El pintoresquismo, enfermedad senil de la arquitectura

1 mayo, 2019

Cuando recorremos algunos pueblos y campos españoles, nos llama la atención lo poco agraciadas que son las construcciones, la arquitectura al uso. En definitiva, lo fea y poco adaptada al campo y al paisaje.

Hay varias posibles causas de este envilecimiento estético (frase que utilizaba Julio Caro Baroja):

  1. Una, es que las construcciones en el campo ya no responden a su finalidad primigenia, es decir, el apoyo al cultivo. El cultivo de la tierra, al industrializarse y convertirse en agrobusiness, no precisa de casas, quinterías, cortijos, patios, cuadras, establos, aljibes. Se alzan naves lo más baratas posibles para guardar la maquinaria y se construyen establos inmensos o gallineros tipo campo de concentración. La belleza de lo pequeño, de lo accesible, es innecesaria, irrelevante, fútil. Y no han dado con el diseño estético de lo grande. Al campo se va en un todo-terreno, ya no se anda (vean el porcentaje de obesos entre la gente del campo). El agricultor ya no cultiva sus tierras, las explota. Ya pocos plantan su huerto en una ladera, como quería Fray Luis de León. Y recordemos que cultura y cultivo tienen la misma raíz latina. Solamente el antiguo huertano, el viejo que tiene su hortal, puede tener aún necesidad de una pequeña casa, del pozo, de un tejadillo donde guardar el carro y la leña. Por eso las casas de antes, en su humildad sin pretensiones, son más bellas.
  2. Segundo, que al desaparecer la vivienda del hortelano, del agricultor que allí vivía todo el año, las viviendas en el campo se han convertido en segundas residencias. Tienen la misma función que la de un ‘chalet’ de una urbanización. Construidas “haciendo típico”, están llenas de adornos que quieren imitar las antiguas funciones de los cortijos, quinterías, alquerías y heredades. Todo parece pues, falso, decorado. E inevitablemente surge el folklorismo, el pintoresquismo para “hacer campestre”.
  3. Tercero, los arquitectos suelen irse a las grandes ciudades, donde hay más posibilidad de prosperar, y en los pueblos las obras quedan en manos de constructores y de propietarios que quieren aprovechar al máximo sus metros cuadrados. Los arquitectos han sido relegados a la mera función de asegurar una cierta garantía en la edificación, a los materiales, y conseguir así la licencia de construcción municipal. El arquitecto ha de ser un firmante obediente y cuanta menos imaginación, mejor, parecen pregonar los alcaldes.
Los cortijos tradicionales quedan abandonados

Pero no debería ser así. Es sabido que la arquitectura debe adaptarse al paisaje, encajar, armonizar, pero eso no significa que todas las casas andaluzas tengan que tener arcos y columnas, ladrillos y macetas, estilo marbellí o pseudo-mudéjar.

Este fenómeno asuela todo el territorio nacional y llama más la atención porque el paisaje español suele ser bello, agreste, desde lo árido y pardo a lo montañoso y verde, desde los páramos a las dehesas. El contraste entre la belleza del paisaje y la fealdad de miles de pueblos, aldeas y construcciones en el campo es entristecedor.

Esto es particularmente visible en uno de los parajes más bellos del país, el Parque Natural de las sierras de Segura, Cazorla y Las Villas. En él está literalmente prohibida la arquitectura moderna. Digamos que si pudieran hubieran prohibido la Bauhaus en los años veinte del pasado siglo. Hoy prohíben, no dan licencia ni visto bueno cuando algún atrevido propietario tiene la intención de romper los esquemas falsamente andalusíes, aunque su proyecto encaje mejor en el paisaje que lo que se suele construir. Se fomenta el pintoresquismo de arcos y ladrillos y el resultado es una fealdad que se enseñorea de muchos de sus pueblos.

Muchos ayuntamientos practican el libertinaje constructor, importándoles solamente que se paguen las correspondientes licencias de obras. A menudo son de un mal gusto notorio, insolente, como sucede en muchos pueblos (donde además pareciera que la mitad de las casas están a medio hacer o a medio derrumbarse, con ladrillo visto, bloques, uralitas y demás chapuzas).

Afortunadamente, en otros lugares no es así y hay ejemplos de cómo hacer compatible modernidad y buen gusto con el paisaje. Éstos se dan sobre todo en Cataluña y Baleares, donde las líneas limpias, claras, no hieren, al revés, con los pinares, encinares, alcornocales, y con las vistas al mar.

