El poeta José Bento (1932-2019)

14 noviembre, 2019

José Bento, quizás el hispanista más relevante de Portugal, ha muerto hace unas semanas, el 26 de octubre. Poeta, recibió muchos premios en ambos países. Pero ahora parece como si nadie le recordase en España, como si los premios bastasen y ya no hubiera que recordarlo más. Lo que además de ingrato es injusto, pues Bento ha dado a conocer nuestra poesía del Siglo de Oro, a Lorca, a Eloy Sánchez Rosillo, a Octavio Paz, y hasta a Ortega y Gasset y María Zambrano. Es difícil encontrar un poeta y escritor portugués que conociese mejor nuestras letras. Ha sido el perfecto embajador de nuestra poesía en el mundo lusófono.

Su trabajo inmenso de traductor ha impregnado también su propia obra, como a veces suele acontecer. ¿No decía Javier Marías hace poco en una entrevista a un medio portugués que trabajar en la traducción literaria es la mejor escuela de escritura? En muchos poemas se trasluce un clasicismo que evoca la poesía española y a  portuguesa de siglos pasados, sin caer en la nostalgia ni el pastiche.

Recuerdo en 2000, cuando hicimos un viaje cervantino con otros escritores y poetas portugueses como Hélia Correia, Maria Fernanda de Abreu, Francisco Belard y Casimiro de Brito, bajo un cielo invernal siempre azul, los kilómetros por las rectas carreteras de La Mancha se nos hicieron muy agradables hablando de Cervantes, de literatura y de poesía tanto españolas como portuguesas.

Cuando llegamos a El  Toboso, en que José Bento empezó a leernos, “estaba el pueblo en un sosegado silencio…”. Así titularía después una colección de poemas de asunto cervantino. Estuvimos en Infantes, Argamasilla de Alba, San Carlos del Valle, en La Torre de Juan Abad y, claro, en El Toboso. El día anterior, en una librería de Toledo, si no encontramos los papeles de Cide Hamete Benengeli sí hicieron un acopio de libros de literatura española, que los portugueses estiman y conocen muy bien.

José Bento, hombre amable, discreto, y trabajador esforzado, tradujo también el Quijote en 2004, obra que hizo decir al escritor portugués Almeida Faria que “es una traducción bella, excelente y fiel”.

En lo que ahora es una ciudad dormitorio, Mem Martins, entre Lisboa y Sintra, alejado del mundanal ruido, seguía escribiendo, leyendo, siempre alerta, con una delicadeza especial que su amable mirada azul. Era el perfecto compañero de viaje, en el sentido más noble de la palabra, para recorrer España y Portugal, sus pueblos y sus letras. Su rigor lingüístico, su buen gusto literario, eran de una especial, considerable importancia, que se plasmaron en sus traducciones.

Su poesía es difícil, a veces fría, a menudo enigmática, tan enigmática como es la vida, lo que infunde en el lector atento una sensación más alta, más espiritual, como un deseo de meditación. En sus poemas resaltan también las sombras, esas sombras que añaden resalte a los objetos e ideas; palabras que tiene varios significados, con sus claros y sus sombras, como la propia vida. Así como la luz del alba y la del crepúsculo destacan los volúmenes, los perfiles. Pero, efectivamente, son más difíciles de delimitar pues derivan de la luz. Pero también sus poemas son como cristales de aumento sobre sensaciones que si no desaparecerían de nuestra vista.

No son poemas para leer una vez (como nunca lo es un buen poema, al que siempre hay que volver porque depende hasta del estado de ánimo del lector para adentrarse más o menos en él). Es también difícil porque no es narrativa y es más de sentimiento y pensamiento que de comunicación. Bento recupera, rescata palabras portuguesas casi olvidadas en el lenguaje corriente. En su poesía hay mucho de ensueño e introspección, además de evocaciones del pasado cultural, de la Biblia y de la música.

Su colección O enterro do Senhor de Orgaz es la mejor reflexión lírica sobre esta pintura. Es una auténtica ekphrasis en verso (que es la descripción de una obra de arte como ejercicio retórico, la descripción verbal de una pintura a menudo hecha por medio de un poema). Se trata de una serie de diez largos poemas en verso libre, donde no solamente se describe la pintura sino que se deja hablar al Greco. Con esos versos, el libro de Gregorio Marañón (El Greco y Toledo), y el de Manuel B. Cossío, ya nos podemos adentrar en el mundo del pintor.

En otro libro, Sítios, nos ofrece el poeta sus versos más abiertos, hablando de lugares, aldeas y rincones. Difícil de encontrar, pues las tiradas son escasas y los libreros escogen lo más vendible.

Una curiosidad sobre José Bento me la contó él mismo. Hace muchos años escribió un libro o manual de contabilidad, muchas veces reimpreso, cuyos derechos de autor le han permitido tener unos ingresos complementarios para su vida cotidiana, que de poeta no se gana  mucho. Una profesión tan prosaica –contabilidad- que contrasta con la creatividad de un poeta o escritor la encontramos en numerosos casos, como T.S. Eliot, trabajando de bancario, Faulkner en una oficina de correos, Kafka en los seguros o García Hortelano como funcionario del Estado, entre centenares de ejemplos.

