Ha empezado la recogida de la aceituna

1 diciembre, 2018
Acuarelas del autor

Don Ramón Ruiz-Marín López, un señor de Jaén. Evocación

22 noviembre, 2018

Tío Ramón ya es ceniza desde hace muchos años pero su recuerdo perdura en mí.

Ramón Ruiz se sintió siempre del campo y para el campo. Las olivas, las fincas, los montes, eran su universo. Nació con el siglo XX en Segura de la Sierra, provincia de Jaén, en la vieja casona que era de la familia y que aun existe junto a la plaza, frente a la iglesia.

Ingeniero, conocía los árboles al tacto, palpaba la tierra y los barros, cuando veía un olivar lejano sabía, antes de pisarlo, si era bueno por el color de los árboles y la tierra. Así, hizo dinero comprando fincas, arreglándolas y vendiéndolas en plena producción.

Tío Ramón

A la sombra de su noguera, con su eterno puro

No creía en los ministerios ni en los funcionarios (“que no distinguían un chaparro de una oliva”), desconfiaba del Poder, denostaba el Plan Jaén porque “cuando Dios creó el mundo, dijo ‘Jaén, para olivas’”, no creía en Franco ni en las Hermandades de Labradores ni en los alcaldes. Creía en el trabajo.

Cuando la Reforma Agraria de la República le encargaron supervisar las fincas ocupadas por la zona de Marmolejo. Se encontró unas tierras abandonadas, ganado muerto o enfermo. “Así no defendéis la República”, les dijo a los ocupantes, que naturalmente hicieron caso omiso de sus advertencias.

El 18 de julio le pilló en el pueblo. Fue detenido por unos anarquistas que se lo llevaron en un automóvil confiscado, al juez, decían. Afortunadamente iba con ellos el comunista Ramón Peláez, con una escopeta. Cuando los anarquistas pretendieron parar en una curva para darle el paseo, Peláez empuñó la carabina y dijo “ésta no ha venido a esto”, y les conminó, amenazándoles, a seguir hasta el juzgado, salvándole así la vida. Al suegro de Ramón Ruiz, que era Presidente de la Audiencia, un aragonés recto y conservador, nadie lo salvó y lo asesinaron de mala manera junto a la verja del cementerio, a la que se había aferrado resistiéndose a ser arrastrado. En su casa de Jaén quedaron para siempre los impactos de balas en su despacho que dispararon los ‘incontrolados’ que se presentaron a tomarse la justicia por su mano y lo sacaron a la fuerza de su domicilio.

Pero Ramón Ruiz tuvo más suerte. Restablecido un cierto orden republicano, tras unas semanas detenido, fue puesto en libertad e incorporado como oficial al Ejército de la República, donde hizo toda la guerra. En el frente de Aragón recordaba cómo llegaban los Stukas de la Legión Cóndor, y el ruso con quien compartía el blocao, experto que los detectaba muy lejos, le avisaba, “cama-rrada, Stukas”, y le hacía cubrirse rápidamente. Ramón Ruiz nunca negó la intervención nazi en la guerra civil, la sufrió.

Al finalizar la guerra, su salvador Ramón Peláez fue llevado ante un Consejo de Guerra que pretendía condenarlo a muerte, pero él se presentó a testificar a su favor, ante el asombro de militares, fiscales y falangistas. Condenado a varios años, pudo ser puesto en libertad y Ramón Ruiz lo colocó en el Servicio Nacional del Trigo.

Pasaron los años, la postguerra, llegó la prosperidad de algunos, con sus Packard y sus Cadillac, pero él siguió siempre una vida austera, sin estridencias, en su gran casa de la calle Llana, en el viejo Jaén (que entonces era una ciudad bastante bonita), con su patio, su fuente y su gran palmera.

El verano, “sol y moscas”, lo pasaba en el Molino donde su árbol sagrado, el único ser vivo que le escuchaba –decía- era la noguera. Bajo ella, en su butaca de anea, leía el periódico, escuchaba las noticias en la radio de pilas (siempre se negó a instalar la luz eléctrica, impropia de cortijos) y fumaba sus puros que iban dejando pequeñas quemaduras en sus guayaberas. Leía el ABC y el diario Jaén, del Movimiento, al que llamaba despectivamente el “Trepabarcos” (el hunde barcos, como se dice ‘hundir’ en Jaén) porque durante la guerra mundial, con sus noticias de toneladas hundidas por la Kriegsmarine, había él sólo hundido varias veces a toda la escuadra inglesa.