En ruinas…
Los antiguos cortijos de piedra esperando el fin…

El pintoresquismo, en definitiva, es un fenómeno senil, es el fin de la creatividad, es la senectud, no la antigüedad. Es la decadencia del gusto, el recurso a lo ya trillado so pretexto de mantener el espíritu regional sin mantenerlo, pues es una falsedad. El “espíritu regional”, si es que existe, se mantiene conservando no solamente los monumentos sino todas esas alquerías, quinterías y cortijos que yacen en ruinas por culpa de herencias reñidas, registros de la propiedad demasiado burocráticos y tractos de dominio perdidos, con lo cual no son de nadie.


La encina, que hizo el suelo fértil de España

2 abril, 2019

Fue Pedro Ruiz López -mi tío, ingeniero, amante de la naturaleza, ecologista de antes de llamarse así- quien me dijo que era gracias a las encinas, robles y alcornoques que se fue formando durante siglos el suelo agrícola de España, ese suelo que venimos destruyendo a base de cultivos intensivos, abonos químicos y herbicidas .

Pedro Ruiz López, en 1947

Hoy, otro Pedro, Pedro Pablo Miralles, evoca y homenajea la encina en un breve poema (http://www.lasdoscastillas.net), cuya reproducción me autoriza:

La encina es pura armonía,
chaparra o de gran altura
su copa redonda y ancha,
en grupo o de forma aislada
bien plantada y muy leal,
tan elegante y robusta,
con ramas abigarradas,
corteza gris soledad.

La encina nos acompaña
silenciosa y charlatana,
con sus hojas verde oscuro
entre sinceras espinas,
nos da frutos de buen quercus,
ramas, troncos moldeados
por la luna, el sol, los vientos,
todo el año así se muestra.

(Pedro Pablo Miralles)


Los Campos de Hernán Perea (Jaén)

29 mayo, 2018

En el término municipal de Santiago de la Espada, en los confines de la Sierra de Segura, se encuentran los Campos de Hernán Perea.

Campos de Hernán Perea

Campos de Hernán Perea. Al fondo, el Calar de las Palomas  (acrílico sobre tela, 60 x 50).

Santiago de la Espada (provincia de Jaén, Andalucía, España) es un pueblo situado a 1.250 metros sobre el nivel del mar. Se llamó antiguamente El Hornillo y era una aldea de Segura de la Sierra. En 1691 fue elevada a la categoría de villa, segregándose de Segura. Tenía ayuntamiento, cárcel y pósito. La parroquia de Santiago dependía de las Ordenes Militares. Había además tres ermitas, consagradas a San Antonio de Padua, San Roque y a la Purísima Concepción.

Según Madoz, tenía en su término minas de hierro, cobre, plomo, piritas ferruginosas y muy buen lignito, pero sin explotar. Madoz es quien atribuye el origen de los pobladores a pastores trashumantes de la Serranía de Cuenca. De estas explotaciones mineras no queda rastro ni memoria, al parecer.

En Pinar Negro, cerca de los Campos, antiguamente se hacía alquitrán o pez en las ‘pegueras’, probablemente quemando madera y después destilando el carbón. Esta práctica seria, como es natural, desastrosa para los montes y para el entorno pues las retortas producirían también gas y amoníaco. Recuérdese que el Pinar Negro, cuyo nombre sugiere montes cerrados y espesos, no es apenas sino un recuerdo, casi una leyenda, debido a que, tras las dos Desamortizaciones, la de Mendizábal (1836) y la del propio Madoz (1855), los antiguos montes, que pertenecían a los bienes demaniales de Segura o a la Provincia Marítima de Segura, fueron talados por los  nuevos propietarios).

Hay un libro, ‘Los Hornilleros’, de Juan Luis González Ripoll que se refiere precisamente a las gentes de Santiago y del río Madera. Otros libros del mismo autor son ‘Paisaje sin Lobos’, y ‘Narraciones de Caza de la Sierra de Cazorla’, también sobre Santiago de la Espada.

(Texto del Almanaque Segureño).


Las chatarras de La Solana

2 julio, 2017

[Publicado por http://www.estrelladigital.es, el día 30 de junio de 2017]

Las momias de La Solana‘ fue el tema de un artículo del inefable Eugenio Noel, aquel escritor viajero y bohemio, antiflamenquista y antitaurino, que tuvo la sana ocurrencia de morirse antes de la guerra, en abril de 1936. Dejó un reportaje sobre las momias que encontró hace cien años en la cripta de la iglesia de los Trinitarios, que serían -pensamos- un poco como las de Palermo. Noel había visitado probablemente todos los pueblos de España y decía verdades como puños con palabras encontradas en la gente llana, que son los que conservan las profundidades del castellano.

IMG_4502La Solana es un pueblo de la provincia de Ciudad Real bastante bello, sin horrores urbanísticos, con su ciclo de zarzuela, sus calles limpias, su imponente iglesia renacentista obra del maestro Andrés de Vandelvira.

