Un recuerdo en el día de la poesía

22 marzo, 2020

(Para Angel e Irene, por la memoria conservada)

Hace cien años

La casa matriarcal, el gran cortijo centenario,

cuartos frescos, blanqueados,

limpios suelos de baldosas dibujadas,

jofainas, lebrillos, espejos,

camas de blancas sábanas y colchas pulcras,

techos altos y ventanas veladas por postigos verdes, entreabiertos.

Afuera, el jardín y el casinillo

donde el escritor callado llevaba el libro, su bastón y su sombrero,

a la sombra de los pinos y cipreses.

Abajo, más allá de la acequia, tras el júpiter,

cantan las mozas en el fresco lavadero.


Fidel, un andaluz de Jaén. La Puerta de Segura.

25 febrero, 2020

Me acerco a la manifestación de agricultores. Estamos a finales de febrero, es un día muy luminoso. Por las noches hay algo de escarcha, pero luego el sol calienta bastante. Los montes están verdes, los pinares oscuros parecen relucir. Algún almendro ya en flor blanquea entre las olivas. Por la ribera del Guadalimar, chopos y fresnos aún desnudos, los troncos grises.

El pueblo de La Puerta de Segura, en la calle

Los olivares que trepan hacia las cumbres tienen ese gris azulado (¿verde?) oscuro que toman tras las lluvias, ya descargados de aceituna, sanos, trabajados por los que están atravesados en el puente. En las cooperativas se sigue moliendo aceituna, extrayendo aceite. Aceite cuidado, limpio, virgen, honesto. El aceite indispensable en nuestra alimentación.

Un aceite que les valdrá poco, que se tardará en vender y que muchos grupos de distribución saldarán en ofertas de supermercados. Los precios se han hundido. La demanda no aumenta y la oferta sí. Y los productos, la energía, los vehículos, tractores, remolques, cada vez son más caros. Y el gobierno –aunque dice ser de progreso-, con un gesto arrogante, no ha recibido aún a los agricultores. Pero el oportunismo electoral le hará sentarse al final y ofrecer dinero, que no será sino una mera cura de los síntomas, no del mal de fondo. En el gobierno no hay gente de pueblos, del campo, hay funcionarios y gente de ciudad. No hay entendimiento.

-Parece usted forastero – me dice un hombre que se me acerca amable.

Me lo dice quizás por la ropa, por la boina, por las gafas. No llevo mono azul ni zamarra como muchos de los agricultores y tractoristas que cortan el cruce sobre el puente, pacíficamente, humildemente. Alguien tendrá que escucharlos. Nunca se quejan.

-No –le desengaño- , mi padre era de aquí, nació en una casa que hay todavía junto a la iglesia, que llegaba cuesta abajo casi hasta el río, donde estaban los lavaderos. Hace mucho, casi un siglo. Luego ha habido allí una panadería, la casa la dividieron en tres.

– Ah, sí la panadería de Jacinto, me dice Fidel, congratulándose de que seamos paisanos.

– Yo no vivo aquí, pero vengo cuando puedo; paso al menos una semana.

Fidel ha trabajado dieciséis años en el Pas de Calais, no en el túnel del tren, pero muy cerca. Como miles de andaluces tuvo que emigrar. Pero volvió al pueblo, a La Puerta de Segura, en la provincia de Jaén, tras sufrir un derrame que le dejó casi un año totalmente inválido. Lo trajeron en avión a Granada. Me cuenta que su médico francés, que veraneaba en Marbella y hablaba español, le tuvo que presentar a su propia mujer y a su hijo, señalándoselos: “ésta es tu mujer, éste es tu hijo”. No los reconocía.

            – Fue de la tensión, me explica.

Poco a poco, Fidel se ha ido rehabilitando aunque su mano derecha la tiene inmóvil, en el bolsillo. Habla bien, pausado, muy correctamente, aunque el francés, que lo hablaba bien, se le ha borrado.

– Es como cuando uno le quita el disco duro al ordenador, todo se ha perdido.

