Ernesto Sánchez Montoya, andaluz de Jaén, herrero altivo (I)

20 mayo, 2017

Ernesto, el herrero de Orcera, en la Sierra de Segura, en Jaén, era herrero de tres generaciones. Su padre y su abuelo también lo habían sido y la fragua de la calle Milagros, 3, conservaba el viejísimo fuelle de piel de carnero. Ernesto doblaba el hierro, lo torcía, hacía rejas para cortijos con sus mandorlas de plomo fundido, no prefabricadas, arreglaba aperos en pleno olivar, soldaba brabanes, enmendaba arados. El no tenía pereza para llegar al lugar más perdido, siempre con su mono azul, con su cigarro en los labios y su saludo ‘¡qué!’, que servía para saludar y al mismo tiempo preguntar qué pasaba.

[Los brabanes son unos arados que procedían de Brabante, en Bélgica, y que creo fueron introducidos en España en el siglo XV o XVI, por influencia de nuestra entonces provincia de Flandes.]

Orcera, 1968

Orcera, 1968

Sus dos aficiones eran la lectura y la caza. Y todo ello, con la conversación. Ernesto sabía de memoria versos y poemas de Machado, Alberti, Miguel Hernández o Neruda. Siempre poemas comprometidos. Pero también leía a Orwell, a escritores actuales. El último libro que le mandé eran los poemas de Marcos Ana, quien se los dedicó en la distancia.

Porque Ernesto era comunista desde 1975, se hizo del Partido, al que fue fiel siempre (aunque sus camaradas no siempre le fueron fieles). Ernesto disertaba sobre las posibles soluciones a los problemas de la sierra, del pueblo, de España. Llegó a ser concejal porque le votaban muchos que sabían de su honestidad y su laboriosidad. Pero los socialistas no le apreciaban, era incómodo, porque las verdades son a menudo incómodas.

Cuando se legalizó el Partido Comunista, el sábado santo de 1977, organizamos la primera reunión pública en el bar del Melo. Pero el capitán de la Guardia civil estuvo allí, escuchó, tomó nota y el Gobernador civil nos atizó una multa por reunión ilegal. Estábamos todavía saliendo del franquismo. Recurrimos las multas y no hubo que pagar al final. Ernesto me regaló las rejas de La Loma del Perro, porque Ernesto era agradecido y de buena memoria. Cuarenta años después, el 17 de abril de 2017, Ernesto se ha ido, ha descansado. A Ernesto le arruinaron algunos empresarios mal pagadores y las nuevas puertas prefabricadas. En general, le pagaba todo el mundo tarde y mal, pero él consideraba su oficio casi como un servicio público y además llevaba mal las cuentas, sus propias cuentas, porque era un hombre desprendido y generoso con su tiempo. ¡Cuántas horas de trabajo le habrá ahorrado a tractoristas y labradores arreglándoles sus roturas a tiempo, aunque estuvieran en un remoto repecho de aquellos campos !

Nos quedará el recuerdo de un hombre de trabajo y de letras, entusiasmado con las ideas, con el progreso, con la lectura y con la naturaleza, que amaba, y por lo que siempre escogió permanecer en Orcera, en plena Sierra de Segura.


¿Por qué no gana el PP en la Sierra de Segura?

28 junio, 2016

Las elecciones se ganan no sólo por méritos propios sino por los deméritos de los adversarios.

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Pino piñonero o doncel sin catalogar por la Junta. Cortijo de Cristales (Sierra de Segura, Jaén, Andalucía)

Sin tener que recurrir a los sonsonetes del desempleo o empleo rural, de los favores a amigos y compadres, lo cierto es que el PP, aunque avanza algo, nunca logra hacerse con un municipio segureño en las generales. Quizá la derecha tendría que mirarse al espejo y darse cuenta que aun no ha sido capaz de presentar un proyecto abierto, liberal y de progreso. Que sufre de tanto quejarse. Las adherencias franquistas y extremadamente reaccionarias del PP andaluz no tranquilizan. Y por mucho que critiquen a los omnipresentes y eternos del PSOE, que es verdad que se han incrustado en todas las instituciones, no basta con lamentarse, hay que renovarse, ser modernos, luchar contra el paro no con discursos sino facilitando el trabajo, la creación de empresas -y no solamente las de construcción-, siendo más ecologistas, favoreciendo la verdadera cultura y siendo mucho más tolerantes que a los que intentan desbancar.

