Justo Peralta, de la provincia de Jaén, soldado en el Sáhara en 1958.

14 marzo, 2018

He conocido a Justo Peralta Navarro en Cortijos Nuevos, una pedanía de Segura de la Sierra, en la provincia de Jaén. Justo conserva los recuerdos de su servicio militar en el Sáhara Español, allá por 1958, cuando el ejército marroquí atacó posiciones y enclaves entonces españoles, como Cabo Juby y Sidi Ifni, pero también Villa Cisneros, la hoy Dakhla. Marruecos acababa de independizarse hacía apenas dos años.

Justo nació en Cortijos Nuevos el 18 de marzo de 1935, cuando allí vivían apenas cuarenta vecinos, si llegaba.image

Fue enviado al Sáhara desde Fuerteventura e integró durante dieciocho meses la Tercera Compañía de Canarias, en la Sección Automovilista. Los enviaron en barco hasta El Aaiún, con escala, sin bajar a tierra, en Sidi Ifni. En El Aaiún desembarcan por fin, con el agua hasta la cintura porque no había muelle de atraque. Juran bandera y de allí los transportan en automóviles, unos jeeps, dice él, hasta Cabo Juby, donde embarcan nuevamente hacia Villa Cisneros.

En esta guarnición estaba la Tercera Bandera de la Legión. Al mando de todos estaba un teniente legionario. Además, tropas de Regulares, “con el gorro colorado”, un Batallón de Infantería y algunos alféreces de complemento. Pero la Legión era la que realmente combatía, “los que salvaban la situación”, y lo hacía con energía, aunque reclamaban “carta blanca” a los mandos, que la denegaban.

A Justo lo nombraron asistente de un capitán, José María, encargándole de custodiar su casa donde se albergaba la mujer del capitán, Carmen, y a sus tres hijos, porque los moros, dice, se colaban en las casas para dar golpes de mano. Como uno particularmente cruento cuando los moros hicieron prisioneros a una familia de pescadores españoles, a los que ataron y les fueron torturando hasta que se desangraron. Otro día, en Nochebuena, unos moros, como él les llama, se hicieron pasar por guardia mora y mataron a tres centinelas en el campamento de El Algur (sic), a pocos kilómetros de Villa Cisneros.

Había combates duros y los españoles “cargaban los soldados muertos en camiones, aunque algunos se quedaron en el desierto”. Sólo el apoyo aéreo y de infantería francés desde Mauritania, les salvó de la hecatombe.

La vida cotidiana era dura, con dos litros de agua al día para beber y lavarse, “no pasé sed ni ná”. Lo peor eran las nieblas de arena, como él dice, tormentas del desierto, el chergui, seguramente, que cambiaban hasta las tiendas de sitio. Esos días ni podían salir del cuartel. La comida era buena, por el contrario, y a veces asaban gacelas que los legionarios iban a cazar en coches por el desierto, “por aquellos llanos”. También comieron avestruz. Recuerda muchas diferencias, por ejemplo, que los veteranos “ni fregaban ni ná”.

imageNo había mucha formación en el Ejército. Justo aprendió apenas las primeras letras en Cortijos Nuevos con un hombre llamado Sebastián, que “no era maestro pero sabía mucho”. Le tenían que pagar cuatro duros al mes pero lo hacían en especie, cavándole las olivas. “El saber escribir es lo más grande que tiene una persona, me dice en el bar Los Pinos, que sepa defenderse”.

Con los moros, como él les llama, tenían algunos contactos, “no se metían con nosotros”, pero no se podían fiar de ellos. Uno le invitó una vez a su kábila, sus tiendas, que estaba cerca. Pero iba con prevención, porque fue solo y ellos “no hacían más que asomarse” tras los montículos. “Vivían sin sillas, sólo alfombras y comían sentados en el suelo”. A las moras “ni acercarse”. Recuerda de uno que estuvo hablando con una, y a ella la echaron de su casa o tienda y la apedrearon hasta los chiquillos de diez años y al soldado le dieron una paliza que le costó quince días en el hospital y sólo porque lo rescataron a tiempo los de la Legión, “que si no…”.