Contra la electricidad, pero con la radio, la Radio Nacional de España le traía noticias hasta el fondo del valle, junto al río y el molino. Así podía clamar contra Churchill, el hombre más malo del mundo, o reclamar que los paracaidistas ingleses tomasen los pozos petrolíferos, o mandar el Saratoga -el epítome de la fuerza militar, para él- a controlar a los árabes, o menear la cabeza con desaprobación cuando hablaba aquel ministro jiennense de la sonrisa hipócrita, Solís Ruiz.

Acabando agosto estaba el ritual de la Feria de Linares, donde iba a los toros, invitaba a sus amigos, fumaba sus puros. Emprender el viaje a Linares desde el Molino constituía el fin del verano cortijero, que coincidía también con la festividad de San Ramón, el 31 de agosto.

Era un hombre serio, ni de chistes ni de chascarrillos, sino de frases en general ponderadas, a veces exageradas de ironía o incluso con sarcasmo (contra los nuevos ricos, los cursis y los repipis, principalmente). Su mirada, su mal humor o enfado, que acentuaba alzando las cejas y las orejas a la vez, dejaba despavoridos a los peones, aparceros y tratantes que pretendían engañarle.

Cambiaba los nombres –a mí me llamaba Jaimero y Nasser-, detestaba la cursilería y mantenía su distancia respecto del “mujerío” –su mujer, sus hijas, sus hermanas- a las que afeaba que le contasen a los confesores lo que no le contaban a sus maridos. Cuando una hija suya pretendió meterse a monja, amenazó seriamente con hacerse protestante. En las misas, cuando llevaba al “mujerío a misearse”, se quedaba esperándolas en la puerta, con los hombres, reteniéndome, “los hombres, aquí”, hablando del campo, de las cosechas y los capachos. A mi padre, su hermano pequeño, lo ayudó cuando volvimos de Bruselas y siempre lo respetó, aunque difirieran en ideas, opiniones y muchas cosas (“era el más inteligente de todos nosotros”, me dijo un día).

Aquel a quien consultaban terratenientes (él también lo era, pero no era un propietario absentista), gobernadores, alcaldes y en secreto algún ministro, al final tenía sus dos fieles y pacientes confidentes, Vicente Muñoz, más viejo, que ya había trabajado con su padre antes de la guerra, e Isidro, que casi no hablaba, sólo escuchaba. Isidro después de la guerra recogía hierba y algunas raíces para que su mujer preparase una sopa para los hijos, casi muertos de hambre. Hablaban de la sequía, que no era tan mala como la del “año del hambre” (1946), pero que dejaba las tierras asuradas, las olivas estériles y los pastos a ras del suelo en los Campos de Hernán Perea, por la Chaparra y Cueva Rincón, en las tierras altas de Santiago de la Espada.

Nunca ejerció de cacique. Sus opiniones las plasmaba en artículos sobre la agricultura, contra las pretensiones de los primeros tecnócratas sabelotodo de Madrid –ciudad que detestaba por lo descomunal y por lo que representaba de burocracia y poder lejano-.

Él, que había sido un buen jinete, que se iba a caballo desde La Puerta a Santiago de la Espada a ver los rebaños, ordenar las cortas y las plantaciones, tuvo que renunciar a montar tras el accidente con su Land Rover que le destrozó la rodilla. Ahora llevaba bastón, la garrota, y sólo usaba el auto, para sus recados y para bajar de vez en cuando al pueblo a las tertulias que ya iban languideciendo, como la de ‘La Peña’. El auto siempre debía estar recién lavado, tras sufrir las carreteras polvorientas de macadam de entonces, desde aquel ‘pato’, el Citroën 11 L, negro, que siempre echó de menos, hasta los grandes Seat.

Le recuerdo, al final de sus días, cuando le fallaba el habla y hacía un gesto de irritación y de contrariedad porque no le salían las palabras que él quería. Dejó este mundo en 1980. Alguien de mi familia dijo que lo malo del Jaén de entonces era que “había demasiados señoritos pero pocos señores”. Ramón Ruiz-Marín López fue uno de los señores.