Por eso es inexplicable el horror de los montones de chatarra de coches, momias de coches para desguace, que han instalado precisamente en el lugar más visible, en el alcor que se ve desde la carretera N 430 -¡el desguace se llama además N 430!- junto al cruce hacia otros hermosos pueblos, que son Infantes y San Carlos del Valle. Parece como si de pronto el espíritu de la fealdad hubiera triunfado, se hubiera infiltrado, en las afueras de La Solana.

IMG_4507Esto es tanto más lamentable cuanto que, en general los pueblos manchegos están bien arreglados, como Almagro, Puerto Lápice, Villahermosa, El Bonillo, Infantes o Alcaraz, por solo citar algunos.

La Solana no se merece esa carta de presentación. Esperemos que su ayuntamiento reaccione y desmantelen pronto ese atentado al paisaje, al pueblo y a La Mancha.


¿Lo han arreglado ya, un año después? El río Guadalimar, contaminado

19 junio, 2017

 (Artículo publicado por Estrella Digital, http://www.estrelladigital.es, en julio de 2016)

[Hace casi un año se denunció el desastre, pero no sabemos si se ha arreglado. Parece que no, que hay en camino una jugosa subvención. Es decir, como siempre, obra nueva para solaz de contratistas y de intermediarios, en vez de mantenimiento que es más barato, útil y rápido]

A su paso por La Puerta de Segura, en la sierra del mismo nombre, en la provincia de Jaén, las cloacas de todo un valle están rotas desde hace tres años y se vierte al río Guadalimar gran parte de lo que se ha recogido en aldeas y cortijadas. Se hicieron hace varios años unas obras de saneamiento que nunca fueron terminadas con la necesaria estación depuradora que rematase la inversión, por lo que todas las aguas residuales terminan al final, otra vez, unos kilómetros abajo, en el río. La obra fue financiada por la Unión Europea, se llevó a cabo por una contratista de Almería que presume de ambiental, con poco respeto por árboles y veredas, como lo demuestran todas sus víctimas, pinos y encinas centenarios arrancados sin compasión y cortados para cavar las zanjas y poner las tuberías por donde más barato le saliese a la susodicha y malhadada empresa.

Además de la incuria y mala administración que demuestra esta obra sin terminar y encima rota, sorprende la pasividad de los ayuntamientos -el de La Puerta en especial- ante este desaguisado que es Imagenfuente de polución y de nauseabundos olores. Y eso que es territorio electoral favorito de la Junta de Andalucía y de la Diputación provincial. No es sólo un problema de La Puerta sino de todos los pueblos de río abajo.

El río Guadalimar, el río Colorado, que es su etimología y como se le llama todavía por Villanueva del Arzobispo, nace en la Sierra de Alcaraz, en Albacete y da en el Guadalquivir en Mengíbar. Río romano, que regaba huertas y olivares por debajo de la Loma de Úbeda, por él bajaban las maderas de la Sierra de Segura hacia Sevilla, en una epopeya parecida a la de los gancheros que describió José Luis Sampedro en su novela El río que nos lleva (ésta, por el Tajo). El Guadalimar baja bastante limpio hasta que se topa con esa rotura en La Puerta. La Puerta de Segura, que también podría llamarse Puerta del Guadalimar, para honrarlo. 

Se manifiesta aquí algo demasiado generalizado en España por las administraciones municipales como es el menosprecio de los ríos, de los paisajes, de las aguas, sean interiores o marítimas. Los ríos se han considerado solamente como medio para regar, como vías de comunicación o como cloacas, y esta mentalidad perdura.

En materia de medio ambiente y de protección de la naturaleza y de las aguas, en gran parte de España, y en Andalucía en particular, existe una tremenda disparidad entre los discursos oficiales y la realidad.  Sería necesario que la Unión Europea controlase y auditase, para ver en qué dan y han dado sus fondos estructurales, más allá de los maquillados informes oficiales. Hay un cúmulo de autoridades y administraciones superpuestas, rivales, laberínticas, municipales, provinciales, regionales, estatales y hasta las Confederaciones Hidrográficas y, sin embargo, no acertamos con la buena administración del agua.


Los eucaliptales de Galicia y Portugal, augurio de fuegos

18 junio, 2017

(Artículo publicado en Estrella Digital en agosto de 2016, trágicamente de actualidad, una vez más, por el desastre de Pedrogão Grande).

 

En Galicia y en Portugal lo que está ardiendo como la yesca son los montes replantados con eucaliptos para alimentar el negocio de las empresas de celulosa. Los robles o carballos, los pocos hayedos relictos, los castañares, arden menos y se regeneran antes, en caso de arder. Los desastres ecológicos vienen de políticas erradas, muchas de ellas iniciadas a mediados del siglo XIX.