Pero Fidel, que ha venido a unirse silenciosamente a la manifestación, vive bastante bien en su pueblo, tiene su casa y su salud es aceptable.

Bajo el puente que ocupan los manifestantes, los cisnes nadan en el Guadalimar, tranquilos, en este río que por el Arroyo del Ojanco también llaman el río Colorado, por el frecuente color de sus aguas (y que es exactamente la transcripción del árabe), hasta que en Mengíbar desagua en el Guadalquivir.

Me despido de Fidel, esperando volverlo a ver por las calles de La Puerta, a donde siempre retorno. Afable, me sonríe. Me muestra su mano que no me puede dar. Fidel es un hombre cabal y discreto.

El olivar en la Sierra de Segura. Pago de Pisa

El es uno de esos andaluces cuyas pocas olivas le producen menos de lo que le cuesta cultivarlas; entre otras razones, porque él ya no puede hacer las faenas del campo, como hacen muchos otros de su edad para ahorrarse jornales destallando, podando, curando y recogiendo. Para vivir.

En Jaén no se quejan nunca, ésta es casi la primera vez que recuerdo, aunque razones no les faltan. El campo suele estar callado, es parco de palabras, pero no es insensible al abandono ni al menosprecio. Ni tren, ni carreteras decentes -como muestra la pesadilla de la N 322, en obras desde hace más de veinte y cinco años. Este día en que he conocido a Fidel había en la provincia noventa y siete pueblos parados, con las tiendas y los bares cerrados. Si no cortan carreteras pareciera que no existieran. Los diputados que les debieran representar no comparecen. Para el gobierno no existen. Como si España terminase en la M 30.

Uno tiene la tentación de recordar los versos de Miguel Hernández, de otra época, pero aún vigentes, “Jaén, levántate brava sobre tus piedras lunares, no vayas a ser esclava con todos tus olivares.”


Al cementerio de La Puerta de Segura (Jaén)

31 octubre, 2019
Hace más de sesenta años, una vista de La Puerta de Segura con el cementerio arriba a la izquierda; aún no tenía cipreses altos. Muchos de ellos, ya crecidos, han sido cortados hace un par de años para pavimentar y construir nuevos nichos en el centro del cementerio, en vez de ampliarlo. Además, un repetidor para telefonía se alza ahora junto a las tapias de la parte alta.


En la alta cima, es el techo

con sólo el cielo por encima,

del pueblo a sus pies tendido,

el quieto y silencioso cementerio.

Un edil arboricida y mentecato

mandó talar cipreses verdinegros,

alicatar tumbas y nichos,

el camposanto afear y estropear,

y una torre telefónica instalar.

Nuestros muertos ya no sueñan

bajo las sombras

ni tampoco los móviles usan ellos.

Pero no se quejan ni protestan del

mal gusto de esos vivos que

con saña arrasan la belleza.

¿Y así tratáis a nuestros muertos?

¡a Dios no aplacaréis con azulejos

ni con horrendas metálicas antenas!

Romeros y tomillos,

del campo florecillas,

que lápidas alegren

salvarán del olvido

los eternos dormidos.


Por Matilde Ruiz

24 agosto, 2019

25 de agosto

Una quieta mañana al fin de agosto
cuando casi quiere atisbar el otoño,
hace diecisiete años,
con un sencillo “me ahogo”, te despediste
y hoy reposas
–rara suerte- junto a donde naciste.

Poco te alabé en vida,
tú que me agobiabas con tu miedo a la soledad,
pero si no por ti y por vosotros,
hubiera quedado en la cuneta,
sin gozar la vida honesta
que me diste.
Con tanta cuita y miedo que sentías,
no te di cuanto pedías
Madre más que madre, todo día
(difícil pronunciar esa palabra que chirría).