De sus compañeros se acuerda de algunos, como de un legionario de Úbeda y de un soldado que era de Huelma, que se llamaba Pedro, al que le dieron un tiro en el brazo porque era conductor (y eran objetivo favorito de los marroquíes) y tuvo que ser repatriado.

Cobraban cinco pesetas por día (en España, una peseta), y podían reengancharse. Tras aquella guerra, “nos ofrecieron una paga, pero nada. Y luego les dieron Cabo Juby y Sidi Ifni, y después cuando fue el rey, todo el Sáhara”. Tanto dolor y penalidades para nada. Como tantas veces en las guerras, los soldados, ni agradecidos ni pagados.

De vuelta a España, a las olivas y a trabajar en la construcción, lo que le llevó a Barcelona y a Palma de Mallorca, “no lleva uno rulao ni ná”. Se casó con Justa y tuvieron cuatro hijos, dos de los cuales viven en Lloret de Mar y los otros dos en Cortijos Nuevos. Me dice que cuando les preguntaban por el nombre de sus padres, Justo y Justa, los maestros se creían que les estaban tomando el pelo. Justa murió hace trece años, el treinta y uno de mayo de 2013, me precisa, y a Justo se le humedecen los ojos. Hasta su perrillo, que le acompañaba hasta hace poco al bar Los Pinos, donde se toma su descafeinado, se le ha muerto.

Con Justo entablé conversación porque mi padre, de La Puerta de Segura, también se llamaba Justo. Y cada vez que voy a Cortijos Nuevos me lo encuentro como siempre, apacible, tomando el sol y saludando a los que pasan. Justo Peralta, como muchos otros ancianos anónimos, sencillos, hombres de España, lleva en su vida y en su memoria mucho que contar y que nosotros no escuchamos o hemos olvidado o querido olvidar. Son los que se han quedado del lado del silencio.


Ernesto Sánchez Montoya, una semblanza en 1981 (y II)

22 julio, 2017

“Ernesto. Un personaje del pueblo español. Con la cólera de un Salvat Papasseit, con un moralismo quijotesco. Luchador, por tanto, solitario. Reiterativo, con una personalidad volcada en lo social, en la polémica. Es, naturalmente, incomprendido por muchos, negado por otros tantos. Hombre difícil de disciplinar en un partido por su gran originalidad y sinceridad. No es casualidad que sea un herrero; trabajo individual pero relacionado con la industria, con las fábricas. A ellas les pide los suministros. En ellas, en los talleres de Barcelona, hizo su aprendizaje que le permitió luego volver a Orcera con técnicas nuevas para reavivar la forja en que desde hace tres generaciones trabaja su familia.

Quisiera dominar el pueblo, modelarlo y dirigirlo como doblega la terquedad de una barra. Quisiera pertenecer a un pueblo duro, bien templado. Desprecia la blandura, el ser proteico.

Encerrado en un pequeño pueblo de la Sierra de Segura, los acontecimientos de su vida los abstrae y los eleva a categoría. El señorito bufón y chirigotero es por antonomasia la representación de la ineptitud de las llamadas clases altas y dirigentes de Andalucía. La borrachera y la ramplonería del jornalero sin pan ni ideas es la muestra de la alienación obrera. La mujer de un médico o de cualquier otro profesional del pueblo, que sea gazmoña, pintada y semianalfabeta representa a los ojos de Ernesto la personificación de un género de vida de las mujeres que se parece bastante a la prostitución periódica.

Pero Ernesto no es sólo crítico, no es un resentido ni por asomo. Es demasiado bueno y simpático, en el más amplio sentido de la palabra, como para tener resentimiento. Odia el estilo, no a la persona en si. Como si distinguiese el crimen del criminal. Ernesto contempla los niños, Ernesto es capaz de pasar una noche hablando, de soñar con una casa en la sierra, de ilusionarse por una mujer. Sí, Ernesto es más inteligente que un simple agitador que manejase cuatro tópicos descosidos”.

