La revolución de 1918 en Munich

16 enero, 2019

Hace un siglo todo cambió. El viejo orden acababa. La Conferencia de Versalles iba a cerrar en mayo de 1919, con revanchismo y de manera ignominiosa para Alemania, la Europa del Tratado de Viena de 1815. Se desarbolaban y desmembraban con saña y codicia los dos grandes imperios, el Otomano –que se repartían Inglaterra y Francia- y el Austro Húngaro (además del ruso, que estuvo a punto de disgregarse con la guerra civil apoyada por las potencias occidentales). Estos imperios mal que bien, habían asegurado un cierto orden internacional. Ahora, Rusia estaba en plena revolución y Alemania, al borde del colapso.

Los campos de Flandes, In Flanders Fields, 1918

En el arte, Kandinsky ya había  escrito en 1912, De lo espiritual en el arte. La Bauhaus estaba a punto de iniciar el cambio total en la arquitectura y el diseño, uniendo arte y técnica. La pintura, la literatura, la música eran también revolucionarias. El rumano Tristan Tzara (Sami Rosentock), había lanzado su manifiesto Dada –de sí, sí, en eslavo, sí a la libertad creativa, sí a la vida- en abril de 1918. El psicoanálisis que había comenzado hacía diez años empezaba a difundirse como terapia. Oswald Spengler había publicado ya el primer volumen de su Decadencia de Occidente que todos leían con fervor, como Mann y Rilke.

Alemania en 1918

Cuando aun no se había firmado el armisticio (el 11 de noviembre), la revolución estallaba en Alemania, de norte a sur. Empezaron los marinos en Bremen y Hamburgo, el Kaiser Wilhem II huía a Holanda. El 8 de noviembre, en Munich, donde vivían Thomas Mann, Rilke y tantos literatos, se expulsaba pacíficamente al rey y se instauraba la república bávara. Daba comienzo la revolución maximalista capitaneada por el periodista y poeta Kurt Eisner y secundada por muchos intelectuales, entre ellos Ernst Toller, Gustav Regler y Oskar Maria Graf, hoy prácticamente olvidados. Les seguían soldados desmovilizados, obreros, estudiantes. Mientras, la burguesía se encerraba en sus casas, acobardada, a la espera.

Kurt Eisner, un socialdemócrata, no era ningún ignorante. Estaba formado como neo kantiano y había publicado un libro, Nietzsche, el apóstol del futuro. Había trabajado en el prestigioso ‘Frankfurter Zeitung’. Un año después de su asesinato eran publicadas sus obras completas.

Un joven reportero que luego se hizo famoso, Viktor Klemperer, da cuenta de lo que sucede. Entre los rebeldes o revolucionarios que desfilan por las avenidas muniquesas figura un cabo desmovilizado que acaba de salir de un hospital militar en Pomerania, un tal Adolf Hitler, que incluso participará en el funeral de Eisner en febrero. El director de orquesta Bruno Walter, amigo de Mann, practicaba su música. En el funeral de Eisner, ‘el Judío’, como le acusaban muchos, asesinado por un noble ultraderechista, Heinrich Mann pronuncia unas palabras, así como el espartakista Max Levien, aunque había sido su oponente.

Klaus Mann eligiría después a Eisner como el héroe de una de sus piezas de teatro. Su hermano Thomas estaba escribiendo La Montaña mágica, trabajo que interrumpió mientras duraba esa revolución. Su protagonista, Hans Castorp es en realidad un producto de esa revolución, de la contradicción entre el progreso democrático y el comunismo de vieja escuela, entre Settembrini y Naphta.

Pero había que acabar con el desorden. Los socialdemócratas alemanes, dirigidos por Friedrich Ebert, pactan con Hindenburg para derrotar a los revolucionarios en toda Alemania. Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg son asesinados en enero de 1919, como lo será días más tarde Kurt Eisner, el 21 de febrero.

