Por Matilde Ruiz

24 agosto, 2019

25 de agosto

Una quieta mañana al fin de agosto
cuando casi quiere atisbar el otoño,
hace diecisiete años,
con un sencillo “me ahogo”, te despediste
y hoy reposas
–rara suerte- junto a donde naciste.

Poco te alabé en vida,
tú que me agobiabas con tu miedo a la soledad,
pero si no por ti y por vosotros,
hubiera quedado en la cuneta,
sin gozar la vida honesta
que me diste.
Con tanta cuita y miedo que sentías,
no te di cuanto pedías
Madre más que madre, todo día
(difícil pronunciar esa palabra que chirría).

Cuántos años de distancia y diferencia,
manteníamos,
pero al fin, si posesiva, también pródiga,
tus palabras aun me ayudan, guían y sonrío;
aunque el bastón sólo se echa de menos en la cuesta,
y la linterna sólo se usa en la tiniebla,
aunque entonces no apreciaba el bastón ni la linterna.
Como quien pasa tantas veces frente a un cuadro
sin mirarlo ni apreciarlo,
y sólo lo descubre al descolgarlo;
así, yo. La exposición terminó.

Hoy con gusto volvería
a esa gracia inconsciente del niño
por el Retiro de tu mano,
por los viejos bulevares otoñales;
cuando ni corazas, ni exigencias ni penas materiales
enturbiaban mis dudas actuales.
Había ya borrado, con tu ayuda,
la ciudad gris de lluvia y desapego;
sin vertir lágrimas, sólo soberbia e impaciencia
mas tú allí estabas, colmada de paciencia.

Mucho más tarde, envejeciendo,
recordabas las canciones de tu infancia
de hacía cien años,
reconocías árboles y casas.
Pasabas las tardes rebuscando en tus cajitas,
los duros de plata, la calesa de la feria,
tus pañuelos, collares y sortijas
redescubiertos cada día,
mientras olvidabas el gas abierto y las noticias.
Pero tus finas manos sarmentosas
se movían con la elegancia y dignidad
que son la belleza de la ancianidad.
Cuidaste de las flores y las plantas,
amabas más los antiguos júpiter
del jardín de tu infancia
que los anchos y alineados olivares.
Sobria, escueta: pescado, verdura y fruta eran tu mesa.

Y cuando supiste que te ibas, con la certeza del crepúsculo cercano,
lúcida, aun cansada de este viaje, me llamaste una tarde de verano
para que tus encargos finales no olvidase.

Tía Matilde, madre adoptiva del autor, él y la hija mayor de éste, Violeta Ruiz, en París, Navidad 1981
La Puerta de Segura (Jaén)
3.III.1915 – 25.VIII.2002

NOTA EXPLICATIVA: Matilde Ruiz López, junto con su marido, Juan Badía La Calle, tras cuidar de ellos en su temprana infancia y niñez, fueron los padres adoptivos de Jaime-Axel y Cristina Ruiz Baudrihaye, a la muerte del padre de éstos, en 1963.


Más velocidad, más vehículos: en la Sierra de Segura ( Jaén) vamos al revés del mundo

19 agosto, 2019

La reforma de diez kilómetros de la carretera A 317, de la Junta de Andalucía, nos va a salir muy cara, en dinero, en árboles y en paisaje.

El precio, según los carteles, es de más de dos millones doscientos ochenta mil euros, 2.280.458,89 €. (Lo de los 89 céntimos es muy importante, da como sensación de honestidad y rigor). Cada kilómetro de carretera nos va a salir a más de doscientos veinte mil euros, 228.000€.

Y encima parece que está cofinanciado por la Unión Europea.

Pero el coste ambiental, no medido, y menos aún declarado, es mucho más alto. Han perpetrado una innecesaria tala masiva de los chopos y demás árboles (espinos, fresnos) de la desaparecida curva del Batán, y han dejado un terraplén yermo, machacado, sin una sola planta.

El propósito de esta reforma era y es:

“Para lograr una mejora de las condiciones de capacidad y velocidad del recorrido se incluyen medidas como la construcción de un nuevo puente, mejoras de trazado, sección y firme”. Esto decía la Delegada Provincial de Medio Ambiente de Jaén, el 12 de mayo de 2008.

