Personas olvidadas y aldeas deshabitadas

26 septiembre, 2018
La tragedia de su España;
sobre la tierra Dios sordo,
sordas de dolor las almas
Miguel de Unamuno

 

Las carreteras y caminos vecinales son siempre interesantes. Viniendo de Albacete por la nacional 322, en dirección a Bailén, aproximadamente en el quilómetro 222, hay que entrar por la carreterilla JV 6302 que sube a Las Graceas, ya en la provincia de Jaén. La N 322 sigue aproximadamente la misma vía que la ruta de Aníbal (aún quedan vestigios de las turris hannibalis, que muchos confunden con torres moras), que luego los romanos convertirán en una vía romana.

Las Graceas está abandonada, como tantas otras aldeas y cortijadas. Sus últimos habitantes fueron fotografiados por Antonio Damián Gallego, de cuyo álbum se habló en este mismo blog (Fotografías de las gentes de La Puerta de Segura y Las Graceas, 14 de julio de 2017). Dos o tres casas parecen conservadas, el resto muros sin techo.

Junto al empalme de la N 322, con la vecinal que sube a la aldea, a la espalda de un hostal polvoriento y abandonado, en un corral una vieja camioneta Peugeot 202 espera alguien que la restaure.

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Peugeot 202. Al fondo Las Graceas en las faldas del monte Salfaraf.

Las Graceas están en las faldas del monte Salfaraf, que aquí llaman La Cabeza, y traen su nombre de los agracejos, esos arbustos que, como las retamas, crecen en tierras pobres. Y recordamos ese cuento de la viuda rica y ciega que iba con su mulero a buscar unas tierras para comprar. “Ata la mula en algún lentisco”, le dijo. “Mire, doña Matilde que aquí no hay más que retamas”. “Pues vámonos, ya está vista la finca”. En efecto, donde hay lentiscos hay tierra buena, de monte, donde retamas, mala.

Las tierras que la circundan están abandonadas, casi desérticas, desoladas como las ruinas de las casas y corrales donde hace cincuenta años vivían familias, chiquillos, ganado. Un paisaje como de postguerra o tras una batalla anónima, perdida y desconocida. Paseamos como sonámbulos entre los muros desmoronados, restos de uralita y de ladrillos, vigas desplomadas, tejas rotas. Acabó el ganado, acabó toda posibilidad de trabajo. Ni un árbol daba sombra. Sólo unos olivos escuálidos, recientes, dan algún discreto color a esas lomas. Como se sabe, el olivo es el monocultivo de Jaén, cuando se han perdido también los pocos hortales que antes alimentaban a los pobladores.

Por aquí no pasaron las reformas ilustradas de la época de Jovellanos, ni siquiera las precarias reformas agrarias de la Segunda República. Las dos Desamortizaciones del siglo XIX dieron la puntilla a aquellas gentes pues fueron los ya ricos los que compraron montes, pastos y tierras de labor, extendiendo sus latifundios.

Toda esta gente tuvo que abandonar sus casas, el lugar en que habían nacido. Nadie les protegió nunca, ni el Estado, ni la Iglesia ni institución pública alguna. Acabaron lejos, en Cataluña, en Francia y sus descendientes ya habrán olvidado hasta el nombre de la aldea donde vivieron sus abuelos. Poco tuvieron y pocos recuerdos se perdieron.

Ya nadie quiere vivir allí. A lo sumo, algunos arreglan una casa para pasar unas semanas. Tierras sin labrar, llenas de abrojos y retamas. Unas cabras negras se abrigan del sol bajo un viejo mantón de la aceituna. Si no hay de qué vivir, podrán contemplar el imponente paisaje del valle del Guadalimar que desde esos cerros se divisa.

De Las Graceas se baja hacia Puente de Génave. Me detengo en el Bar El Pintor, umbrío, antiguo. En la pared, unas viejas fotografías enmarcadas. El dueño, Antonio Vico Lombardo, me cuenta de sus dos antepasados cuyos retratos, envejecidos por haber estado arrumbados en alguna cámara, ha tenido a bien recuperar.

IMG_4778 (1)Uno es de José María González Ramos, que viste el uniforme militar de hace cien años. Sirvió en el ejército en los años de la Guerra de Africa. No murió en aquella sino muchos años después al echar una apuesta de quién levantaba con los dientes un costal de garbanzos. Le reventó la carótida, falleciendo pocos días después.

El otro retrato es de Juan Pedro Lombardo, que era recluta destinado en Madrid, que sobrevive al asalto del Cuartel de la Montaña en julio de 1936 y consigue escabullirse (porque allí prácticamente no se hicieron prisioneros) y se une al Ejército de la República, pero muere pronto, en ese mismo año, en Colomera (Granada), por fuego ‘amigo’.