Cuántos años de distancia y diferencia,
manteníamos,
pero al fin, si posesiva, también pródiga,
tus palabras aun me ayudan, guían y sonrío;
aunque el bastón sólo se echa de menos en la cuesta,
y la linterna sólo se usa en la tiniebla,
aunque entonces no apreciaba el bastón ni la linterna.
Como quien pasa tantas veces frente a un cuadro
sin mirarlo ni apreciarlo,
y sólo lo descubre al descolgarlo;
así, yo. La exposición terminó.

Hoy con gusto volvería
a esa gracia inconsciente del niño
por el Retiro de tu mano,
por los viejos bulevares otoñales;
cuando ni corazas, ni exigencias ni penas materiales
enturbiaban mis dudas actuales.
Había ya borrado, con tu ayuda,
la ciudad gris de lluvia y desapego;
sin vertir lágrimas, sólo soberbia e impaciencia
mas tú allí estabas, colmada de paciencia.

Mucho más tarde, envejeciendo,
recordabas las canciones de tu infancia
de hacía cien años,
reconocías árboles y casas.
Pasabas las tardes rebuscando en tus cajitas,
los duros de plata, la calesa de la feria,
tus pañuelos, collares y sortijas
redescubiertos cada día,
mientras olvidabas el gas abierto y las noticias.
Pero tus finas manos sarmentosas
se movían con la elegancia y dignidad
que son la belleza de la ancianidad.
Cuidaste de las flores y las plantas,
amabas más los antiguos júpiter
del jardín de tu infancia
que los anchos y alineados olivares.
Sobria, escueta: pescado, verdura y fruta eran tu mesa.

Y cuando supiste que te ibas, con la certeza del crepúsculo cercano,
lúcida, aun cansada de este viaje, me llamaste una tarde de verano
para que tus encargos finales no olvidase.

Tía Matilde, madre adoptiva del autor, él y la hija mayor de éste, Violeta Ruiz, en París, Navidad 1981
La Puerta de Segura (Jaén)
3.III.1915 – 25.VIII.2002

NOTA EXPLICATIVA: Matilde Ruiz López, junto con su marido, Juan Badía La Calle, tras cuidar de ellos en su temprana infancia y niñez, fueron los padres adoptivos de Jaime-Axel y Cristina Ruiz Baudrihaye, a la muerte del padre de éstos, en 1963.


Más velocidad, más vehículos: en la Sierra de Segura ( Jaén) vamos al revés del mundo

19 agosto, 2019

La reforma de diez kilómetros de la carretera A 317, de la Junta de Andalucía, nos va a salir muy cara, en dinero, en árboles y en paisaje.

El precio, según los carteles, es de más de dos millones doscientos ochenta mil euros, 2.280.458,89 €. (Lo de los 89 céntimos es muy importante, da como sensación de honestidad y rigor). Cada kilómetro de carretera nos va a salir a más de doscientos veinte mil euros, 228.000€.

Y encima parece que está cofinanciado por la Unión Europea.

Pero el coste ambiental, no medido, y menos aún declarado, es mucho más alto. Han perpetrado una innecesaria tala masiva de los chopos y demás árboles (espinos, fresnos) de la desaparecida curva del Batán, y han dejado un terraplén yermo, machacado, sin una sola planta.

El propósito de esta reforma era y es:

“Para lograr una mejora de las condiciones de capacidad y velocidad del recorrido se incluyen medidas como la construcción de un nuevo puente, mejoras de trazado, sección y firme”. Esto decía la Delegada Provincial de Medio Ambiente de Jaén, el 12 de mayo de 2008.

Respondía así a mi carta en la que le mostraba mi inquietud porque la carretera A 317 fuera a ser reformada, pedía que hubiera arcenes para andar o ir en bicicleta y me quejaba de la suciedad de las cunetas. Por fin, criticaba la falta total de control de velocidad en una zona protegida como es el Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y Las Villas.

Es decir, la Delegada contestaba todo lo contrario de lo que se pedía: se iba a aumentar la capacidad y la velocidad. El medio ambiente, la naturaleza, no importaba. Y en las cunetas “los residuos son muy escasos en sus márgenes”.