También ha dedicado poemas a Bilbao, Secuencia de Bilbao, donde hay muchas alusiones a su admirado Miguel de Unamuno. Pero también Andalucía (Arcos de la Frontera) y muchos pueblos de Ciudad Real.

La ciudad, como tal, le provoca versos y poemas, que recorren todas sus colecciones. Así, no resisto transcribir parte de un poema que debería ser leído por alcaldes y constructores: el poema a la destrucción de barrios y casas inmemoriales, algo que está sucediendo en todas las ciudades de España y Portugal, dejadas a la codicia y al mal gusto de los especuladores inmobiliarios (en Silabário):

Donde la ciudad a borbotones pierde su nombre

y el crepúsculo recupera la amplitud de sus pulsaciones

-entre tímidos arbustos, montones de chatarra,

patios donde los niños montan alegres campos de batalla-

fue derribada una casa:

                                    se abrió una herida

que nadie sabe cuánto le va a doler

al avaro coleccionista de imágenes recordadas

que con penosas búsquedas defiende su frágil patrimonio.

Ahí se borrarán las callejuelas para infligir avenidas,

paredes usurpadas hasta los cimientos

por la avidez de los edificios formulados por la regla del interés,

piedras queridas por manos y por miradas

yacen y callan sus inscripciones

de adolescencias y abandonos, de desvaríos y agonías.

(…)

O éste, que reivindica el universo, si no virgiliano, al menos acogedor, de los paisajes prístinos que van desapareciendo:

La ciudad es negra y crece hacia adentro

con calles cada vez menos de cada hombre,

donde nunca amanece y siempre está anocheciendo

-un atardecer tardío por la sangre que escurre de los anuncios luminosos.

Las casas que se elevan sofocan avenidas,

quiebran los vientos, apagan el sol entre sus brazos,

no multiplican las estrellas en sus techos de cemento,

oscurecen arboledas, y aliñan sólo frutos amargos de carbón.

El horizonte está más cerca por el humo envenenado

que abate las aves que intentan huir (…)

José Bento, de un iberismo no ideológico ni trasnochado, fue amigo de muchos poetas españoles, en especial de Eloy Sánchez Rosillo, su “excelente amigo”, del que tradujo Las cosas como fueron (magníficamente editado en bilingüe por Assirio & Alvim); si no supiéramos que Rosillo es español, no notaríamos que la versión de Bento es una traducción. Es, en mi opinión, una traducción de poesía –ese trabajo casi imposible- perfecta, invisible. Como dicen only poet can translate poet.

También era amigo de Carlos Bousoño, de Angel Crespo (nuestro gran especialista en las letras portuguesas), de su mujer, la también poeta y traductora, Pilar Gómez Bedate, y de Francisco Brines, entre otros muchos.

A pesar de su hispanismo, hay muy poca obra suya publicada en España. El Entierro fue publicada en El Ferrol en 1986, pero poco más. Tampoco tenemos constancia de que los medios españoles se hayan hecho eco de su desaparición; pero aun hay tiempo, paciencia, alguien lo recordará.

Pero ni en Portugal, salvo el diario Público, le han dedicado mucho espacio –por ahora-. Así, Expresso se ha contentado con una breve nota de obituario, lo que aquí llaman un rodapié, y Jornal de Letras con un tercio de página (que contrasta con la atención que prestan a otros escritores y poetas de menos envergadura). Esperemos que en las próximas semanas alguien se acerque a su obra.


Contra las elecciones, la propuesta de Van Reybrouck.

9 noviembre, 2019

El experimento de la ciudad belga de Eupen ha  puesto en práctica las ideas de David Van Reybrouck (Brujas, 1971). Van Reybrouck, especialista en historia cultural, en su obra Contra las elecciones analiza los defectos palmarios de nuestros sistemas representativos, basados en la elección y por qué están suscitando un rechazo de gran parte de la población. La crítica cada vez más virulenta de los Parlamentos, de los diputados, de los partidos tradicionales, la vemos en muchos países y no sólo en España. Aquí, la propagación como mancha de aceite de la corrupción, que se ha dado sobre todo en las Comunidades Autónomas y en los ayuntamientos, ha apartado aún más a los ciudadanos de quienes deberían representarles y defenderles.

Se denigra indiscriminadamente a los políticos por los populistas y los antidemócratas. Así, en Cataluña donde violar la Constitución española, atacar los Tribunales, las leyes, es el discurso habitual de la Generalitat. Igual que los fenómenos de Orban y Salvini. Los escoceses son diferentes –no han cruzado esa línea roja- y en su continencia se nota su tradición filosófica y política que viene desde su eximia Ilustración escocesa de los siglos XVII y XVIII.

Las redes sociales, propensas al insulto y la descalificación, no son menos inanes y los chistes, críticas infundadas y falsedades sobre los políticos son muletillas habituales de los ‘graciosos’ oficiales, ya aburridas por reiterativas. Como dice Van Reybrouck, “se ha instaurado una atmósfera de denigración permanente” de los Parlamentos y casi del propio sistema democrático.