El eucalipto, ese árbol de las antípodas de farmacéutico nombre, despeluchado, desgalichado y triste, huele bien, pero nada más. Que haya alguno suelto, no estorba. Crece en tierras pobres, a las que empobrece aún más, las arrasa, literalmente, en zonas donde no hay heladas. De color grisáceo o azulado, nada tiene que ver con los paisajes célticos de Galicia y de Portugal. Ojalá se acabaran todos y alguien, con arrestos, tuviera valor de prohibir que se volvieran a plantar y se devolviera a las esencias naturales lo que era de ellas. Galicia aprobó una ley algo restrictiva hace años, pero nada se ha conseguido, el eucalipto reina. Lenguaje vano, sin efectos. En Portugal se ha seguido fomentando, por ley, la plantación de eucaliptos. Y eso aunque las circunstancias climáticas han cambiado desde cuando empezó la fiebre eucaliptal, cuando la forma de fabricar papel y reciclarlo es muy diferente. Pero los derechos “adquiridos” de las papeleras y sus grupos de presión van a continuar y, por tanto, los fuegos.

Se decidió destruir los bosques autóctonos, los de Valle Inclán y Camilo Castelo Branco, para sustituirlos por montes abúlicos y feos de hojarasca y ramas secas. Casi el 30% de la superficie forestal gallega está dedicada al eucalipto, unas 400.000 hectáreas. En Portugal, el 26%.

Esto no hay quien lo resuelva, aunque tuviéramos la flota de aviones más grande del mundo. Aldeas y pueblos que antes estaban rodeados de bosques caducifolios, ricos en términos de paisaje, belleza y, sobre todo, sostenibles, son hoy pasto de fuegos incontrolables. Así vamos desertizando zonas que eran húmedas, expulsando ganaderos, pastores y leñadores. Y luego nos sorprendemos de esas hecatombes.

Como siempre, la extinción la pagamos todos los contribuyentes, no las empresas de celulosa. Beneficios privados y costes públicos.

El fuego en los montes así “repoblados” (sería más apropiado decir desfigurados) es el símbolo de nuestro desprecio por la naturaleza y el paisaje. La consideramos explotable, la podemos aniquilar, destruir impune y vorazmente. Declaramos unos cuantos espacios parques naturales para la imagen y el resto queda a merced de los depredadores. Las detenciones y condenas a los pirómanos son una mera anécdota. Los verdaderos pirómanos están en otros sitios, lejos de los montes.

 Propongo, primero, que las celulosas paguen la extinción y la repoblación de las superficies quemadas con especies autóctonas. Y, segundo, que se declaren los montes de eucaliptos a extinguir, como si fuesen de mano muerta, e ir sustituyéndolos por arbolado propio del país.


Endesa (antigua Sevillana de Electricidad) y sus postes

15 julio, 2016

Ya sabemos que existe la servidumbre eléctrica, una figura jurídica que supedita los derechos de los propietarios a las necesidades del servicio público de electricidad.

Gracias a esta institución legal, las compañías eléctricas tiene derecho a cortar árboles, ramas, podar, para asegurar que no haya riesgos de incendio.

Pero a menudo, esta servidumbre es utilizada pura y simplemente para ahorrarse cables, para trazar los tendidos de la forma que más barata le salga a la empresa concesionaria del servicio público. Así, cortan sin muchos miramientos y ponen postes donde más les conviene como empresa que debe obtener beneficios.

Endesa

Por eso no atienen a la belleza del paisaje ni a los derechos, que también existen, del arbolado y de la belleza. ¿Podría explicar ENDESA, por ejemplo, qué pintan esos dos postes juntos clavados en el llamado cerrillo de la Sepultura, junto a la cortijada de la Teinada Nueva, o Tinada Nueva?

Por cierto, el nombre de Tinada Nueva proviene de que allí había un “descansadero” de ganado, en los tiempos de la .Mesta (abolida felizmente por las Cortes de Cádiz en 1812).

Tinada Nueva, término municipal de Segura de la Sierra (provincia de Jaén).

Los lectores pueden aportar fotografías de otros postes “estratégicamente situados”, como uno en plena calle en la cercana aldea de Rihornos, amén de los numerosos por todos aquellos  cerros y valles.


El blog de Agustín Galán

Filosofía de la ignorancia

La pluma del cormorán

n'entendant même les bruits extérieurs, les cormorans qui vont comme de noirs crieurs... (V. Hugo) ָׁ שְּפ"-מז ֶר- רשְּ ַד-ודֹס"

El blog de Guillermo Schavelzon

La edición, el libro, los escritores

La Estirga Burlona

El blog de Bárbara García Carpi

Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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