Así se ha hecho este año de 2019 y ya se puede ir mucho más deprisa (entre otras cosas porque no hay control alguno, es una carretera sin ley) y los automóviles y motos van a la velocidad que les da la gana. Algunos motoristas, los fines de semana, incluso echan carreras en las rectas, ahora con ese firme mucho mejor para superar los 120 kms por hora. Las profusas y ubicuas señales -otro negocio, éste de tanta señal- se las saltan impunemente todos los vehículos. Además de la contaminación de humos, ahora tenemos la sonora. Todo sea por el Parque Natural.

Nadie, evidentemente, ha echado las cuentas de cuánto CO2 se emite, ni del que se ha emitido con los masivos movimientos de tierras y maquinaria. Pero debe ser muy alto porque sabemos que sólo tender un metro cuadrado de hormigón emite 27 kgs de CO2 y que necesita para elaborarse 70 litros de agua. Pero como no lo medimos, nos quedamos tranquilos.

Las televisiones y la prensa nos hablan de la deforestación masiva de la Amazonia, de las 110.000 hectáreas de bosque muerto en Alemania en 2019, del incendio de Gran Canaria, por la sequía y las altas temperaturas. Pero no pasa nada, en esta tierra de Jaén, imperturbables, los alcaldes parecen encantados con la nueva carretera que permite “más capacidad y más velocidad”.

Vamos al revés de la historia. No sabemos si la lejana, inaccesible, invisible y pródiga Unión Europea, dirá algo por este atentado ecológico, despilfarro de energía y estupro del paisaje, aunque el escrito arriba citado, terminaba así:

“El hecho claro de la necesidad de mejora debe ir acompañado de toda clase de medidas que adecuen esta carretera al entorno protegido que atraviesa, y minimicen o corrijan los daños de su ejecución (integración paisajística, protección de los valores naturales y culturales, restauración de la cubierta vegetal y del antiguo trazado, etc).”

No entendemos muy bien a qué valores culturales se refiere, lo que sí parece es que hablar de cubierta vegetal significa que habría que volver a plantar los árboles arrasados, que podrían haber sido salvados porque no se entiende por qué ni para qué cortaron tantos. Así, los contratistas ganan dos veces, una, cortándolos, otra, replantándolos. Recordemos que la tala de árboles ha sido históricamente un arma de guerra para vencer, someter y sojuzgar pueblos y civilizaciones. Así nos sojuzga la ínclita Junta de Andalucía.

Antes era una tupida chopera

(P.S.- Se pregunta, en fin, quien esto escribe si las cervezas SKOL patrocinan la carretera, pues los operarios han dejado por doquier latas de SKOL tiradas en las cunetas. También parece como si SKOL financiase la recogida de la aceituna, a tenor de la cantidad de latas de esa cerveza que hay tiradas por todos los olivares).


Lamento por la destrucción de la curva del Batán (perpetrada por la Junta de Andalucía en la Sierra de Segura, en Jaén, carretera A-317)

4 agosto, 2019

Las máquinas dan poderío,

es sabido.

Palas excavadoras, destrozadoras,

hacen ruido.

Talar árboles da poderío,

es sabido.

Ni se quejan ni reclaman,

para solaz del turista veloz,

callan.

La tierra baldía es poderío,

es sabido.

Removida, destruída,

vieja curva umbría del Batán.

Ufanos descansan, con poderío,

sin pena ni asombro

ante tanto escombro,

ingenieros y prebostes satisfechos,

ahítos de poder sin desafío

tras meses ocultando su delito

de lesa naturaleza

y máquinas aviesas.

Que el progreso en tierra electoral

es lo verde hecho cunetas,

civantos, latas y despojos:

que no queden ni rastrojos.


Favelas en la Sierra de Segura

24 marzo, 2019

18 de marzo de 2019. Texto completo en http://www.lalineadelhorizonte.com/revista

El paisaje de la Sierra de Segura, en la parte oriental de la provincia de Jaén, es de una belleza singular, inusitada. Las tierras altas, pobladas de pinares en su mayor parte (sobre esto volveré), las bajas, con valles de antiguas huertas, choperas y las faldas de muchos montes por donde trepan olivares grises que contrastan con oscuros pinares. Y farallones y picachos de roca caliza como guardianes dorados, vigilantes, incólumes.