A finales de abril de 1919, las tropas, la policía y los freikorps ahogan en sangre, a base de ametralladoras, el sueño imposible de aquellos poetas. El pequeño ejército rojo bávaro, de 15.000 soldados fue aniquilado y dispersado rápidamente. La Asociación Thule, fundadora del Deutsche Arbeiter Partei, que luego se convertiría en el NSDAP, estaba ya muy activa y clamaba por la pureza de la raza alemana, por una dictadura y por la expulsión de todos los judíos, a los que acusaba de ser los promotores de la revolución muniquesa.  El 1º de mayo desfilan por las avenidas de la ciudad los húsares prusianos y los freikorps, convenientemente uniformados. El experimento de los ‘soñadores’ ha terminado.

En España solamente Pío Baroja, en Las veleidades de la fortuna, se hace eco de esta revolución,

Stolz les habló de la revolución comunista y les señaló los puntos donde el estudiante Noske dio la batalla a los maximalistas  bávaros. Stolz era reaccionario y antisemita. Todos aquellos judíos mesiánicos, como Trotsky, Bela Kun y Zinoviev, le parecían repugnantes. Kurt Eisner, el socialista asesinado en Munich era, según él, uno de los hombres más pedantes y autoritarios.

(…)

-¿Y era curioso el aspecto de Munich durante la revolución?- preguntó Pepita.

-Nada. Todo iba tomando un aire horrible. Era como el cieno que va apareciendo cuando se revuelve un estanque.

(…)

– El alemán no puede vivir más que con disciplina estrecha. El maximalismo aquí, como todo lo popular en Alemania, tomó aire de fiesta gimnástica. Grupos marchando al paso y cantando la Internacional o la Marsellesa, músicas, tambores, tuvimos todo este estrépito hasta que empezó la canción de las ametralladoras (…)

La revolución de Munich, en la que participan espartakistas (mandados detener temporalmente por Eisner, como Max Levien, fundador del Partido Comunista Alemán), tolstoianos, utopistas, se plasma sobre todo en el papel: la prensa es nacionalizada, o más bien, socializada, se implanta la jornada de ocho horas (aunque la mayoría de las fábricas están paradas y hay miles de parados), se nacionaliza la industria minera. Las finanzas se guían por las teorías iluminadas de Silvio Gesell, Delegado del Pueblo, que considera la moneda como un residuo del pasado y propone que el dinero sea sujeto a una tasa semanal y sólo aceptado cuando los billetes lleven el sello de haber sido pagada; sostiene que el interés hace esclavos a los hombres, que la tierra y sus tesoros, su riqueza, pertenecen a todos, “no hay carbón inglés ni petróleo rumano, todo pertenece a la humanidad”. Pero sus teorías no eran tan disparatadas y serán estudiadas después, entre otros, por Keynes. Pretenden ingenuamente una paz separada de Baviera con la Entente (cuando Wilson, Clemenceau y Lloyd George lo que quieren es quitar a Alemania de en medio, quitarle sus colonias y someterla para siempre).

En conclusión, todo parece apuntar a que Eisner era un iluso, no sabía lo que quería, era pacífico, dudaba, y fue abandonado. Hará bueno ese aforismo alemán de que “quien sabe escribir un poema es un inútil en política”. Lenin, prudente y calculador, no había avalado el movimiento. La Tercera Internacional aun no se había constituido y la consigna era salvar la revolución en Rusia, no iniciar otras, de dudoso éxito. El camino hacia la constitución de Weimar quedaba despejado.

Esto y mucho más nos lo cuenta el libro de Volker Weidermann sobre aquellos sucesos: Dreamers, when the writers took power (Pushkin Press, 2018), Soñadores, cuando los escritores tomaron el poder, Alemania 1918.

No basta con ser culto, creativo y tener buena fe para dirigir la política y menos una revolución.

