Llerena, el sosiego

5 abril, 2018

Hay pueblos a los que solamente se puede llegar por carretera, sin ferrocarril ni autovía. Eso les ha podido hundir, o quizás, mejor, salvar. Así es Llerena, la antigua Allaria o Ellerina, al sur de la inmensa provincia de Badajoz. Calles blancas, prístinas, limpias. Las paredes refulgen en el sol de la tarde. Todas las puertas y ventanas están pintadas de marrón oscuro, no sé si por orden municipal o por el austero y sobrio buen gusto de los moradores. Rejas negras, rectas, sin florituras estériles, puertas bien pintadas, de marrón oscuro, algunas entreabiertas como es costumbre en el sur, invitando al paseante a entrar hasta la cancela, como indicando hospitalidad y que la casa está habitada.

image-e1522952358777.jpegLas calles de Llerena, al iniciarse la primavera, están muy tranquilas. Son calles solitarias, con algunos portales que declaran su pasado mudéjar, como las torres de sus iglesias y antiguos conventos, en especial la parroquial de Nuestra Señora de la Granada. Ha de tenerse en cuenta que en el siglo XVIII Llerena llegó a tener el diez por ciento de su población religiosa. Rodea el pueblo una extensa campiña, sembrada de cereales, tierras que ya fueron puestas en cultivo por los romanos.

Se venden muchas casas, los letreros cuelgan de los balcones. No sabe el viajero si Llerena es un pueblo con mucha actividad económica, si da de comer y trabajar a sus jóvenes. Pero es un pueblo bello, un pueblo que merece tener más actividad, que se organicen más reuniones, conciertos, que tenga más vida. Aquí vivió y trabajó algún tiempo Zurbarán, aquí nacieron el descubridor del Cañón del Colorado, la actriz Catalina Clara, entre muchas personas que dieron renombre al lugar y al país. El museo histórico, antiguo palacio episcopal, es nuevo, es digno de una visita sobre todo por la obra en sí.

Desayunamos en la plaza, en La Casineta, bar y café popular donde los llerenenses se encuentran y charlan. Atienden rápido y con simpatía, pan tostado con aceite y tomate o manteca colorá, suave o picante, ese desayuno ancestral andaluz. Es uno de los bares de los soportales de la plaza, plaza mudéjar y blanca, impoluta y civilizada. Un hombre se queja de que no ha podido plantar a tiempo las patatas porque ha llovido mucho, lo que nos recuerda que estamos en una comarca agrícola por excelencia, en la que todo gira en torno al campo, como desde la época romana, aunque tiene un pasado de fábricas textiles y minero.

imageLuego nos vamos a ocho kilómetros de allí, hacia el este, a Las Casas de la Reina, donde hay un teatro romano bien restaurado, con vista al norte sobre todo el horizonte de la campiñ. Era la ciudad de Regina, una población de paso y parada obligada entre Emérita Augusta y Córdoba, al pie de una alcazaba. Algo más lejos, están las milenarias minas de hierro de La Jayona, que cerraron en 1921.

Pero no encontramos libros sobre la rica historia de Llerena, historia de la Orden de Santiago, de la Inquisición, que allí tuvo sede durante tres siglos, ni de los alumbrados, esa secta pseudo mística que fue perseguida en los tiempos de Felipe II. Hay dos pequeñas papelerías donde venden prensa y pocos libros. El remedio, para el viajero con más tiempo, es acudir a la biblioteca municipal, bien surtida. Tampoco encontraremos muchos libros en la cercana Zafra que, esa sí, tiene unas cuantas librerías, como la simpática Atenea. Bastantes cosas de la guerra civil, pero nada del pasado romano, medieval o renacentista. También se pueden encontrar algunos estudios en la red, dispersos y de desigual calidad.

Para más información de visitas y alojamiento, consultar http://www.llerena.org, y, para los curiosos sobre Extremadura, se pueden buscar los libros de la Biblioteca Popular Extremeña, donde se cuenta mucho de esta región, desde los tiempos romanos hasta la guerra civil del siglo pasado.