Respondía así a mi carta en la que le mostraba mi inquietud porque la carretera A 317 fuera a ser reformada, pedía que hubiera arcenes para andar o ir en bicicleta y me quejaba de la suciedad de las cunetas. Por fin, criticaba la falta total de control de velocidad en una zona protegida como es el Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y Las Villas.

Es decir, la Delegada contestaba todo lo contrario de lo que se pedía: se iba a aumentar la capacidad y la velocidad. El medio ambiente, la naturaleza, no importaba. Y en las cunetas “los residuos son muy escasos en sus márgenes”.

Así se ha hecho este año de 2019 y ya se puede ir mucho más deprisa (entre otras cosas porque no hay control alguno, es una carretera sin ley) y los automóviles y motos van a la velocidad que les da la gana. Algunos motoristas, los fines de semana, incluso echan carreras en las rectas, ahora con ese firme mucho mejor para superar los 120 kms por hora. Las profusas y ubicuas señales -otro negocio, éste de tanta señal- se las saltan impunemente todos los vehículos. Además de la contaminación de humos, ahora tenemos la sonora. Todo sea por el Parque Natural.

Nadie, evidentemente, ha echado las cuentas de cuánto CO2 se emite, ni del que se ha emitido con los masivos movimientos de tierras y maquinaria. Pero debe ser muy alto porque sabemos que sólo tender un metro cuadrado de hormigón emite 27 kgs de CO2 y que necesita para elaborarse 70 litros de agua. Pero como no lo medimos, nos quedamos tranquilos.

Las televisiones y la prensa nos hablan de la deforestación masiva de la Amazonia, de las 110.000 hectáreas de bosque muerto en Alemania en 2019, del incendio de Gran Canaria, por la sequía y las altas temperaturas. Pero no pasa nada, en esta tierra de Jaén, imperturbables, los alcaldes parecen encantados con la nueva carretera que permite “más capacidad y más velocidad”.

Vamos al revés de la historia. No sabemos si la lejana, inaccesible, invisible y pródiga Unión Europea, dirá algo por este atentado ecológico, despilfarro de energía y estupro del paisaje, aunque el escrito arriba citado, terminaba así:

“El hecho claro de la necesidad de mejora debe ir acompañado de toda clase de medidas que adecuen esta carretera al entorno protegido que atraviesa, y minimicen o corrijan los daños de su ejecución (integración paisajística, protección de los valores naturales y culturales, restauración de la cubierta vegetal y del antiguo trazado, etc).”

No entendemos muy bien a qué valores culturales se refiere, lo que sí parece es que hablar de cubierta vegetal significa que habría que volver a plantar los árboles arrasados, que podrían haber sido salvados porque no se entiende por qué ni para qué cortaron tantos. Así, los contratistas ganan dos veces, una, cortándolos, otra, replantándolos. Recordemos que la tala de árboles ha sido históricamente un arma de guerra para vencer, someter y sojuzgar pueblos y civilizaciones. Así nos sojuzga la ínclita Junta de Andalucía.

Antes era una tupida chopera

(P.S.- Se pregunta, en fin, quien esto escribe si las cervezas SKOL patrocinan la carretera, pues los operarios han dejado por doquier latas de SKOL tiradas en las cunetas. También parece como si SKOL financiase la recogida de la aceituna, a tenor de la cantidad de latas de esa cerveza que hay tiradas por todos los olivares).


Lamento por la destrucción de la curva del Batán (perpetrada por la Junta de Andalucía en la Sierra de Segura, en Jaén, carretera A-317)

4 agosto, 2019

Las máquinas dan poderío,

es sabido.

Palas excavadoras, destrozadoras,

hacen ruido.

Talar árboles da poderío,

es sabido.

Ni se quejan ni reclaman,

para solaz del turista veloz,

callan.

La tierra baldía es poderío,

es sabido.

Removida, destruída,

vieja curva umbría del Batán.

Ufanos descansan, con poderío,

sin pena ni asombro

ante tanto escombro,

ingenieros y prebostes satisfechos,

ahítos de poder sin desafío

tras meses ocultando su delito

de lesa naturaleza

y máquinas aviesas.

Que el progreso en tierra electoral

es lo verde hecho cunetas,

civantos, latas y despojos:

que no queden ni rastrojos.


