Fer-se totes les illusions possibles, inédito de Josep Pla.

28 enero, 2018

(Este artículo ha sido publicado también en Entreletras)

Como en Lisboa no hay una librería Blanquerna, me manda mi amigo Mundet desde St. Pere de Ribes, el último libro que se acaba de publicar de Josep Pla. Juntos, hemos ido buscando libros catalanes por esas librerías de Barcelona, que van disminuyendo, lo mismo que lo hicimos por Lisboa hace años. El, que imagesconoce la historia de España y su literatura tan bien como las catalanas, es quien ha ido ensanchando mis precarios, pero indispensables, conocimientos de la literatura catalana.

Hace un par de meses han salido a la luz las notas dispersas de Josep Pla que no llegaron a ser publicadas en su momento, interrumpida la edición de la Obra Completa en 1984. Ha habido que recurrir al inmenso AGA, Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, esos hangares desabridos, para recuperar todos esos documentos que allí dormitaban pues habían tenido que ser sometidos a la censura.

Las ediciones Destino, gracias al trabajo de Francesc Montero, nos han permitido conocer esa cara oculta de Pla, esa que desmiente esa presunta indiferencia política que le achaca una izquierda poco ilustrada. Fer-se totes les illusions possibles, se nos descubre ese Pla que era sensible a la situación general en España en general (“aquest règim d’abjecció de Franco”) y en Cataluña en particular, de represión y de ignorancia, de indiferencia de las élites económicas por la cultura, algo que aun hoy arrastramos, en mi opinión. “Ha sido (el franquismo) un régimen de jesuitas y de capellanes abstemios, inútiles y fanáticos, con todo el producto del puritanismo”.

Muchos de sus textos son de antes de la guerra y la mayoría de los años cincuenta y sesenta. Nos completan la idea de ese Pla algo desencantado, casi cínico a veces, “a los 19 años, casi todo queda (de la pasión) arrasado o destruido. Todo se hace administrativo, habitual, monótono e insignificante”. Aunque nos dice que “jo soc un candorós recalcitrant”, no un cínico “lo que llamamos felicidad no es más que una decepción razonable, sensata. Más allá no hay más que dolor y miseria”.

Su gran sensibilidad por la cultura catalana, por el hecho catalán, le lleva a esa advertencia “Es pot conquistar amb un arrauxament. Colonitzar implica intelligència, Espanya”. “Se puede conquistar en un arrebato, irreflexivamente. Colonizar implica inteligencia, España”. Ojala alguien leyera esta frase en Moncloa. Pla es un gran pesimista y cree poco en los hombres y muy poco en los catalanes, de los que dice, “el catalá actual és un producte de la decadència de Catalunya. La seva nota característica és un complex d’inferiritat, degut a la deterioració de la seva personalitat. El catalá no té pàtria i per tant és un ésser diferent, que no pot comparar-se amb els que en tenem. Perdé la pàtria, féu un gran esforç per tenir-ne una altra sense lograr-ho”. Por esa limitación el catalán, nos dice, es taciturno.

También hay notas desenfadadas, sinceras, sobre la literatura, como el breve retrato de Josep María de Sagarra, los comentarios sobre Léautaud, García Lorca, Unamuno, Fuster, de Josep Carner (le entristece enormemente su exilio en Bruselas), el muy irónico sobre Maurici Serrahima (“es tan rápido y eficiente que solo puede escribir banalidades”), Teilhard de Chardin (“que le vamos a hacer, era francés”),

Sus reflexiones siempre nos hacen pensar, nos sugieren otros caminos, como “se constata, a menudo, que la sensibilidad es más importante que la inteligencia. En general la inteligencia es una forma acusada de la memoria”.

Y sus descripciones del paisaje, de los pueblos, de las gentes del Ampurdán, de las que sus lectores hemos ido disfrutando a lo largo de toda su obra, de sus relatos de viajes, con esas pinceladas breves, que lo convierten quizá en el mejor escritor paisajista de esta piel de toro. “El cel era pàllid, de color d’oliva”.

Su sensualidad erótica, que también condenaban los censores, sus cartas pornográficas a A., Aurora, los recuerdos de las putas y burdeles, otros tantos temas que lo hacen incorrecto para los pudibundos.

