Ernesto Sánchez Montoya, una semblanza en 1981 (y II)

22 julio, 2017

“Ernesto. Un personaje del pueblo español. Con la cólera de un Salvat Papasseit, con un moralismo quijotesco. Luchador, por tanto, solitario. Reiterativo, con una personalidad volcada en lo social, en la polémica. Es, naturalmente, incomprendido por muchos, negado por otros tantos. Hombre difícil de disciplinar en un partido por su gran originalidad y sinceridad. No es casualidad que sea un herrero; trabajo individual pero relacionado con la industria, con las fábricas. A ellas les pide los suministros. En ellas, en los talleres de Barcelona, hizo su aprendizaje que le permitió luego volver a Orcera con técnicas nuevas para reavivar la forja en que desde hace tres generaciones trabaja su familia.

Quisiera dominar el pueblo, modelarlo y dirigirlo como doblega la terquedad de una barra. Quisiera pertenecer a un pueblo duro, bien templado. Desprecia la blandura, el ser proteico.

Encerrado en un pequeño pueblo de la Sierra de Segura, los acontecimientos de su vida los abstrae y los eleva a categoría. El señorito bufón y chirigotero es por antonomasia la representación de la ineptitud de las llamadas clases altas y dirigentes de Andalucía. La borrachera y la ramplonería del jornalero sin pan ni ideas es la muestra de la alienación obrera. La mujer de un médico o de cualquier otro profesional del pueblo, que sea gazmoña, pintada y semianalfabeta representa a los ojos de Ernesto la personificación de un género de vida de las mujeres que se parece bastante a la prostitución periódica.

Pero Ernesto no es sólo crítico, no es un resentido ni por asomo. Es demasiado bueno y simpático, en el más amplio sentido de la palabra, como para tener resentimiento. Odia el estilo, no a la persona en si. Como si distinguiese el crimen del criminal. Ernesto contempla los niños, Ernesto es capaz de pasar una noche hablando, de soñar con una casa en la sierra, de ilusionarse por una mujer. Sí, Ernesto es más inteligente que un simple agitador que manejase cuatro tópicos descosidos”.

[Estas líneas las escribí el 21 de septiembre de 1981 y las acabo de descubrir en un viejo cuaderno. No he cambiado ni una palabra, es la impresión de entonces.]

Nota: Salvat Papasseit fue un poeta catalán anarquista del primer tercio del siglo XX que murio muy joven, de tisis. Entre otros versos escribió ‘Humo de fábrica’.


Ernesto Sánchez Montoya, andaluz de Jaén, herrero altivo (I)

20 mayo, 2017

Ernesto, el herrero de Orcera, en la Sierra de Segura, en Jaén, era herrero de tres generaciones. Su padre y su abuelo también lo habían sido y la fragua de la calle Milagros, 3, conservaba el viejísimo fuelle de piel de carnero. Ernesto doblaba el hierro, lo torcía, hacía rejas para cortijos con sus mandorlas de plomo fundido, no prefabricadas, arreglaba aperos en pleno olivar, soldaba brabanes, enmendaba arados. El no tenía pereza para llegar al lugar más perdido, siempre con su mono azul, con su cigarro en los labios y su saludo ‘¡qué!’, que servía para saludar y al mismo tiempo preguntar qué pasaba.

[Los brabanes son unos arados que procedían de Brabante, en Bélgica, y que creo fueron introducidos en España en el siglo XV o XVI, por influencia de nuestra entonces provincia de Flandes.]

Orcera, 1968

Orcera, 1968

Sus dos aficiones eran la lectura y la caza. Y todo ello, con la conversación. Ernesto sabía de memoria versos y poemas de Machado, Alberti, Miguel Hernández o Neruda. Siempre poemas comprometidos. Pero también leía a Orwell, a escritores actuales. El último libro que le mandé eran los poemas de Marcos Ana, quien se los dedicó en la distancia.

Porque Ernesto era comunista desde 1975, se hizo del Partido, al que fue fiel siempre (aunque sus camaradas no siempre le fueron fieles). Ernesto disertaba sobre las posibles soluciones a los problemas de la sierra, del pueblo, de España. Llegó a ser concejal porque le votaban muchos que sabían de su honestidad y su laboriosidad. Pero los socialistas no le apreciaban, era incómodo, porque las verdades son a menudo incómodas.

Cuando se legalizó el Partido Comunista, el sábado santo de 1977, organizamos la primera reunión pública en el bar del Melo. Pero el capitán de la Guardia civil estuvo allí, escuchó, tomó nota y el Gobernador civil nos atizó una multa por reunión ilegal. Estábamos todavía saliendo del franquismo. Recurrimos las multas y no hubo que pagar al final. Ernesto me regaló las rejas de La Loma del Perro, porque Ernesto era agradecido y de buena memoria. Cuarenta años después, el 17 de abril de 2017, Ernesto se ha ido, ha descansado. A Ernesto le arruinaron algunos empresarios mal pagadores y las nuevas puertas prefabricadas. En general, le pagaba todo el mundo tarde y mal, pero él consideraba su oficio casi como un servicio público y además llevaba mal las cuentas, sus propias cuentas, porque era un hombre desprendido y generoso con su tiempo. ¡Cuántas horas de trabajo le habrá ahorrado a tractoristas y labradores arreglándoles sus roturas a tiempo, aunque estuvieran en un remoto repecho de aquellos campos !

Nos quedará el recuerdo de un hombre de trabajo y de letras, entusiasmado con las ideas, con el progreso, con la lectura y con la naturaleza, que amaba, y por lo que siempre escogió permanecer en Orcera, en plena Sierra de Segura.


La pluma del cormorán

Lecturas y paisajes

El blog de Guillermo Schavelzon

La edición, el libro, los escritores

La Estirga Burlona

El blog de Bárbara García Carpi

Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

A %d blogueros les gusta esto: