Berlín manda, Europa y Alemania, por Paul Lever

18 mayo, 2017

 

(Berlin rules, Europe and the german way)

I.B. Tauris, London 2017, 270 págs.

ISBN 978 1 78453 929 0

El estudio de Paul Lever, diplomático británico que ha trabajado largos años en la Comisión Europea y que fue embajador en Alemania, nos permite comprender mejor la posición de Alemania en la Unión Europea y en el mundo, así como su política y su economía.

El libro se reparte en ochos temas:

La influencia de Alemania en la Unión, que se ha puesto de manifiesto, por ejemplo, con el preponderante papel de Alemania en las dos crisis más graves de la Unión, Grecia en julio 2015 y los refugiados, y hasta en la elección de Juncker, servidor de Alemania, pero poco apreciado por los británicos. El. Lever hace una semblanza de Angela Merkel, la que perfectamente encarna el poder tranquilo de Alemania, una dominación que los británicos siempre quisieron evitar pero que ahora ya no podrán contrarrestar. El autor nos describe la democracia completa de Alemania, sus instituciones y su empeño en no convertir la política en vana agresividad.Capa Berlin rules

El segundo capítulo está dedicado a la economía alemana. Hay que recordar que, descartado el plan Morgenthau, ideado en 1945 para dejar Alemania convertida en un país meramente rural y atrasado, la hora cero (Stunde Null, en 1945) y el Plan Marshall dieron un empujón para que los alemanes convirtieran su miseria en el famoso milagro. Lever destaca el papel de la mujer alemana en la reconstrucción, pues más cinco millones de hombres jóvenes habían muerto en la guerra.

Describe el paisaje industrial de las grandes empresas y el llamado Mittelstand, esas empresas de tipo medio, muchas de ellas familiares por varias generaciones. Muy interesantes son las páginas sobre el importante papel de los empresarios y de los sindicatos en su esfuerzo económico, en la innovación tecnológica y en la calidad, una actitud que, junto a la excelente formación profesional hace de los obreros alemanes los más competentes técnicamente del mundo, además de su virtud del Fleiss (trabajo duro). No existe el fenómeno de los Friday cars, esos coches que salen a trompicones de las fábricas antes de cerrar y que están mal terminados, como sucede en Inglaterra y en Estados Unidos. Junto a ello, la toma de decisiones en las empresas es compartida en gran medida y explica el acierto de la mayoría de las decisiones. Por fin, recalca el énfasis en la propiedad del capital y el escaso recurso al crédito.

Los retos de la reunificación, de integrar una tercera parte del país, mucho más atrasada, sin caer en el horror a la inflación y a los créditos al consumo, con ese afán de exportar más que importar, caracterizan también el modelo. Una austeridad, disciplina y productividad que explican también el rechazo a transferir fondos a países que no cumplen los requisitos del Pacto de Estabilidad.

El federalismo que fundó la Ley Básica de 1949, o Constitución, es objeto del tercer capítulo. Es interesante conocer cómo se vota en el Bundestag y en el Bundesrat o Senado para comprender la gran estabilidad del sistema y el correcto reparto de competencias entre el Estado federal y los Länder. Por ejemplo, en educación, aunque los sistemas parecen distintos según los Länder, la naturaleza de la educación es básicamente la misma y homologable en toda Alemania.

Curiosamente, para llegar al poder, contrariamente al Reino Unido, no es imprescindible haber pasado por el Parlamento. El Bundestag no es la vía central, sino que cuenta más la experiencia ejecutiva de haber sido presidentes de Länder. También, la forma de funcionamiento del Bundestag excluye la brillantez artificiosa de la oratoria privilegia la especialización técnica, la exactitud en las propuestas, así como en su posible aplicación.

De los 630 diputados, la mitad provienen de la representación regional, por lo que el vínculo nacional y el regional combinados aseguran que los intereses del país y sus territorios prevalezcan sobre los intereses meramente partidarios. Por ejemplo, los Länder son competentes en muchas materias que ningún ciudadano pensaría en atribuir al parlamento federal. Las responsabilidades están bien delimitadas.

Los partidos políticos son también analizados por Lever, desde su origen hasta en los debates actuales sobre política nacional y europea.

Un país sin pasado, como dice el autor, algo que se demuestra en sus dos eventos anuales, no en las celebraciones de batallas, guerras o victorias. Son aquellos, sólo el 3 de enero, conmemoración de la Reunificación y el 27 de enero, Día del Recuerdo del Holocausto. La segunda guerra mundial y los exterminios son hoy la razón del europeismo alemán. Alemania es el único país que ha revisado su pasado a fondo, en un proceso de catarsis y cura singular. De ahí también la reconciliación franco-alemana, el acento en la estabilidad de Europa y el antinacionalismo.

En cuanto respecta a los inmigrantes, los alemanes son humanos pero no ingenuos. Multiétnicos quizás, pero no multiculturales. La obligación de asimilarse es sentida por toda la población y todos los políticos, precisamente oponiéndose a todo tipo de ghettos. Sin embargo, el Ius sanguinis se antepone al Ius solis, como fórmula de integración privilegiada. La razón histórica es que casi quince millones de alemanes nacieron fuera de las fronteras actuales, expulsados en masa y de la forma más inhumana 1945 de los países del Este donde vivían desde siglos.