Leyendo esta triste historia del llamado soviet  de Baviera, no puedo por menos que ver un cierto paralelismo con otros sucesos históricos, esta vez españoles, que podría llevar el título titularse Cuando los ateneístas tomaron el poder. En efecto, don Manuel Azaña y tantos otros se encontraron con el poder en las manos en 1931, y sobre todo a partir de febrero de 1936, pero no supieron conservarlo ejerciendo la autoridad legítima de que disponían. El orden público se les fue a los republicanos de las manos, y el lumpenproletariado hizo de las suyas con las brigadas del amanecer, asaltos a cárceles y asesinatos sin cuento. Esta pérdida, esta carencia de poder cívico, netamente republicano, les fue enajenando voluntades tanto en España como en el extranjero y contribuiría en gran medida a su derrota.


Berlín manda, Europa y Alemania, por Paul Lever

18 mayo, 2017

 

(Berlin rules, Europe and the german way)

I.B. Tauris, London 2017, 270 págs.

ISBN 978 1 78453 929 0

El estudio de Paul Lever, diplomático británico que ha trabajado largos años en la Comisión Europea y que fue embajador en Alemania, nos permite comprender mejor la posición de Alemania en la Unión Europea y en el mundo, así como su política y su economía.

El libro se reparte en ochos temas:

La influencia de Alemania en la Unión, que se ha puesto de manifiesto, por ejemplo, con el preponderante papel de Alemania en las dos crisis más graves de la Unión, Grecia en julio 2015 y los refugiados, y hasta en la elección de Juncker, servidor de Alemania, pero poco apreciado por los británicos. El. Lever hace una semblanza de Angela Merkel, la que perfectamente encarna el poder tranquilo de Alemania, una dominación que los británicos siempre quisieron evitar pero que ahora ya no podrán contrarrestar. El autor nos describe la democracia completa de Alemania, sus instituciones y su empeño en no convertir la política en vana agresividad.Capa Berlin rules

El segundo capítulo está dedicado a la economía alemana. Hay que recordar que, descartado el plan Morgenthau, ideado en 1945 para dejar Alemania convertida en un país meramente rural y atrasado, la hora cero (Stunde Null, en 1945) y el Plan Marshall dieron un empujón para que los alemanes convirtieran su miseria en el famoso milagro. Lever destaca el papel de la mujer alemana en la reconstrucción, pues más cinco millones de hombres jóvenes habían muerto en la guerra.

Describe el paisaje industrial de las grandes empresas y el llamado Mittelstand, esas empresas de tipo medio, muchas de ellas familiares por varias generaciones. Muy interesantes son las páginas sobre el importante papel de los empresarios y de los sindicatos en su esfuerzo económico, en la innovación tecnológica y en la calidad, una actitud que, junto a la excelente formación profesional hace de los obreros alemanes los más competentes técnicamente del mundo, además de su virtud del Fleiss (trabajo duro). No existe el fenómeno de los Friday cars, esos coches que salen a trompicones de las fábricas antes de cerrar y que están mal terminados, como sucede en Inglaterra y en Estados Unidos. Junto a ello, la toma de decisiones en las empresas es compartida en gran medida y explica el acierto de la mayoría de las decisiones. Por fin, recalca el énfasis en la propiedad del capital y el escaso recurso al crédito.

Los retos de la reunificación, de integrar una tercera parte del país, mucho más atrasada, sin caer en el horror a la inflación y a los créditos al consumo, con ese afán de exportar más que importar, caracterizan también el modelo. Una austeridad, disciplina y productividad que explican también el rechazo a transferir fondos a países que no cumplen los requisitos del Pacto de Estabilidad.

El federalismo que fundó la Ley Básica de 1949, o Constitución, es objeto del tercer capítulo. Es interesante conocer cómo se vota en el Bundestag y en el Bundesrat o Senado para comprender la gran estabilidad del sistema y el correcto reparto de competencias entre el Estado federal y los Länder. Por ejemplo, en educación, aunque los sistemas parecen distintos según los Länder, la naturaleza de la educación es básicamente la misma y homologable en toda Alemania.

Curiosamente, para llegar al poder, contrariamente al Reino Unido, no es imprescindible haber pasado por el Parlamento. El Bundestag no es la vía central, sino que cuenta más la experiencia ejecutiva de haber sido presidentes de Länder. También, la forma de funcionamiento del Bundestag excluye la brillantez artificiosa de la oratoria privilegia la especialización técnica, la exactitud en las propuestas, así como en su posible aplicación.

