Las empresas que prosperan durante la pandemia

Hace un par de meses, el Financial Times publicó una lista de las cien empresas mundiales que han tenido éxito en el año de la pandemia. Casi la mitad son del área tecnológica, seguidas de la industria y de las empresas relacionadas con la salud, farmacéuticas, principalmente. Pero todas funcionan, incluso las financieras, de comercio o de entretenimiento, con bases de tecnologías de la información y comunicación. Significativamente, la número tres es Zoom Video, norteamericana. La novena, Pinterest.

Por países,
26 son de China,
25, de EEUU,
15, de la Unión Europea,
7, de Asia.

De España figura EDP Renovables, Electricidade de Portugal, que tiene como socios mayoritarios a Total, Natixis, Mirova y Endesa.

Esta lista dice mucho de por dónde va la economía. Es el comercio electrónico, la industria y la energía, siempre apoyados en las tecnologías de la información y comunicación. Es una buena guía para orientar los estímulos financieros que ha aprobado la Unión Europea.

La manufactura industrial en Europa, según el PMI, Purchase Management Index, ha subido en el primer trimestre de 2021 gracias sobre todo a Alemania y Francia. Por su parte, la OCDE presenta pronósticos de crecimiento. No todos los datos son, pues, tan negativos.

Pero en España, que depende absurdamente del turismo en un 14%, las noticias no son tan optimistas. Las empresas de alta tecnología e industriales no están sufriendo como la hostelería y viajes, aunque éstas no sean noticia pues los medios, sobre todo la televisión que sólo parece usar la vara de medir de las terrazas y los bares (a donde van los ninis y los funcionarios, sobre todo). Los trabajadores de la hostelería, los menos formados y peor pagados, con un alto porcentaje de inmigrantes que los empresarios han explotado y explotan a placer, son los que más sufren. Para estos trabajadores, lo que diga la OCDE no les afecta, desgraciadamente. Otro tanto pasa con la construcción y la agricultura, que se basan también en trabajadores mal pagados y poco formados, y miles de inmigrantes.

La situación se ha enrarecido tanto en España que ahora hasta las empresas hoteleras están pidiendo ayuda, tras años de excesos, de precios altos y no siempre con transparencia fiscal ni datos correctos de ocupación, que rebajaban sistemáticamente. Recordemos que este sector se opuso a la ley del tabaco, a las normas para proteger los derechos de autor en bares y hoteles (música, sobre todo), que ha disfrutado siempre de un IVA mucho más bajo que sus competidores europeos, incluso los portugueses. Ahora, se quejan.

El gobierno (o los gobiernos de las CCAA) tendrán que elegir con mucho rigor a dónde van a dirigir las ayudas europeas y procurar no caer en manos del electoralismo, como han hecho casi siempre, sobre todo los alcaldes. Pero el jaleo, el oportunismo, aventurerismo y polarización en la arena política española no pronostican nada bueno.

Prefiero la palabra ‘estímulo’, más que subsidio o subvención. Y, menos aún, ayuda. Se estimula lo que está vivo, lo que ya apunta, como se estimula un músculo o una tendencia creativa en un niño. No se estimula lo que ya está muerto o moribundo. Subsidio a veces suena a clientelismo del capitalismo de amiguetes o a sostener lo insostenible, como hemos visto en muchas Comunidades Autónomas. Muchos subsidios no son más que inyecciones para mantener en vida artificial muchas empresas sin futuro. Una especie de UCIs sin porvenir.

Por eso, los parches para el sector de la hostelería serían meros salvavidas pues muchas empresas ya no tienen razón de ser, por ser demasiado numerosas, con muy poco valor añadido, y con empleos poco formados. La reconversión del sector turístico se impone, como ya propuse en Crónica Popular de 14 de junio de 2020 https://www.cronicapopular.es/2020/06/por-un-plan-de-reconversion-turistica/,

Ya sé que los alcaldes quieren resucitar los bares y las terrazas como si fuera de ellos no hubiera salvación para sus calles, pero parece más inteligente invertir en las empresas que innovan, que utilizan nuevas tecnologías o que contribuyen a paliar los efectos negativos del desorden climático.

Europa y el Estado deberían invertir y estimular los sectores más prometedores y con capacidad de crear una estela virtuosa. La economista Mariana Mazzucato ha demostrado en sus libros y artículos cómo las inversiones estatales, públicas, en sectores tecnológicos, internet, incluso en el programa Apollo. En su último libro, Mission Economy, confirma cómo el Estado ha sido la palanca para el desarrollo de industrias poderosas. Mazzucato desmiente así la idea de que la inversión privada es la única innovadora. El Estado tiene un papel importante, crucial, a condición de que decida bien en qué sectores invertir y no en que potenciales votantes gastar.

Otro economista, Matt Ridley, en su libro aparecido en 2020, How innovation works (no hay traducción, que yo sepa, en español), describe las condiciones necesarias para la innovación. En castellano hay un buen resumen en esta página https://thetowerofscience.com/espanol/resumen-del-libro-como-funciona-la-innovacion-y-porque-florece-con-la-libertad-por-matt-ridley-how-innovation-works-and-why-it-flourishes-in-freedom/:

Los fondos europeos, aunque a veces parezca que vienen de cielo, vienen del dinero de los contribuyentes europeos, incluidos nosotros, algo que es bueno que recuerden los que van a distribuirlos y disponer de ellos.

Los sectores prioritarios podrían ser las tecnologías de la salud (incluida la investigación), el cuidado y atención a las personas mayores dado el cambio demográfico (que va desde las residencias a los sistemas de transporte), las empresas que trabajan a favor del medio ambiente y la formación profesional seria y adaptada a las necesidades sociales, incluyendo la formación de los inmigrantes para que no sean mano de obra semiesclava, sin derechos, sin vivienda, sin sanidad (como vemos en el chabolismo de inmigrantes en zonas de Huelva y Almería).