Alemania tiene fronteras con nueve países y muchas de ellas han sido complejas y controvertidas, sobre todo con Polonia y con Francia, pero también con Bélgica y con Dinamarca. Con Francia se firmó el Tratado del Elíseo en 1963 entre De Gaulle y Adenauer. Esto fomentó un contacto bilateral que siempre ha sido provilegiado por ambos Estados y que se manifiesta hasta en las relaciones entre funcionarios, el papel de la Ecole Nationale d’Administration como puente, la frecuente toma de decisiones conjunta de cara a temas europeos o bilaterales eso, que recuerda Paul Lever, irritaba tanto a Thatcher.

Con Polonia la relación ha sido muy difícil. Recordemos cuando Brandt cae arrodillado en el antiguo ghetto de Varsovia porque le faltaban las palabras. Alemania ha aceptado la línea Oder-Neisse, renunciando para siempre a Prusia Oriental y Silesia, tierras que habían sido alemanes durante muchos siglos.

Así, nos recuerda el autor, se ha formado el llamado Triángulo de Weimar entre Alemania, Francia y Polonia, pequeño acuerdo que, como el Benelux o el Grupo de Visegrado, es compatible con la UE.

Las relaciones con el Reino Unido se basan en la comunidad de valores, en la defensa del libre mercado. La ocupación británica ha sido la que más empatía demostró. Las últimas unidades británicas abandonarán Westfalia y Baja Sajonia tras 74 años, pero dejarán un recuerdo de amistad y protección, no como las tropas rusas, nos dice el embajador. Pero Alemania se distancia del Reino Unido con el Brexit, a pesar de aquellas palabras de Schäuble en 2014 de que “no se necesita más Europa, sino una Europa más “inteligente”.

Respecto a la Unión Europea, Alemania habla formalmente de unión política, pero nadie la define. Extrapolando la Constitución alemana, Paul Lever sugiere una serie de temas que podrían ser susceptibles de más Europa:

  • La Comisión dirige la política exterior y de defensa.
  • Inmigración y ciudadanía.
  • Moneda común.
  • Más impuestos.
  • Seguridad Social.
  • Grandes proyectos de infraestructuras.

 Pero no deberá compartir cargas de déficits causados por el incumplimiento de las normas básicas de correcta administración ni pagar las deudas de otros. Alemania siempre estará empeñada en hacer cumplir la disciplina del Pacto Fiscal y de Estabilidad y, por tanto, la viabilidad del euro. En estos temas la opinión pública alemana difiere bastante de las posiciones que proclaman sus dirigentes sobre una probable unión política. Hay menos disposición aun a pagar los platos rotos por la incuria de otros gobiernos que no han tenido disciplina fiscal.

Joschka Fischer y Wolfgang Schäuble, dos de los dirigentes más valorados y admirados por el autor, propusieron que hubiera más integración, reforzando el Consejo en vez de la Comisión y permitiendo incluso la elección directa del presidente de la Comisión. Pero a sabiendas que ni los partidos ni los ciudadanos europeos estarían preparados para ello.

El papel de los alemanes en las instituciones europeas es fundamental. De los presidentes del Parlamento europeo en los últimos veinte años, cinco han sido alemanes. Decenas de altos funcionarios alemanes presiden comisiones y grupos de trabajo.gracias en parte a ellos, el rigor fiscal y presupuestario, el euro y los requisitos medioambientales siguen estando en el centro de los asuntos más serios de la UE. También, el enfoque a los dos problemas más inmediatos, seguridad (Schengen), e inmigración (Frontex), son determinados por la sólida posición de Alemania.

El Tratado de Amsterdam de 1997 creó el puesto de Representante Europeo para Política Exterior y Seguridad, que fue ocupado por Javier Solana. Luego, el Tratado de Lisboa de 2007, estableció el Servicio de Acción Exterior europeo, cuyo director sería el Vicepresidente de la Comisión. Pero la Unión debe ser creíble, con una fuerza militar autónoma, consistente, sin perjuicio de las competencias de la OTAN. Lever es algo escéptico en que esto pueda ser una realidad en el futuro próximo.

En cuanto a las perspectivas con la salida del Reino Unido, Lever considera que no habrá un cambio drástico. La UE seguirá funcionando, resolviendo los problemas y las crisis a medida que se presenten, com ha hecho hasta ahora, sin grandes metas ni principios inamovibles o rígidos, con un gran pragmatismo. No habrá mucha más integración ni pérdida de soberanía, pero tampoco descomposición. No llegará a ser como un Estado federal, entre otras cosas, porque el presupuesto de la Unión es solamente del 1% del PIB europeo, mientras que el presupuesto del Estado federal norteamericano es del 20% del PIB.