[Estas líneas las escribí el 21 de septiembre de 1981 y las acabo de descubrir en un viejo cuaderno. No he cambiado ni una palabra, es la impresión de entonces.]

Nota: Salvat Papasseit fue un poeta catalán anarquista del primer tercio del siglo XX que murio muy joven, de tisis. Entre otros versos escribió ‘Humo de fábrica’.


Fotografías de las gentes de La Puerta de Segura, por Antonio Damián Gallego

14 julio, 2017

Descubro tardíamente las fotografías que hizo Antonio Damián Gallego Gómez de la gente de La Puerta de Segura (Jaén), editadas hace quince años, en 2002.

Como él dice, son sus gentes, los niños, los abuelos, los que ya se fueron y los que vienen. Hay fotografías de la vieja aldea de Las Graceas, a dos pasos del pueblo, pero ya deshabitada, hay retratos que hablan. Que además son técnicamente perfectos. La pequeña,historiamde un pueblo español.

La calidad de las fotografías, en blanco y negro, no tiene nada que envidiar a las de todos esos fotógrafos norteamericanos que nos dejaron su testimonio y que son mundialmente reconocidos.

Con humildad, pero con gran sentimiento y orgullo sano de su tierra y de sus vecinos, Antonio Damián nos ha dejado un monumento al pueblo llano, a esas personas que forman el mundo pero que, como dice el poema de María del Pilar Martínez, son

gente buena de mi tierra,
rescatada del olvido
al que se hallan condenados
los humildes y los sencillos

Ver esos rostros, esos quehaceres antiguos, desde el labrador, el aceitunero hasta el hojalatero, el carpintero o el herrero, ver los gitanos del pueblo, tan señeros como él, producen emoción. ¿Qué más puede desear un fotógrafo que hacernos partícipes de su poesía gráfica?

Este libro, bellamente editado, debería ser mucho más conocido. Los retratados y el retratista lo merecen.

 


El paludismo en la comarca de Segura (Jaén) hace ochenta años

12 julio, 2017

Hace casi cien años había paludismo endémico en la parte oriental de la provincia de Jaén, sobre todo cerca del Guadalimar. Campo Redondo, que es una pedanía de Chiclana de Segura, fue uno de los lugares donde más se padeció, pero también Puente de Génave, La Puerta de Segura y Beas, eran azotados por esa enfermedad, que es conocida como malaria o tercianas.image

El 1° de julio de 1934 don Ramón Martínez Ruiz, médico local de La Puerta desde 1907, fue nombrado encargado del Dispensario Antipalúdico de dicha localidad. Después de la guerra aún había paludismo y le es renovado el título en 1943. Este médico era hermano del escritor Azorín.

Hoy, el antiguo dispensario de Campo Redondo es una ruina, desgraciadamente. Una anciana, que vivió en un cortijo de Puente Mocho (ruinas de un puente romano de traza quebrada que iba a dar a la Vía Augusta) con su hombre, como ella dice, y diez hijos, aun recuerda cuando iba al dispensario a que le diesen las pastillas y, de vez en cuando, a que le pusieran inyecciones. Al parecer este dispensario estuvo activo hasta los años setenta del pasado siglo.image

Mi padre, nacido en La Puerta en 1923, padeció el paludismo de niño. Entre los remedios que se le administraban estaba la leche de cabra a diario (lo que hizo que aborreciese para siempre la leche).