 


Un cortijo con baños de la época romana

22 junio, 2018

Los cortijos antiguos a veces guardan secretos que sólo el azar permite descubrir. Así, algunos están exactamente emplazados en donde había villas romanas. Son como una sucesiva reconstrucción de éstas, que por lo general se “ubicaban en lugares útiles para los cultivos, por la proximidad de fuentes, por estar en altozanos o collados, al abrigo de riadas u otros desbarajustes de la naturaleza.

IMG_20180521_161046Así, descubro gracias a mi amigo jiennense, Esteban, un cortijo abandonado que se llama Los Baños (la toponimia perdura y nos guía) y que, precisamente, oculta bajo sus cimientos una villa romana y está junto a los restos de los baños.

El cortijo está en medio de un olivar, por arriba de Arroyo del Ojanco, población que cruza la N-322 de Bailén a Valencia.

IMG_20180521_161600Una tapia revela que hubo un aterrazamiento, y una acequia o caz también es testimonio de la estructura hidráulica de esa antigua villa.

En el mismo término municipal hay ue deplorar el Puente Mocho, un puente romano quebrado (para resistir las avenidas) sobre el Guadalimar. Desgraciadamente, este puente ha sido desfigurado para siempre por unas infaustas obras de “reconstrucción”. Ha perdido todo el aura que tuvo durante siglos. Es un atropello estético e histórico.

La provincia de Jaén abunda en ruinas romanas, sobre todo ríos Guadalimar y Guadalquivir abajo, donde se extienden inmensos olivares que en otro tiempo también fueron campos de cereal. Es necesario un Inventario de los lugares arqueológicos y de los simplemente históricos, como este cortijo de Los Baños.IMG_20180521_161427

[Nota.- Los romanos, los hispano-romanos y los hispano godos mantuvieron sus tierras, incluso tras la invasión musulmana, al convertirse al Islam para conservar sus propiedades y derechos que de otra manera eran abolidos. Como se sabe, pero no se suele decir, los judíos y los cristianos tenían prohibido tener tierras y además pagaban más impuestos, no podían acceder a cargos públicos ni casarse con musulmanes. Véase El mito del paraíso andalusí, de Darío Fernández-Morera, profesor de la Northwestern University, EEUU. (editorial Almuzara, 2018).]

 

 


Elegía andaluza: el P.E.R. y el paro.

2 febrero, 2018

[Este artículo ha sido publicado el 18 de enero de 2018 en Crónica Popular ]

La vida en Andalucía transcurre dulce. Sus ciudades y pueblos son agradables y suelen estar llenos de historia, arte y cultura. Los turistas se maravillan ante ese gusto por la vida, esa sensación de farniente.

Pero el problema es precisamente ese, el farniente. Se vive mejor que se trabaja.

En gran parte de Andalucía hay muchos que ya ni se molestan en buscar trabajo. Viven de las ayudas sociales, del desempleo y, en los campos, del Plan de Empleo Rural, que dicen acoge a cerca de 150.000 personas. La paradoja es el panorama invernal, con los caminos y pueblos llenos de trabajadores africanos, marroquíes y suramericanos en la recogida de la aceituna. Es el gran misterio no desvelado en zonas donde, oficialmente, el paro alcanza al 35% de la población. El PER, que se ideó para evitar el éxodo rural, ha servido de “moral hazard” para que muchos ni se molesten en buscar trabajo, para apagar las ambiciones legítimas a mejorar de vida. El coste humano de este modelo se va a notar en los próximos años.

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Por otro lado, con la misma Administración desde hace cuarenta años, el enchufismo y el nepotismo proliferan, lo que tiene varias consecuencias. La primera, de orden moral, de la moral del trabajo. El trabajo, el mérito o la formación no son considerados por muchos como la forma normal de ganarse la vida y prosperar. Muchos jóvenes, desmoralizados por la falta de empleos decentes, por el enchufismo generalizado, prefieren los trabajillos temporales, las fiestas efímeras, el alcohol e incluso las drogas, como forma de pasar la vida, de ir tirando.

Pero, atención, porque esta situación tendrá una dura consecuencia política y es que va a provocar que Andalucía bascule de ser un feudo del PSOE a votar a los conservadores. Ya se está viendo en las ciudades y en muchos pueblos.