The road

14 diciembre, 2017

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(acrílico sobre tabla entelada 40×30)


Qué hacer para ser publicado

31 julio, 2017

El blog de Guillermo Schavelzon

Un desafío para los escritores

La creciente dificultad para encontrar editorial, similar a lo difícil que resulta conseguir agencia literaria, es una de las mayores preocupaciones de los escritores que tienen una y a veces varias obras escritas, que quieren publicar.

En esta dificultad, encontraron su negocio las editoriales y plataformas digitales de autoedición, que no parecen ser una solución, sino solo un negocio muy lucrativo para la editorial. En Estados Unidos se llaman Vanity Publishers, empresas que lucran con la vanidad del escritor, como si no supieran que lo que ofrecen, nunca satisfará las expectativas que genera.

En el mundo de los escritores, sigue siendo el libro tradicional, impreso en papel, y puesto en librerías por un sello de prestigio, la principal forma de reafirmación, además de la mejor posibilidad de llegar a las librerías, a los medios y a los lectores.

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Iñárritu o la trivialización de Tarkovski

14 marzo, 2016

 La película El Renacido, The revenant, es una especie de pantomima de las grandes películas de Andrei Tarkovski. Hay escenas y temas que parecen –mal- imitados de La infancia de Iván (1962) o de Andrei Rublev (1967), como las aguas, los ríos, el fuego, dejar comida a una india superviviente, el camino por los bosques, el silencio, la lluvia y la nieve; hasta las tomas y puestas en escena parecen calcadas de estas dos películas.

Anatoli Solonitsin, un actor ruso favorito de Tarkovski

Anatoli Solonitsin, un actor ruso favorito de Tarkovski

 Decía el director ruso que él quería evitar sobre todo las películas como mero espectáculo, como entretenimiento, y la de Iñárritu tiene todos esos defectos del cine taquillero. Pretende ser algo profundo y al final es una película de aventuras, con todos los trucos para hacerla comercial y vendible (lo que es comprensible dada la enorme inversión financiera en el producto que debe ser rentable, ante todo).

Un crítico ruso dio el alerta sobre estas “curiosas” casualidades que casi bordean el plagio. Como decía un tweet, a Tarkovski no le hubiera gustado. Pero Iñárritu, se ha rendido al público, que al fin y al cabo es quien manda.

 El lado poético, la carga humana de las películas de Tarkovski en las que El Renacido se inspira, han sido sacrificadas a la escenografía, al efectismo. Iñárritu ha conseguido hacer un blockbuster rentable.

 

Lecturas sugeridas:

Vida y obra de Andrei Tarkovski, por Rafael Llano, nunca reeditada por la Generalitat Valenciana, desgraciadamente.

Esculpir en el tiempo, de Andrei Tarkovski, Ediciones Rialp, 1991 (reeditado junio 2015)

Blog:@luisbond009


La película rusa Leviatán y Unamuno

13 febrero, 2015

Artículo publicado en Estrelladigital.es

 

 

http://www.estrelladigital.es/blog/jaime.axel.ruiz.baudrihaye/unamuno-y-pelicula-leviatan/20150211213157228534.html


Misión en Angola, 5. Los contubernios contra Portugal

26 enero, 2015

Una vez despachado el contubernio sudafricano, el señor doutor atacó una rapsodia anticastellana de las que a mi me gustaban por aquella época y a la que no podía por menos que asintir alborozado, sintiéndome que comulgaba en todas las ideas de nuestro prócer. Pues si los boers y sus aventuras me resultaban algo lejanas, a pesar de haber leído con fruición algunos relatos de Conan Doyle, que cubrió aquella sangrienta guerra, la enemiga castellana era mi canción de cuna, los cuentos de mi infancia y mis primeros sobresalientes en historia patria. Desde los albores de Aljubarrota hasta la guerra de las Naranjas, me sabía de memoria todos los agravios perpetrados por tan avieso enemigo. Que el señor Doutor evocase el peligro castellano con motivo de la salvación de nuestras provincias ultramarinas, no hacía sino confirmarme su preclara visión de la historia.