Quizá falte algo más de apertura y sobre bastante sectarismo en aquellos territorios de la Sierra de Segura, provincia de Jaén, donde parece que los dos grandes partidos miden todavía sus fuerzas entre “afectos” y “desafectos”, como en la época de la dictadura.


Breve otoño en la Sierra de Segura (Jaén)

9 diciembre, 2013

Queda una semana de otoño. La Sierra de Segura, en el extremo nororiental de la provincia de Jaén nos ha regalado un otoño bello y suave. El otoño vino algo atrasado este año de 2013 y se fue pronto, dejando paso a las heladas.

Caki

Caki

También han venido atrasados el verano y la primavera. En la Sierra de Segura el otoño ha sido siempre cauto, entra muy despacio y se deja notar poco. Entra a hurtadillas. Los árboles, pinos, encinas, olivos, son casi inmutables (aunque un labrador -de los que van quedando pocos- distinguirá sus matices, sus tonos de antes y después de las lluvias). En las riberas, chopos, fresnos, alguna noguera, cermeños (perales silvestres), darán el color otoñal. Pero las huertas han ido desapareciendo en favor del monocultivo olivarero. Ya no hay casi cerezos, ni manzanos, ni albaricoqueros. En los alrededores de las cortijadas, algún viejo granado, abandonado, con los frutos colgando, abiertos, sangrantes. Porque el otro fenómeno de esta mutación botánica es que ya nadie se molesta en recoger la fruta, en honrar los frutos de la tierra y los árboles. La fruta se compra, no se cría.

Claro que aun nos quedan los guíscanos, como se llama aquí a los níscalos, y algunas otras setas. Cuando hay lluvias en septiembre, el sol de octubre hace salir hongos en la sierra. Los valencianos y catalanes se precipitan a cogerlos, a veces sin mucho respeto por una naturaleza abandonada a su suerte, sin gran protección, a pesar del pomposo título de Parque Natural.

En esta comarca los olivos son relativamente recientes. Esto eran selváticas montañas hasta las dos Desamortizaciones que fueron ruina de árboles y desastre ecológico (vaya el viajero hacia Pontones y Santiago de la Espada para comprobar cómo, en unos kilómetros, las montañas se quedan peladas, descarnadas. La Desamortización de MendizábalDSCF7994, idea quizás preclara, de laboratorio (el azote histórico de los doctrinarios ha sido siempre un vicio nacional, a izquierda y derecha) fue un desastre en su ejecución. Se talaron montes, se arruinaron los campesinos pobres, se empobrecieron Ayuntamientos y sólo ganaron los de siempre. Una mayoría de olivares data de principios del siglo pasado, tras la filoxera que arruinó los viñedos que por allí había. Todavía en los años treinta se hacían ranchales, esto es, se deforestaban (mediante el fuego) lomas y cerros y se plantaban olivos. Hoy día, ha sido el sistema de ayudas de la Unión Europea, distorsionador de los mercados, el que ha logrado la uniformización –y el exceso- de olivares, con la consiguiente bajada de precios generales.

¿Qué le queda a la Sierra? ¿Turismo rural? ¿Excursionismo? ¿Parapentes? La emigración es aquí endémica desde la primera postguerra mundial cuando se iban a Francia. Y aun hoy los jóvenes deben optar en la mayoría de los casos por irse a Cataluña. Un otoño diferente, social, la decadencia que ningún subsidio ni subvención conseguirá jamás resolver; como mucho, paliar.