Las páginas sobre la revista Destino son muy interesantes (Pla escribía hasta las falsas cartas de los lectores, la cuestión era llenar las cuarenta y dos o cincuenta y seis páginas semanales), sobre su organización, sobre el nefasto (Ignacio) Agustí, sobre todos los tímidos que allí escribían, según nos dice con ironía.

No pueden faltar sus comentarios sobre la alimentación, pues ya sabemos que era un apreciador de la cocina y de los productos, muy distinto del esnobismo actual tan extendido y de nuevos ricos. Léase su libro Lo que hemos comido, por ejemplo. “El vino español, hasta el de Rioja, no tiene ninguna importancia. Es un vino que no se puede tomar solo : siempre hay que comer algo. Los coñacs andaluces no tienen nada que ver con los coñacs auténticos; son una cosa destructiva. Los champans catalanes son contrarios al bienestar humano elemental y normalísimo. Las gentes del país beben este líquido porque este es un pueblo sobrio y, por tanto, aspira, a veces, a estar malo. Es fatídico”. El whisky (“cada artículo equivale a un número irrisorio de whiskys”), sin embargo, es “el líquid de la bondat, de la fantasia, de la imaginació”.

Pla es un espectador, nunca un moralista. Por eso quienes quieren juzgarlo solamente por sus posiciones políticas se encontrarán con su ironía, con su gusto por la paradoja y el humor, pero no un sistema y menos una línea de pensamiento, pues detestaba el clericalismo, el jesuitismo y la intolerancia. Como dice el editor, esto es un collage sin sistema y por eso precisamente se lee con gusto, especialmente cuando ya se han leído otros libros del escritor.

No sé si en estos tiempos de fobias tremendas este libro va a ser traducido al castellano. Pero no es difícil leer el catalán, con un buen diccionario al lado (recomiendo el de la Enciclopèdia Catalana, con 56.000 entradas), pues siempre hay palabras que afortunadamente se nos resisten. Por otro lado, aprovecho la ocasión por abogar porque los que hablamos español nos abramos al catalán, a su cultura, a su historia. Otro gallo cantaría si muchos políticos se asomasen a la ventana que da a Cataluña, con menos arrogancia y con más ganas de entenderse, con menos fatxenda.


Del cambio de humor según la fortuna (un pensamiento del conde de Oxenstirn)

10 enero, 2018

Johann Gabriel Thuresson, conde de Oxenstirn, u Oxenstierna, (Estocolmo, 1641 -1707), vivió gran parte de su vida en Italia y Francia. Poco conocido, nos dejó sus pensamientos y reflexiones, escritos originariamente en francés. Curiosamente, es poco conocida la literatura sueca de la época, salvo el lugar que ocupan dos científicos del siglo XVIII, Linneus y Swedenborg. Aquí transcribo uno de sus pensamientos, sobre el cambio de humor según la fortuna, en el fondo, sobre la vanagloria y la ingratitud, dos temas que son constantes en sus más de doscientas reflexiones y pensamientos. El libro, en dos tomos unidos en una vieja encuadernación, lo encontré hace unos días en una librería antigua de Lisboa, en in-12. No sabemos  quién sería Monsieur D.L.M., que lo corrige y edita.

Portada Oxenstirn“Honores mutant mores, at non saepe in meliores. Es tan corriente en el mundo ver a los hombres que son elevados a alguna dignidad cambiar de aire, de humor, de opiniones y de tendencias, que ya no nos sorprende. ¡Qué locura la de olvidarse de uno mismo & de no reencontrase mas por haber cambiado de posición! Qué bajeza es descuidar los viejos amigos, por el leve brillo de una nueva fortuna. Es como dar a conocer al universo que su persona no vale su fortuna, & que la imaginaria felicidad de esta última, es preferible a la real virtud de la primera. Se diría casi que la fortuna no vale nada para la memoria; pues se observa a menudo que el hombre feliz olvida hoy a quien le ayudó ayer, & y que ni siquiera recuerda a quien le ayudó al comienzo de su afortunada carrera. Al oro se lo conoce por el fuego & al hombre por la posteridad: Si el primero aguanta la depuración del crisol & si el segundo conserva la cabeza en medio de los honores, ambos se aproximarán a la perfección.

¡Dios mío! ¡Cuán miserable es la condición del hombre! En la fortuna desconoce a todos & en la desgracia nadie le conoce; en la prosperidad parece perder el buen sentido, & y cubierto de desgracias, parece que no lo tuviera; en su elevación se olvida de sí mismo, & y en la miseria nadie piensa en él. Sabio es aquel que, colmado de felicidades, recuerda que fortuna citò repescit quod dedit (te quita lo que te dio) & que piensa que la vieja moneda, el vino viejo, los viejos libros & los viejos amigos son un valor digno de estima de las gentes de buen gusto & buen sentido”.


Para entender la revolución de octubre de 1917

28 diciembre, 2017

Una revista de 145 páginas, con numerosos artículos sobre la política, la economía, el cine, Rusia y las repúblicas orientales, algunos libros importantes para entender la revolución de octubre de 1917, etcétera.

baner_presentacion_revista_01-1


‘El comensal’, de Gabriela Ybarra

10 julio, 2017

El fin del terrorismo de ETA ha propiciado la eclosión de muchos libros sobre esos más de treinta años de miedo, división y dolor en el País Vasco y en toda España. Algunos son novelas realistas de merecido éxito, otros, análisis e indagaciones sobre qué hubo detrás de tanta muerte, de tanto fanatismo, como el de Edurne Portela (‘El eco de los disparos’).

Pero pocos indagan sobre el propio dolor, sobre el asesinato de un ser querido. ‘El comensal’, de Gabriela Ybarra (Ediciones Caballo de Troya), es quizá el primer testimonio de ese dolor. Los más cercanos y afectados se ven aun incapaces de traducirlo a palabras, lo mismo que sucedió en muchas de las víctimas de los campos de exterminio nazis, que prefirieron el silencio, o el suicidio, al relato.

Gabriela Ybarra es la nieta de Javier de Ybarra, industrial, filántropo, hombre de cultura, que fue alcalde de Bilbao y presidente de la Diputación Foral de Vizcaya, que fue secuestrado y asesinado por unos etarras -hasta hoy no identificados y, por tanto, terriblemente impunes- el 22 de junio de 1977, unos días después de que todo el pueblo español hubiera votado, de manera ejemplar y cívica en las primeras elecciones libres desde febrero de 1936. El mensaje de ETA era claro, les daban igual la democracia, las elecciones, la muerte era su única consigna y su solo leitmotiv.

El título del libro, nos explica la autora, viene de que en su familia siempre se guarda un lugar y unos cubiertos en la mesa para ese comensal que nunca volverá.

Gabriela Ybarra nos ofrece un relato minimalista, casi telegráfico, como el de una agencia de noticias. Y lo entrelaza de manera muy sensible con la muerte por cáncer de su madre, años después. Dos pérdidas, dos muertes violentas -que el cáncer es una violencia- que marcan a toda la familia para siempre.
image
Es un relato duro, precisamente por esa ausencia de adjetivos, porque excluye la pena -ese método para hacer sensacionalismo que daña tantos libros sobre tragedias-. Hay un tipo de narración casi forense que se limita a exponer los hechos, a veces hasta los más nimios detalles, que son un contraste helado con la realidad de un asesinato -sin necesidad de adjetivos- y la despiadada e irremediable muerte de una mujer joven, madre de tres hijas.

Las 160 páginas del libro bastan para que sepamos, o más bien, sintamos, pues es un libro conmovedor, cómo el mal puede afectar a una familia y a una sociedad. Años de escolta obligatoria para los hijos de Javier de Ybarra, que la ETA se empeñaba en exterminar por esa época en que el odio parecía ser el único argumento de unos cuantos miles de vascos hacia el resto de sus conciudadanos, vecinos y, por supuesto, al resto de los españoles.

El lector se pregunta, al final de esa lectura casi angustiosa pero que no se puede dejar, si la autora ha necesitado contarlo como una especie de terapia para poder expresar, sacar afuera de alguna manera ese dolor que comparte con sus hermanas y con su padre y que no habría forma de supurar en el mero silencio. Quizá este testimonio sirva para que la familia pueda descargarse del peso del silencio, esa especie de omertà que ha contaminado durante años el País Vasco, donde unos se iban, otros callaban y muchos miraban para otro lado.


El blog de Agustín Galán

Filosofía de la ignorancia

La pluma del cormorán

Lecturas, paisajes, automóviles antiguos

El blog de Guillermo Schavelzon

La edición, el libro, los escritores

La Estirga Burlona

El blog de Bárbara García Carpi

Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

A %d blogueros les gusta esto: