucedería al éxodo. Parte del plan, la independencia, el éxodo, la confusión, terminarían cumpliéndose, con el millón de retornados que nadie quería ni ver ni oir en Lisboa, pero los tipos demasiado astutos como Couto no pudieron sobrenadar en las aguas turbias. Los del MPLA, UNITA y FNLA no querían nuevos mentores. Le dieron parte de lo suyo, mal ganado, y le invitaron a hacer mutis lo más rápido posible.

Mucho tiempo después supe de la idea genial que yo atribuía al señor Doutor, y que no era sino un pastiche de todas aquellas ideas de Claridade y del idealista brasileño Gilberto Freire preconizando el mestizaje y sobre las que oí varios comentarios sarcásticos y crueles en las haciendas alemanas. En 1964, aquella idea ya había perdido todo el fuelle y lo que yo tomé por confidencias novedosísimas no eran sino papeles mojados y sonsonetes de viejo chocho.

Los directores de la PIDE y otras personas que leían demasiada historia, como el profesor Marcello Caetano, estaban en contra de aquel recurso a los alemanes. Aún recordaban, como si los hubieran vivido, los sucesos de 1891, con el intento de apropiarse de Cuanhama, y los penosos episodios –por la impotencia del ejército luso- de las incursiones alemanas desde el Sudoeste alemán en 1915, los landins, tropas indígenas, que fueron sistemáticamente ahorcados por los soldados alemanes –como en el fuerte de Naulila- para disuadir a los negros de vestir el uniforme portugués, las armas que entregaban a las tribus irredentas para que atacaran a los portugueses, sembrando el caos en la ribera sur del Cunene. Demasiados agravios para que ahora fueran a confiar en la mano alemana, aunque fuese traida por el señor Doutor (Oliveira Salazar, para los lectores olvidadizos). Era considerado todo aquello una demencia senil. Marcello confiaba más en las tropas que en utópicos brasiles.

Los pides, mucho menos sofisticados, también odiaban en el fondo a los alemanes, como a los boers, porque los hacían sentirse inferiores y eran excluidos de sus farms y de sus fiestas en las que se decía, sin fundamento alguno, que las rubias Fräulein eran bastante fáciles tras haber corrido la cerveza. Pero el hambre sexual de los pides era sólo equiparable a la de los estudiantes. Yo era por tanto un peligroso subversivo vendido al marco alemán y al florín holandés, probablemente hasta un peligroso demócrata.


El blog de Agustín Galán

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Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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