La melancolía otoñal se nota sobre todo al atardecer, con las sombras alargadas, las sombras que anuncian la noche, los celajes dorados y rosados.


Dos libros de Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye disponibles en edición digital (amazon.es)

7 noviembre, 2013

Jaime-Axel  Ruiz Baudrihaye, autor de este blog, da al público, en formato digital (la negativa de las editoriales se  presiente  y se siente), una novela, Declaración de ausencia, y un relato de sus años estudiantiles y antifranquistas, Comunistas y Pilaristas.

En Declaración de ausencia, la historia sucede en el Madrid del otoño de 1963, un acontecimiento inesperado, inoportuno, sacará de su rutina acomodaticia a un abogado sin historia y le hará cambiar de vida. Todo lo que era aceptado, todo el manto de olvido y engaño de una familia se pone al descubierto. La mano del ángel se ha manifestado.

Es una historia verosímil y, por tanto, una descripción un tanto notarial. Historias parecidas probablemente no serían infrecuentes en aquellos años. Hace medio siglo las secuelas de la guerra civil todavía estaban latentes y las actitudes morales de vencedores y vencidos no eran tan puras. Hay algunos datos y hechos reales y otros ficticios. El grupo del Liceo existió, así como las actuaciones de la policía política española, había muchos colaboracionistas franceses refugiados, emboscados, en Madrid, la vida en Casablanca durante la Segunda Guerra mundial y la entrega de alemanes a los nazis por las autoridades francesas de Vichy ocurrió, la  vida en el Congo Belga, entre otros sucesos que ocupan estas páginas, responden en gran parte a la realidad.

En Comunistas y Pilaristas, se cuenta la historia, autobiográfica de un estudiante de la clase media madrileña pasa del colegio religioso y privado, el Pilar de la calle Castelló, al fragor de la Universidad de 1968. En pocas semanas muchas de sus ideas van a cambiar; descubre un país diferente que, curiosamente, no terminaba en la Castellana, y dará el paso a integrar la lucha contra una dictadura, que si ya entonces estaba algo reblandecida, todavía era lo suficientemente violenta, zafia y ajena al entorno europeo para concitar la animadversión de liberales y personas con sentido común. Entre la familia conservadora, las inquietudes culturales, el papel del Partido Comunista de España en la lucha antifranquista de aquellos últimos años, la clase obrera de cuya existencia apenas sabía, los despachos laboralistas, se pondrán de manifiesto las contradicciones de este joven burgués, su romanticismo atrasado, su altruísmo y sus flaquezas.

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La búsqueda del coche perdido. El Hillman Minx (8ª entrega)

4 noviembre, 2013

El Hillman Minx.-

Extrañado de que nunca aparecieran Hillman Minx 1954 en las subastas ni en las ofertas de venta, pregunté a mi amigo Pedro Vicente, gran historiador portugués y al mismo tiempo amante de los automóviles clásicos (que todo es compatible y los autos no están reñidos con saber desempolvar e interpretar archivos olvidados). Su explicación fue que aquellos Hillman fueron coches bastante malos, endebles, y pocos han sobrevivido. El malévolo Dave Barry (How to buy a car, Miami Herald, 1990) sostiene que tenía menos atractivo que un estacionamiento municipal y que era tan atrasado tecnológicamente que por su radio todavía se escuchaban los discursos de Churchill.

El único automóvil que compró mi padre fue precisamente un Hillman Minx, y de segunda mano. Cuando dio recado que venía con el coche lo esperé toda la noche despierto en la casa de mi primo, a las afueras del pueblo, a través de cuyas persianas se colaba la luz de los faros de los autos que emprendían la cuesta hacia el perdido Benatae, en la Sierra de Segura, de Jaén. Cada vez que unos faros que se reflejaban en la pared de mi cuarto me hacían contener la respiración hasta oír, decepcionado, cómo seguía adelante el coche carretera arriba. No llegó hasta la mañana siguiente pero ¡qué maravilla! Traía un coche que yo nunca había visto antes, un coche inglés, silencioso, cómodo, diferente y de un precioso azul grisáceo metalizado. En la puerta del Casino de Orcera todos salieron a verlo, abrirle el capot y a opinar, que es la afición primera de todo vecino y deporte