Estos dos retratos son el símbolo de lo que han sido estas tierras desde tiempos inmemoriales: sólo útiles para suministrar braceros, para mandar quintos a las guerras (éstas, casi siempre fratricidas) o para criar emigrantes. El desinterés del Estado, de todas las Administraciones hizo que las gentes también perdieran el interés en la comunidad, en la falta de interés social que se percibe en estas tierras, que fueron del reino de Murcia y luego de Jaén tras 1833, siempre extremas, siempre lejos. El desgobierno ha hecho mella hasta en el paisaje.IMG_4780

Decir abandono es una presunción idealista porque supone que alguna vez no estuvieron abandonados estos parajes. Al igual que decir decadencia, que implica que hubo un momento alto, bueno, del que luego se cayó. El abandono, la ausencia, más bien de todo Estado, de Junta, de cualquier Administración, es palpable (lo único es que asfaltaron el carril que subía a Las Graceas). Los únicos que cuidaron aquellas tierras fueron sus habitantes, estos sí, abandonados a su suerte. Hasta que se hartaron y se buscaron la vida en las fábricas catalanas, los hoteles mallorquines o las vendimias francesas. La madre patria sólo los usó para las guerras. Ellos olvidarán la tierra.

Es una sensación extraña la de querer adentrarse ahora, tanto tiempo después, en las vidas anónimas de unas personas que nos miran, tristes, desde las viejas fotografías. No sabemos ni su historia ni casi la de esas poblaciones, de estas aldeas ya perdidas, ni sabemos su origen ni su causa. No es extraño que tampoco sepamos nada de los que allí habitaron.

La memoria histórica no es solamente tratar de las barbaridades perpetradas sino recordar también a tantos hombres y mujeres que yacen en el olvido y cuyas vidas fueron atrapadas por los torbellinos de nuestro país. Por toda España, buscando un poco, podemos recuperar historias perdidas, vidas olvidadas que sólo las familias conservan con respeto. Honrar la historia, honrar a los que allí vivieron, es dar moral a los que aún permanecen. El desinterés por la historia sólo conduce a la resignación y al fatalismo.

Aquí no hubo separación entre Estado e individuo. Simplemente, no hubo Estado, si no era para las levas. Y con la democracia electoral, tampoco hubo interés alguno, los pocos habitantes de esas tierras eran votos innecesarios, no contaban casi.

Aquí, no “todo tiempo pasado fue mejor”, como versificaba Jorge Manrique.

 


Un cortijo con baños de la época romana

22 junio, 2018

Los cortijos antiguos a veces guardan secretos que sólo el azar permite descubrir. Así, algunos están exactamente emplazados en donde había villas romanas. Son como una sucesiva reconstrucción de éstas, que por lo general se “ubicaban en lugares útiles para los cultivos, por la proximidad de fuentes, por estar en altozanos o collados, al abrigo de riadas u otros desbarajustes de la naturaleza.

IMG_20180521_161046Así, descubro gracias a mi amigo jiennense, Esteban, un cortijo abandonado que se llama Los Baños (la toponimia perdura y nos guía) y que, precisamente, oculta bajo sus cimientos una villa romana y está junto a los restos de los baños.

El cortijo está en medio de un olivar, por arriba de Arroyo del Ojanco, población que cruza la N-322 de Bailén a Valencia.

IMG_20180521_161600Una tapia revela que hubo un aterrazamiento, y una acequia o caz también es testimonio de la estructura hidráulica de esa antigua villa.

En el mismo término municipal hay ue deplorar el Puente Mocho, un puente romano quebrado (para resistir las avenidas) sobre el Guadalimar. Desgraciadamente, este puente ha sido desfigurado para siempre por unas infaustas obras de “reconstrucción”. Ha perdido todo el aura que tuvo durante siglos. Es un atropello estético e histórico.

La provincia de Jaén abunda en ruinas romanas, sobre todo ríos Guadalimar y Guadalquivir abajo, donde se extienden inmensos olivares que en otro tiempo también fueron campos de cereal. Es necesario un Inventario de los lugares arqueológicos y de los simplemente históricos, como este cortijo de Los Baños.IMG_20180521_161427

[Nota.- Los romanos, los hispano-romanos y los hispano godos mantuvieron sus tierras, incluso tras la invasión musulmana, al convertirse al Islam para conservar sus propiedades y derechos que de otra manera eran abolidos. Como se sabe, pero no se suele decir, los judíos y los cristianos tenían prohibido tener tierras y además pagaban más impuestos, no podían acceder a cargos públicos ni casarse con musulmanes. Véase El mito del paraíso andalusí, de Darío Fernández-Morera, profesor de la Northwestern University, EEUU. (editorial Almuzara, 2018).]