De los 630 diputados, la mitad provienen de la representación regional, por lo que el vínculo nacional y el regional combinados aseguran que los intereses del país y sus territorios prevalezcan sobre los intereses meramente partidarios. Por ejemplo, los Länder son competentes en muchas materias que ningún ciudadano pensaría en atribuir al parlamento federal. Las responsabilidades están bien delimitadas.

Los partidos políticos son también analizados por Lever, desde su origen hasta en los debates actuales sobre política nacional y europea.

Un país sin pasado, como dice el autor, algo que se demuestra en sus dos eventos anuales, no en las celebraciones de batallas, guerras o victorias. Son aquellos, sólo el 3 de enero, conmemoración de la Reunificación y el 27 de enero, Día del Recuerdo del Holocausto. La segunda guerra mundial y los exterminios son hoy la razón del europeismo alemán. Alemania es el único país que ha revisado su pasado a fondo, en un proceso de catarsis y cura singular. De ahí también la reconciliación franco-alemana, el acento en la estabilidad de Europa y el antinacionalismo.

En cuanto respecta a los inmigrantes, los alemanes son humanos pero no ingenuos. Multiétnicos quizás, pero no multiculturales. La obligación de asimilarse es sentida por toda la población y todos los políticos, precisamente oponiéndose a todo tipo de ghettos. Sin embargo, el Ius sanguinis se antepone al Ius solis, como fórmula de integración privilegiada. La razón histórica es que casi quince millones de alemanes nacieron fuera de las fronteras actuales, expulsados en masa y de la forma más inhumana 1945 de los países del Este donde vivían desde siglos.

Alemania tiene fronteras con nueve países y muchas de ellas han sido complejas y controvertidas, sobre todo con Polonia y con Francia, pero también con Bélgica y con Dinamarca. Con Francia se firmó el Tratado del Elíseo en 1963 entre De Gaulle y Adenauer. Esto fomentó un contacto bilateral que siempre ha sido provilegiado por ambos Estados y que se manifiesta hasta en las relaciones entre funcionarios, el papel de la Ecole Nationale d’Administration como puente, la frecuente toma de decisiones conjunta de cara a temas europeos o bilaterales eso, que recuerda Paul Lever, irritaba tanto a Thatcher.

Con Polonia la relación ha sido muy difícil. Recordemos cuando Brandt cae arrodillado en el antiguo ghetto de Varsovia porque le faltaban las palabras. Alemania ha aceptado la línea Oder-Neisse, renunciando para siempre a Prusia Oriental y Silesia, tierras que habían sido alemanes durante muchos siglos.

Así, nos recuerda el autor, se ha formado el llamado Triángulo de Weimar entre Alemania, Francia y Polonia, pequeño acuerdo que, como el Benelux o el Grupo de Visegrado, es compatible con la UE.

Las relaciones con el Reino Unido se basan en la comunidad de valores, en la defensa del libre mercado. La ocupación británica ha sido la que más empatía demostró. Las últimas unidades británicas abandonarán Westfalia y Baja Sajonia tras 74 años, pero dejarán un recuerdo de amistad y protección, no como las tropas rusas, nos dice el embajador. Pero Alemania se distancia del Reino Unido con el Brexit, a pesar de aquellas palabras de Schäuble en 2014 de que “no se necesita más Europa, sino una Europa más “inteligente”.

Respecto a la Unión Europea, Alemania habla formalmente de unión política, pero nadie la define. Extrapolando la Constitución alemana, Paul Lever sugiere una serie de temas que podrían ser susceptibles de más Europa:

  • La Comisión dirige la política exterior y de defensa.
  • Inmigración y ciudadanía.
  • Moneda común.
  • Más impuestos.
  • Seguridad Social.
  • Grandes proyectos de infraestructuras.