English: Hillman Minx Special 4-D Saloon 1955

English: Hillman Minx Special 4-D Saloon 1955 (Photo credit: Wikipedia)

nacional español. Yo estaba orgulloso de mi padre porque una vez más había demostrado que era distinto a los demás. Luego haría mi primer viaje largo en coche sólo con él hasta Madrid. ¡Qué bien conducía! A pesar de todas las curvas y de lo suave que andaba no me mareé, quizás por primera vez también, ni siquiera en el paso de la Sierra Morena. Por la carretera de Andalucía íbamos a más de cien y él decía que donde se podía correr con seguridad no era arriesgado ir tan rápido, que había que ir a la marcha que la carretera y el tráfico aconsejasen, ni más lento ni más rápido (la primera lección de conducir de mi vida). A los lentos les llamaba tortuguitas y de los madrileños se guardaba por la forma recortada de adelantar, costumbre ésta a la que siguen apegados.

Mi padre tenía, tras pasar fríos siderales en su moto MV Agusta, por fin su propio coche y yo creía haber subido de categoría de repente, con un elegante coche inglés, raro, singular. En realidad, no era sino un utilitario con ciertas ínfulas. Ya no era yo el pariente pobre, siempre teniendo que ir siempre en utilitarios como el Seat 600 o de prestado en los grandes coches de la familia, en el taxi del pueblo o en la ‘pava’, como llamaban al coche de línea. Porque en su corta vida sólo tuvo ese coche en propiedad, aunque también conducía un Citroën Dos Caballos del Servicio de Extensión Agraria o cabalgaba la MV. Con ésta tuvo algún percance, como cuando le entraron unas abejas por la camisa y tuvo que tirarse de la moto o cuando patinó en la arenilla de una curva a la salida del pueblo y volvió con las manos desolladas a que lo curasen en la botica.

El Hillman Minx MK VII Special, con matrícula 116.922 de Madrid, gris metalizado, lo heredó mi padrino, marino mercante acostumbrado a los barquinazos, que lo bautizó Popotito, por calentarse tanto. Años después, a mediados de los setenta, iba yo en el coche de línea y lo vi todavía haciendo humildemente de taxi en Valdepeñas, pintado de un blanco vulgar con una inmensa baca. Me debí haber bajado a intentar recuperarlo, recomprarlo, salvarlo.

La casa Hillman es ilustre; fue creada en 1907 por William Hillman, al comienzo para construir sólo coches de competición. A partir de 1932 se integró en el grupo Rootes (con sus parientes próximos los Humber y los Sunbeam) y su fábrica estaba en Coventry. Los Hillman Minx MK VII  nunca tuvieron el éxito ni el prestigio de otros coches del grupo, como los Minx de las series II y III, similares a los Sunbeam Rapier y al Singer Gazelle, a partir de 1958. Estos fueron los que recogieron los laureles dejando en la sombra a su antecesor que era considerado por la crítica de la época “un pequeño gran coche” (costaba menos de la mitad de un Rover P4 75 y era un 25% más caro que el Morris Minor). Ali y popotito al fondo 001Aún recuerdo su buena suspensión, su motor silencioso, su peculiar botón de arranque, como un timbre, y el capot bastante largo que le daba empaque.

Quizás haya quien piense que era un coche pretencioso, que quería ser un Humber y no llegaba, muy pesado para un motor de 1265 cc. Era verdad que se calentaba con facilidad (aquel viaje a Valencia en el verano del 62, donde sólo la comodidad del entonces reciente Hotel Astoria –hoy aún un buen hotel- haría olvidar a mi padre los avatares de las estepas castellanas, polvo sudor y hierro, que decía Manuel Machado) y las cuestas se le hacían difíciles, pero fue uno de los últimos coches ingleses que dejaron ver su característica silueta y su linaje.