J. D. Vance ha contado en Hillbilly elegy, (traducción española en la editorial Planeta como Hillbilly, una elegía rural) cómo en muchos estados norteamericanos, los votantes cambiaron su voto casi histórico demócrata, al voto republicano. Estaban hartos de tantos subsidios y ayudas a los que no hacían nada mientras los verdaderos obreros se iban empobreciendo. Este libro describe muy bien esa América profunda que ha pasado de votar a la izquierda y ha votado a Trump. Sería bueno que los responsables de la Junta de Andalucía leyesen este libro.

Porque en Andalucía va a terminar pasando lo mismo. El clientelismo del PSOE se va agotando y muchos trabajadores, agricultores, empleados, están hartos de ver a muchos de sus vecinos no dar ni golpe ni querer darlo, cobrando todos los meses mientras muchos trabajadores, los autónomos, los pequeños propietarios agrícolas, se las ven negras para pagar impuestos, la seguridad social y otras cargas.

La consecuencia de esta espiral de falta de incentivos para invertir y para trabajar, es que en muchas zonas de Andalucía es difícil encontrar trabajadores bien formados, oficiales para la industria, para los servicios tecnológicos, para los empleos con más valor añadido. El modelo parece que se va marroquinizando, con multitud de tiendas y bares, como casi único tipo de empresas, en vez de profesiones. Los empresarios invierten lo mínimo, optando más por la economía de rentas, pisos, e inmobiliario en general, ayudados entusiásticamente por los alcaldes que cifran casi todo en la construcción y especulación del suelo. Los que se arriesgan a crear estructuras más complejas, empresas o simplemente un hotel rural, se topan con una Administración autonómica quisquillosa, lenta y que tiene más afán en obstaculizar que en favorecer la inversión. Que aplica la normativa de la UE pero no desmonta la excesiva burocracia.

Alguien con coraje (lo que parece ser una “contradictio in terminis” con la personalidad de muchos políticos) tendrá que reconocer que el PER es un modelo gastado. Lo que sirvió de parachoques ahora sirve de fármaco acomodaticio, una especie de adormecedor, un placebo. No es casual que en 2016 sólo el 2’5% de la inversión extranjera en España fuera en Andalucía. El desastre de Linares, por ejemplo, es paradigmático de una política errónea. Andalucía sigue siendo el furgón de cola en casi todo en España, y sus dirigentes, la Junta, sigue mirando para otro lado o culpando a otros. Nadie se considera responsable de este fracaso histórico, cuando ha sido la primera vez que ha habido democracia y encima ha gobernado, casi con absolutismo, en esa región una formación de supuesta izquierda.

El pasado del franquismo -esa gran coartada para justificar todos los males-, el abandono, del subdesarrollo, solamente lo han paliado, pero la desigualdad continúa, el bajo nivel educativo y, sobre todo, el empeoramiento de la situación si se compara con otras Comunidades Autónomas. No es el mezzogiorno italiano, porque nunca lo fue, pero no ha superado los males endémicos. El caciquismo antiguo ha sido sustituido por un nuevo tipo de caciquismo de partido. Pero Andalucía, con el monocultivo del aceite y del turismo, corre el riesgo, una vez más, de quedar al margen.

La gravedad del problema, lo que lo hace más profundo, es que el modelo andaluz no ha sido ni es siquiera socialdemócrata. Su crisis no va a ser del mismo orden que la del SPD alemán o de los socialistas franceses, sino de mayor calado y mayor duración. Los socialistas andaluces se han ido enajenando a gran parte de las clases profesionales, medias, más formadas, y a los pequeños y medianos empresarios, para acurrucarse en segmentos menos formados, más dependientes. Han creado una clase política clientelar, de muy cortas perspectivas, digámoslo sin ambigüedad, muy provincianas. Es exactamente el modelo que ha implantado Gaspar Zarrías. El resultado es que les crece la extrema izquierda y muchos de sus votantes emigran a Ciudadanos.

Pero la posición del PP respecto a los problemas sociales no augura nada bueno, pues carece de sensibilidad y en donde gobiernan, el modelo es prácticamente el mismo, amiguismo y clientelismo. Por eso, a pesar de los defectos de los socialistas, no consiguen ganar unas elecciones de manera clara. Son demasiado, digamos, arcaicos, y en los pueblos, muchos son puros tardofranquistas.