¿Qué está fallando?.-

El sistema político democrático actual, es insuficiente e imperfecto, centrado en los partidos y basado en las elecciones, como lo demuestran los acontecimientos que sacuden todas las democracias occidentales, las que disponen de una Constitución y de un Parlamento. La crisis económica y financiera ha exacerbado esa alienación de la sociedad respecto a sus representantes parlamentarios. Las medidas tecnocráticas de las instituciones supranacionales, entre ellas de la Comisión Europea, no hicieron sino agravar esa distancia y crear más resentimiento.

Van Reybrouck apunta tres tipos de diagnósticos, con sus respectivas propuestas, sobre esta crisis del sistema representativo: el populista, el técnico o tecnócrata y el activista demócrata. El populista considera que la culpa es de los políticos profesionales. Los partidarios de la tecnocracia proponen sustituir los políticos por técnicos, prefiriendo la eficacia a la representatividad; de hecho, ya hay muchas decisiones soberanas que dependen más de los técnicos que de los parlamentos, como se ve con las entidades supranacionales como el FMI o el Banco Central  Europeo. Los partidarios de la democracia directa achacan todo al parlamentarismo, como hicieron los del 15-M o los de Occupy Wall Street, con su “no nos representan”, pero no han pasado de la manifestación en sí.

El diagnóstico de nuestro autor es que es un problema del sistema electoral, de ese “fundamentalismo electoral”, un artículo de fe que nadie quiere revisar y que está produciendo una “fatiga democrática” que se extiende por todas las sociedades, con tasas de abstención altas y desinterés creciente. Esta especie de fundamentalismo, dice, ha llevado a querer implantar en muchos países de Africa y de Asia este sistema electoral, “una especie de kit Ikea de la democracia”, mientras se relegan formas y estructuras de decisión y mediación ancestrales que eran bastante útiles y eficaces y tenían la legitimidad de las poblaciones.

La eterna cantinela sobre la falta de líderes (¿por qué no usar el tan castellano adalid?) es una falsa ruta, un debate errado. No necesitamos carisma, sino identificarnos con políticas y no con “programas envasados” con fecha de caducidad incluso, según las modas (ahora todos tienen que incluir el ingrediente ambiental, por ejemplo, de manera meramente retórica). Necesitamos empatía, conocerlos directamente, poder hablar con los diputados, concejales y alcaldes, hoy por hoy alejados del mundanal ruido, altivos, distantes, inabordables. No deja de ser curioso que los movimientos sociales recientes sea en Hong Kong, Chile, Barcelona, o en París (gilets jaunes), no tengan adalides conocidos, visibles –el famoso ‘interlocutor válido’- sino que se sirvan sobre todo de aplicaciones de internet.

El fenómeno es general y se habla de una sociedad post-democrática (Van Reybrouck cita a Colin Crouch), en la que la brecha, la separación entre Estado e individuo se ha hecho mucho más ancha. Ello es debido a la creciente debilidad e incluso a la extinción de la sociedad civil como protagonista cotidiana de la vida social, ciudadana, agraria que, según nuestro autor, está produciendo una deriva oligárquica de los grandes partidos por haber consagrado el voto como única y exclusiva herramienta de la democracia, un “Santo Grial de la Democracia”.

Para él, las elecciones por sí solas, como sistema de representación son una herramienta superada, como el globo montgolfier o la diligencia, son necesarias, pero no suficientes, “son el combustible fósil de la política: antes, estimulaban la democracia, pero hoy engendran problemas gigantescos y nuevos (…) hay que desengancharse de las elecciones como único sistema de preservar y consolidar la democracia”.

Posibles soluciones.-

Van Reybrouck propone otra cosa. Resumiendo la historia antigua y medieval, recuerda que ha habido otros sistemas de representación no electorales: los puestos representativos eran sorteados en la Atenas de Pericles con el Consejo de los Quinientos, como después en algunas ciudades-Estado italianas e incluso en el antiguo reino de Aragón, con la insaculación. Cita a Tocqueville, quien se quejaba de que el sistema francés “democrático” no garantizase una real participación del pueblo, a pesar de poner el acento en la soberanía popular, e hizo “una de las primeras críticas fundadas a la democracia representativa”.

Recuerda que el sistema electoral “no fue concebido inicialmente como un instrumento democrático, sino como un procedimiento que permitía llevar al poder a una nueva aristocracia no hereditaria” (porque se combinaba con el sistema censitario; por ejemplo, en Francia sólo uno de cada 160 ciudadanos tenía derecho al voto). Todos estos sistemas electorales eran para el pueblo, pero no del pueblo.

Van Reybrouk analiza las modernas soluciones participativas que se inspiran en las tesis de John Rawls y Jürgen Habermas sobre la necesidad de mayor participación ciudadana a fin de legitimar mejor la democracia. Se trata de la “democracia deliberante”, como son las experiencias en algunos Estados norteamericanos gracias al impulso de James Fishkin en 1996. Ciudadanos escogidos al azar debatieron los principales asuntos en pequeños grupos y en medianas y grandes asambleas. Estos nuevos sistemas de participación se han instituido en Alemania, con las ‘células de planificación’, en Dinamarca, con los ‘consejos tecnológicos’ o en Francia con el Conseil National de Débat Public, por ejemplo, aunque hay muchos modelos por el mundo, incluso en China. Normalmente, estos consejos tratan de asuntos ambientales y de infraestructuras. En estos modelos, se tiene cuidado en elegir al azar las personas, teniendo en cuanta su origen social, geográfico, el sexo y la edad, entre otros factores.