 Pero no deberá compartir cargas de déficits causados por el incumplimiento de las normas básicas de correcta administración ni pagar las deudas de otros. Alemania siempre estará empeñada en hacer cumplir la disciplina del Pacto Fiscal y de Estabilidad y, por tanto, la viabilidad del euro. En estos temas la opinión pública alemana difiere bastante de las posiciones que proclaman sus dirigentes sobre una probable unión política. Hay menos disposición aun a pagar los platos rotos por la incuria de otros gobiernos que no han tenido disciplina fiscal.

Joschka Fischer y Wolfgang Schäuble, dos de los dirigentes más valorados y admirados por el autor, propusieron que hubiera más integración, reforzando el Consejo en vez de la Comisión y permitiendo incluso la elección directa del presidente de la Comisión. Pero a sabiendas que ni los partidos ni los ciudadanos europeos estarían preparados para ello.

El papel de los alemanes en las instituciones europeas es fundamental. De los presidentes del Parlamento europeo en los últimos veinte años, cinco han sido alemanes. Decenas de altos funcionarios alemanes presiden comisiones y grupos de trabajo.gracias en parte a ellos, el rigor fiscal y presupuestario, el euro y los requisitos medioambientales siguen estando en el centro de los asuntos más serios de la UE. También, el enfoque a los dos problemas más inmediatos, seguridad (Schengen), e inmigración (Frontex), son determinados por la sólida posición de Alemania.

El Tratado de Amsterdam de 1997 creó el puesto de Representante Europeo para Política Exterior y Seguridad, que fue ocupado por Javier Solana. Luego, el Tratado de Lisboa de 2007, estableció el Servicio de Acción Exterior europeo, cuyo director sería el Vicepresidente de la Comisión. Pero la Unión debe ser creíble, con una fuerza militar autónoma, consistente, sin perjuicio de las competencias de la OTAN. Lever es algo escéptico en que esto pueda ser una realidad en el futuro próximo.

En cuanto a las perspectivas con la salida del Reino Unido, Lever considera que no habrá un cambio drástico. La UE seguirá funcionando, resolviendo los problemas y las crisis a medida que se presenten, com ha hecho hasta ahora, sin grandes metas ni principios inamovibles o rígidos, con un gran pragmatismo. No habrá mucha más integración ni pérdida de soberanía, pero tampoco descomposición. No llegará a ser como un Estado federal, entre otras cosas, porque el presupuesto de la Unión es solamente del 1% del PIB europeo, mientras que el presupuesto del Estado federal norteamericano es del 20% del PIB.

Alemania seguirá liderando la UE, junto con Francia, de manera aun más fácil ahora que el Reino Unido ya no está. La Comisión quizá tenga algo más cuidado en no interferir tanto en las normas y costumbres nacionales (como cuando hasta ha regulado hasta cómo se debe servir el aceite de oliva en los restaurantes), quizá aplique el principio de discontinuidad, es decir, retirar un proyecto aprobado de reglas que puedan no ser muy necesarias e incluso repetitivas. Tendrá que haber más flexibilidad, aunque es posible que los países más centrales de la eurozona adquieran más compromisos que algunos periféricos. Esto no será la Europa a dos velocidades, pero habrá que tener en cuenta las realidades económicas y políticas para evitar voluntarismos como el que permitió aceptar a Grecia en la eurozona, por ejemplo. Pero los países periféricos permanecerán porque no tienen otro lugar a donde ir.

La última reflexión de Paul Lever es algo triste, y es que “dentro de veinte años muchos ya habrán olvidado que el Reino Unido fue miembro de la Unión Europea. Los partidarios del brexit no se arrepentirán y otros, mirando hacia atrás, pensarán que para qué sirvió tanto alboroto”.

El libro de Paul Lever es un ejemplo de cómo un diplomático conoce, observa, sintetiza y transmite su experiencia profesional. Un modelo de informe que se debería estudiar en las escuelas diplomáticas y universidades. Y, también, por qué no, un libro que nos gustaría que algún diplomático británico escribiera sobre cómo ve España, con esa objetividad, profundidad, simpatía no exenta de critica y claridad con la que Paul Lever nos ha descrito Alemania y su lugar en Europa y el mundo.