Alemania seguirá liderando la UE, junto con Francia, de manera aun más fácil ahora que el Reino Unido ya no está. La Comisión quizá tenga algo más cuidado en no interferir tanto en las normas y costumbres nacionales (como cuando hasta ha regulado hasta cómo se debe servir el aceite de oliva en los restaurantes), quizá aplique el principio de discontinuidad, es decir, retirar un proyecto aprobado de reglas que puedan no ser muy necesarias e incluso repetitivas. Tendrá que haber más flexibilidad, aunque es posible que los países más centrales de la eurozona adquieran más compromisos que algunos periféricos. Esto no será la Europa a dos velocidades, pero habrá que tener en cuenta las realidades económicas y políticas para evitar voluntarismos como el que permitió aceptar a Grecia en la eurozona, por ejemplo. Pero los países periféricos permanecerán porque no tienen otro lugar a donde ir.

La última reflexión de Paul Lever es algo triste, y es que “dentro de veinte años muchos ya habrán olvidado que el Reino Unido fue miembro de la Unión Europea. Los partidarios del brexit no se arrepentirán y otros, mirando hacia atrás, pensarán que para qué sirvió tanto alboroto”.

El libro de Paul Lever es un ejemplo de cómo un diplomático conoce, observa, sintetiza y transmite su experiencia profesional. Un modelo de informe que se debería estudiar en las escuelas diplomáticas y universidades. Y, también, por qué no, un libro que nos gustaría que algún diplomático británico escribiera sobre cómo ve España, con esa objetividad, profundidad, simpatía no exenta de critica y claridad con la que Paul Lever nos ha descrito Alemania y su lugar en Europa y el mundo.


Jeremy Rifkin y las utopías realistas

13 octubre, 2014

[Artículo aparecido en Www.estrelladigital.es el 1º de octubre)

 

El título podría parecer un contrasentido, pero es que Jeremy Rifkin siempre sorprende. Desde El fin del trabajo, hasta La sociedad de coste marginal cero, las ideas de este profesor norteamericano nos llevan interpelando tres lustros al menos. Algunos lo critican o ignoran, como Rajoy, que lo considera un fantasioso – me temo que la virtud del Presidente del Gobierno español no sea precisamente la imaginación ni aceptar ideas nuevas o diferentes- , mientras otros los consideraban un gurú, como Zapatero, más crédulo.

 Si se considera que el papel de un investigador de la sociedad es hacernos preguntas, plantearnos dudas, Rifkin acierta en pleno. The Economist  lo ha calificado de vidente o visionario. La situación de crisis, más bien de un necesario cambio de paradigma, hacen más que oportunas su reflexiones. Sería bueno que tras esta larga crisis no volviéramos a las andadas, a depredar el planeta, como si nada. De hecho, quizá se prolonga tanto porque no hemos cambiado nuestra visión e intentamos resolverla con las viejas recetas. El profesor nos avisa de que hay otros caminos.

 Hace pocos días volvió a comparecer en la Fundación Rafael del Pino, www.frdelpino.es , un foro muy útil para la vida española donde podemos escuchar a políticos, economistas, pensadores, diplomáticos, científicos, siempre innovadores.

Todos sus libros plantean la emergencia de una civilización empática (título de uno de ellos, 2009), opuesta a la actual, de entropía y destrucción del planeta. La tercera revolución industrial estará marcada por la interconectividad, la ecología y en la que la “Edad de la Empatía eclipsará la Edad de la Razón”. Compartir tareas, descentralizar las fuentes de energía, estar conectado y trabajar menos pero mejor son sus pronósticos en la sociedad del inmediato futuro. El fin del trabajo, parafraseando a Francis Fukuyama.

Rifkin no duda en hablar del Homo empathicus como el hombre del futuro. La empatía es el hilo conductor de todas sus obras.  El símbolo precursor de este hombre nuevo lo sitúa en aquella conocida tregua espontánea de Navidad en el frente de Flandes en 1914, cuando los soldados británicos y alemanes hasta jugaron un partido de fútbol. Confraternización que fue cortada de raíz por los mandos de Londres y Berlín.

Rifkin lucha con sus ideas para plantear los nuevos retos económicos, sociales y medioambientales que nos permitirían ahorrar, cuidar del planeta y desperdiciar menos, desde agua o energía hasta esfuerzo. Muchas de sus propuestas ya están siendo aplicadas en Alemania (con el plan energético Energiewende) y en Dinamarca, y recientemente en China. Su visión optimista del ser humano, la valoración globalmente positiva de la Unión Europea y su crítica constructiva le han hecho acreedor de los ataques de muchos de sus compatriotas, por considerarlo un soñador. Nadie es profeta en su tierra.

Leer sus libros y escucharle no nos dejan indiferentes en ningún caso pues son una ventana de aire fresco y constituyen una provocación saludable. Esperemos que alguien en nuestros Ministerios –especialmente los de Industria y Agricultura- se moleste al menos el leerlo  La utopía es motor y no fábula cuando se apoya en un gran conocimiento de la historia, de las corrientes económicas y los descubrimientos científicos, como es el caso de Jeremy Rifkin.


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Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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