Imagen 1Más información:

El paludismo ha estado presente en España durante siglos. Para mayor información remito al excelente trabajo que se puede consultar en esta página:

http://congresoage.unizar.es/eBook/trabajos/008_Castejon%20Porcel.pdf

Para los que quieran escudriñar más datos sobre la zona, el blog loqueseocultabajoelsol.blogspot.com.es, reúne algunos trabajos sobre la zona, en particular dos sobre los antiguos puentes sobre el río Guadalimar:

https://plus.google.com/106410062523977779796/posts/


¿Lo han arreglado ya, un año después? El río Guadalimar, contaminado

19 junio, 2017

 (Artículo publicado por Estrella Digital, http://www.estrelladigital.es, en julio de 2016)

[Hace casi un año se denunció el desastre, pero no sabemos si se ha arreglado. Parece que no, que hay en camino una jugosa subvención. Es decir, como siempre, obra nueva para solaz de contratistas y de intermediarios, en vez de mantenimiento que es más barato, útil y rápido]

A su paso por La Puerta de Segura, en la sierra del mismo nombre, en la provincia de Jaén, las cloacas de todo un valle están rotas desde hace tres años y se vierte al río Guadalimar gran parte de lo que se ha recogido en aldeas y cortijadas. Se hicieron hace varios años unas obras de saneamiento que nunca fueron terminadas con la necesaria estación depuradora que rematase la inversión, por lo que todas las aguas residuales terminan al final, otra vez, unos kilómetros abajo, en el río. La obra fue financiada por la Unión Europea, se llevó a cabo por una contratista de Almería que presume de ambiental, con poco respeto por árboles y veredas, como lo demuestran todas sus víctimas, pinos y encinas centenarios arrancados sin compasión y cortados para cavar las zanjas y poner las tuberías por donde más barato le saliese a la susodicha y malhadada empresa.

Además de la incuria y mala administración que demuestra esta obra sin terminar y encima rota, sorprende la pasividad de los ayuntamientos -el de La Puerta en especial- ante este desaguisado que es Imagenfuente de polución y de nauseabundos olores. Y eso que es territorio electoral favorito de la Junta de Andalucía y de la Diputación provincial. No es sólo un problema de La Puerta sino de todos los pueblos de río abajo.

El río Guadalimar, el río Colorado, que es su etimología y como se le llama todavía por Villanueva del Arzobispo, nace en la Sierra de Alcaraz, en Albacete y da en el Guadalquivir en Mengíbar. Río romano, que regaba huertas y olivares por debajo de la Loma de Úbeda, por él bajaban las maderas de la Sierra de Segura hacia Sevilla, en una epopeya parecida a la de los gancheros que describió José Luis Sampedro en su novela El río que nos lleva (ésta, por el Tajo). El Guadalimar baja bastante limpio hasta que se topa con esa rotura en La Puerta. La Puerta de Segura, que también podría llamarse Puerta del Guadalimar, para honrarlo. 

Se manifiesta aquí algo demasiado generalizado en España por las administraciones municipales como es el menosprecio de los ríos, de los paisajes, de las aguas, sean interiores o marítimas. Los ríos se han considerado solamente como medio para regar, como vías de comunicación o como cloacas, y esta mentalidad perdura.

En materia de medio ambiente y de protección de la naturaleza y de las aguas, en gran parte de España, y en Andalucía en particular, existe una tremenda disparidad entre los discursos oficiales y la realidad.  Sería necesario que la Unión Europea controlase y auditase, para ver en qué dan y han dado sus fondos estructurales, más allá de los maquillados informes oficiales. Hay un cúmulo de autoridades y administraciones superpuestas, rivales, laberínticas, municipales, provinciales, regionales, estatales y hasta las Confederaciones Hidrográficas y, sin embargo, no acertamos con la buena administración del agua.


Ernesto Sánchez Montoya, andaluz de Jaén, herrero altivo (I)

20 mayo, 2017

Ernesto, el herrero de Orcera, en la Sierra de Segura, en Jaén, era herrero de tres generaciones. Su padre y su abuelo también lo habían sido y la fragua de la calle Milagros, 3, conservaba el viejísimo fuelle de piel de carnero. Ernesto doblaba el hierro, lo torcía, hacía rejas para cortijos con sus mandorlas de plomo fundido, no prefabricadas, arreglaba aperos en pleno olivar, soldaba brabanes, enmendaba arados. El no tenía pereza para llegar al lugar más perdido, siempre con su mono azul, con su cigarro en los labios y su saludo ‘¡qué!’, que servía para saludar y al mismo tiempo preguntar qué pasaba.