El príncipe Hubert zu Loewenstein: antinazi y patriota. La dignidad alemana.

20 diciembre, 2014

Rebuscar y husmear en los alfarrabistas de Lisboa (alfarrabista es palabra de origen árabe que designa un librero de lance) es uno de los entretenimientos que ofrece la capital portuguesa. Suelen ser una caja de sorpresas porque los portugueses leen en varias lenguas y los libreros también han adquirido bibliotecas de refugiados de toda Europa. Por aquí ha pasado todo el mundo. Hay libros en las más diversas lenguas.

Hace poco he descubierto un libro olvidado, desconocido, On borrowed peace (La paz prestada, en una edición de la prestigiosa Faber and Faber, 1943), del noble alemán antinazi, el príncipe Hubert zu Loewenstein, uno de esos alemanes egregios que no claudicó jamás ante el nazismo.

 Hubert zu Loewenstein

Hubert zu Loewenstein

Ya entonces, antes de la guerra, contaba los avatares de una familia conservadora y noble perseguida por los zelotes nazis desde la llegada de Hitler al poder. Nada era pues desconocido para el que quisiera saber. Lo que demuestra, tristemente, que los libros, o no se leen, o se pasan por alto. Loewenstein escribió unos cuarenta, pero, como se ve, a los políticos no les interesaba lo que auguraba y sus advertencias pasaron desapercibidas. Esto pasa desde el origen de los tiempos y ya Camões se quejaba de “cantar a gente sorda y endurecida”.

Loewenstein fue olvidado quizá porque era católico y los críticos parecen detestar la religión católica, el Papa y el Vaticano. Tildado seguramente como conservador, fue postergado, aunque contribuyó en gran medida a la reconciliación dentro de Alemania y al resurgir del europeísmo. Contrasta este olvido con la atención concedida a los escritores, psicólogos, cineastas, músicos, alemanes, en general de izquierda, que a veces fueron menos combativos contra el nazismo y se acostumbraron a un exilio dorado.

A Konrad Adenauer, empeñado en la americanización forzada de la RFA le resultaba quizá molesto este aristócrata, puramente alemán y liberal, que sostenía que la mayoría de los alemanes no fueron realmente nazis, “si hubieran sido tan seguidores (de Hitler), no se hubiera precisado de la Gestapo, el control totalitario y los campos de concentración”. Fue un adalid contra la tesis de la responsabilidad colectiva, que pretendía culpabilizar a toda Alemania del nazismo, algo parecido a lo que se hizo ignominiosamente en Versalles en 1919 y que sembró precisamente las bases de la reacción del nacional-socialismo.

Pero a los aliados también les resultaba molesto pues encarnaba la verdadera Alemania, mientras que los designios de los aliados eran acabar de una vez con Alemania. A estos alemanes no se les hizo caso, como no se le hizo a Von Stauffenberg y a los conspiradores del 20 de julio de 1944 (hubo muchas más conspiraciones, todas neutralizadas por la Gestapo y la SS). Los bomaberdos masivos eran el único argumento. Eso sí, conservando en lo posible su infrastructura industrial. La destrucción, de la que habló el escritor W. G. Sebald, se cebó sobre todo en objetivos civiles, en ciudades.

Por las páginas de Loewenstein, un fresco de la sociedad de la época, pasan muchos políticos ingleses, el checo Benes, el filósofo tomista francés Jacques Maritain. También se extiende en detalles de protocolo, de viajes, de instalaciones en casas inglesas y americanas y de sus escritos.


Pomerania y Mecklenburgo

28 junio, 2012

Esta región del noreste de Alemania, parte de la antigua Prusia, es muy singular. Bordea el Báltico, el Ostsee, con unas ciudades hanseáticas bastante desconocidas por los españoles (entre otras cosas porque era la Alemania del Este y era de problemático acceso).