Un último dato curioso sobre los Hillman es su rama asiática pues fueron fabricados también en Japón por la casa Isuzu de 1952 a 1957, dentro de un programa de reconstrucción de la industria japonesa en el que participaba la Rootes. Estos Hillman nipones terminaron casi todos en Australia y Nueva Zelanda, donde hoy son interesantes y mimadas piezas de colección.


Antonio Ramos Olivares, in memoriam

11 mayo, 2013

El jueves 9 de mayo, día de la Ascensión, en una bella y calurosa tarde, hemos enterrado a Antonio, andaluz de Jaén, aceitunero (el apellido de su madre era Olivares). De la Sierra de Segura, de donde remanecía, como decía él, con ese castellano casi antiguo que usaba a menudo. Su madre, Aurelia, era de La Matea, pedanía de Santiago de la Espada donde hasta hace poco todavía hablaban como en el siglo XVIII, usando un lenguaje ajustado, exacto y sencillo.

Antonio nació en 1936, un 13 de junio, cinco semanas antes de la Guerra Civil. Vivió casi toda su vida en Rihornos, una pequeña aldea del término de Segura de la Sierra. De niño, padeció una pulmonía que, mal curada –era antes de los antibióticos-, le ha llevado hoy a la huesa, algo prematuramente. Se crió trabajando, ayudando a sus padres, aprendió las letras con uno de esos maestros defenestrados en los años cuarenta ( uno de los maestros de la República purgados) que halló cobijo en Arroyo Frío, una aldea alta y distante. Cuando Antonio había acabado la faena, subía a que el maestro le enseñase las primeras letras. Después de la guerra había estado con sus padres en una finca en Andújar, donde habían encontrado trabajo. Ya mozalbete, en los años cincuenta y hasta 1962, Antonio se iba a La Mancha a segar con otros mozos de la Sierra. Dormían en los patios, en el centenar. Y volvían con una cartera con billetes para aguantar hasta la aceituna, que no empezaba hasta diciembre. A veces a pie, los últimos años, en bicicleta, iba hasta El Viso del Marqués y Almuradiel, a más de ciento cincuenta kilómetros de distancia. Así fue su infancia y juventud. Pero siempre tuvo los pulmones ocultamente dañados por aquella aviesa y temprana pulmonía.

Antonio 1965Antonio se enamoró y casó en su tierra. Otros se fueron buscando el pan y la prosperidad que Jaén les negaba, a Cataluña. Allí siguen, viniendo al pueblo de tarde en tarde. Antonio, no. Amaba el campo, la tierra, los árboles, los animales, era bueno y justo con las personas. Prefirió quedarse en el campo a sabiendas de que perdía una oportunidad. Pero la tierra tiraba más.

Antonio conocía los árboles, los pájaros, sus nidos, su canto, nombraba las hierbas, sabía cómo hacer las talas, cómo podar y destallar los olivos, dónde se criaban mejor. Y, en las veladas, antes de haber televisión, tocaba el laúd, y en verano animaba los bailes de la aldea de Rihornos, aun lejos de la megafonía estentórea.

La matanza era uno de los ritos anuales. Y allí se desempeñaba con alegría y destreza. La matanza comenzaba sólo después de las primeras heladas, antes de la aceituna. Con ella se harían los primeros hatos para los aceituneros.

Llegó el automóvil y tuvo un Simca 1000 de Barreiros que fallaba bastante pero con el que se curtió por aquellas carreteras de macadam (hasta 1968 no se asfaltaron). Después de años con la yunta, con el carro, se hizo tractorista y cuidaba la maquinaria como si tuviera que durar eternamente. El Ebro azul fue el primer tractor que condujo, con habilidad en las labores y con prudencia.

Pero no por eso dejó el hortal, que regaba con parsimonia, sin desperdiciar una gota de agua de las abundantes acequias. Y cuidar los animales, las bestias, como él decía. Con el caballo, con las cabras, con el perro, siempre se portó de manera franciscana, suave pero firme.