– No se engañe usted, España está al acecho aquí al lado, las provincias de ultramar son nuestra única fuerza, nuestro cordón sanitario. En cuanto perdiésemos nuestro Imperio, esperarían a que cayéramos en sus codiciosas manos como una fruta madura. Toda la historia de Portugal no ha sido más que la de nuestra testaruda (teimosa, decía el señor Doutor) resistencia a ser absorbidos, asimilados, engullidos por Castilla. Y ha acontecido con todos los gobiernos, con todos los Estados -se embalaba el Presidente del Consejo-, desde los Felipes españoles, Godoy, los apoyos a los Miguelistas, que distaban mucho de ser tan generosos y desinteresados como el absurdo Don Miguel suponía, pues através de la ayuda se nos colaban por Duero las tropas españolas; y no olvide usted las tentativas durante la República, del socialista Prieto, para entregar armas a los irredentos de 1934, hace ahora treinta años casi justos, los editoriales del falangista ‘Arriba’ clamando por la anexión, en pleno poderío de Serrano Súñer, ese que llamaban el cuñadísimo (que el agitado Teotonio Pereira le reproducía en sus telegramas). Nuestro último bastión es Ultramar. Si lo perdiéramos no tendríamos más línea de resistencia y, ya fuera por la fuerza, que no creo, o mediante inversiones, Portugal pasaría a ser un apéndice peninsular. Nuestro designio histórico nos obliga a defender con imaginación, con energía y con visión de futuro, nuestra lusitanidad pluricontinental.

El palacete donde me recibió Salazar

EL palacete donde me recibió Salazar

Yo recordaba al escucharle mis atisbos de la España imperial, en aquel poblacho de Badajoz, polvoriento y destartalado, donde lo único que se podía comprar eran caramelos y algún cigarro puro reseco. Se me habían quedado grabados los guardias civiles hoscos y con olor a sudor, correaje y tabaco y los arrieros agitanados que se arremolinaban ante el Mercedes de mi padre. Todos aquellos inquietantes símbolos de un pueblo taimado, brutal y maleducado, dispuesto a arrebatarnos la nacionalidad al menor descuido.

– Y hoy en día, continuaba Salazar, Inglaterra ya no es apoyo, nos toleran pero nos envidian. Incluso a Sudáfrica la considero un aliado interesado, recuerde usted los boers, cómo pretendían ir extendiéndose como una mancha de aceite hacia el norte del Cunene. Inglaterra se sirvió de la famosa Alianza durante cuatro siglos, hasta que perdió la India. No oculto que nos sirvió para contrarrestar la codiciosa España, que aún hace sólo veinte años coqueteaba con los alemanes dando a entender cuán fácil les resultaría invadirnos. Por eso les tuve que ceder las Lajes, en mis queridas Azores, para equilibrar el peso sobre la Península, totalmente escorada hacia Alemania por culpa de Franco.

….

-Mi asistente le facilitará cuantos datos necesite, los papeles y cartas de introducción. Pero no espere que nadie de esta casa, e hizo un gesto hacia el techo, salga en su ayuda si las cosas se tuercen. No me volverá a ver. Cuando vuelva, en un par de meses, se entrevistará con mi asistente, al que deberá usted entregar un informe de por lo menos cien páginas. Quiero nombres, haciendas, datos sobre los bienes, lo que se dice en las haciendas alemanas, quiénes son de fiar, con quién podemos contar. El conde Von Bodenberg tiene buena cabeza, pero no quiero que venga por aquí, sería indiscreto, peligroso. Usted será el mensajero, el intermediario, el correo. Y además, necesitamos que no adquiera mucho protagonismo. Esta acción será llevada a cabo por Portugal y por los portugueses.