[Los brabanes son unos arados que procedían de Brabante, en Bélgica, y que creo fueron introducidos en España en el siglo XV o XVI, por influencia de nuestra entonces provincia de Flandes.]

Orcera, 1968

Orcera, 1968

Sus dos aficiones eran la lectura y la caza. Y todo ello, con la conversación. Ernesto sabía de memoria versos y poemas de Machado, Alberti, Miguel Hernández o Neruda. Siempre poemas comprometidos. Pero también leía a Orwell, a escritores actuales. El último libro que le mandé eran los poemas de Marcos Ana, quien se los dedicó en la distancia.

Porque Ernesto era comunista desde 1975, se hizo del Partido, al que fue fiel siempre (aunque sus camaradas no siempre le fueron fieles). Ernesto disertaba sobre las posibles soluciones a los problemas de la sierra, del pueblo, de España. Llegó a ser concejal porque le votaban muchos que sabían de su honestidad y su laboriosidad. Pero los socialistas no le apreciaban, era incómodo, porque las verdades son a menudo incómodas.

Cuando se legalizó el Partido Comunista, el sábado santo de 1977, organizamos la primera reunión pública en el bar del Melo. Pero el capitán de la Guardia civil estuvo allí, escuchó, tomó nota y el Gobernador civil nos atizó una multa por reunión ilegal. Estábamos todavía saliendo del franquismo. Recurrimos las multas y no hubo que pagar al final. Ernesto me regaló las rejas de La Loma del Perro, porque Ernesto era agradecido y de buena memoria. Cuarenta años después, el 17 de abril de 2017, Ernesto se ha ido, ha descansado. A Ernesto le arruinaron algunos empresarios mal pagadores y las nuevas puertas prefabricadas. En general, le pagaba todo el mundo tarde y mal, pero él consideraba su oficio casi como un servicio público y además llevaba mal las cuentas, sus propias cuentas, porque era un hombre desprendido y generoso con su tiempo. ¡Cuántas horas de trabajo le habrá ahorrado a tractoristas y labradores arreglándoles sus roturas a tiempo, aunque estuvieran en un remoto repecho de aquellos campos !

Nos quedará el recuerdo de un hombre de trabajo y de letras, entusiasmado con las ideas, con el progreso, con la lectura y con la naturaleza, que amaba, y por lo que siempre escogió permanecer en Orcera, en plena Sierra de Segura.


Endesa (antigua Sevillana de Electricidad) y sus postes

15 julio, 2016

Ya sabemos que existe la servidumbre eléctrica, una figura jurídica que supedita los derechos de los propietarios a las necesidades del servicio público de electricidad.

Gracias a esta institución legal, las compañías eléctricas tiene derecho a cortar árboles, ramas, podar, para asegurar que no haya riesgos de incendio.

Pero a menudo, esta servidumbre es utilizada pura y simplemente para ahorrarse cables, para trazar los tendidos de la forma que más barata le salga a la empresa concesionaria del servicio público. Así, cortan sin muchos miramientos y ponen postes donde más les conviene como empresa que debe obtener beneficios.

Endesa

Por eso no atienen a la belleza del paisaje ni a los derechos, que también existen, del arbolado y de la belleza. ¿Podría explicar ENDESA, por ejemplo, qué pintan esos dos postes juntos clavados en el llamado cerrillo de la Sepultura, junto a la cortijada de la Teinada Nueva, o Tinada Nueva?

Por cierto, el nombre de Tinada Nueva proviene de que allí había un “descansadero” de ganado, en los tiempos de la .Mesta (abolida felizmente por las Cortes de Cádiz en 1812).

Tinada Nueva, término municipal de Segura de la Sierra (provincia de Jaén).

Los lectores pueden aportar fotografías de otros postes “estratégicamente situados”, como uno en plena calle en la cercana aldea de Rihornos, amén de los numerosos por todos aquellos  cerros y valles.


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Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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