Lo que subyace en la sociedad andaluza es un exceso de politización en todas las esferas del poder, sea autonómico, provincial (con las discutibles Diputaciones) y municipal. La debilidad de la sociedad civil hace que el vacío lo ocupen los partidos. Y esto será parecido si otros sustituyen al PSOE, tras más de cuatro décadas de poder casi omnímodo.

Los socialistas, que aun tienen el control de la Administración andaluza y de muchos municipios, deberían ser los primeros en corregir o incluso cambiar el sistema, antes de que lo hagan otros de manera mucho peor y más drástica. Citando al ya muy antiguo Auguste Comte, pero aun actual, se necesita más moral y menos política, es decir, mas sociedad civil y menos partitocracia.


Fiesta de San Juan en Carrizosa, La Mancha.

26 junio, 2017

En el corral donde se cuenta que celebraron su boda Quiteria y Basilio tras el fallido casamiento de ella con Camacho, nuestro amigo Enrique Lillo ha organizado una fiesta de San Juan que casi deja pequeña aquella boda inventada por Cervantes. Pero ésta era real. Cuatro corderos, chorizos y morcillas, pipirrana, ensaladas de pepino, sandías, vinos manchegos, y baile con pasodobles hasta las dos de la madrugada.

imageEs Carrizosa un pueblo que está entre Alhambra y Villahermosa, fuera de las rutas más transitadas. Sus olivares están muy bien labrados, con ese cuidado de los agricultores antiguos, aunque nos dicen que este año no habrá muy buena cosecha porque no ha llovido mucho y además el año pasado sí fue abundante y los árboles están agotados. Las cosechas son así, van alternando, años buenos y menos buenos. También hay cereal por Carrizosa y el paisaje es un tapiz de diferentes colores, con grandes extensiones de carrascas.

Los viejos patios tienen muros de tapial, que es un tipo de construcción parecida al adobe, pero con piedras más grandes, más sólida.

El pueblo disfruta de un par de manantiales, La Potrera y La Mina, que le abastecen  agua. Una hermosa piscina municipal da solaz, bajo umbrosos árboles, a todos los niños del pueblo. Ya no existen en España pueblos sin polideportivos y piscinas. Para dormir tiene el viajero la pensión Los Olivos, alejada del centro, ya casi en el campo, sosegada y limpia.

Amanece el día 25 de junio nublado, con promesa de alguna tormenta para la tarde. Las calles están vacías porque, además de ser domingo, los trabajadores se van al campo a terminar las siegas e ir preparando las tierras para el otoño. En los pueblos los calendarios no son los oficiales sino los que manda el tiempo.


Endesa (antigua Sevillana de Electricidad) y sus postes

15 julio, 2016

Ya sabemos que existe la servidumbre eléctrica, una figura jurídica que supedita los derechos de los propietarios a las necesidades del servicio público de electricidad.

Gracias a esta institución legal, las compañías eléctricas tiene derecho a cortar árboles, ramas, podar, para asegurar que no haya riesgos de incendio.

Pero a menudo, esta servidumbre es utilizada pura y simplemente para ahorrarse cables, para trazar los tendidos de la forma que más barata le salga a la empresa concesionaria del servicio público. Así, cortan sin muchos miramientos y ponen postes donde más les conviene como empresa que debe obtener beneficios.

Endesa

Por eso no atienen a la belleza del paisaje ni a los derechos, que también existen, del arbolado y de la belleza. ¿Podría explicar ENDESA, por ejemplo, qué pintan esos dos postes juntos clavados en el llamado cerrillo de la Sepultura, junto a la cortijada de la Teinada Nueva, o Tinada Nueva?

Por cierto, el nombre de Tinada Nueva proviene de que allí había un “descansadero” de ganado, en los tiempos de la .Mesta (abolida felizmente por las Cortes de Cádiz en 1812).

Tinada Nueva, término municipal de Segura de la Sierra (provincia de Jaén).

Los lectores pueden aportar fotografías de otros postes “estratégicamente situados”, como uno en plena calle en la cercana aldea de Rihornos, amén de los numerosos por todos aquellos  cerros y valles.


Antonio Ramos Olivares, in memoriam

11 mayo, 2013

El jueves 9 de mayo, día de la Ascensión, en una bella y calurosa tarde, hemos enterrado a Antonio, andaluz de Jaén, aceitunero (el apellido de su madre era Olivares). De la Sierra de Segura, de donde remanecía, como decía él, con ese castellano casi antiguo que usaba a menudo. Su madre, Aurelia, era de La Matea, pedanía de Santiago de la Espada donde hasta hace poco todavía hablaban como en el siglo XVIII, usando un lenguaje ajustado, exacto y sencillo.

Antonio nació en 1936, un 13 de junio, cinco semanas antes de la Guerra Civil. Vivió casi toda su vida en Rihornos, una pequeña aldea del término de Segura de la Sierra. De niño, padeció una pulmonía que, mal curada –era antes de los antibióticos-, le ha llevado hoy a la huesa, algo prematuramente. Se crió trabajando, ayudando a sus padres, aprendió las letras con uno de esos maestros defenestrados en los años cuarenta ( uno de los maestros de la República purgados) que halló cobijo en Arroyo Frío, una aldea alta y distante. Cuando Antonio había acabado la faena, subía a que el maestro le enseñase las primeras letras. Después de la guerra había estado con sus padres en una finca en Andújar, donde habían encontrado trabajo. Ya mozalbete, en los años cincuenta y hasta 1962, Antonio se iba a La Mancha a segar con otros mozos de la Sierra. Dormían en los patios, en el centenar. Y volvían con una cartera con billetes para aguantar hasta la aceituna, que no empezaba hasta diciembre. A veces a pie, los últimos años, en bicicleta, iba hasta El Viso del Marqués y Almuradiel, a más de ciento cincuenta kilómetros de distancia. Así fue su infancia y juventud. Pero siempre tuvo los pulmones ocultamente dañados por aquella aviesa y temprana pulmonía.

Antonio 1965Antonio se enamoró y casó en su tierra. Otros se fueron buscando el pan y la prosperidad que Jaén les negaba, a Cataluña. Allí siguen, viniendo al pueblo de tarde en tarde. Antonio, no. Amaba el campo, la tierra, los árboles, los animales, era bueno y justo con las personas. Prefirió quedarse en el campo a sabiendas de que perdía una oportunidad. Pero la tierra tiraba más.

Antonio conocía los árboles, los pájaros, sus nidos, su canto, nombraba las hierbas, sabía cómo hacer las talas, cómo podar y destallar los olivos, dónde se criaban mejor. Y, en las veladas, antes de haber televisión, tocaba el laúd, y en verano animaba los bailes de la aldea de Rihornos, aun lejos de la megafonía estentórea.

La matanza era uno de los ritos anuales. Y allí se desempeñaba con alegría y destreza. La matanza comenzaba sólo después de las primeras heladas, antes de la aceituna. Con ella se harían los primeros hatos para los aceituneros.

Llegó el automóvil y tuvo un Simca 1000 de Barreiros que fallaba bastante pero con el que se curtió por aquellas carreteras de macadam (hasta 1968 no se asfaltaron). Después de años con la yunta, con el carro, se hizo tractorista y cuidaba la maquinaria como si tuviera que durar eternamente. El Ebro azul fue el primer tractor que condujo, con habilidad en las labores y con prudencia.

Pero no por eso dejó el hortal, que regaba con parsimonia, sin desperdiciar una gota de agua de las abundantes acequias. Y cuidar los animales, las bestias, como él decía. Con el caballo, con las cabras, con el perro, siempre se portó de manera franciscana, suave pero firme.

Como es natural, tuvo muchos amigos y muchos que le querían. Sólo sus pulmones fueron su enemigo oculto; se fueron deteriorando, al igual que sus caderas y base de la columna que atormentaron su nervio ciático. Al final de sus días se ocupaba tejiendo esparto y pleita para hacer cestos de pan, azafates, olleros que se solían llevar al tajo de la aceituna.

El paisaje siempre es el mismo, pero los hombres pasan. Nos deja consuelo su memoria.


El blog de Agustín Galán

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Objetos perdidos y hallados. Mensajes en una botella. Libros, historias y algún viaje.

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Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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