Segura de la Sierra, uno de los Pueblos Bonitos de España

[…]

Las dos desamortizaciones, la de Mendizábal y la de Madoz, fueron un desastre, pues entregaron los bienes eclesiásticos y los montes de propios a nuevos propietarios depredadores que talaron sin repoblar, que ocuparon la sierra (y las sierras) para convertir pinares en desiertos, como en los altos de Santiago de la Espada y Pontones, sobre todo, aun llamados, paradójica y tristemente, Pinar Negro.

[…]

La sierra, en los últimos años, y a pesar de la despoblación, ha mejorado en servicios públicos, en sanidad, las bibliotecas municipales organizan actividades teatrales y de lectura, y se celebra cada primavera un festival musical de importancia, Música en SeguraNo es extraño que hayan sido las mujeres las más dinámicas y más avanzadas para impulsar actividades culturales, para fomentar la creatividad.

[…]

También ha mejorado mucho la prevención de incendios –aunque no sabemos cuánto cuesta–, la Agencia Andaluza de Medio Ambiente protege más las encinas y la flora autóctona, habiendo descartado ya el todo pinar que heredamos del Patrimonio Forestal del Estado y del extinto ICONA, de funesto recuerdo.

[…]

Pero muchas de estas aldeas son restauradas sin orden ni concierto, proliferan las naves o cocheras construidas con bloques y techos de uralita, sin enlucir ni enjalbegar, se van añadiendo elementos y pisos a las viejas casas con ladrillos, de cualquier manera y con nulo gusto. Por los olivares abundan esas construcciones de desfortuna, con la uralita sujeta por piedras, con viejos muebles, aperos y herramientas tirados alrededor.

Los alcaldes no hacen nada por evitarlo ni obligan a enlucir las fachadas o blanquear. El resultado son cortijadas que más parecen favelas –esas poblaciones de chabolas en los morros de Río de Janeiro– que aldeas serranas y algunos pueblos donde todo la construcción moderna y reciente es irrecuperablemente fea.

La paradoja está en que esta comarca forma parte desde 1986 del Parque Natural de Segura, Cazorla y Las Villas. Si la declaración de espacio protegido nos ha librado de urbanizaciones, no ha impedido la favelización de las aldeas y cortijos. Mientras una administración tiquismiquis vigila por todas partes, hace sin embargo la vista gorda ante las construcciones clandestinas (pero bien visibles), que afean olivares y aldeas. Muchas cortijadas ya no son blancas sino color gris (de bloques y uralita) y rojizas, de ladrillos sin enlucir.

[…]

Y dirá el lector y el viajero que por allí se aventure: ¿quién es responsable? Los primeros, los propietarios que no son precisamente pobres pero escatiman y no acaban sus casas y almacenes; segundo, los ayuntamientos, atenazados por los intereses creados y pasivos ante el hecho consumado; tercero, el Patronato del Parque, que carece de herramientas jurídicas para hacer cumplir la ley e incluso para poder ejecutar las sentencias o resoluciones de demolición, cuando las ha habido. […]

Además, estamos limitados por la peor carretera de toda España, la N-322, que lleva más de veinte años en obras y es un auténtico cuello de botella. A la sierra solo se puede llegar en vehículo privado, pues el servicio de autobuses es lamentable, si se puede llamar servicio. Por ejemplo, los trescientos kilómetros que dista de Madrid, en autobús cuestan seis penosas horas, con parada y cambio de vehículo en la horrenda estación de Valdepeñas, indigna de un país europeo.

[…]


El blog de Agustín Galán

Filosofía de la ignorancia

La pluma del cormorán

"Dejarlo dicho y nada más"

El blog de Guillermo Schavelzon

La edición, el libro, los escritores

La Estirga Burlona

El blog de Bárbara García Carpi

Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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