Mi ruta comenzó en Tegel, una pequeña población entre bosques junto al aeropuerto de Berlín que da sobre un bello lago, Tegelersee, en las afueras de la capital alemana. De allí me dirigí hacia Prenzlau, IMG_0685antigua villa de guarnición prusiana, a visitar lo que queda del campo de la Segunda Guerra Mundial, offlag, donde estuvo prisionero mi abuelo. Curiosamente, aunque toda la población quedó devastada, los antiguos cuarteles prusianos no fueron bombardeados y siguen aún en pie, algunos de ellos reconvertidos en viviendas, uno, abandonado. El inmenso campo entre ellos, paseo de los prisioneros, aún está allí, vacío, solitario, invadido por la hierba con restos de hormigón. El lag fue liberado por las tropas rusas casi al acabar la guerra, en abril de 1945. Los prisioneros, acogidos a la Convención de Ginebra, habían sido relativamente bien tratados por los alemanes y celebraban conciertos, montaban obras de teatro y escuchaban la BBC gracias a una radio que tenían bajo las planchas del suelo y que habían ido construyendo con cables ocultos en los macarrones enviados por sus familias (se admitían paquetes por medio de la Cruz Roja). En toda esta apartada región hubo muchos campos de prisioneros ocultos a menudo por sus tupidos bosques.

La catedral de Prenzlau es la primera sorpresa. Pertenece a la colección de las backsteingotik basilike, catedrales góticas de ladrillo rojo, seña de identidad de muchas iglesias del país –con influencia hasta en los países bálticos- de enorme altura -43 metros- y luminosidad (http://www.eurob.org/ ) . Allí reposó el cuerpo de Gustavo Adolfo de Suecia (padre de Cristina de Suecia, que se convirtió al catolicismo y vivió en Roma), muerto en la batalla de Lützen, en la Guerra de los Treinta años, hasta ser repatriado a su país. Toda la ciudad desprende un cierto aire de tristeza, con sus bloques soviéticos y todavía restos de la devastación.DSCF6238

Por bellas carreteras arboladas (la antigua red prusiana de adoquines, hoy revestidos de alquitrán), el viajero llegará en media hora a la más amena ciudad de Neubrandenburg, encerrada en murallas de ladrillo con cuatro bellas puertas de estilo hanseático junto al lago Tollen (Tollensee). Descanse del viaje con un tradicional y delicado almuerzo en Mudder Schulten Stuben   http://www.mudder-schulten-stuben.de/ , donde será amablemente atendido.

Si tiene tiempo, al oeste puede llegar hasta Feldberg, en medio de un gran parque natural de lagos y hayedos (www.feldberger-seenlandschaft.de) . Por allí, en Carwitz, se encuentra la pequeña casa museo de Hans Fallada, escritor conocido sobre todo por una obra suya silenciada hasta hace poco, Solo en Berlín, en la que relata la trágica resistencia de un matrimonio en plena época nazi. Fallada, condenado al ostracismo pero renunciando a dejar su país, vivió allí apartado desde 1933 hasta 1944. Esta es su última obra.

Más al norte se llega a la ciudad portuaria de Greifswald, cuna de Fallada y también del pintor romántico Caspar David Friedrich. La catedral hanseática de San Nicolás, St. Nicolai, imponente, es visita obligada. El pintor norteamericano Lyonel Feininger, que anduvo por aquella región antes de la Primera Guerra Mundial, nos ha dejado algunas acuarelas de la iglesia y la ciudad. Repare el viajero en los magníficos órganos que hay en todas estas iglesias. La música religiosa y los coros fueron una de las aportaciones de la Reforma luterana.

No es fácil entender la historia, y el paisaje, de esta región si no se sabe que fue asolada por la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) ; entre la guerra, las masacres, la peste y el hambre que les siguieron, perdió el noventa por ciento de su población y por eso hoy aún hay muy pocos pueblos, si se compara con el resto de Alemania. Estos territorios fueron escenario de encarnizadas luchas entre suecos y prusianos, inmortalizadas en la obra de Bertolt Brecht, Madre Coraje, escrita en 1938, ya en el exilio, símbolo de todas las guerras.