El autor examina los diversos modelos de consulta, aunque critica el uso del referéndum que, dice, no tiene nada que ver con la democracia deliberante, pues aunque están cercanos, en el referendum se pide a los ciudadanos que voten sobre un tema sobre el que no están perfectamente informados. Así, menciona los referéndums sobre la Constitución europea en Holanda y Francia, o los de Escocia y Cataluña. En el referéndum se vota sobre todo con la emoción, de manera sobre todo reactiva, no bien deliberada. Suelen ser divisivos y no es casual que Franco lo haya utilizado reiteradamente.

Se necesita una profunda reforma electoral y, por tanto, constitucional, pero los partidos se aferran a los viejos sistemas. Tanto en España como en Portugal, por ejemplo, han fracasado todos los intentos de reforma. Los partidos siguen prefiriendo nutrir sus listas electorales acudiendo a su vivero interno (exactamente: un invernadero, aislado de la atmósfera, del campo abierto), en el seno de sus militantes (palabra que habría que desterrar del lenguaje político), sin dar cabida a nadie de fuera del aparato.

Las listas bloqueadas agravan el problema, debiendo el elector por votar por el ‘paquete’, un auténtico forfait como en esos viajes turísticos ‘todo incluído’. Es todo lo contrario de esa democracia participativa que preconizan Van Reybrouck y muchos otros pensadores  y politólogos.

Propuesta.-

La democracia deliberante no sustituye sino que complementa a la representativa, habiendo incluso propuestas de mezclar la composición de los Senados (senadores elegidos y otros escogidos por sorteo) o de crear una tercera cámara. El problema es aunar la legitimidad con la eficacia en la toma de decisiones pero en todo caso el sistema de incluir ciudadanos al azar (parecido a los jurados) sería una excelente escuela de democracia y responsabilidad cívica. Sirve desde para preparar y aprobar una determinada ley hasta para mejorar y profundizar las deliberaciones en decisiones importantes, como el aborto, el medio ambiente, Unión Europea, autonomías, etc. Naturalmente, los ciudadanos elegidos al azar disponen de apoyo técnico para tomar sus decisiones, como los diputados.

En conclusión, Van Reybrock propugna un sistema bi-representativo, sopesa los argumentos en contra –muchos de los cuales son muy parecidos a los que en el siglo XIX servían para defender el voto censitario-. La crisis en muchas democracias europeas se debe precisamente a ese sentimiento de exclusión y alienación que tienen los ciudadanos frente a los políticos profesionales, a los partidos convertidos en meras máquinas electorales y de marketing.

A modo de reflexión crítica.

La propuesta de Van  Reybrouck tiene, a mi modo de ver, algunos puntos débiles:

  • No desmonta ni merma el poder de las instituciones tecnocráticas, supranacionales (FMI, Banco Mundial, BCE, etc), que siguen sin tener un contrapeso parlamentario o representativo efectivo.
  • Los comités o consejos de consulta son creados, evidentemente, por el propio Estado, es decir dependenden de su buena voluntad y de que acepte sus propuestas.
  • La sociedad civil no revive por el sistema de sorteo, aunque pueda influir algo. Así, ni asociaciones de vecinos, ni sindicatos cobran más relevancia en las decisiones.
  • La propuesta de sorteo es como una especie de “cuidado paliativo” de la democracia periclitante y, en cierto modo, una especie de refuerzo de su legitimidad sin poner en duda la alienación de los partidos respecto a la sociedad y los ciudadanos, manteniendo una cierta ilusión de que la democracia pequeño burguesa puede seguir existiendo tal como es, con cambios cosméticos.
  • Fragmentación y localización de las decisiones en función de territorios, grupos de poder e influencia.
  • Digamos que sería una reforma necesaria, pero no suficiente. También me temo que ni alcaldes ni diputados, y menos los Consejeros de Comunidades Autónomas tendrán simpatía alguna por una herramienta que les restará protagonismo, es decir, que les quitará el monopolio.
  • Falta quizá poner el acento en la necesidad de transparencia en las administraciones, a través, por ejemplo, de Auditorías sociales (Marta Harnecker), para impedir la corrupción. Para estas auditorías el sorteo podría ser una buena solución.

En cualquier caso, deben ser los demócratas quienes tomen la iniciativa del cambio, no los populistas ni los nacionalistas que lo que quieren es destruir todas las herramientas de la democracia, “tirando el agua sucia con el niño dentro” y menospreciando completamente el sistema bajo el pretexto de defender al ‘pueblo’ (nótese que cuanto más se habla de pueblo, más se le suele despreciar).

Con un excelente estilo, muy bien escrito, este libro es una reflexión necesaria que desearíamos que los políticos leyesen, si tuvieran tiempo en su afanosa vida, y sus campañas a base de slogans les dejasen tiempo.

Contre les élections, Ed. Actes Sud, 2014. Traducción española: Contra las elecciones, Taurus, 2017.

[Van Reybrouck ha escrito numerosos libros y artículos, particularmente un extraordinario libro sobre el Congo y otro sobre el científico surafricano Eugène Marais, a quien se sospecha plagió profusamente el escritor belga Maurice Maeterlinck, De plaag, Le fléau, La plaga.]