Como es natural, tuvo muchos amigos y muchos que le querían. Sólo sus pulmones fueron su enemigo oculto; se fueron deteriorando, al igual que sus caderas y base de la columna que atormentaron su nervio ciático. Al final de sus días se ocupaba tejiendo esparto y pleita para hacer cestos de pan, azafates, olleros que se solían llevar al tajo de la aceituna.

El paisaje siempre es el mismo, pero los hombres pasan. Nos deja consuelo su memoria.


Almanaque Segureño. Enero

31 diciembre, 2009

Viene del latín januarius. Los romanos dedicaron este mes al dios Jano, el que protege las entradas, las puertas, los arcos y los caminos. Algunos lo consideran el dios de todos los comienzos. Por eso es la ‘puerta’ del año. Pero esto no deja de ser una convención, como lo muestra el hecho de que en Inglaterra y su imperio, hasta 1752, el año no empezaba hasta el 26 de marzo. Es también el dios de las dos caras y el que ve el porvenir y el pasado. Representado con una llave en la mano izquierda y un chuzo (arma de los porteros) en la derecha. En Roma se estableció, según la mitología, en la colina del Janicolo.

Zodiaco: Capricornio. La cabra.

“Enero seco, villano rico”. Un plato: rosetas y tostones de maíz.

Enero, mes de coroza, (para llevar caperuza o capucha)

por alcagüete de gatos,

casamentero de mices, (ratones)

sin dote, ajuar, ni trastos” (Quevedo, romance LXVIII)

Benatae: pequeño pueblo a 850 metros de altitud. Su nombre procede probablemente del de una familia o clan musulmán que poseía esas tierras. Iglesia interesante aunque modesta.

Un personaje y su obra.-

Emilio de la Cruz Aguilar, profesor de Historia del Derecho, tuno (autor del Libro del Buen Tunar, por ejemplo), ha trabajado e investigado no sólo los aspectos históricos y jurídicos de la sierra, sino su habla (Cancamusas Serranas) y sus personajes. Ha desempolvado las Ordenanzas del Común de Segura y su tierra de 1580, esenciales para entender la historia de estos parajes.

1

La Circuncisión de Jesús.

Sexta Luminaria.

Antiguas janualia, fiestas de Jano en Roma, a los siete días del solsticio de invierno. Se ofrecían frutas, incienso y regalos alos parientes.

2

3

4

5

Las noches que preceden la de Epifanía son consideradas mágicas por la tradición popular alemana y propicias a los fenómenos de clarividencia y predestinación.

6

Reyes Magos. Epifanía (del griego epiphaneia, manifestación). El duodécimo día después de Navidad. En Inglaterra todavía se le llama a veces la duodécima noche.

7

9

Se celebraba en Roma el Agonium, un festival en honor del dios Jano, Janus.

10

15

Carmentales, sacrificio a la diosa de los partos, Carmenta. En la antigua Roma.

17

Día de San Antón, que tejía esteras de palmas, protector de los animales domésticos y de los ganados. Se echa el cerdo de San Antón, que es alimentado por la comunidad.

Séptima luminaria.

Patrono de Villarrodrigo

21

Santa Inés

22

San Vicente Ferrer. Nacido en Valencia en el siglo IV. Martirizado por orden de Dacio, Procónsul romano en España.

Patrono de Segura de la Sierra y de Lisboa.

Empiezan a hacer días menos fríos.

23

San Raimundo de Peñafort contribuyó a establecer la Inquisición en Aragón y en el sur de Francia. Patrono de los abogados.


La pluma del cormorán

Lecturas y paisajes

El blog de Guillermo Schavelzon

La edición, el libro, los escritores

La Estirga Burlona

El blog de Bárbara García Carpi

Toubab Troubles

Toubab: /tu.bab/ (noun) white person (used especially in Gambia and Senegal).

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