Fidel, un andaluz de Jaén. La Puerta de Segura.

25 febrero, 2020

Me acerco a la manifestación de agricultores. Estamos a finales de febrero, es un día muy luminoso. Por las noches hay algo de escarcha, pero luego el sol calienta bastante. Los montes están verdes, los pinares oscuros parecen relucir. Algún almendro ya en flor blanquea entre las olivas. Por la ribera del Guadalimar, chopos y fresnos aún desnudos, los troncos grises.

El pueblo de La Puerta de Segura, en la calle

Los olivares que trepan hacia las cumbres tienen ese gris azulado (¿verde?) oscuro que toman tras las lluvias, ya descargados de aceituna, sanos, trabajados por los que están atravesados en el puente. En las cooperativas se sigue moliendo aceituna, extrayendo aceite. Aceite cuidado, limpio, virgen, honesto. El aceite indispensable en nuestra alimentación.

Un aceite que les valdrá poco, que se tardará en vender y que muchos grupos de distribución saldarán en ofertas de supermercados. Los precios se han hundido. La demanda no aumenta y la oferta sí. Y los productos, la energía, los vehículos, tractores, remolques, cada vez son más caros. Y el gobierno –aunque dice ser de progreso-, con un gesto arrogante, no ha recibido aún a los agricultores. Pero el oportunismo electoral le hará sentarse al final y ofrecer dinero, que no será sino una mera cura de los síntomas, no del mal de fondo. En el gobierno no hay gente de pueblos, del campo, hay funcionarios y gente de ciudad. No hay entendimiento.

-Parece usted forastero – me dice un hombre que se me acerca amable.

Me lo dice quizás por la ropa, por la boina, por las gafas. No llevo mono azul ni zamarra como muchos de los agricultores y tractoristas que cortan el cruce sobre el puente, pacíficamente, humildemente. Alguien tendrá que escucharlos. Nunca se quejan.

-No –le desengaño- , mi padre era de aquí, nació en una casa que hay todavía junto a la iglesia, que llegaba cuesta abajo casi hasta el río, donde estaban los lavaderos. Hace mucho, casi un siglo. Luego ha habido allí una panadería, la casa la dividieron en tres.

– Ah, sí la panadería de Jacinto, me dice Fidel, congratulándose de que seamos paisanos.

– Yo no vivo aquí, pero vengo cuando puedo; paso al menos una semana.

Fidel ha trabajado dieciséis años en el Pas de Calais, no en el túnel del tren, pero muy cerca. Como miles de andaluces tuvo que emigrar. Pero volvió al pueblo, a La Puerta de Segura, en la provincia de Jaén, tras sufrir un derrame que le dejó casi un año totalmente inválido. Lo trajeron en avión a Granada. Me cuenta que su médico francés, que veraneaba en Marbella y hablaba español, le tuvo que presentar a su propia mujer y a su hijo, señalándoselos: “ésta es tu mujer, éste es tu hijo”. No los reconocía.

            – Fue de la tensión, me explica.

Poco a poco, Fidel se ha ido rehabilitando aunque su mano derecha la tiene inmóvil, en el bolsillo. Habla bien, pausado, muy correctamente, aunque el francés, que lo hablaba bien, se le ha borrado.

– Es como cuando uno le quita el disco duro al ordenador, todo se ha perdido.

Pero Fidel, que ha venido a unirse silenciosamente a la manifestación, vive bastante bien en su pueblo, tiene su casa y su salud es aceptable.

Bajo el puente que ocupan los manifestantes, los cisnes nadan en el Guadalimar, tranquilos, en este río que por el Arroyo del Ojanco también llaman el río Colorado, por el frecuente color de sus aguas (y que es exactamente la transcripción del árabe), hasta que en Mengíbar desagua en el Guadalquivir.

Me despido de Fidel, esperando volverlo a ver por las calles de La Puerta, a donde siempre retorno. Afable, me sonríe. Me muestra su mano que no me puede dar. Fidel es un hombre cabal y discreto.