As montras em execução, los escaparates de alfarrabistas lisboetas.

5 noviembre, 2019

Montra em execução y volto jà, son los dos letreros más famosos de los escaparates portugueses, hacen nuestra delicia, excitan nuestra curiosidad e incitan a ese deporte urbano que es pasear mirando escaparates, eso que los americanos llaman window shopping. En las librerías de lance los escaparates son importantes, aunque no imprescindibles.

Libros viejos, óleo del autor.

Los alfarrabistas, como son llamados los libreros de viejo o de lance en Portugal, siempre tienen los escaparates en ejecución, es decir, as montras em execução. Y tienen razón pues, por definición, el escaparate de una librería debe estar en constante cambio, nunca terminado, nunca inmóvil.

Esta curiosa palabra viene de alfarrábio, libro viejo o cartapacio. Lo que quizás llamaríamos nosotros mamotreto (livro de apontamentos, según el Diccionario Español-Portugués de Manuel do Canto e Castro Mascarenhas Valdez, Lisboa, 1866; el primer diccionario bilingüe publicado tras la restauración de la independencia nacional en 1640, tras más de dos siglos ignorándose).

Las montras o escaparates deben cambiar a menudo porque los libros cambian cada semana, cada día, a tenor de los caprichos de los buscadores empedernidos. En Madrid, donde residía, hay librerías históricas como Marcial Pons, en la plaza del Conde del Valle de Suchil, cuya disposición escaparatista no ha cambiado desde hace medio siglo, con una clara separación entre los libros de historia de España, la de otros países y, junto a la entrada, a la izquierda, unas cuantas novedades en idiomas extranjeros. Pero los títulos y volúmenes son cambiados al menos una vez por semana, manteniendo la novedad, incitando a la compra, a ese vice impuni, la lecture (no es casual que Valéry Larbaud fuera un amante de Portugal. Seguro que fatigó las librerías lisboetas). En Lisboa, donde todavía resisten bastantes libreros de viejo, sus escaparates son siempre atractivos, incitantes.

Así, la librería de Bernardo Trindade en la rua do Alecrim (la calle del romero), esa que baja en cuesta pronunciada desde la plaza de Camões hacia el Cais do Sodré, hacia el Tajo. El escaparate, pequeño, cambia según las nuevas adquisiciones y con una lógica por temas: cine, automóviles, Angola, cocina y culinaria (me niego a decir ‘gastronomía’, palabreja que me recuerda la gastroenteritis).

Quince metros más abajo está la librería de António Trindade, librero y anticuario de una vieja familia de Alcobaça. Su escaparate, su montra, es siempre suntuosa, con libros impresionantes y alguna obra de arte. Cambia el escaparate, pero no se puede decir que sea una montra em execução.

Recuerde el viandante que más abajo estaba el Hotel Bragança, desaparecido como tantos lugares de Lisboa sacrificados al turismo de masas y cruceros para convertirlos en hostels o boutique-hotel (cursilería muy extendida). En el hotel Bragança se desarrollaba gran parte de una de las mejores novelas de José Saramago, El año de la muerte de Ricardo Reis, evocadora de ese heterónimo de Fernando Pessoa.

En el Campo de Ourique, en el 145 de la Rua Saraiva de Carvalho (Jurisconsulto 1839-1882), la librera Dona Crisálida Filipe también tiene su montra en permanente cambio, aunque ella favorece los temas coloniales, angoleños, y las estampas antiguas. Mi amigo Iñaki, luso portugués (luso español, quería decir), le ayuda de vez en cuando a organizar los libros, tarea imposible en ese magnífico desorden propicio al hallazgo sorprendente.

El escaparate de dona Crisálida, en la Livraria Moderna.

Otra montra em execução  permanente es la pequeña librería y bric-à-brac, de  Claudio, junto al Jardim da Parada en el barrio del Campo de Ourique. Claudio se ha instalado en lo que fue una tienda de fotografía, es amante del cine y muy a menudo vemos en su escaparate libros sobre el séptimo arte. Pero también una biografía de algún rey inglés, o un libro del oscuro escritor Rui Vaz de Cunha. Este escritor escribió varios libros ya olvidados. Uno, creo recordar que el dedicado al pintor Daniel Vázquez Díaz –del que se vendieron dos ejemplares de los 500 que mandó imprimir en Jabugo, Huelva –, estaba lugar de honor en esa permanente montra em execução. El tal Rui –converso y judaizante, sospecho- mandó imprimir ese libro en la jamonera villa, a su coste, pues ninguna editorial lo aceptó. Probablemente pensó que el último lugar donde la policía religiosa lo iba a buscar era un pueblo donde se producían cosas del cerdo, alimento prohibido a judíos.

Libros en Galileu, cortesía de Caroline Tyssen

Pero dejemos esta digresión y lléguese el amante de los libros a Cascais, a la Livraria Galileu, uno de los últimos puertos de abrigo en esta villa que sucumbe hoy en medio del tráfago mundano y las tiendas de chucherías turísticas que se han cargado la otrora amable calle principal. Caroline Tyssen va cambiando el escaparate, de dos hojas, muy grande, y lo convierte en una obra de arte que incita al bibliófilo a entrar inmediatamente. A veces es la pintora Paula Rêgo, a veces Tintin y Hergé, otras, libros ingleses, de historia, literatura, siempre interesante. Nuno Oliveira y Caroline Tyssen fundaron esta librería en 1972, que se convirtió desde entonces en un icono cultural de esta ciudad costera y también en un espacio de libertad y debate.