El símbolo de la olvidada provincia de Jaén, Andalucía, España

8 julio, 2019

No falta un cierto humor, humor gris o marrón. Alguien ha pintado esto en Puente de Génave, un pueblo jiennense junto al desastre nacional de la N-322.

Con Aníbal, hace 2.250 años, vivíamos mejor.


Fatima Naciri en la playa de Temara, Marruecos

27 junio, 2019
Fatima Naciri en la playa de Temara, al sur de Rabat, año 2011
Acrílico sobre tela

Fatima fue una trabajadora marroquí que sacó adelante a sus tres hijos. Musulmana devota y ejemplar, tenía, como es natural en los musulmanes genuinos, un gran respeto por todo el mundo, fueran de la religión que fuesen. Peregrinó a La Meca, vino a España y aun recuerdo su cara de felicidad cuando al caer el sol contemplaba el riego de los árboles en la Sierra de Segura, en la provincia de Jaén, donde vino un verano. También le gustaba el mar, como muestra esta imagen. Era de una bondad y un buen sentido extraordinarios, además de una excelente cocinera ; todavía no he probado un alcuzcuz ni una harira mejores (además de la mantequilla que ella misma hacía, tortitas, tortilla de patatas, y mucho más) desde aquellos años en que viví en Rabat.

Tras una larga enfermedad del riñón, sometida a diálisis en Rabat varios años, ha fallecido el pasado mes de diciembre (Fatima Naciri, 1938-2018)

Fatima Naciri (1935-2018), travailla toute sa vie. Elle éleva ses trois fils. Elle était une musulmane exemplaire, bonne, pieuse et tolérante. Elle put faire même son pèlerinage à La Mecque, son Hadj.

Je me souviens de sa tendresse et de son bon sens, et aussi de son couscous et sa harira, les meilleures que j’ai jamais goutées.

Elle aimait les enfants, les arbres et la nature. Une vie remplie, dure, mais où elle sut faire toujours le bien, à moi, à ma fille aînée, Violeta, et bien sûr à ses enfants, ses voisins, ses amis.


Madrid 1936, la España que pudo ser

16 junio, 2019

Cuando pensamos en 1936, todo el mundo imagina uniformes, milicias, disparos, desorden, en pueblos destruidos, todo antiguo, cutre y algo siniestro (o quizá heroico, para algunos). Es algo que nos han contado, como se habla de una mala cosecha, de un año de sequía, y no de las cosechas normales, anuales. El mito de la España negra, que viene del 98, ese gusto lúgubre por rasgarnos las vestiduras.

Pero había entonces una España que no encaja con esa imagen sórdida, negativa, vieja, de iglesias quemadas, de paseos, ejecuciones y checas. Parece como si solo el relato del Madrid de Corte a Checa, ese libro tan interesante de Agustín de Foxá, y la ‘memoria histórica’ que saca de las cunetas ejecutados vilmente, siguiera ocupando el escenario de la imaginación.

Pero el otro día encontré en la Feira da Ladra, en Lisboa, un par de revistas de arquitectura, Nuevas Formas, del año 36, que me trajeron otra idea de esos años.

Sus fotografías, artículos, anuncios, me hablan de un Madrid en la que se construía con gusto, en la que había cierta prosperidad burguesa, de una España que iba por buen camino, a pesar de todo, pero que fue destruida en una guerra y que después, mandó al exilio a sus más egregios profesionales, artistas, escritores, poetas, arquitectos, músicos. El resultado, ya lo sabemos, fue un tremendo vacío cultural y educativo, una pérdida del buen gusto que aún hoy arrastramos. El “envilecimiento estético” del que hablaba don Julio Caro Baroja.

Algunos se quedaron, por convicción o porque no tenían dónde ir. Y se esforzaron en mantener vivas las brasas de la inteligencia. Demasiado tarde y demasiado pocos.

La diferencia con la guerra mundial -a la que la española pertenece en el siglo XX, como ha señalado Eric Hobsbawm-, es que la liberación creó un optimismo, fomentó una creatividad, que en España no sucedió. Sucedió en Italia, en Francia, en los Estados Unidos, a pesar de la guerra fría. En España, solamente “apagada y vil tristeza” (Camões, Os Lusíadas).