El olivar en la Sierra de Segura. Pago de Pisa

El es uno de esos andaluces cuyas pocas olivas le producen menos de lo que le cuesta cultivarlas; entre otras razones, porque él ya no puede hacer las faenas del campo, como hacen muchos otros de su edad para ahorrarse jornales destallando, podando, curando y recogiendo. Para vivir.

En Jaén no se quejan nunca, ésta es casi la primera vez que recuerdo, aunque razones no les faltan. El campo suele estar callado, es parco de palabras, pero no es insensible al abandono ni al menosprecio. Ni tren, ni carreteras decentes -como muestra la pesadilla de la N 322, en obras desde hace más de veinte y cinco años. Este día en que he conocido a Fidel había en la provincia noventa y siete pueblos parados, con las tiendas y los bares cerrados. Si no cortan carreteras pareciera que no existieran. Los diputados que les debieran representar no comparecen. Para el gobierno no existen. Como si España terminase en la M 30.

Uno tiene la tentación de recordar los versos de Miguel Hernández, de otra época, pero aún vigentes, “Jaén, levántate brava sobre tus piedras lunares, no vayas a ser esclava con todos tus olivares.”


Al cementerio de La Puerta de Segura (Jaén)

31 octubre, 2019
Hace más de sesenta años, una vista de La Puerta de Segura con el cementerio arriba a la izquierda; aún no tenía cipreses altos. Muchos de ellos, ya crecidos, han sido cortados hace un par de años para pavimentar y construir nuevos nichos en el centro del cementerio, en vez de ampliarlo. Además, un repetidor para telefonía se alza ahora junto a las tapias de la parte alta.


En la alta cima, es el techo

con sólo el cielo por encima,

del pueblo a sus pies tendido,

el quieto y silencioso cementerio.

Un edil arboricida y mentecato

mandó talar cipreses verdinegros,

alicatar tumbas y nichos,

el camposanto afear y estropear,

y una torre telefónica instalar.

Nuestros muertos ya no sueñan

bajo las sombras

ni tampoco los móviles usan ellos.

Pero no se quejan ni protestan del

mal gusto de esos vivos que

con saña arrasan la belleza.

¿Y así tratáis a nuestros muertos?

¡a Dios no aplacaréis con azulejos

ni con horrendas metálicas antenas!

Romeros y tomillos,

del campo florecillas,

que lápidas alegren

salvarán del olvido

los eternos dormidos.


Más velocidad, más vehículos: en la Sierra de Segura ( Jaén) vamos al revés del mundo

19 agosto, 2019

La reforma de diez kilómetros de la carretera A 317, de la Junta de Andalucía, nos va a salir muy cara, en dinero, en árboles y en paisaje.

El precio, según los carteles, es de más de dos millones doscientos ochenta mil euros, 2.280.458,89 €. (Lo de los 89 céntimos es muy importante, da como sensación de honestidad y rigor). Cada kilómetro de carretera nos va a salir a más de doscientos veinte mil euros, 228.000€.

Y encima parece que está cofinanciado por la Unión Europea.

Pero el coste ambiental, no medido, y menos aún declarado, es mucho más alto. Han perpetrado una innecesaria tala masiva de los chopos y demás árboles (espinos, fresnos) de la desaparecida curva del Batán, y han dejado un terraplén yermo, machacado, sin una sola planta.

El propósito de esta reforma era y es:

“Para lograr una mejora de las condiciones de capacidad y velocidad del recorrido se incluyen medidas como la construcción de un nuevo puente, mejoras de trazado, sección y firme”. Esto decía la Delegada Provincial de Medio Ambiente de Jaén, el 12 de mayo de 2008.

Respondía así a mi carta en la que le mostraba mi inquietud porque la carretera A 317 fuera a ser reformada, pedía que hubiera arcenes para andar o ir en bicicleta y me quejaba de la suciedad de las cunetas. Por fin, criticaba la falta total de control de velocidad en una zona protegida como es el Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y Las Villas.

Es decir, la Delegada contestaba todo lo contrario de lo que se pedía: se iba a aumentar la capacidad y la velocidad. El medio ambiente, la naturaleza, no importaba. Y en las cunetas “los residuos son muy escasos en sus márgenes”.