Pero también hay librerías sin escaparate, como la Bizantina, en la rua da Misericordia, cerca ya de São Roque, donde hay que entrar para ver el mostrador, la mesa, donde el señor Bobone, otro librero veterano, va cambiando los libros a diario: banca em execução permanente.

Dicho esto, los libros más interesantes que he encontrado lo han sido dentro de las librerías, rebuscando, husmeando en los estantes, revolviendo en las pilas polvorientas. Las librerías son la gracia de las ciudades, sus islas del tesoro, el pretexto del paseo.


Al cementerio de La Puerta de Segura (Jaén)

31 octubre, 2019
Hace más de sesenta años, una vista de La Puerta de Segura con el cementerio arriba a la izquierda; aún no tenía cipreses altos. Muchos de ellos, ya crecidos, han sido cortados hace un par de años para pavimentar y construir nuevos nichos en el centro del cementerio, en vez de ampliarlo. Además, un repetidor para telefonía se alza ahora junto a las tapias de la parte alta.


En la alta cima, es el techo

con sólo el cielo por encima,

del pueblo a sus pies tendido,

el quieto y silencioso cementerio.

Un edil arboricida y mentecato

mandó talar cipreses verdinegros,

alicatar tumbas y nichos,

el camposanto afear y estropear,

y una torre telefónica instalar.

Nuestros muertos ya no sueñan

bajo las sombras

ni tampoco los móviles usan ellos.

Pero no se quejan ni protestan del

mal gusto de esos vivos que

con saña arrasan la belleza.

¿Y así tratáis a nuestros muertos?

¡a Dios no aplacaréis con azulejos

ni con horrendas metálicas antenas!

Romeros y tomillos,

del campo florecillas,

que lápidas alegren

salvarán del olvido

los eternos dormidos.


Cumbres borrascosas: una Jefa de Recursos Humanos

16 octubre, 2019

Abanicándose sin pausa ni compasión, acalorada con su probable, bastante visible menopausia, se dirigía a su enmoquetado despacho de jerarca todopoderosa dando órdenes a gritos según avanzaba por el pasillo ante las atemorizadas secretarias de los servicios.


No podía refrescarse abriendo las ventanas, inmensas, enmarcadas de aluminio y con una vista horrorosa a un patio de hormigón gris, porque se trataba de un inmueble apabullante,una especie de búnker, de un edificio inteligente, probablemente igual de inteligente que los arquitectos que lo perpetraron tras demoler un antiguo convento de monjas con sus viejos jardines que había hecho –decían- de hospital durante la guerra (tras el previo y necesario asesinato de las religiosas, “que algo habrían hecho”). El inmenso ecomonstruo, mastodonte de acero y cemento, era uno más en ese Madrid decapitado y torturado que padeció la rapacidad especuladora. Ella hacía juego con el edificio.


El denuesto, los gestos de desprecio, como descartando papeles y personas, eran la parte más visible de su personalidad. Inteligente y culta, dentro de la media de altos funcionarios, se podía hablar con ella cuando las aguas estaban calmas, a veces, sólo a veces. Pero era un castigo viviente, una tortura móvil de subordinados, ganapanes y pedigüeños. En unos caso hacía justicia, en otros cometía tropelías con su precipitación y sus manías.


Su juventud, años de pandillas universitarias y de mucha sierra de Madrid, había sido bastante vociferante y caótica, pero no vulgar. Conocía a media ciudad, por lo menos de esa media ciudad que cuenta y que probablemente no es ni el 1% de la población total, pero un nutrido carnet d’adresses en Madrid es fundamental.


Como esos profesores de Instituto y maestros que tienen sus enchufados y sus pacientes e indefensos esclavos, así ella. Tenía bastante buen ojo para seleccionar el personal, siempre que hicieran luego lo que ella quisiera, sin rechistar. Pero sus enchufados no le llegaban a la altura, de puro rastreros. En el fondo, creo que hasta los despreciaba.


En su despacho siempre había una enorme y fresca botella de agua mineral para aliviar sus calenturas. Pero también se supo después que escondía algún alcohol para de vez en cuando, en el tedio de las tardes de la empresa, cuando no pasaba nada y sólo había que cumplir el horario, darle un tiento.


Con mis escasos conocimientos de psicología, creo poder afirmar sin embargo que debía acarrear algún complejo desde niña que la hacía casi varonil, rotunda y visceral, cuando no iracunda. Temerosa de sus superiores, descargaba su impotencia, no sin cierto empuje torero –y hasta cierto estilo, aunque fuera lamentable-, sobre los subordinados. Pero como era de filias y fobias, de repente cambiaba el rumbo de su admiración o su desprecio y el despreciado era encumbrado y el alabado caía en las tinieblas exteriores. El que caía, era para siempre. Sus odios personales eran inconmensurables, perdurables, eternos y rabiosos. Recuerdo el vilipendio y la persecución a que sometió a una empleada que tuvo la desgracia de hablar el inglés mejor que ella (quien no lo hablaba nada mal, dicho sea en honor a la verdad, pero su subordinada lo hablaba mejor, qué se le va a hacer). Hasta que no la dejó muerta o moribunda en la cuneta no paró. Años después, seguía insultándola y despreciándola, aunque como empleada ya estaba muerta (sin enterrar).