Calle Serrano, 106

En fin, hojear la revista Nuevas Formas ha sido como descubrir aquella España, aquel Madrid que pudo ser y no fue.


El ex-ciudadano

5 mayo, 2019

El ex-ciudadano ya no puede hablar con las empresas sino con los callcenters. Las empresas han desplazado sus gastos hacia el cliente y el tiempo no vale lo mismo para ellas que para él, que se supone puede perderlo. Es la nueva teoría de la relatividad del tiempo.

Cuando intentamos hablar con una aseguradora (Allianz, por ejemplo), una compañía aérea, con Renfe o con la operadora telefónica, pasamos de un disco a otro. Ponen muzak, ese sucedáneo de mozart (sin mayúscula, ¡pobre Wolfgang Amadeus!), tecleamos todos los números y opciones posibles que nos indica el robot, nuestro DNI, el nuestro número de contrato, el número de factura, para al final llegar al invariable “todos nuestros operadores están ocupados”.

Hace unos días James Max, comentarista y experto inmobiliario denunciaba en un artículo en el Financial Times, lo que denomina chatbots (como chat y robot), escudos protectores de las empresas para no ser molestadas y hacer perder el tiempo y la paciencia a los clientes.

En las páginas web el número de teléfono suele estar escondido, escamoteado o ausente. Si queremos hacer una reclamación suele desplegarse un menú tipo en el que las preguntas ya están preconfiguradas (ej: Amazon, WordPress). Nada de contacto humano, para evitar contagios.

Como siempre: proteste usted al maestro armero, eso tan castizo.

Si queremos tomar un vuelo, el procedimiento de embarque, el check-in (¿vendrá  de cheka?, porque suele ser una tortura), lo tiene que hacer el cliente. Si se equivoca en la maleta o bulto, tendrá que pagar aún más en el aeropuerto, por tonto (ej: Air Europa). O perder el avión.

Las Administraciones públicas han imitado el sistema y es difícil hablar con un ser humano. Ni con Pin ni sin Pin, el sistema de las Diputaciones (ej: Jaén) es puramente electrónico y no responde, y el Registro Civil Central ha tardado seis meses en mandarme el certificado de nacimiento literal que una gestoría me ha conseguido en 48 horas. Y en Hacienda, al final hay que hablar con alguien pidiendo cita, o se pierde uno en su abstrusa página web, hecha para sabios. Lo único que he comprobado rápido ha sido el sistema del DNI y del pasaporte.

Me pregunto qué hacen los millones de personas que no manejan internet. ¿Desaparecen de las pantallas, dejan de existir?

Nos llevan décadas anunciando reformas y la digitalización de la Administración, pero todo sigue casi igual. Las tecnologías de la información y la inteligencia artificial permiten ahorrar personal y presentar magníficas cuentas de resultados y presumir de perfección. Pero no facilitan la vida a los ex-ciudadanos.

Las macroempresas, las aseguradoras, las Amazon, Facebook, WordPress, Google, telefónicas, y miles más son mucho peores que las Administraciones públicas. Les da igual el cliente individual. La llamada “atención al cliente” es la mayor superchería de nuestros tiempos.

Apunto algunas causas, que no razones:

  • Los directivos privados y públicos viven desconectados de la realidad, en urbanizaciones, no cogen el metro, no hacen colas, no van a Urgencias. Ni siquiera van al cine o al teatro ni se sacan sus billetes de avión.
  • Existe un notorio menosprecio de la persona (cliente o ex-ciudadano) que es vista como una uva a exprimir en su lagar, o como un puro incordio, o como un votante cuatrienal.
  • No hay retorno de la insatisfacción del ex-ciudadano. Los directivos son sordos y mudos, no hay feed back (eso no lo deben dar en tantísimos másters de empresariales). Siempre tienen razón, todo va bien.

El blog de Agustín Galán

Filosofía de la ignorancia

La pluma del cormorán

n'entendant même les bruits extérieurs, les cormorans qui vont comme de noirs crieurs... (V. Hugo) ָׁ שְּפ"-מז ֶר- רשְּ ַד-ודֹס"

El blog de Guillermo Schavelzon

La edición, el libro, los escritores

La Estirga Burlona

El blog de Bárbara García Carpi

Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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