‘O vento assobiando nas gruas’, el viento silbando entre las grúas, novela de Lídia Jorge

17 octubre, 2018

Una anciana se escapa de un asilo y aparece muerta frente al edificio abandonado de la fábrica de conservas de la aún es propietaria. Su nieta, Milene, es encontrada vagando, medio perdida, buscando a su abuela por las inmediaciones y es recogida por la familia que ocupa ahora los bajos de la fábrica, a modo de vivienda de fortuna. Estamos en el Algarve, Portugal, hacia finales de los años ochenta del pasado siglo XX.

download-1Los hijos de la anciana dona Regina están más preocupados que afligidos. Por el qué dirán y por cómo repartirse su pingüe herencia. Algo avergonzados de que se sepa que no estaban presentes cuando ocurrió el óbito. Tuvo que ser la GNR (equivalente a la Guardia Civil) quien se encargase de todo. Estaban de vacaciones en el extranjero.

Tras el entierro y muchas incidencias familiares, resulta que la nieta, medio perdida y con algo de parvulez, se enamora de uno de los ocupantes de la fábrica, que encima es negro, caboverdiano, lo que es ultrajante para tan notable familia. Un tío es el alcalde, otro un empresario que ha hecho su fortuna en Angola y Suráfrica. Toda la novela gira en torno a esas dos familias, los caboverdianos pobres, desordenados, que viven un poco tribalmente, y los burgueses de pretendida alcurnia, cuyo único afán es hacer dinero con la especulación inmobiliaria.

Por todos lados, en medio de tierras abandonadas, de rastrojos, se alzan urbanizaciones, hoteles. Aparecen unos inversores holandeses asociados a la familia que sobrevuelan en helicóptero, como rapaces, la vieja fábrica y todas las tierras que quieren comprar para edificar. La familia venderá y la plusvalía irá a manos extranjeras, como siempre.

Al morir dona Regina se han derrumbado los restos de un mundo. Los sucesores son meramente parásitos que quieren vivir alimentándose de lo que hicieron sus antepasados. Es lo que está pasando en muchos países, y en Portugal, que asume su modernidad un poco exageradamente, con el turismo y el inmobiliario como principal motor, a pesar del paisaje, de las costas (como en Comporta, cuya zona protegida va a ser privatizada para riquísimos), a pesar de las ciudades que tenían alma, aunque fuera algo melancólica y hubiera edificios medio en ruinas.

Pero antes habrá que resolver, a toda costa, el para ellos absurdo enamoramiento con un africano de la nieta de doña Regina, huérfana y algo inocente.

Al final, como nos advierte nuestra amiga Francisca, lectora sagaz que ha participado de la lectura y de esta conversación literaria, todo resolverá mediante la fórmula tan portuguesa del “entendimento”, de conciliar lo inconciliable.

Lidia Jorge, de Boliqueime, Algarve (1946), nos ha relatado esa historia familiar, que es un trasunto de la historia de Portugal, de la decadencia de las viejas familias, esas tres oleadas (revolución industrial tardía, ocupación en la revolución de los claveles y abandono, y ocupación por inmigrantes pobres gracias a un sentido de la justicia de la anciana desaparecida, que los protege).download

O vento assobiando nas gruas, El viento silbando entre las grúas (470 páginas) es una crónica de ese Algarve sometido a la codicia y la especulación. Las grúas son las de las construcciones. La escritora se refiere constantemente a la polvareda, las chabolas, la basura, las carreteras desfondadas, el pasto quemado, las cunetas sucias, las dunas, los hierbajos, las obras, las grúas y los bulldozers. El libro me hace evocar otro, El astillero, de Onetti, donde también los antiguos empleados venden al peso la maquinaria como chatarra.

No es la de Lidia Jorge una escritura diáfana, pero sí eficaz para introducir al lector en ese ambiente cargado, como de aire viciado, que ensombrece toda la novela. A veces intenta enviar el haz de luz sobre demasiadas cosas, demasiados personajes, de los que sólo sobresalen unos pocos, la abuela caboverdiana Ana Mata, don Silvestre, principalmente, el resto es comparsa, pero pueden llegar a confundir al lector. De hecho, es en el llamado post scriptum donde se desvelan muchas de las claves del libro.

Su obra literaria es perfectamente contemporánea, desde su primera novela, 1980, O dia dos prodígios, pasando por A costa dos murmúrios, hasta hoy. Como dicen algunos críticos, es una verdadera cronista del Portugal de hoy. En Os memoráveis habló de todos esos tiempos heroicos de abril (25 de abril de 1974) y en lo que han acabado. En su última novela, Estuário (2018), el mar, la costa, también están presentes. De hecho, ella dice haberse inspirado en la Ode Marítima, de Alvaro de Campos (un heterónimo de Pessoa). En fin, en sus páginas, como en muchos escritores portugueses, siempre afloran el mar y Africa.

 


‘Casa de conversación’, o contra la envidia entre escritores, por Azorín

2 octubre, 2018

Azorín fue siempre un crítico amable. Si no tenía nada bueno que decir de un escritor, de un poeta, no decía nada. Para la crítica actual, tan ideologizada, tan sesgada según la persona e ideas del autor, es posible que su actitud sea calificada de blanda, de complaciente.

Escriitores de AzorinCasa de conversación era una tertulia de amigos de las letras que evoca en un artículo así titulado, publicado en ABC el 11 de julio de 1924, ¡qué nombre mucho más atinado y bello, casa de conversación!, dedicada a leer, estudiar y honrar a José María de Pereda, ese escritor decimonónico hoy totalmente menospreciado por nuestros eruditos a la violeta y literariamente correctos.

Pero lo interesante era el espíritu que reinaba en ese círculo, que es la “cordialidad más sincera y efusiva”. Claro que es porque “son hombres sencillos, arcaicos, un poco limitados”, dice con ironía, que “no pueden sino comprender la poesía con ritmo y rima”,

“Si uno de los socios escribe un artículo y es preciso en él citar el nombre de un compañero, lo cita sin empacho, y no da un rodeo, o suprime un argumento, por no verse en la necesidad –tristísima necesidad- de citar, con elogio, el nombre del camarada. El recelo y la hostilidad hacia el compañero afortunado, no existen en esta Sociedad”.

Y nos cita Azorín a Tirso de Molina, pues ya entonces se estilaba la envidia entre poetas:

Pues véndese agora tanta

envidia a ingenios diversos,

que hay hombre que haciendo versos

a los demás se adelanta,

y aunque más fama le den,

Es tal (la verdad os digo)

que niega el habla a un amigo

cada vez que escribe bien.

Hoy sería muy saludable que en todos esos suplementos literarios en los que sólo se habla bien de los amigos y se ignora a los desafortunados que no tienen pie en la sociedad literaria, se aplicase esta buena recomendación de Azorín. Porque, como ha dicho hace pocos días la escritora portuguesa Lídia Jorge, (Jornal de Letras, 26 de septiembre de 2018), eso también afecta a los agentes literarios y a las casas de edición:

“las agencias de escritores y periodistas se comportan con los escritores como los demás agentes de otras áreas. No merece la pena pensar que existe cualquier tipo de compasión. El que pierde es desterrado, el que gana elogiado y alabado, la ruleta rusa tiene mucho que ver con esto”.


El blog de Agustín Galán

Filosofía de la ignorancia

La pluma del cormorán

Objetos perdidos y hallados. Mensajes en una botella. Libros, historias y algún viaje.

El blog de Guillermo Schavelzon

La edición, el libro, los escritores

La Estirga Burlona

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Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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