Conocía la empresa de abajo arriba, lo que la hubiera convertido en una excelente directora de recursos humanos, RRHH, como se dice ahora. Pero como era atrabiliaria, despilfarraba sus iras y no conseguía unión, tan sólo temor y adulación creó. A este respecto, he de decir que todos, desde los sindicalistas más duros hasta los cuadros medios, se postraban ante ella y doblaban el espinazo cuando pasaba como un vendaval (acompañada del vendaval de su abanico). Luego, a la hora del café la maldecían, cotilleaban, en fin, lo habitual también.


Me parece que es un tipo que prevalece en las empresas. Polaca o española, qué más da; tiranuelas de verbena de carnaval, carnaval que ya ha pasado para ellas, afortunadamente jubiladas, retiradas. No en vano, más de la mitad de las consultas a psicólogos en España resultan de problemas de acoso laboral, autoritarismo, satrapía de los jefes, etcétera. Eso, sí, los “máster” de dirección de empresas son muy rentables (no sé si entre las herramientas les dan a los graduados o masterizados un látigo, además de los manuales de Human Resources, esos tostones que dan tanto prestigio). Me pregunto, tras años de trabajo en empresas públicas y privadas, es decir, inútiles e útiles, por qué no simplifican de una vez estos falsos “másters” de Recursos Humanos, que no son más que el eufemismo para designar el poder puro y simple de una persona sobre todos sus subordinados, incluído el capricho, la tortura psicológica, la abocación a la depresión y al suicidio (algunas empresas francesas son excelentes en este sistema de eliminar empleados, como fue Orange –ex France Telecom- bajo la férula de Didier Lombard hace diez años: 19 suicidios y 12 tentativas).


Ser jefe de personal o de RRHH no es más que el ejercicio del poder puro, desnudo, enmascarado, eso sí, bajo reglas, protocolos y documentos internos impublicados y normalmente impublicables. Que incluyen el moral harassment o acoso laboral como principal herramienta o potro de tortura para empleados díscolos o que tengan la insolencia de tener sus propias ideas.


La llamada ‘jefa del abanico’ fue, para concluir, una perfecta jefa de personal, en su ejercicio más absoluto del poder. Desgraciadamente, el Estado español –de tan grande hemorragia legislativa- aun no ha creado la Medalla al Acoso Laboral, pero pronto lo hará. Centenares de jefes aspiran a ser condecorados y son acreedores de tan alta distinción. Espero que se la concedan a título póstumo.


Por Matilde Ruiz

24 agosto, 2019

25 de agosto

Una quieta mañana al fin de agosto
cuando casi quiere atisbar el otoño,
hace diecisiete años,
con un sencillo “me ahogo”, te despediste
y hoy reposas
–rara suerte- junto a donde naciste.

Poco te alabé en vida,
tú que me agobiabas con tu miedo a la soledad,
pero si no por ti y por vosotros,
hubiera quedado en la cuneta,
sin gozar la vida honesta
que me diste.
Con tanta cuita y miedo que sentías,
no te di cuanto pedías
Madre más que madre, todo día
(difícil pronunciar esa palabra que chirría).

Cuántos años de distancia y diferencia,
manteníamos,
pero al fin, si posesiva, también pródiga,
tus palabras aun me ayudan, guían y sonrío;
aunque el bastón sólo se echa de menos en la cuesta,
y la linterna sólo se usa en la tiniebla,
aunque entonces no apreciaba el bastón ni la linterna.
Como quien pasa tantas veces frente a un cuadro
sin mirarlo ni apreciarlo,
y sólo lo descubre al descolgarlo;
así, yo. La exposición terminó.

Hoy con gusto volvería
a esa gracia inconsciente del niño
por el Retiro de tu mano,
por los viejos bulevares otoñales;
cuando ni corazas, ni exigencias ni penas materiales
enturbiaban mis dudas actuales.
Había ya borrado, con tu ayuda,
la ciudad gris de lluvia y desapego;
sin vertir lágrimas, sólo soberbia e impaciencia
mas tú allí estabas, colmada de paciencia.

Mucho más tarde, envejeciendo,
recordabas las canciones de tu infancia
de hacía cien años,
reconocías árboles y casas.
Pasabas las tardes rebuscando en tus cajitas,
los duros de plata, la calesa de la feria,
tus pañuelos, collares y sortijas
redescubiertos cada día,
mientras olvidabas el gas abierto y las noticias.
Pero tus finas manos sarmentosas
se movían con la elegancia y dignidad
que son la belleza de la ancianidad.
Cuidaste de las flores y las plantas,
amabas más los antiguos júpiter
del jardín de tu infancia
que los anchos y alineados olivares.
Sobria, escueta: pescado, verdura y fruta eran tu mesa.