Para saber más:

Europe’s Tragedy, por Peter H. Wilson, 1024 págs., Penguin, Londres, 2010.

La guerra de los Treinta Años, dirigido por Geoffrey Parker, Madrid, 2004.

Solo en Berlín, de Hans Fallada, 552 págs, ediciones Maeva, Madrid, 2011.


Prora. El turismo nacionalsocialista. Educación y descanso en Rügen.

15 junio, 2012

Prora es una localidad creada en 1936 en la bella isla alemana de Rügen para organizar las vacaciones del proletariado alemán mediante la Fundación KdF, Kraft durch Freude, fuerza con alegría.

Prora

Prora

Se trata de un edificio de casi cuatro kilómetros de largo, cerca de la elegante localidad balnearia de Binz sobre el Báltico.

El propósito era que los trabajadores alemanes, arios y afectos al régimen nacionalsocialista, pudieran ir a la playa y tener vacaciones por módico precio. Además de esta inmensa colonia de vacaciones, la KdF dispuso de dos grandes paquebotes de crucero, el “Robert Ley” y el tristemente famoso “Wilhem Gustloff”, que llevaron obreros a Madeira por un precio diez veces menor que los turoperadores privados.

En 1945, a punto de terminar ya la guerra mundial, el “Wilhem Gustloff”, cargado con nueve mil refugiados alemanes de los países bálticos fue deliberadamente hundido por un submarino soviético, pereciendo todos, niños, mujeres, ancianos. Sabían que no era un objetivo militar. Fue una pura venganza. Günther Grass ha sido el único que se ha atrevido a evocar esta masacre en su libro A paso de cangrejo (2002). Gustloff era un nazi, impulsor del socialismo hitleriano que había sido un héroe en la I Guerra Mundial. Tras la KdF estaña el Frente de los Trabajadores (el Arbeitsfront, DAF), sindicato único que había sustituido a los disueltos tras la llegada de Hitler al poder.

Volviendo a Prora, en 1936 se pensó que debía ser más bien destinado a hospital militar, como así fue. La propaganda del régimen acabó pronto. Pero los carteles y folletos editados en la época son sorprendentemente parecidos a los de la promoción turística actual. Presos políticos trabajaron en su construcción, inacabada. Tras la derrota alemana, los soviéticos lo siguieron utilizando con propósitos militares.IMG_0728

La arquitectura era muy funcional y muy bien pensada, con torres de servicios y una igualdad absoluta para todos los residentes. Hoy, sus ruinas, son como un monumento a la historia viva del país.

El contraste con la coqueta localidad vecina, Binz, es flagrante. Restaurantes, villas y casas de madera blanca, parques bien cuidados. Allí veraneaban, a un kilómetro, las clases altas del Tercer Reich.

Existe un paralelismo con las iniciativas de parecido objetivo llevadas a cabo en 1936 por el Frente Popular francés y, tras la guerra, los proyectos en la costa de Argelès sur Mer y la Grande Motte, en España por la Falange (Educación y Descanso), y en el Portugal salazarista con las villas de vacaciones.

El viajero se verá sorprendido porque muchos pequeños pabellones, con jardines, siguen siendo alquilados por familias modestas alemanas. Hay un gran camping para jóvenes, deportes de vela y un acceso ferroviario al pie mismo de la urbanización, que está enclavada entre los bosques y la playa.

El centro de Documentación de Prora explica todo esto y además presenta exposiciones temáticas sobre el nacionalsocialismo, la persecución y exterminio de los judíos, etc. Como en toda Alemania, la labor de catarsis y de reconocer los males pasados, es un ejercicio que no tiene parangón con ningún otro país implicado o cómplice en masacres, por ejemplo, Austria o Japón.

Más información: http://www.prora.eu


El blog de Agustín Galán

Filosofía de la ignorancia

La pluma del cormorán

Mensajes en una botella. Libros, historias y pinturas.

El blog de Guillermo Schavelzon

La edición, el libro, los escritores

La Estirga Burlona

El blog de Bárbara García Carpi

Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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