Así se ha hecho este año de 2019 y ya se puede ir mucho más deprisa (entre otras cosas porque no hay control alguno, es una carretera sin ley) y los automóviles y motos van a la velocidad que les da la gana. Algunos motoristas, los fines de semana, incluso echan carreras en las rectas, ahora con ese firme mucho mejor para superar los 120 kms por hora. Las profusas y ubicuas señales -otro negocio, éste de tanta señal- se las saltan impunemente todos los vehículos. Además de la contaminación de humos, ahora tenemos la sonora. Todo sea por el Parque Natural.

Nadie, evidentemente, ha echado las cuentas de cuánto CO2 se emite, ni del que se ha emitido con los masivos movimientos de tierras y maquinaria. Pero debe ser muy alto porque sabemos que sólo tender un metro cuadrado de hormigón emite 27 kgs de CO2 y que necesita para elaborarse 70 litros de agua. Pero como no lo medimos, nos quedamos tranquilos.

Las televisiones y la prensa nos hablan de la deforestación masiva de la Amazonia, de las 110.000 hectáreas de bosque muerto en Alemania en 2019, del incendio de Gran Canaria, por la sequía y las altas temperaturas. Pero no pasa nada, en esta tierra de Jaén, imperturbables, los alcaldes parecen encantados con la nueva carretera que permite “más capacidad y más velocidad”.

Vamos al revés de la historia. No sabemos si la lejana, inaccesible, invisible y pródiga Unión Europea, dirá algo por este atentado ecológico, despilfarro de energía y estupro del paisaje, aunque el escrito arriba citado, terminaba así:

“El hecho claro de la necesidad de mejora debe ir acompañado de toda clase de medidas que adecuen esta carretera al entorno protegido que atraviesa, y minimicen o corrijan los daños de su ejecución (integración paisajística, protección de los valores naturales y culturales, restauración de la cubierta vegetal y del antiguo trazado, etc).”

No entendemos muy bien a qué valores culturales se refiere, lo que sí parece es que hablar de cubierta vegetal significa que habría que volver a plantar los árboles arrasados, que podrían haber sido salvados porque no se entiende por qué ni para qué cortaron tantos. Así, los contratistas ganan dos veces, una, cortándolos, otra, replantándolos. Recordemos que la tala de árboles ha sido históricamente un arma de guerra para vencer, someter y sojuzgar pueblos y civilizaciones. Así nos sojuzga la ínclita Junta de Andalucía.

Antes era una tupida chopera

(P.S.- Se pregunta, en fin, quien esto escribe si las cervezas SKOL patrocinan la carretera, pues los operarios han dejado por doquier latas de SKOL tiradas en las cunetas. También parece como si SKOL financiase la recogida de la aceituna, a tenor de la cantidad de latas de esa cerveza que hay tiradas por todos los olivares).


Lamento por la destrucción de la curva del Batán (perpetrada por la Junta de Andalucía en la Sierra de Segura, en Jaén, carretera A-317)

4 agosto, 2019

Las máquinas dan poderío,

es sabido.

Palas excavadoras, destrozadoras,

hacen ruido.

Talar árboles da poderío,

es sabido.

Ni se quejan ni reclaman,

para solaz del turista veloz,

callan.

La tierra baldía es poderío,

es sabido.

Removida, destruída,

vieja curva umbría del Batán.

Ufanos descansan, con poderío,

sin pena ni asombro

ante tanto escombro,

ingenieros y prebostes satisfechos,

ahítos de poder sin desafío

tras meses ocultando su delito

de lesa naturaleza

y máquinas aviesas.

Que el progreso en tierra electoral

es lo verde hecho cunetas,

civantos, latas y despojos:

que no queden ni rastrojos.


El pintoresquismo, enfermedad senil de la arquitectura

1 mayo, 2019

Cuando recorremos algunos pueblos y campos españoles, nos llama la atención lo poco agraciadas que son las construcciones, la arquitectura al uso. En definitiva, lo fea y poco adaptada al campo y al paisaje.