Y cuando supiste que te ibas, con la certeza del crepúsculo cercano,
lúcida, aun cansada de este viaje, me llamaste una tarde de verano
para que tus encargos finales no olvidase.

Tía Matilde, madre adoptiva del autor, él y la hija mayor de éste, Violeta Ruiz, en París, Navidad 1981
La Puerta de Segura (Jaén)
3.III.1915 – 25.VIII.2002

NOTA EXPLICATIVA: Matilde Ruiz López, junto con su marido, Juan Badía La Calle, tras cuidar de ellos en su temprana infancia y niñez, fueron los padres adoptivos de Jaime-Axel y Cristina Ruiz Baudrihaye, a la muerte del padre de éstos, en 1963.


Más velocidad, más vehículos: en la Sierra de Segura ( Jaén) vamos al revés del mundo

19 agosto, 2019

La reforma de diez kilómetros de la carretera A 317, de la Junta de Andalucía, nos va a salir muy cara, en dinero, en árboles y en paisaje.

El precio, según los carteles, es de más de dos millones doscientos ochenta mil euros, 2.280.458,89 €. (Lo de los 89 céntimos es muy importante, da como sensación de honestidad y rigor). Cada kilómetro de carretera nos va a salir a más de doscientos veinte mil euros, 228.000€.

Y encima parece que está cofinanciado por la Unión Europea.

Pero el coste ambiental, no medido, y menos aún declarado, es mucho más alto. Han perpetrado una innecesaria tala masiva de los chopos y demás árboles (espinos, fresnos) de la desaparecida curva del Batán, y han dejado un terraplén yermo, machacado, sin una sola planta.

El propósito de esta reforma era y es:

“Para lograr una mejora de las condiciones de capacidad y velocidad del recorrido se incluyen medidas como la construcción de un nuevo puente, mejoras de trazado, sección y firme”. Esto decía la Delegada Provincial de Medio Ambiente de Jaén, el 12 de mayo de 2008.

Respondía así a mi carta en la que le mostraba mi inquietud porque la carretera A 317 fuera a ser reformada, pedía que hubiera arcenes para andar o ir en bicicleta y me quejaba de la suciedad de las cunetas. Por fin, criticaba la falta total de control de velocidad en una zona protegida como es el Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y Las Villas.

Es decir, la Delegada contestaba todo lo contrario de lo que se pedía: se iba a aumentar la capacidad y la velocidad. El medio ambiente, la naturaleza, no importaba. Y en las cunetas “los residuos son muy escasos en sus márgenes”.

Así se ha hecho este año de 2019 y ya se puede ir mucho más deprisa (entre otras cosas porque no hay control alguno, es una carretera sin ley) y los automóviles y motos van a la velocidad que les da la gana. Algunos motoristas, los fines de semana, incluso echan carreras en las rectas, ahora con ese firme mucho mejor para superar los 120 kms por hora. Las profusas y ubicuas señales -otro negocio, éste de tanta señal- se las saltan impunemente todos los vehículos. Además de la contaminación de humos, ahora tenemos la sonora. Todo sea por el Parque Natural.

Nadie, evidentemente, ha echado las cuentas de cuánto CO2 se emite, ni del que se ha emitido con los masivos movimientos de tierras y maquinaria. Pero debe ser muy alto porque sabemos que sólo tender un metro cuadrado de hormigón emite 27 kgs de CO2 y que necesita para elaborarse 70 litros de agua. Pero como no lo medimos, nos quedamos tranquilos.

Las televisiones y la prensa nos hablan de la deforestación masiva de la Amazonia, de las 110.000 hectáreas de bosque muerto en Alemania en 2019, del incendio de Gran Canaria, por la sequía y las altas temperaturas. Pero no pasa nada, en esta tierra de Jaén, imperturbables, los alcaldes parecen encantados con la nueva carretera que permite “más capacidad y más velocidad”.

Vamos al revés de la historia. No sabemos si la lejana, inaccesible, invisible y pródiga Unión Europea, dirá algo por este atentado ecológico, despilfarro de energía y estupro del paisaje, aunque el escrito arriba citado, terminaba así:

“El hecho claro de la necesidad de mejora debe ir acompañado de toda clase de medidas que adecuen esta carretera al entorno protegido que atraviesa, y minimicen o corrijan los daños de su ejecución (integración paisajística, protección de los valores naturales y culturales, restauración de la cubierta vegetal y del antiguo trazado, etc).”

No entendemos muy bien a qué valores culturales se refiere, lo que sí parece es que hablar de cubierta vegetal significa que habría que volver a plantar los árboles arrasados, que podrían haber sido salvados porque no se entiende por qué ni para qué cortaron tantos. Así, los contratistas ganan dos veces, una, cortándolos, otra, replantándolos. Recordemos que la tala de árboles ha sido históricamente un arma de guerra para vencer, someter y sojuzgar pueblos y civilizaciones. Así nos sojuzga la ínclita Junta de Andalucía.

Antes era una tupida chopera

(P.S.- Se pregunta, en fin, quien esto escribe si las cervezas SKOL patrocinan la carretera, pues los operarios han dejado por doquier latas de SKOL tiradas en las cunetas. También parece como si SKOL financiase la recogida de la aceituna, a tenor de la cantidad de latas de esa cerveza que hay tiradas por todos los olivares).


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