El resto de aquella velada trascurrió escuchando el cansino monólogo del señor Doutor, su disertación sobre la obra civilizadora, nuestras provincias, la voluntad de los pueblos, la subversión, la excesiva humildad de los portugueses rayana para él en el servilismo ante las grandes potencias, los informes de Teotonio Pereira –del que se fiaba sólo a medias por considerarlo un anglófilo, un exagerado y un alarmista-, las insidias de los capitalistas y de los traficantes de armas, la perversidad de los suecos, que por un lado eran los apóstoles de la democracia y por otro vendían armas a los insurgentes, los judíos y todos los demás grupos especialmente dilectos para Salazar.

Cuando salí era noche cerrada. Seguía lloviendo lentamente, con tristeza, como si nunca hubiera dejado de llover ni fuera a dejar hasta el fin de los tiempos. Un taxi me estaba esperando, con las luces discretamente apagadas y el motor parado, llamado sin duda con la debida antelación por los sumisos y silenciosos guardias republicanos que custodiaban San Bento.

Eran todavía los tiempos en que el Presidente del Consejo aún tenía cierta paciencia y conservaba una cierta esperanza en que el inmenso imperio ultramarino, venticinco veces más grande que el Portugal continental, seguiría siendo una nación plurinacional bajo el empuje de la raza portuguesa. Africa, como diría el profesor Caetano, no era sólo de los negros. Eran los tiempos suaves en que su fiel María seguía preparándole suculentos platos del Portugal profundo y oficiando de ama de llaves, de jefa incógnita del gabinete, además de servirle para espantar mosconas del tipo de la señorita Christine Garnier que hacía unos años, con motivo de unas sospechosas Vacances avec Salazar, había intentado seducirlo y robarle a su verdadera y única esposa, Lusitania. Hay encontradas versiones de si el señor Doutor cayó en la tentación. Mis amigos más iconoclastas sostienen que era impotente, mientras otros reivindican un machismo oculto del que el Presidente del Consejo gustaba hacer gala con toda la hipocresía del católico aldeano que siempre fué. El señor doutor seguiría soltero, casado sólo con Lusitania y prisionero de la residencia de san Bento y el fuerte de San Julián donde pasaba algunos días del estío.

El señor Doutor había tenido que trasladarse a San Bento a raíz de un atentado fallido. Pero no le gustaba, añoraba su pequeño y pacato piso de solterón ensimismado y se le notaba. Era difícil recordar si en todo el despacho, en el que trabajaba hasta altísimas horas todos los días de la semana, como un rey Felipe encerrado en El Escorial verificando y anotando hasta la más nimia correspondencia de Indias, era difícil, digo, recordar si había algún detalle personal. Creo que no, quizás una pluma con la que jugueteó brevemente para volverla a colocar en la escribanía. Ni una fotografía, ni un libro dejado como al azar, ni un papel manuscrito. Pareciera como si aquel despacho de maderas oscuras, barnizadas, lisas, impecables, se hubiera usado por primera vez para recibirme a mí, anónimo y gris súbdito.

-Ya recibirá el señor instrucciones, me susurró un personaje gris, de gafas, que me acompañó mudo hasta la salida, y que parecía una especie de edecán más que un secretario civil. Su cara me resultaba familiar, como un vago recuerdo de mis años universitarios.


Cuando Tico Medina fue a Segura con don Genaro Navarro

22 febrero, 2011

Para la pequeña historia de la Sierra hay que contar con muchos escritores, eruditos y benefactores que fueron haciendo lo posible por sacar a la comarca del olvido. Aquí va  una primera entrega, tras haber encontrado este libro, de 1963, en un librero de lance del barrio de Chamberí, en Madrid.


El blog de Agustín Galán

Filosofía de la ignorancia

La pluma del cormorán

Lecturas, paisajes, automóviles antiguos

El blog de Guillermo Schavelzon

La edición, el libro, los escritores

La Estirga Burlona

El blog de Bárbara García Carpi

Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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