 

 


El paludismo en la comarca de Segura (Jaén) hace ochenta años

12 julio, 2017

Hace casi cien años había paludismo endémico en la parte oriental de la provincia de Jaén, sobre todo cerca del Guadalimar. Campo Redondo, que es una pedanía de Chiclana de Segura, fue uno de los lugares donde más se padeció, pero también Puente de Génave, La Puerta de Segura y Beas, eran azotados por esa enfermedad, que es conocida como malaria o tercianas.image

El 1° de julio de 1934 don Ramón Martínez Ruiz, médico local de La Puerta desde 1907, fue nombrado encargado del Dispensario Antipalúdico de dicha localidad. Después de la guerra aún había paludismo y le es renovado el título en 1943. Este médico era hermano del escritor Azorín.

Hoy, el antiguo dispensario de Campo Redondo es una ruina, desgraciadamente. Una anciana, que vivió en un cortijo de Puente Mocho (ruinas de un puente romano de traza quebrada que iba a dar a la Vía Augusta) con su hombre, como ella dice, y diez hijos, aun recuerda cuando iba al dispensario a que le diesen las pastillas y, de vez en cuando, a que le pusieran inyecciones. Al parecer este dispensario estuvo activo hasta los años setenta del pasado siglo.image

Mi padre, nacido en La Puerta en 1923, padeció el paludismo de niño. Entre los remedios que se le administraban estaba la leche de cabra a diario (lo que hizo que aborreciese para siempre la leche).

Imagen 1Más información:

El paludismo ha estado presente en España durante siglos. Para mayor información remito al excelente trabajo que se puede consultar en esta página:

http://congresoage.unizar.es/eBook/trabajos/008_Castejon%20Porcel.pdf

Para los que quieran escudriñar más datos sobre la zona, el blog loqueseocultabajoelsol.blogspot.com.es, reúne algunos trabajos sobre la zona, en particular dos sobre los antiguos puentes sobre el río Guadalimar:

https://plus.google.com/106410062523977779796/posts/


¿Lo han arreglado ya, un año después? El río Guadalimar, contaminado

19 junio, 2017

 (Artículo publicado por Estrella Digital, http://www.estrelladigital.es, en julio de 2016)

[Hace casi un año se denunció el desastre, pero no sabemos si se ha arreglado. Parece que no, que hay en camino una jugosa subvención. Es decir, como siempre, obra nueva para solaz de contratistas y de intermediarios, en vez de mantenimiento que es más barato, útil y rápido]

A su paso por La Puerta de Segura, en la sierra del mismo nombre, en la provincia de Jaén, las cloacas de todo un valle están rotas desde hace tres años y se vierte al río Guadalimar gran parte de lo que se ha recogido en aldeas y cortijadas. Se hicieron hace varios años unas obras de saneamiento que nunca fueron terminadas con la necesaria estación depuradora que rematase la inversión, por lo que todas las aguas residuales terminan al final, otra vez, unos kilómetros abajo, en el río. La obra fue financiada por la Unión Europea, se llevó a cabo por una contratista de Almería que presume de ambiental, con poco respeto por árboles y veredas, como lo demuestran todas sus víctimas, pinos y encinas centenarios arrancados sin compasión y cortados para cavar las zanjas y poner las tuberías por donde más barato le saliese a la susodicha y malhadada empresa.

Además de la incuria y mala administración que demuestra esta obra sin terminar y encima rota, sorprende la pasividad de los ayuntamientos -el de La Puerta en especial- ante este desaguisado que es Imagenfuente de polución y de nauseabundos olores. Y eso que es territorio electoral favorito de la Junta de Andalucía y de la Diputación provincial. No es sólo un problema de La Puerta sino de todos los pueblos de río abajo.

El río Guadalimar, el río Colorado, que es su etimología y como se le llama todavía por Villanueva del Arzobispo, nace en la Sierra de Alcaraz, en Albacete y da en el Guadalquivir en Mengíbar. Río romano, que regaba huertas y olivares por debajo de la Loma de Úbeda, por él bajaban las maderas de la Sierra de Segura hacia Sevilla, en una epopeya parecida a la de los gancheros que describió José Luis Sampedro en su novela El río que nos lleva (ésta, por el Tajo). El Guadalimar baja bastante limpio hasta que se topa con esa rotura en La Puerta. La Puerta de Segura, que también podría llamarse Puerta del Guadalimar, para honrarlo. 

Se manifiesta aquí algo demasiado generalizado en España por las administraciones municipales como es el menosprecio de los ríos, de los paisajes, de las aguas, sean interiores o marítimas. Los ríos se han considerado solamente como medio para regar, como vías de comunicación o como cloacas, y esta mentalidad perdura.

En materia de medio ambiente y de protección de la naturaleza y de las aguas, en gran parte de España, y en Andalucía en particular, existe una tremenda disparidad entre los discursos oficiales y la realidad.  Sería necesario que la Unión Europea controlase y auditase, para ver en qué dan y han dado sus fondos estructurales, más allá de los maquillados informes oficiales. Hay un cúmulo de autoridades y administraciones superpuestas, rivales, laberínticas, municipales, provinciales, regionales, estatales y hasta las Confederaciones Hidrográficas y, sin embargo, no acertamos con la buena administración del agua.


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Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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