Hay varias posibles causas de este envilecimiento estético (frase que utilizaba Julio Caro Baroja):

  1. Una, es que las construcciones en el campo ya no responden a su finalidad primigenia, es decir, el apoyo al cultivo. El cultivo de la tierra, al industrializarse y convertirse en agrobusiness, no precisa de casas, quinterías, cortijos, patios, cuadras, establos, aljibes. Se alzan naves lo más baratas posibles para guardar la maquinaria y se construyen establos inmensos o gallineros tipo campo de concentración. La belleza de lo pequeño, de lo accesible, es innecesaria, irrelevante, fútil. Y no han dado con el diseño estético de lo grande. Al campo se va en un todo-terreno, ya no se anda (vean el porcentaje de obesos entre la gente del campo). El agricultor ya no cultiva sus tierras, las explota. Ya pocos plantan su huerto en una ladera, como quería Fray Luis de León. Y recordemos que cultura y cultivo tienen la misma raíz latina. Solamente el antiguo huertano, el viejo que tiene su hortal, puede tener aún necesidad de una pequeña casa, del pozo, de un tejadillo donde guardar el carro y la leña. Por eso las casas de antes, en su humildad sin pretensiones, son más bellas.
  2. Segundo, que al desaparecer la vivienda del hortelano, del agricultor que allí vivía todo el año, las viviendas en el campo se han convertido en segundas residencias. Tienen la misma función que la de un ‘chalet’ de una urbanización. Construidas “haciendo típico”, están llenas de adornos que quieren imitar las antiguas funciones de los cortijos, quinterías, alquerías y heredades. Todo parece pues, falso, decorado. E inevitablemente surge el folklorismo, el pintoresquismo para “hacer campestre”.
  3. Tercero, los arquitectos suelen irse a las grandes ciudades, donde hay más posibilidad de prosperar, y en los pueblos las obras quedan en manos de constructores y de propietarios que quieren aprovechar al máximo sus metros cuadrados. Los arquitectos han sido relegados a la mera función de asegurar una cierta garantía en la edificación, a los materiales, y conseguir así la licencia de construcción municipal. El arquitecto ha de ser un firmante obediente y cuanta menos imaginación, mejor, parecen pregonar los alcaldes.
Los cortijos tradicionales quedan abandonados

Pero no debería ser así. Es sabido que la arquitectura debe adaptarse al paisaje, encajar, armonizar, pero eso no significa que todas las casas andaluzas tengan que tener arcos y columnas, ladrillos y macetas, estilo marbellí o pseudo-mudéjar.

Este fenómeno asuela todo el territorio nacional y llama más la atención porque el paisaje español suele ser bello, agreste, desde lo árido y pardo a lo montañoso y verde, desde los páramos a las dehesas. El contraste entre la belleza del paisaje y la fealdad de miles de pueblos, aldeas y construcciones en el campo es entristecedor.

Esto es particularmente visible en uno de los parajes más bellos del país, el Parque Natural de las sierras de Segura, Cazorla y Las Villas. En él está literalmente prohibida la arquitectura moderna. Digamos que si pudieran hubieran prohibido la Bauhaus en los años veinte del pasado siglo. Hoy prohíben, no dan licencia ni visto bueno cuando algún atrevido propietario tiene la intención de romper los esquemas falsamente andalusíes, aunque su proyecto encaje mejor en el paisaje que lo que se suele construir. Se fomenta el pintoresquismo de arcos y ladrillos y el resultado es una fealdad que se enseñorea de muchos de sus pueblos.

Muchos ayuntamientos practican el libertinaje constructor, importándoles solamente que se paguen las correspondientes licencias de obras. A menudo son de un mal gusto notorio, insolente, como sucede en muchos pueblos (donde además pareciera que la mitad de las casas están a medio hacer o a medio derrumbarse, con ladrillo visto, bloques, uralitas y demás chapuzas).

Afortunadamente, en otros lugares no es así y hay ejemplos de cómo hacer compatible modernidad y buen gusto con el paisaje. Éstos se dan sobre todo en Cataluña y Baleares, donde las líneas limpias, claras, no hieren, al revés, con los pinares, encinares, alcornocales, y con las vistas al mar.

En ruinas…
Los antiguos cortijos de piedra esperando el fin…

El pintoresquismo, en definitiva, es un fenómeno senil, es el fin de la creatividad, es la senectud, no la antigüedad. Es la decadencia del gusto, el recurso a lo ya trillado so pretexto de mantener el espíritu regional sin mantenerlo, pues es una falsedad. El “espíritu regional”, si es que existe, se mantiene conservando no solamente los monumentos sino todas esas alquerías, quinterías y cortijos que yacen en ruinas por culpa de herencias reñidas, registros de la propiedad demasiado burocráticos y tractos de dominio perdidos, con lo cual no son de nadie.


La encina, que hizo el suelo fértil de España

2 abril, 2019

Fue Pedro Ruiz López -mi tío, ingeniero, amante de la naturaleza, ecologista de antes de llamarse así- quien me dijo que era gracias a las encinas, robles y alcornoques que se fue formando durante siglos el suelo agrícola de España, ese suelo que venimos destruyendo a base de cultivos intensivos, abonos químicos y herbicidas .

Pedro Ruiz López, en 1947

Hoy, otro Pedro, Pedro Pablo Miralles, evoca y homenajea la encina en un breve poema (http://www.lasdoscastillas.net), cuya reproducción me autoriza:

La encina es pura armonía,
chaparra o de gran altura
su copa redonda y ancha,
en grupo o de forma aislada
bien plantada y muy leal,
tan elegante y robusta,
con ramas abigarradas,
corteza gris soledad.

La encina nos acompaña
silenciosa y charlatana,
con sus hojas verde oscuro
entre sinceras espinas,
nos da frutos de buen quercus,
ramas, troncos moldeados
por la luna, el sol, los vientos,
todo el año así se muestra.

(Pedro Pablo Miralles)


Los Campos de Hernán Perea (Jaén)

29 mayo, 2018

En el término municipal de Santiago de la Espada, en los confines de la Sierra de Segura, se encuentran los Campos de Hernán Perea.

Campos de Hernán Perea

Campos de Hernán Perea. Al fondo, el Calar de las Palomas  (acrílico sobre tela, 60 x 50).

Santiago de la Espada (provincia de Jaén, Andalucía, España) es un pueblo situado a 1.250 metros sobre el nivel del mar. Se llamó antiguamente El Hornillo y era una aldea de Segura de la Sierra. En 1691 fue elevada a la categoría de villa, segregándose de Segura. Tenía ayuntamiento, cárcel y pósito. La parroquia de Santiago dependía de las Ordenes Militares. Había además tres ermitas, consagradas a San Antonio de Padua, San Roque y a la Purísima Concepción.

Según Madoz, tenía en su término minas de hierro, cobre, plomo, piritas ferruginosas y muy buen lignito, pero sin explotar. Madoz es quien atribuye el origen de los pobladores a pastores trashumantes de la Serranía de Cuenca. De estas explotaciones mineras no queda rastro ni memoria, al parecer.

En Pinar Negro, cerca de los Campos, antiguamente se hacía alquitrán o pez en las ‘pegueras’, probablemente quemando madera y después destilando el carbón. Esta práctica seria, como es natural, desastrosa para los montes y para el entorno pues las retortas producirían también gas y amoníaco. Recuérdese que el Pinar Negro, cuyo nombre sugiere montes cerrados y espesos, no es apenas sino un recuerdo, casi una leyenda, debido a que, tras las dos Desamortizaciones, la de Mendizábal (1836) y la del propio Madoz (1855), los antiguos montes, que pertenecían a los bienes demaniales de Segura o a la Provincia Marítima de Segura, fueron talados por los  nuevos propietarios).

Hay un libro, ‘Los Hornilleros’, de Juan Luis González Ripoll que se refiere precisamente a las gentes de Santiago y del río Madera. Otros libros del mismo autor son ‘Paisaje sin Lobos’, y ‘Narraciones de Caza de la Sierra de Cazorla’, también sobre Santiago de la Espada.

(Texto del Almanaque Segureño).


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Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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